Actualidad de la filosofía y algunos aspectos de la filosofía novohispana en la obra de José Rubén Sanabria
Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz
“A la definición tradicional de la filosofía se le ha achacado ser demasiado abstracta y no tener en cuenta lo vital. Esto no es absolutamente exacto. Sin embargo, una definición más moderna podría ser ésta: filosofía es la sabiduría vital del problema humano en sus últimas razones. Sabiduría, sería aquí, una síntesis suprema de los conocimientos del hombre; vital, es decir, profundamente arraiga, vivida, pues ésta es la única manera de que la sabiduría sea realmente sabiduría; del problema humano, porque el hombre es la síntesis de todos los seres y porque un problema humano afecta tanto a la especie como al individuo; en sus últimas razones, porque la filosofía es la explicación última de la realidad”. José Ruben Sanabria, Lógica, Editorial Porrúa, Vigesimotercera edición, México, 2001, p. 16.
Advertencia
Escribo este artículo sobre el filósofo mexicano José Rubén Sanabria para que los lectores puedan tener otra nota más sobre este autor polifacético. Aquí lo presento como un filósofo cristiano con una perspectiva universal al ser un filósofo historiador, cristiano en el sentido amplio de la filosofía y sistematizador de la filosofía al darle un giro a su pensamiento con la ayuda de la filosofía del hombre, teoría del conocimiento, ética y metafísica. Parte de este trabajo lo presenté como ponencia en la ciudad de Puebla, al cual titulé: Reseña histórica de la filosofía novohispana en la obra de José Rubén Sanabria, en el XVI Encuentro Nacional de Investigadores del Pensamiento Novohispano. Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México y el Gobierno del Estado de Puebla. Biblioteca Palafoxiana, Puebla, Pue; 15 de noviembre de 2003.
Aquí presento tres partes a saber. Primero, una biografía muy apretada o como dicen algunos, una biografía sucinta con el fin de obtener los datos más relevantes de su perfil biográfico. Siempre es interesante saber una bio-bibliografía general de un autor, más cuando se trata de un pensador nuevo para las generaciones actuales, quienes suelen ser negligentes a lecturas de autores desconocidos para su vida, incluso su vida universitaria. En segundo lugar, escribo una síntesis de su filosofía con el fin de ubicar el lugar que ocupa dentro de la filosofía contemporánea, de la filosofía latinoamericana y la misma filosofía novohispana. En tercer lugar hago una reseña de los estudios que José Rubén Sanabria hizo sobre la filosofía en la Colonia o en la Filosofía novohispana. Aquí figuran los principales autores de los tres siglos de la época novohispana, esto es, de los siglos XVI, XVII y XVIII. Muchas de sus ideas siguen siendo vigentes, no sólo para los autodidactas, sino también para los estudiosos de humanidades, ciencias humanas, ciencias sociales, y también para el público general.
Mi satisfacción como columnista de El Comunicador Puebla y de otros medios de comunicación será: viendo nuevos lectores de alguna de las obras, reseñas o artículos de José Rubén Sanabria. Siempre se corre el riesgo de fracasar como escritor. Pero de todos modos ya puse el dedo sobre la llaga. Si mi intento fuera fallido al menos tengo la valentía de haber escrito y parafraseado a los autores que ponen su mejor esfuerzo diciendo: “hice lo que pude, y quien pueda que haga cosas mejores (Feci quod potui meliora potentes faciant).
1). Noticia biográfica de José Rubén Sanabria
José Rubén Sanabria fue un pensador que consagró su vida llena de nobleza y pasión a la filosofía. Como estudiante, docente, conferenciante e investigador, por más de cincuenta años se dedicó a la búsqueda amorosa de la verdad. Lo conocí en 1997, en los últimos años de su vida, a través de mi maestro el doctor Humberto Encarnación Anízar, que en la Universidad Pontificia de México, en sus cursos de agustinismo en el siglo XX, hablaba de él colocándolo al lado de Agustín Basave Fernández del Valle, Alberto Caturelli y Octavio Nicolás Derisi, como uno de los pensadores más destacados en el campo del humanismo cristiano en América Latina.
