OpiniónUncategorized

Invitación a la filosofía. Una forma de filosofar dentro y fuera de la Facultad de Filosofía y Letras

Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

De mi máxima consideración a mi maestro el doctor Guillermo Hernández Flores (1949-2020), inspiración original de esta conferencia. Pues siempre me proponía que pusiéramos una materia en la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz con el nombre de Invitación a la filosofía, cuyo fin fuera formar a los docentes a través de la filosofía.

Advertencia

Este artículo, tal como lo he titulado invitación a la filosofía, es una reflexión sobre la filosofía y literalmente una invitación a estudiarla, ya sea de un modo personal o institucional. Pues se puede llegar a ella de las dos formas, así como lo proponemos en nuestro Seminario permanente de filosofía. En el desarrollo abordo tres aspectos a saber. En primer lugar, abordo una introducción a la filosofía, donde me apoyo en autores de reconocido prestigio para que a través de ellos estudiemos con mayor autoridad esta bella disciplina. Como escribe José Rubén Sanabria en su Introducción a la filosofía: “Nadie piense que al recurrir frecuentemente a los autores y citarlos textualmente, quiero que se me reconozca erudición filosófica. No. Me respaldo en filósofos de reconocida autoridad para que se acepte mejor lo que yo-que no tengo autoridad-pudiera decir. Además, utilizar-asegura Sertillanges-es como inventar. Incluso citando literalmente, se es, por decirlo así, tan original, como el propio maestro… La cita es tan tuya como la palabra que proporciona el diccionario y que, no obstante, creas tú, a la manera como el alma crea su cuerpo”. (Introducción a la filosofía, Editorial Porrúa, México, 1976 (14ª. ed. México, 2001, p. 10).

En segundo lugar, trato el tema de La filosofía y el currículo filosófico, cuyo fin es ubicar la filosofía en el plan de estudios de una carrera de filosofía; igualmente hago la invitación para estudiarla más a fondo, a través de la guía de un maestro en el aula. Pues, como suelo escribir, cuando leemos a los grandes de la filosofía, también aprendemos, porque vemos como ellos mismos, también aprendieron escuchando a sus maestros, o leyendo un libro interesante en el entorno de la filosofía.

En tercer lugar, abordo el tema Naturaleza de la filosofía y la vocación del filósofo, donde me hago ayudar de la etimología y de la guía de grandes pensadores de la filosofía, también a la que suelo recurrir para poder ayudar a otros que empiezan a hacer camino en la filosofía con mayor seriedad. Sé que algún día comprenderán eso que escribo al final de la disertación: “En este largo y extraño camino el filósofo tiene una auténtica vocación, porque su vida va de acuerdo con los principios que escucha con frecuencia en su interior, allí donde está el δαίμων de la sabiduría clásica, el maestro interior de la sabiduría cristiana, el magister, y por eso vive feliz, porque sabe que él no es sabio, empero, busca la verdadera sabiduría”.

Finalmente, expreso mi agradecimiento a todos los lectores y a quienes emplean mis trabajos como guía de lectura, al fin y al cabo, también se están haciendo un guía, llevando de la mano a otros, que han empezado a sumergirse en este largo y hermoso sendero, donde se encontrarán con la auténtica sabiduría en algún momento de su vida.   

1). Introducción a la filosofía

La filosofía es la ciencia más hermosa de todas las ciencias, la ciencia de todas las cosas, como había escrito Marco Tulio Cicerón (Fin. 5, 25, 73). Es una ciencia intercultural e interdisciplinaria, y muchos la estudiamos por razones diferentes. Hay quien la estudia por razones culturales o por Hobby, pero también hay quien la estudia por razones religiosas, más aún, hay quien la estudia por razones académicas. En mi reciente artículo La etimología y el lenguaje culto, escribí al respecto lo siguiente: “Muchos que hemos estudiado filosofía nos hemos introducido a esta ciencia a través de un libro. Personalmente mi historia fue a través de la Introducción a la filosofía de Paolo Dezza. Fue a través de la asignatura Introducción a la filosofía en el Seminario Palafoxiano de Puebla con mi maestro el padre y doctor Rubén Ávila Gutiérrez, sacerdote de la Orden de San Agustín. Tanto la clase como el libro eran muy interesantes, y eso hizo que no sólo yo, sino también muchas generaciones de estudiantes de filosofía, tuviéramos el gusto y la pasión por el estudio de esta ciencia”. (Véase Introducción a la filosofía. Paolo Dezza. Traducción del italiano de Antonio Ibargüengoitia Chico. Editorial Porrúa, México, 1981, 245 pp; La etimología y el lenguaje culto. La fuerza y la trascendencia del docente en el aula. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 31 de agosto de 2026).

