Humanismo, profesión y bibliografía en la escuela
Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz.
Advertencia.
Esta ocasión deseo compartir un artículo dedicado a estudiantes y profesores que esperan mayor sugerencia y metodología sobre el humanismo, a propósito de la nueva materia del Sistema de Educación Pública, La nueva escuela mexicana, o Humanismo mexicano. Pero también considero dedicada esta disertación a los lectores del Comunicador Puebla, pues como dice un dicho muy frecuente en México: “si unos brazos te desprecian, otros te están esperando”. De otra forma, la intención es que el lector pueda divertirse y alimentar sus propios ojos como había apuntado el poeta romano Publio Ovidio Nasón. Desde el punto de vista lúdico y didáctico remitimos a este ejemplar poeta para deleitar los ojos de cada uno. Se trata de un texto donde un joven patricio anda cotejando a una doncella interesada y la cita es en el anfiteatro romano, el cual dice así: “Non ego nobilium sedeo studiosus equorum; cui tamen ipsa faves vincat ut ille precor. Ut loquerer tecum veni tecumque sederem, ne tibi non notus quem facis esset amor. Tu cursus spectas, ego te – spectemus uterque quod iuvat, atque oculos pascat uterque suos. Yo no me considero un experto de finos caballos, pero ojalá aquel auriga derrote al que tú misma favoreces. He venido para hablar contigo y sentarne junto a ti, no sea que no conozcas el amor que me despierta. Tú contemplas las carreras y yo a ti, observemos ambos lo que nos deleita y cada uno que alimente sus propios ojos”. (Ovidio, Amores. III. 2.).
He titulado este trabajo, Humanismo, profesión y bibliografía en la escuela, para que el lector pueda hallar conceptos, autores, artículos selectos y una bibliografía de 80 libros que se refieren a las principales disciplinas que estudian el humanismo en sus tres vertientes más estudiadas de la historia: humanismo clásico, humanismo cristiano y humanismo mexicano. En la exposición trataré dos aspectos: Circunstancia, historia y noción del humanismo para nuestro tiempo, y Bibliografía sobre el humanismo histórico y mexicano. Las notas bibliográficas que suelen ponerse al pie de página, las he colocado entre paréntesis con el fin de tener hacer una mejor comprensión de la lectura.
Ojalá disfruten este artículo, que ha salido sinópticamente de las páginas de mi reciente libro: Grandeza y miseria del humanismo, y es el resultado de numerosas conferencias que he venido exponiendo sobre el humanismo histórico en diálogo con las principales escuelas y orientaciones del humanismo actual. Tal vez mi reflexión no satisfaga a algún estudioso serio del humanismo, pero también sé que mi aportación responde a la deficiencia que he venido especulando en otras vertientes del humanismo, no sólo de nuestro país, sino también del extranjero.
a). Circunstancia, historia y noción del humanismo para nuestro tiempo
¿Qué es, pues, el humanismo? Es una palabra tan añeja como el mismo hombre: clásica, medieval, renacentista, moderna y posmoderna; griega, latina, europea, latinoamericana, prehispánica, mexicana y popular. Es una palabra mundial, cotidiana, rica en significado, en vida, propuestas, valores, conocimientos, instituciones, pueblos y naciones. Es una palabra culta que merece numerosas y potentosas explicaciones, debido a sus diversas acepciones, disputaciones y aplicaciones (Para tener al frente la pluralidad de vertientes humanistas de la historia, véase El conflicto actual de los humanismos, Auguste Etcheverry. Ediciones Península, Madrid, 1966, 343 pp. Aquí describe el autor las principales corrientes del humanismo moderno: racionalista, existencialista, marxista, optimista, pesimista, estructuralista, ateo y humanismo cristiano. Y quien expone el valor y la deficiencia del humanismo ateo es Henri de Lubac en El drama del humanismo ateo. Ediciones Encuentro, Madrid, 1967, 277 pp.).