Sobre José Rubén Sanabria se ha hablado poco en México, pese a ser bastante conocido. En los cursos de historia de la filosofía mexicana apenas se le ha dedicado algunos fragmentos, y sólo para reportar algunos datos biográficos y hacer un breve comentario sobre su Introducción a la Filosofía, su Ética y su Lógica. Los estudios y comentarios más rigurosos sobre su filosofía son de autores extranjeros. En 1998, después de leer su currículum vitae y parte de su obra publicada, me di cuenta de que su reflexión filosófica era de gran valor como lo hacía ver la crítica filosófica en el extranjero. Desde ese año trabé una amistad muy estrecha con él, por lo cual puedo decir que conocí su obra de cerca y de primera mano. Asimismo, recibí inmerecidamente deferencias de su parte y el conocimiento de una gran porción de comentarios y estudios sobre su propia filosofía. Lamentablemente quedaron pendientes muchas preguntas sin respuesta, ya que la muerte le sorprendió la noche del 31 de diciembre del 2001. Después de su fallecimiento pude conocer su obra inédita y la múltiple correspondencia que obtuve con grandes filósofos de nuestro tiempo. Eso me permitió verificar muchos datos que ya antes Mauricio Beuchot Puente, Antonio Ibargüengoitia Chico y el propio José Rubén Sanabria me habían comunicado.
José Rubén Sanabria Tapia nació el 8 de mayo de 1920 en Ístaro cerca de Santa Clara del Cobre en el Estado de Michoacán y murió en la Ciudad de México el 31 de diciembre del 2001. Una vez realizados sus primeros estudios en su tierra natal pasó a estudiar humanidades y filosofía en el Seminario Josefino de San Luis Potosí, la teología la hizo en el Seminario de la misma orden en México. Fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1944. Desde el año de su ordenación se mantuvo como profesor en el Seminario de los padres josefinos, impartiendo las cátedras de Introducción a la filosofía, Lógica, Historia de la Filosofía, Latín y Derecho Canónico. En 1956 fue llamado al Centro Cultural Universitario por invitación del doctor José Sánchez Villaseñor para impartir Introducción a la filosofía y Metafísica de la muerte en la Facultad de Filosofía.
En 1958 suspendió su labor como docente porque sus superiores lo enviaron a Roma para realizar estudios universitarios. Allí hizo la licenciatura en filosofía, la cual terminó en 1960 con la tesis “La alteridad en Jean Paul Sartre”. Luego de estos estudios hizo la licenciatura en teología en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de los Padres Dominicos; simultáneamente realizó el doctorado en filosofía que culminó en 1962 con la tesis “Ser y valor en la filosofía de Louis Lavelle”. En ese mismo año regresó a México y el doctor Héctor González Uribe lo llamó para colaborar en la Universidad Iberoamericana, pues con la muerte del doctor Sánchez Villaseñor la planta de profesores se había desintegrado.
José Rubén Sanabria ya estando en esa institución se dedicó con esmero a la docencia y a la investigación. En 1968 con un grupo de alumnos fundó la Revista de Filosofía de la UIA, la cual dirigió acertadamente hasta su fallecimiento; además colaboró en muchas revistas de humanidades y de filosofía, tanto en México y en el extranjero, por ejemplo: Giornale di Metafisica, Filosofia Oggi, Filosofar Cristiano, Analogía Filosófica, Estudios, etc. Participó en muchos Congresos de filosofía a nivel nacional y mundial; perteneció a numerosas asociaciones filosóficas como: Amigos de Federico Sciacca, Sociedad Católica Argentina, Sociedad Internacional para la Unidad de las Ciencias, Asociación Filosófica Mexicana, Sociedad Internacional Tomás de Aquino y muchas otras.