Cuando leemos a los grandes de la filosofía, también aprendemos, porque vemos como ellos mismos, también aprendieron escuchando a sus maestros, o leyendo un libro interesante en el entorno de la filosofía. El doctor Justino Cortés Castellanos recuerda el momento histórico en el cual se interesó por la filosofía: “Recuerdo algo significativo sobre la filosofía. Éramos todavía estudiantes de humanidades, pero teníamos compañeros mayores que estudiaban filosofía y teología, separados de nosotros, allí escuchábamos hablar con tanto entusiasmo a los filósofos y a los teólogos, tanto, que ya queríamos terminar pronto los estudios de latín y griego para estudiar filosofía. Tengo un dato digno de recordar, sin saber filosofía, ya todos sabíamos qué era la filosofía, todavía recuerdo la definición que se daba entonces, y es la siguiente. “Philosophia est scientia omnium rerum per causas ultimas naturali ratione lumine comparata”. Todos sabíamos la definición de filosofía, porque era mucho el deseo de saber su totalidad, ¿qué cosa es la filosofía? Era una cosa muy rara y atractiva, todavía para mucha gente de hoy al hablar de la filosofía, es hablar muchas cosas raras, estudiar las cosas que no se entienden y pienso que es la tesis contraria. Porque, el que sabe la filosofía, es quien conoce mejor las cosas, así es. Ahora recuerdo también a uno de mis profesores que enseñaba filosofía en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana durante mis estudios de la licenciatura en filosofía nos decía: “no porque soy claro, no soy profundo; al contrario soy profundo, porque soy claro, aquellos que no son profundos hablan mucho y los que son profundos hablan poco. Aquí se puede aplicar a los autores de libros: un buen libro no se escribe con frecuencia con muchas palabras, se escribe con pocas, si los escritores se propusieran tratar un tema con menos palabras, habría libros más sencillos, más humildes, y cuántas veces al leer un libro de lujo no es tan importante como leer un libro popular”. (Véase Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México. Juvenal Cruz Vega. El Barco Ebrio Ediciones. Puebla, 2025, pp. 129-130).

El doctor Mauricio Beuchot también nos comparte una nota interesante sobre la filosofía. “La filosofía continuará en el hombre por siempre. Ella contiene las preguntas fundamentales para cada ser humano. No hace falta ser profesional de la filosofía, pero a los que hemos optado por esa carrera, nos toca ayudar a los demás a examinar las formulaciones de esas preguntas y a evaluar las soluciones que se han ofrecido para ellas”. (Ibidem, p. 104).

Una introducción a la filosofía se escribe y se hace para que el estudiante tenga al menos una noción general de la filosofía. A veces por el lado de la historia de la filosofía, otras veces por su temática (el conocimiento, el ser y el actuar), y otras veces, a través de un autor interesante. Eso mismo han expresado quienes han escrito una introducción a la filosofía. (Véase, por ejemplo, Introducción a la filosofía, José Rubén Sanabria, Editorial Porrúa, México, 1976, 460 pp; Introducción a la filosofía, Arno Anzenbacher. Editorial Herder, Barcelona, 1993, 374 pp; Introducción histórica a la filosofía, Antonio Cárdenas Salinas, Universidad Pontificia de México, ,éxico 1994, 61 pp).