Una cosa es el humanismo como contenido, estructura, metodología y perspectiva, y otra cosa, es el humanismo como cronología. Pues la palabra humanismo no existió en toda la tradición, ni siquiera en el Renacimiento, pues allí hubo humanistas muy destacados, pero el humanismo es un término más moderno. Casi todos los estudiosos escriben que el creador del término humanismo es F. J. Niethammer a finales del siglo XVIII, en 1784. La palabra humanismo es un latinismo, humanismus, como pietismus, imitando el latín pietas. También los Padres de la Iglesia usaron la palabra hellenismus. (Más detalles véase Por amor al griego, la nación europea, señorío humanista, siglos XIV-XVII, Jacques Lafaye. Opu. Cit. pp. 22-25. De los diccionarios de filosofía en español, el de José Ferrater Mora da una explicación muy acertada sobre el humanismo, como historia y como cosmovisión. (Diccionario de filosofía, Alianza editorial, Madrid, 1979). En cambio, Nicola Abbagnano en su Diccionario de filosofía se refiere más al contenido del humanismo y menos a su historia. (Diccionario filosofía, Fondo de Cultura Económica. México, 1980). También vale la pena considerar la guía de lectura de Paul Foulquié en su Diccionario del lenguaje filosófico. Editorial Labor. Barcelona-Madrid-Buenos Aires-Río de Janeiro-México-Montevideo, 1967. Una de sus mayores expresiones se resume en el siguiente fragmento: “el humanismo tiende en esencia a hacer al hombre más verdaderamente humano; exige a la vez que el hombre desarrolle las virtualidades en él contenidas, sus fuerzas creadoras y la vida de la razón, trabaje para hacer de las fuerzas del mundo físico instrumentos de libertad. Así, entendido el humanismo es inseparable de la civilización o de la cultura, tomando estas palabras como sinónimos”. Humanismo integral, J. Maritain, 10).
Actualmente se están suscitando numerosas propuestas del humanismo. Sin embargo, hay que insistir que cualquier proyecto del humanismo debe poseer mucho o al menos parte del humanismo histórico y originario que comienza con la paideia, la humanitas, la cultura, hasta la llegada del Renacimiento, del Humanismo como movimiento cultural y de las diversas escuelas del humanismo actual. De todas las escuelas del humanismo hay tres que todavía tiene mucho que decir al hombre de nuestro tiempo: el humanismo clásico, cristiano y mexicano. El segundo es el más difundido y más polémico a través de la historia, pues más allá de una vertiente de pensamiento está íntimamente vinculado a la cuestión de la persona, y por eso lleva consigo la naturaleza humana y la divina, pues toca unir dos realidades, la natural y la sobrenatural, las cuales un cristiano debe armonizar en su vida de una forma análoga para construir un modo de vida. (Vale la pena tener al frente una bibliografía de las tres antropologías. La antropología cultural, filosófica y teológica. Recomiendo ampliamente la lectura de José Rubén Sanabria: Filosofía del hombre (Antropología filosófica), Editorial Porrúa, México, 1987 (2ª. ed. México, 2000). Y singularmente su conferencia magistral, Del misterio del hombre al misterio de Dios, en Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México: José Rubén Sanabria, Mauricio Beuchot, Justino Cortés y Guillermo Hernández. El Barco Ebrio Ediciones. Puebla, 2025, especialmente las páginas 53-64).
En este sentido la vida cristiana es como refiere Yves de Montcheuil, “es más alta que la simple vida humana y este es el humanismo en sentido pleno de la palabra. (El ideal del humanismo cristiano, Yves de Montcheuil, en Pensadores católicos contemporáneos. Tomo I, Ediciones Grijalbo, S. A. Barcelona, 1964, p. 153). En esta línea también J. F. Donceel ve la necesidad de integrar la cristología y la antropología para fundamentar el humanismo cristiano. (Véase, Cristología y Antropología, en Antropología filosófica. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires-México, 1969, pp. 480-485). Como ejemplo de esta reflexión, comparto un fragmento del modo siguiente: “Karl Rhaner, el destacado teólogo católico de nuestro tiempo, que también es un gran filósofo, sostiene que es imposible una antropología completa sin una cristología. Según él, no podemos entender completamente al hombre si no conocemos algo sobre Cristo. A primera vista, podrá parecer que la filosofía nada sabe acerca de Cristo. Sólo tenemos conocimiento de Cristo por la historia y la revelación. Rhaner lo admite, pero no sin alguna reserva, basada en las siguientes consideraciones. Si nada hay en mí, en mi naturaleza, que me impele hacia la persona histórica de Cristo, ¿Por qué entonces he de prestar yo, hombre del siglo veinte, atención a un predicador itinerante-muy simpático, pero en realidad bastante oscuro-que tuvo algún, papel destacado hace diecinueve siglos en un lugar remoto del mundo?” (Ibidem, p. 480).