2). Aproximaciones a la filosofía de José Rubén Sanabria
Si se revisa con profundidad la filosofía de José Rubén Sanabria se podrá advertir lo que hay en su obra una filosofía. Se trata de una filosofía que tiene la característica de ser vital, hecha para vivir y para morir. Es una filosofía que nace de la vida, de la existencia humana, concreta, desgarrada, a veces herida o sojuzgada; pero con una exigencia improrrogable. Su filosofía, es una teoría, una contemplación, pero más que todo eso es un saber existencial, “un saber para vivir y un saber para morir, una actitud vital, un compromiso, un entusiasmo, una forma de vida”. (Sanabria José Rubén, Introducción a la Filosofía, Editorial Porrúa, Décimo cuarta edición, México 2001, p. 303).
Esta filosofía no es una definición en sentido estricto, así como lo indica la definición del árbol de Porfirio, de los manuales de lógica. En su meditación sobre la naturaleza de la filosofía, parte de una definición de índole descriptiva, luego apunta que su filosofía nocionalmente es ontología y finalmente le da una dirección hacia la filosofía cristiana. Por esta razón la filosofía es como en su etimología, es decir, amor a la sabiduría. Y para esto, se hace ayudar de dos pensadores a saber: Pitágoras de Samos y San Agustín de Hipona.
Pitágoras sabe que la filosofía es amor a la sabiduría, y que el filósofo no es un sabio, sino un amigo de Dios. Y conforme a esto Diógenes Laercio lo expresó bellamente: “respecto al nombre Pitágoras, fue el primero que se le impuso el nombre filósofo, pues estando, en conversación familiar en Sición, con Leonte, tirano de los Siciones o filiaceos, como refiere Heráclides Póntico, en el libro que escribió sobre la intercepción de la respiración – ninguno de los hombres, dijo Pitágoras es sabio, – lo es sólo Dios. Antes la filosofía se llamaba Sabiduría, y sabio el que la profesaba, habiendo llegado a lo sumo de su perfección, pero el que se dedicaba a ella era filósofo”. (Laercio Diógenes, Vida de los filósofos más ilustres, Libro I, 8, Editorial Porrúa, Colección Sepan Cuántos, N° 427, México 1998, p. 12).
Por su parte San Agustín, perfeccionó a la teoría pitagórica al decir que Dios es la sabiduría, Dios es el sabio; pero principalmente al afirmar que el verdadero filósofo es el que ama la sabiduría. Pues de este modo lo expresó el Santo en su celebérrima obra magna – De Civitate Dei- “Si Sapientia Deus est, Verus Philosophus est amator Dei”. (San Agustín, De Civitate Dei, Libro VIII. Cap.1, Editorial BAC. Si Dios es la Sabiduría, un verdadero filósofo, es un enamorado de Dios. A este sentido se refiere el doctor Sanabria cuando afirma acertadamente que la filosofía para San Agustín, se centra en el amor, de tal manera que filosofar es amar a Dios. “hoc est philosophari, amare deum” (José Rubén Sanabria, Antropología Filosófica, Editorial Porrúa, Segunda edición, México 2000, p. 42).
Respecto a esto José Rubén Sanabria piensa que el verdadero filósofo ama a Dios y siempre seguirá buscando la verdad, acepta con Pitágoras, “que solamente Dios es sabio porque es el único que conoce absolutamente todo. El filósofo sólo busca, persigue, sólo aspira a conseguir un saber que jamás obtendrá plenamente. Por ello el hombre jamás será sabio – Sophos- ni puede aspirar a serlo. Él sólo será – y no muchos, por cierto – filósofo, es decir, amante del saber, enamorado de la sabiduría”. (Sanabria José Rubén, Introducción a la filosofía, op. cit. p. 21).