Al leer o al estudiar completo un curso de introducción a la filosofía, al menos ya existe una idea más clara de la filosofía. Pero, además, si uno se deja enseñar y tomar como guía a los hombres que nos han precedido en la filosofía, habrá un mejor progreso en el conocimiento, en la vida y en la sabiduría. Veamos cómo describe a la filosofía el doctor Guillermo Hernández Flores: “De una manera sucinta puedo describir y presentar la filosofía de la manera siguiente. La filosofía es ansia de verdad y anhelo de libertad, por eso es una eterna búsqueda, por eso es una nostalgia de la verdadera libertad, de aquella de la que alguna vez hablara el discípulo de Trase. Siempre atractiva y jamás conquistada, por eso decía el célebre Ficino que ella era el mayor y más excelente de los bienes que había dado Dios a los hombres. Una búsqueda que es sabiduría, y sin embargo es también una dulce experiencia de nostalgia, de nostalgia por lo inalcanzable. Una búsqueda que es también ignorancia, el eterno e insaciable deseo del que habló primero Agustín y después el docto ignorante cusino. Kant, con su analogía de la paloma, sólo nos habló de su debilidad extrema, pero el de Aquino, con la analogía de su buey mudo, la elevó hasta la posibilidad última de un cielo prometido. Alguna vez, en mi propia búsqueda, oí que nuestra lengua no era para hablar de ella y que el buho no era pariente del tecolote; pero oí también el eco de aquellos que, al decir de Sahagún, también eran sabios, que, viendo el crepúsculo de sus dioses, dijeron su última palabra en la envoltura de una lengua de canto! «Vosotros dijisteis que nosotros no conocemos al Señor del cerca y del junto a aquel de quien es el cielo y la tierra. Dijisteis que no eran verdaderos nuestros dioses. Nueva palabra es ésta. Oíd, Señores, no la tomamos como verdad, aunque os ofendamos. Nosotros sabemos a quién se debe la vida, a quién se debe el nacer, a quién se debe el crecer, cómo hay que invocar y cómo hay que rogar. Haced con nosotros lo que queráis. Esto es lo que respondemos, lo que contestamos, a vuestro aliento, a vuestra palabra, ¡Oh, Señores Nuestros!» Hoy, nuestros dioses siguen muriendo, nuestros señores nos siguen dominando; ¿Y la palabra? ¿El logos? La palabra, aunque se le desoiga, ¡Sigue viviendo! Y algo sencillo, muy sencillo, para terminar: «El pájaro manso…. Esta ha sido la experiencia de toda mi vida: ansia por la verdad anhelo de libertad; vieja, muy vieja ya, en la voz, nueva, muy nueva todavía, en la Palabra”. (Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México, Opu. Cit, pp. 277-278).