Ciertamente, el humanismo implica la aflicción y el amor a todos los valores humanos, no sólo los valores literarios y artísticos del humanismo grecolatino, renacentista y moderno, sino también extendido a todos los valores humanos. El humanismo cristiano, explicado desde los evangelios lleva consigo una seria axiología, en ella se ve la supremacía de los valores con sus características fundamentales: bipolaridad, jerarquibilidad, preferibilidad y trascendentalidad. (Aquí tomo la nomenclatura de Max Scheler y de Joseph De Finance, la cual ha sido citada por la mayoría de los estudiosos de la ética en América Latina. Véase Ética, José Rubén Sanabria, Editorial Porrúa, México, 1971, pp. 72-77. Más detalles, véase mi artículo en Algunos aspectos de la ética existencial y de la persona humana. El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 14 de octubre de 2025. Hay un estudio singular y extraordinario, publicado recientemente, sobre todo, vale la pena revisar las notas de investigación y el aparato crítico, Magna Moralia, Aristóteles. Edición bilingüe griego-español. Traducción, estudio preliminar y notas de Jesús Manuel Araiza Martínez. El Barco Ebrio Ediciones, Puebla, 2025, 416 pp).
En mi reciente libro, Grandeza y Miseria del humanismo, publicado en Tinta Sangra Ediciones, Puebla, 2006, trabajo un tema, al que he titulado: Tres modos de ser del humanismo, la filantropía, la erudición y la virtud. Desde aquí se puede reconstruir una noción, que reúna y que identifique los valores y las virtudes de la casa, de la escuela y de la religión más alta, es decir, la henofanía. (La palabra henofanía alude a la manifestación de un solo Dios, es decir, de εἷς-μία-ἕν: uno; y el verbo φαίνω-φανῶ-ἔφηνα-πέφαγκα (πέφασμαι)-ἐφάνθην: alumbrar, dar a luz, hacer brillar, encender, hacer ver, mostrar, indicar, manifestar, demostrar, dar a conocer), haciendo una sinergia, más que una suma de voluntades, así fácilmente puedo hacer mía la noción de humanismo que nos ofrece el doctor Ildefonso Pineda Ramírez del modo siguiente: “el humanismo en su sentido literario más neto, es una fusión equilibrada de dos elementos: por una parte, un bagaje muy amplio de sabiduría que se ha ido acumulando por los genios de la humanidad a lo largo de una tradición cultural de muchos siglos y que se ofrece como fermento de las múltiples potencialidades del entendimiento humano. Por otra parte, una solicitud inteligente por las necesidades concretas del hombre real en cada momento sucesivo de la historia” (Jesús Maestro de los predicadores. Ildefonso Pineda Ramírez. Editorial Jus, S. A. México, 1967, p. 15.).
Hoy, cuando se habla de humanismo y de humanista, a la mayoría le causa negligencia, por ejemplo, al maestro se le acusa a menudo que ya no es humanista. Pues si recordamos la historia del humanismo, también hay que apuntar los oficios de los grandes humanistas. En Atenas los humanistas eran los filósofos. En Alejandría los gramáticos y sólo con Eratóstenes los filólogos. En Roma los humanistas fueron los poetas, los oradores, los abogados y muy rara vez los filósofos, como Cicerón y Séneca. En la Edad Media los humanistas fueron los filósofos y los teólogos. En el Renacimiento fue un caso extraordinario, porque fue una historia semejante a Roma y a Grecia clásicas, pues los humanistas tenían una formación interdisciplinaria, lo mismo los gramáticos, los filólogos, los artistas, los científicos, los filósofos y los teólogos. En la Nueva España los humanistas eran los filósofos, los poetas y los teólogos. En esto son magistrales los autores contemporáneos que dan muestra de esta tesis, por ejemplo, Gabriel Méndez Plancarte, Tarsicio Herrera y Mauricio Beuchot. (Véase Humanistas del Siglo XVIII, Gabriel Méndez Plancarte. Universidad Nacional Autónoma de México, primera edición, 1941; cuarta edición 1991, 197 pp; Historia del humanismo mexicano. Tarsicio Herrera Zapién. Editorial Porrúa, México, 2000, 270 pp; Historia de la filosofía en el México colonial, Mauricio Beuchot Puente. Editorial Herder, México, 1996, 280 pp.). En el siglo XX resurgió el humanismo y los humanismos, en esta tarea imperiosa tenían fama de humanistas los poetas, los abogados, los médicos y los sacerdotes. (En los veinte siglos del humanismo cristiano siempre ha habido sacerdotes humanistas, desde los apologistas hasta los recientes autores del siglo XX y la primera mitad del siglo XXI, véase mi artículo El humanismo icónico analógico del sacerdote, en Revista Koinonía, Arquidiócesis de Puebla, Año VII, número 61, marzo-abril, 2008, pp. 6-22. Singularmente, merece recomendarse el siguiente libro, una de las joyas de los grandes humanistas, El humanismo mexicano, Gabriel Méndez Plancarte, Introducción de Octaviano Valdés, Seminario de Cultura Mexicana, México, 1970, 236 pp.).