El verdadero filósofo es el que escucha atentamente la voz del ser, “es el único que se cuestiona por los problemas prácticos de la vida con profundidad, es el único que se pregunta radicalmente, qué sentido tienen las cosas y las acciones del hombre, qué sentido tiene el tiempo, la vida, la belleza, la política, el dinero, la filosofía”. (Ibidem, p. 40). El verdadero filósofo “es el oidor de la verdad, según Parménides y el oyente de la palabra Höres des Wortes según Karl Ranher–aún en las experiencias más intrascendentes sabe escuchar la voz del ser”. (Ibidem, p. 42).
José Rubén Sanabria, piensa que el verdadero filósofo busca la auténtica sabiduría, busca la verdad, es quien tiene la curiosidad de “preguntar, buscar, esperar, sabiendo que al saber nunca tendrá la plena sabiduría, es el que va asombradamente y con amorosa inquietud, por un camino extraño que nunca tendrá fin”. (Sanabria José Rubén, Inutilidad de la filosofía, en Revista de Filosofía, Año V, N° 13, UIA, México 1972, p. 14). El filósofo, “va por los senderos obscuros de la vida, alegres y asombrados porque sabe que filosofar significa vivir en forma tan absoluta y total, de modo que este silencio que oye, no se ve perturbado ni interrumpido por nada, ni siquiera por una pregunta”. (Ibidem, p. 34).
El verdadero filósofo busca la sabiduría, ¿pero qué es la sabiduría? ¿Acaso es la ciencia, el conocimiento, un especial modo de saber, una cosmovisión? Tal vez sea todo esto y otros aspectos más; pero la sabiduría así como la considera nuestro autor es el “fundamento de la realidad, es el saber que expresa el impulso más profundo del espíritu humano en la búsqueda del ser). (Sanabria José Rubén, Mi Concepción de Filosofía, en Revista de Filosofía, Año XI, N° 31, UIA, México 1978, p. 138). “Es la reflexión radical y crítica del hombre acerca de sí mismo, del mundo y del hombre, y del Absoluto”. (Sanabria José Rubén, Cristianismo y Filosofía en México, Cuaderno de Filosofía, núm. 19, UIA, México 1993, p. 47).
En líneas anteriores, se ha advertido que la filosofía de este pensador mexicano es sabiduría. Con mayor rigor es ontología, esto es, la disciplina que se pregunta hondamente por el ser. Por un lado, recoge la tradición de la ontología y por otro, recupera el aspecto fenomenológico en un nivel de integración, pues, “la ontología para ser tal, tiene que empezar por la fenomenología profunda–descripción de vivencias. Una fenomenología que no desemboca en ontología se queda en pura descripción y la ontología que no arranca de una fenomenología se queda en un mundo abstracto de esencias y sin raíces vitales”. (Sanabria José Rubén, Mi Concepción de Filosofía, Op. cit. p. 138).
La reflexión filosófica en el pensamiento de Sanabria, no es pura fenomenología, ya que no se trata de una descripción de vivencias y sólo con el método fenomenológico. Empieza con la fenomenología, pero no se queda ahí, pues fundamenta las vivencias en el ser, esto es, en la ontología, aun cuando también de personalismo y existencialismo. Se trata de una filosofía del hombre “del hombre concreto, de carne y hueso que siente las mordeduras del dolor, que trabaja y que ama, es el hombre sumergido en el río del tiempo y que sabe que no podrá escapar a la humillación de la muerte–transformación dolorosa y enigmática–que experimenta en su propia carne el dolor de los hombres”. (Sanabria José Rubén, Cristianismo y Filosofía en México, Op. cit. p.47).
El existencialismo cristiano de Sanabria, parte de su etimología latina, de exsisto-exsistis-exsistere-stiti: salir fuera, dejarse oír, nacer de, provenir de, proceder, surgir, presentarse; y en el sentido que le da este autor, “se trata de llegar a ser uno mismo, de realizarse como persona, de vivir auténticamente en libertad, con todos los riesgos que ello implica y con la plena decisión de superar la propia soledad, abriéndose a los demás y a posibilidades constantemente nuevas o alegremente renovadas”. (Sanabria Tapia José Rubén, Mi concepción de filosofía, Op. cit. p.160).