En suma, ya sea por la etimología de la palabra filosofía, por su definición, por su historia de la filosofía, o por dejarse guiar por un gran filósofo, el estudiante avanza un poco más, al aprender al menos una parte de esa gran sabiduría que es la filosofía. Por esta razón titulé este trabajo: Invitación a la filosofía. Una forma de filosofar dentro y fuera de la Facultad de Filosofía y Letras. Así, pues, comparto una nota que escribí en mi artículo La etimología y el lenguaje culto, sobre la etimología de la palabra filosofía. “Hay un libro inédito en la Biblioteca del Seminario Palafoxiano de Puebla, escrito originalmente en latín. Está bien empastado, pero con una letra no muy visible, a máquina y combinado con letra roja y negra. Esta es la fuente: Logica et Ontologia. Ricardo Riquelme Bravo. Pontificium Seminarium Palafoxianum Angelopolitanum. Vol. I. Angelopoli, Novembris 20, 1950, p. 3. El libro tiene más de 300 cuartillas, y en las primeras páginas dice lo siguiente sobre la palabra filosofía: “La palabra filosofía es un nombre formado del verbo griego φιλεῖν (amar) y el sustantivo σοφία, también es lo mismo amor o estudio a la sabiduría. De donde nominalmente la filosofía se define: La ciencia que estudia la sabiduría. Pero la sabiduría entre los filósofos antiguos significaba esencialmente dos cosas: la contemplación de la verdad y el estudio de la vida buena, o la búsqueda de la verdadera felicidad, cuya diferencia todavía hoy permanece entre los filósofos modernos. Por lo tanto, la definición nominal de filosofía es diversa por su diferencia de acepciones del nombre. A juicio de otros filósofos significa: “la ciencia que dirige la verdadera felicidad, buscando, disputando y viviendo correctamente”. San Agustín dice al respecto: “esta fue la única causa de su filosofar” (Salmos, 150, 3-4). Esto mismo es un deseo de saber, como un motivo, y suele llamarse filosofía. De esta confusión, sucedió que la misma noción de filosofía no fue la misma para todos los filósofos. Por lo tanto, es necesario que en la definición real la noción de filosofía sea clarificada de toda oscuridad y confusión. (Definitio nominalis philosophiae. Philosophia nomen formatum ex φιλεῖν et σοφία, idem est ac amor seu studium sapientiae. Unde nominaliter definitur: scientia quae studet sapientiae. Sapientia autem, apud veteres duo praesertim significabat: contemplationem veritatis et studium bonae vitae seu prosecutionem verae beatitudinis; quae diversitas adhuc hodie permanet apud philosophos modernos. Diversa, ergo, est definitio nominalis philosophiae pro diversitate acceptionis nominis. Pro aliquibus significat: scientia quae intendit veram beatitudinem, quaerendo, disputando et recte vivendo. Haec, dicit S. Augustinus, fuit causa philosophandi (Sermo 150, 3, 4). Ipsum desiderium sciendi, ut motivum, vocari solet philosophia. Ex hac permixtione, factum est ut ipsa notio philosophiae non fuerit eadem apud omnes philosophos; opus, ergo, est ut definitione reali notio philosophiae ab omni obscuritate et confusione purificetur”. (Traducción mía).

2). La filosofía y el currículo filosófico

En la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso hemos mantenido un Seminario de Filosofía, entre varias características, recupero cuatro: propósito, metodología, vinculación y destinatarios. Y con justa razón, propongo una Invitación a la filosofía, como una materia del tronco común de una escuela de filosofía. (Más detalles véase mi artículo ¿Cómo se puede diseñar un seminario permanente de filosofía? Algunos aspectos para su estudio. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 29 de septiembre de 2025).

a). Propósito

El propósito esencial consiste en reconocer los problemas fundamentales de la filosofía: conocer, ser y actuar, integrando la parte histórica de la filosofía (filosofía antigua, medieval, moderna, contemporánea y postmoderna), la parte sistemática (ontología, filosofía del mundo físico, filosofía del hombre y metafísica) y la parte práctica (lógica, ética, axiología y estética). Igualmente se ha de ir destacando las condiciones, las precauciones y la finalidad de estudiar filosofía en la vida diaria, en la educación media y superior y, sobre todo, buscar aplicaciones concretas en todas las actividades de interés para los estudiantes del seminario permanente.

b). Metodología

En este seminario partimos del concepto de método para reconstruir la noción propia del seminario de filosofía, es decir, el método ecléctico analógico, y junto con él, se reúnen otras metodologías del campo de la investigación. A través del método se pueden unificar algunas de las metas que tienen los estudiantes al estudiar filosofía, independientemente de la profesión y del estatus de cada uno. Por eso, el seminario permanente tiene seriedad al recuperar las características fundamentales de la metodología universal y las características del método ecléctico analógico: cientificidad, interdisciplinariedad, normatividad, criticidad y aplicabilidad. 