Actualmente es muy extraño que a algún oficio se le diga humanista, salvo los políticos en México reciente, que se llaman humanistas a sí mismos, pero esto no es más que moda y ocurrencia con diminuta conciencia de lo que realmente es el humanismo y lo que significa humanista. No obstante, el maestro desde la antigua Grecia, Alejandría y Roma con el nacimiento de la escuela ha sido el humanista por antonomasia, aclarando que los términos humanismo y humanista son recientes y datan del siglo XVIII, tal como ya lo he venido exponiendo en diversos artículos y numerosas conferencias.
Este trabajo va vinculado con la mayoría de los setenta artículos que he publicado en el Comunicador Puebla. Pues se ha conseguido el propósito y la revaloración del humanismo. Sin deuda, la grandeza del humanismo no ha quedado agotada, ni por su contenido, ni por su estructura, y tampoco por su metodología y su perspectiva. Es más notoria la miseria del humanismo, porque es la negación de la grandeza del humanismo; mejor aún, es la exaltación del relativismo, pragmatismo, utilitarismo, centralismo, hedonismo y negligencia. Pero gracias a la analogía, reunimos lo mejor de ambas partes. Sintéticamente, lo que Mauricio Beuchot ha llamado humanismo analógico, que no va contra la ciencia-técnica, pero que rescata los valores más altos del ser humano, que es lo que ahora nos hace tanta falta.
b). Bibliografía sobre el humanismo histórico y mexicano.
1). Abbagnano Nicola, Diccionario filosofía, Fondo de Cultura Económica. Segunda edición en español, México, 1980, 1202 pp.
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6). Buendía Chavarría Raúl, (Compilador) Homenaje a Mauricio Beuchot por sus 75 años. Editorial Torres Asociados, México, 2025, 150 pp.
7). Beuchot Puente Mauricio, El humanismo cristiano como humanismo analógico, en Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México: José Rubén Sanabria, Mauricio Beuchot, Justino Cortés y Guillermo Hernández. Juvenal Cruz Vega. El Barco Ebrio Ediciones. Puebla, 2025, pp. 107- 121.
8). Beuchot Puente Mauricio, Historia de la filosofía en el México colonial. Editorial Herder, Barcelona, 1996, pp. 280.
9). Beuchot Puente Mauricio, Tratado de Hermenéutica analógica, Qunita edición Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, 2025, 257 pp.
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11). Beuchot Puente Mauricio, La huella analógica del caminar humano, Asociación Científica y Cultural Iberoamericana, Madrid, España, 2014, 236 pp.
12). Beuchot Puente Mauricio, Hermenéutica analógica de la educación, Escuela Normal Superior Profesor Moisés Sánenz Garza, Colección de Hermenéutica y Filosofía, Nuevo León, Monterrey, 2015, 155 pp.
13). Beuchot Puente Mauricio, Ética, Editorial Torres Asociados, México, 2004, 174 pp.
14). Beuchot Puente Mauricio, La filosofía de San Agustín, Ediciones Paulinas, S. A. DE C. V. México, 2015, 134 pp.
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20). Cruz Vega Juvenal, Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México: José Rubén Sanabria, Mauricio Beuchot, Justino Cortés y Guillermo Hernández. El Barco Ebrio Ediciones. Puebla, 2025, pp. 317.
21). Cruz Vega Juvenal, La formación humanista del griego y del latín a la luz de la hermenéutica analógica, en Homenaje a Mauricio Beuchot por sus 75 años, Compilación de Raúl Buendía Chavarría, Editorial Torres Asociados, México, 2025, pp. 121-150.
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