El estudiante aprenderá y desarrollará varias estrategias para el estudio y la investigación. Una de las estrategias más comunes, es la entrevista a algún personaje importante de la filosofía, o de alguna disciplina diferente, pues de esta forma, el estudiante se ha de ir sumergiendo en la filosofía, mientras va escuchando el itinerario, la formación, la obra y el pensamiento de un filósofo concreto, que es el entrevistado.  En este ejercicio aprenderá a exponer, a impartir una conferencia, a participar en un panel, en un simposio y en un debate; mejorará la forma de reseñar una obra, a citar un documento de distinta índole, a escribir una tesis, artículos, libros y, sobre todo, a exponer como docente, a través del estudio de las virtudes más sobresalientes de un maestro modelo, que tenga conocimiento, experiencia, talento, amor y vocación.

c). Vinculación

El seminario permanente de filosofía está vinculado con otros seminarios, coloquios, simposios, convivia, congresos cátedras, diplomados, cursos de lenguas y asignaturas que se impartan en la institución que lo presida. Por lo mismo, debe vincularse a la formación de padres de familia, de docentes y de todo tipo de estudiantes. Porque se exponen tesis originales con la finalidad de difundir y fortalecer más el humanismo en sus vertientes principales y originales.

d). Destinatarios

El seminario permanente de filosofía está destinado al público general. En primer lugar, a las personas que estudian por razones académicas. En segundo lugar, a las personas que estudian por razones religiosas y, por último, a las personas que estudian por amor a la cultura. Pues todos en común tienen el deseo de saber y de buscar con afán los secretos de la sabiduría clásica.

Invitación a la filosofía es una materia que forma parte del currículo filosófico, junto con la introducción a la filosofía y los primeros tratados de la filosofía, como la lógica, teoría del conocimiento, metafísica, filosofía del mundo físico, antropología filosófica, teodicea, estética, axiología y ética. Aquí se pueden estudiar cinco capítulos con su metodología, temática, propósito y bibliografía. En el primer capítulo se hallan y se estudian los temas que todos queremos saber en las primeras lecturas: la naturaleza de la filosofía, definición nominal, definición real, objeto material y formal, definiciones y perspectivas. Aquí habrá mayor claridad y diferencia entre filosofía y sabiduría.

El segundo capítulo puede titularse Filosofía y otras formas de conocimiento. Aquí puede abordarse los temas: filosofía y mito, filosofía y religión, filosofía y teología, filosofía y ciencia, filosofía e ideología. El tercer capítulo lo podemos titular del siguiente modo: utilidad de la filosofía, donde se pueden abordar los siguientes temas: origen de la filosofía, la filosofía y la vida (preguntas últimas), la filosofía y la vocación, la filosofía en la formación universitaria. Aquí puedo recomendar dos artículos de José Rubén Sanabria, aparte de la bibliografía para cada tema:  «De la inutilidad de la filosofía», en Actas del II Congreso Nacional de Filosofía, Vol. I, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1971, pp. 151-165; “El trabajo y la vida filosófica”, en Introducción a la filosofía, Editorial Porrúa, México, 1976 (14ª. ed. México, 2001, pp. 281-295).

El cuarto capitulo lo titulamos del siguiente modo: condiciones técnicas del saber filosófico. Aquí pueden verse diversos temas que servirán de fundamento para las materias sistemáticas de la filosofía, las históricas y las de aplicación. Por ejemplo, se pueden recomendar, Diccionarios, enciclopedias, colecciones, antologías, manuales, compendios, monografías, revistas. Se puede vincular con la materia de metodología de la investigación filosófica, y aquí pueden ser útiles las clases de filosofía, los apuntes, la lectura de libros y artículos, sin duda alguna, será de gran utilidad el diario filosófico. (Algo semejante planteo en mi artículo Diario filológico. Un estudio sobre la literatura latina y sobre la cultura general. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 22 de diciembre de 2025).

El quinto capítulo lo podemos titular así: El lenguaje culto y la etimología de la filosofía, sus disciplinas principales y la temática general. Aquí se ve la vinculación de la filosofía con las lenguas clásicas, por ejemplo, con el griego, latín, náhuatl y español, especialmente con la etimología de la filosofía y todo su entorno. Esto también lo pudo apreciar el doctor Guillermo Hernández Flores, cuando se refirió a la reforma del Plan de Estudios de filosofía en el Seminario Palafoxiano de Puebla. He aquí un fragmento: “El cambio más notable en el Plan de Estudios se refiere, sin embargo, a las lenguas clásicas. Considerando, ante todo, que el aspecto humanístico es quizá el más deficiente en la formación actual de los alumnos y que una formación filosófica y teológica no se logran adecuadamente si antes no se atiende a la formación humanística, se ha considerado no sólo necesario sino urgente cubrir esta lamentable carencia. Ante la imposibilidad de hacerlo en un tiempo especial y concreto, se estructura un proceso de 8 semestres a partir del curso introductorio y que cubre todo el Trienio de la Filosofía. Se introduce para el efecto una nueva y moderna metodología que atiende simultáneamente a la lengua y a la civilización grecolatina. Y se fija como meta hacer que los alumnos sean capaces de manejar con toda suficiencia de estos clásicos de literatura, filosofía y teología y los de la Sagrada Escritura. Tratándose, sin embargo, en este punto de una reforma radical, hay que determinar con todo cuidado los contenidos y sobre todo, el modo cómo se habrá de superar las dificultades que esto supone especialmente al inicio del mismo proceso”. (Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México, Opu. Cit, pp. 274-275).

Este ejemplo si se hace en las universidades públicas se tendrá un avance más notorio en la formación humanística de los estudiantes y en la reformación de la planta docente de nuestro país.

3). Naturaleza de la filosofía y la vocación del filósofo

¿Qué es, pues la filosofía? No creo que haya una respuesta definitiva sobre esta palabra tan antigua. Sin embargo, se acepta que la filosofía sea inherente al hombre mismo, porque nace de su propia existencia, no se da como algo hecho y acabado para siempre, es la propia experiencia existencial. La filosofía se vuelve reflexión cuando el filósofo intenta, como un explorador, buscando todos los caminos hasta encontrar su propia senda, porque él sabe que filosofar es primordialmente teorizar; como en griego θεωρεῖν que significa mirar algo, pero mirar algo con el espíritu, esto es, contemplar, ver más allá de nuestras fronteras, porque sabe que filosofar, es ver en busca de un fundamento último para nuestro saber.

Pitágoras y San Agustín han sido dos grandes maestros de la filosofía. El primero por haber sido el creador de la sentencia “amor a la sabiduría”. (Diógenes Laercio escribió: respecto al nombre Pitágoras, fue el primero que se le impuso el nombre filósofo, pues estando en conversación familiar en Sición, con Leonte, tirano de los Siciones o Filaceos, como refiere Heráclides Póntico, en el libro que escribió sobre la interpretación de la respiración -ninguno de los hombres- dijo Pitágoras, es sabio -lo es sólo Dios. Antes la filosofía se llamaba sabiduría, y sabio el que la profesaba, habiendo llegado a lo sumo de su perfección, pero el que se dedicaba a ella era filósofo. Diógenes Laercio. “Vida de los filósofos más ilustres”. Editorial Porrúa. Colección Sepan Cuantos, No. 427, Libro I, 8; México 1998, p, 12), esto es, aquella especulación en la cual el filósofo no es un sabio, sino un amante de la sabiduría, un enamorado de Dios. San Agustín considera que Dios es la sabiduría, Dios es el Sabio, y así lo expresó en su celebérrima obra magna -la Ciudad de Dios– “Si Sapientia Deus est, verus Philosophus est amator Dei”. (San Agustín, “De Civitae Dei”. Libro VII. Cap. I°. Edit. BAC. Para ampliar más el término enamorado, me he ayudado del Diccionario de Raimundo De Miguel “Latín –español Español Latín”. Allí aparece la palabra amator-amatoris, con tres significados a saber: enamorado, amante y amador. El sustantivo amator, a su vez es derivado del verbo amo-as–are–avi–atum, significando: amar, querer, estar satisfecho de algo, amar con complacencia y estar enamorado. La sentencia aludida de San Agustín la he traducido de esta manera. “Si Dios es la sabiduría, entonces un verdadero filósofo es un enamorado de Dios).  

El texto de San Agustín mejoró y profundizó a Pitágoras al retornar en esta sentencia a la noción ontológica “un verdadero filósofo”, esto es, aquel que ama la Sabiduría: la “σοφία, la sapientia, el saber”, es el que ama a Dios, el hombre congruente, el que tiene conformidad de lo que piensa con lo que dice y con lo que hace. Un verdadero filósofo busca a Dios, porque “es el que busca por los senderos obscuros de la vida, alegres y asombrados, porque sabe que filosofar significa vivir en forma absoluta y total, donde existe silencio y no hay perturbación”. (Sanabria José Rubén, “Inutilidad de la Filosofía”, en Revista de Filosofía, Año V, núm. 13, UIA, México).

El filósofo “no puede evitar asombrarse ante el espectáculo de la naturaleza, ante la noche luminosa del ser, es quien se queda maravillado, contemplando lo que tiene ante los ojos, es quien no acaba de admirarse de los entes en el ser”. (Ibidem. p. 13). “Es el que tiene la necesidad de filosofar, es quién oye la voz del ser, siente que la filosofía es una tarea imperiosa, improrrogable, siente que es quehacer decisivo de su vida” (Ibidem. p. 14). El filósofo sabe que la filosofía quiere decir más allá de la semántica de sus palabras, ir de camino y que sus preguntas son más esenciales y fundamentales que sus respuestas, porque la filosofía es “preguntar, sondear, inquirir, con la esperanza de obtener respuesta: pues sólo pregunta de verdad quien pretende saber. Y esperar es desear y confiar en la revelación del ser; la esperanza es aspiración al ser; es poseer en sombras y querer la luz”. (Sanabria José Rubén, Materia y Conocimiento en Aristóteles, en Filosofar Cristiano, Año II, núms. 3–4. Córdoba. Argentina, 1978, p.52).

El filósofo es el que “acepta el conocimiento como un hecho, complejo y difícil de explicar, y se sirve de él como cualquier otra persona. Pero no se queda ahí, en el nivel espontáneo y pragmático, sino que hace del conocimiento un problema: el problema fundamental de la filosofía, por cierto, en cuanto que cualquier problema filosófico, lo implica o lo supone”. (Idem). No obstante, el filósofo “se pregunta qué es el conocimiento, cómo es, cómo debe ser, cuál es su valor, y cuáles son sus límites”. (Idem).  Sabe que filosofar significa llegar a la admiración, porque descubre en este valor el secreto de la vocación filosófica, porque “la admiración es un sentimiento propio del filósofo, esta admiración quizá sea mejor decir asombro, no es tan sólo decir el origen histórico de la filosofía, sino qué es y principalmente, el origen interno, vital, constante, del filosofar. No es que el que filosofa venga desde el asombro, sino que no sale del asombro, no acaba de asombrarse: filosofar es asombrarse, es vivir en el asombro”. (Ibidem, p. 14).

También, el filósofo se asombra, porque el asombro en sentido positivo “es el deseo de saber, es la búsqueda del ser, el que se asombra se queda perplejo porque no sabe, pero se lanza a buscar porque quiere saber, se da cuenta de su ignorancia y por ello busca la luz del saber”. (Ibidem, p. 15).

El filósofo sabe que el “filosofar es romper esa biunidad del ser y del yo, y convertirla en la dualidad del ser y yo. Esta actitud es un extrañamiento ante el ser: advierto que el ser está en mí y que yo estoy en el ser: el ser me es presente y me sustenta, y yo estoy presente al ser en el ser”. (Sanabria José Rubén, “Introducción a la filosofía”. Editorial Porrúa, México, 2000, p. 24). Si el filósofo no acaba de asombrarse, es porque vive en el asombro, y “se asombra y se lanza a develar al ser oculto en los entes; él se da cuenta de su ignorancia y busca saber”. (Ibidem p. 26).

En efecto, aceptando la noción de San Agustín, es decir, “un verdadero filósofo”, entonces éste, funda su admiración en el amor, “pero no del amor del deseo -Eros-, más bien se trata del amor, de la admiración ante lo maravilloso, ante lo perfecto, su admiración es radical y total, se extraña de su propia extrañeza, se extraña de sí mismo y de la totalidad de las cosas”. (Sanabria José Rubén, “En torno a la Soledad”, Revista de Filosofía, Año IV, núm.12, UIA, México, 1972, p. 307).

El verdadero filósofo se extraña por el ser, y al escuchar su voz, se dirige hacia la verdadera soledad, la cual es “el centro donde resuena y brilla el valor, de cuyo ser y sentido, nuestra existencia recibe significación y plenitud”. (Sanabria José Rubén, Introducción a la filosofía, Op. Cit. p. 18). El filósofo ama la soledad, “mas no por el despectivo odi profanum vulgus et arceo de Horacio, sino porque sabe que las multitudes ordinariamente viven en la meditación, en la despotización, en la desdivinación y sobre todo en la banalización”. (Idem. Traduzco la expresión latina del poeta Horacio del siguiente modo: odi profanum vulgus et arceo. (odio al vulgo profano y lo aparto).

El filósofo “contempla asombrado el horizonte infinito del ser, se refugia en la soledad para comprender a los que viven en la vaciedad del aislamiento y en la pobreza ontológica”. (Idem). Escucha en su interior con mucha atención la voz del ser, y después de una larga y honda meditación sabe que debe cuestionarse con profundidad sobre “los problemas prácticos de la vida, pues es el único que se pregunta radicalmente qué sentido tienen las cosas y las acciones del hombre, qué sentido tiene el tiempo, la vida, la belleza, la política, el dinero, la filosofía”. (Sanabria José Rubén, Inutilidad de la Filosofía, Op. Cit. p. 40).

En este sentido él es un inadaptado, “un señor que no encaja en las filas del vulgo, exige para sí la augusta prerrogativa de una sociedad antecedente y consiguiente”. (Ibidem p. 41). Pero también, “es el que -oye- es el oído de la verdad, según Parménides, y el oyente de la palabra -Höres des Wortes, según Karl Rahner, aún en las experiencias más intrascendentes sabe escuchar la voz del ser”. (Ibidem, p. 42).

¿Qué hace pues, el filósofo? Trata de comprender el problema desde la raíz, como un arquitecto en sentido etimológico y por eso especula el problema fundamental de la filosofía desde la raíz hasta el techo, como una casa bien edificada, porque sabe que él mismo es un problema, es decir, “una dificultad que es preciso descubrir y resolver, como un misterio atractivo y desconcertante cuyos orígenes y consecuencias se deben descubrir y determinar”. (Ibidem p. 43). El verdadero filósofo siempre seguirá buscando la verdad; porque solamente Dios es sabio, porque es el único que conoce absolutamente todo. El filósofo sólo busca, persigue, sólo aspira a conseguir un saber que jamás obtendrá plenamente. Por ello el hombre jamás será sabio –σοφός– ni puede aspirar a serlo, él sólo será -y no muchos, por cierto- filósofo: amante del saber, enamorado de la sabiduría”. (Ibidem p. 21).

Así, pues, el filósofo tiene una gran tarea; se expresa mejor en modo infinitivo presente, lo cual significa “ver la realidad como una luz ontológica que lo hace penetrar en lo más íntimo de la realidad, que lo hace ver el mundo con los ojos siempre nuevos, porque encuentra en él, la maravilla de los entes en el ser”. (Ibidem p. 301). Pregunta, busca, contempla, espera, sabiendo que al saber nunca tendrá la sabiduría plena, porque es el que va asombradamente y con amorosa inquietud por un camino extraño que nunca tendrá fin.

En este largo y extraño camino tiene una auténtica vocación, porque su vida va de acuerdo con los principios que escucha con frecuencia en su interior, allí donde está el δαίμων de la sabiduría clásica, el maestro interior de la sabiduría cristiana, el magister, y por eso vive feliz, porque sabe que él no es sabio, empero, busca la verdadera sabiduría.

En síntesis, el filósofo “… va por los oscuros senderos de la vida, alegre y asombrado, porque sabe que filosofar significa vivir en forma tan absoluta y total, de modo que este silencio que oye no se ve perturbado, ni interrumpido por nada, ni siquiera por una pregunta”. (Ibidem p. 34).

Deja una respuesta