La filosofía es un saber, pero con carácter existencial, porque quien filosofa es un hombre concreto, una persona, un hombre de carne y hueso, un ser humano. Y en este sentido no hay dificultad para que se admita la existencia de la filosofía cristiana, o varias modalidades de esta. José Rubén Sanabria acepta que haya filosofía cristiana, él mismo lo escribe, “la filosofía cristiana es algo existencial, es posible, es una realidad”. (Sanabria José Rubén, El problema de la filosofía cristiana, en Cuaderno de Filosofía, núm. 33, UIA, México 1999, p. 14); pero es una realidad que no se puede negar, “porque es un filosofar hecho por personas creyentes que no pueden ni deben prescindir del influjo que la fe tiene en su vida”. (Ibidem, p.100).
2). Los estudios de filosofía novohispana en José Rubén Sanabria
El doctor José Rubén Sanabria fue un filósofo que dialogó con insistencia con muchos pensadores de la historia del pensamiento occidental, particularmente consagró hermosas sendas a la historia de la filosofía. La filosofía en México y la filosofía novohispana forman parte de su itinerario filosófico. No sólo fue un admirador de los pensadores de la Colonia, sino también elogió el trabajo de quienes se han dedicado a tal investigación. Así lo expone en una parte de su Historia de la Filosofía Cristiana en México: “En el campo de la investigación queda mucho por hacer: ¡es obra de romanos! Afortunadamente, en nuestros días algunos estudiosos se han dado a la no fácil tarea de consultar las obras de varios filósofos de la época colonial. Los más conocidos son Oswaldo Robles, José Manuel Gallegos Rocafull, Walter Redmond, Mauricio Beuchot, Amancio Bolaño e Isla, Jorge Iñiguez, Bernabé Navarro, Ignacio Osorio Romero etcétera”. (Sanabria José Rubén – Beuchot Puente Mauricio, Historia de la Filosofía Cristiana en México, UIA, México 1994, p.18).
En verdad este filósofo mexicano, aparte de ser un estudioso de la Filosofía del hombre, Metafísica y Ética, se ocupó de los estudios novohispanos. En dos de sus obras dejó huellas imborrables: Historia de la filosofía Cristiana en México y, Cristianismo y filosofía en México; de una manera especial en su artículo “El conocimiento en fray Alonso de la Veracruz”. (El conocimiento en Fray Alonso de la Veracruz, en Revista de Filosofía, Año XVII, núm. 50, pp. 311-329).
Fray Alonso fue uno de los pensadores novohispanos que más admiró, en sus exposiciones al respecto, lo llamaba “el primer filoso mexicano” y el que puso los cimientos de la filosofía de la Nueva España. En este sentido se vincula a la tesis del doctor Bernabé Navarro al afirmar: “que el mérito de fray Alonso consiste en haber sido el primer maestro de filosofía y el primer autor de obras filosóficas en el nuevo mundo; pero no sólo tuvo el mérito del primer maestro y autor en el campo de la filosofía, sino que sus obras de esta materia, no sólo fueron las primeras, sino casi las únicas que fueron empresas en toda la época colonial”. (Historia de la Filosofía Cristiana en México, Opu.cit. p. 67).
En algunos estudios se ocupó sobre los jesuitas más significativos de los Siglos XVII y XVIII por ejemplo Pedro Hortijosa, Antonio Arias, Alfonso Guerrero, Antonio Rubio y Diego Marín de Alcazar. Evidentemente, se explayaba más en la obra del Padre Rubio a quien calificaba con una filosofía que se orientaba hacia un renacimiento, es decir, una filosofía en la escolástica de su tiempo. La filosofía del Padre Antonio Rubio es una de las glorias de la Compañía de Jesús, en su pensamiento “no se puede negar cierta originalidad, profundidad y dominio del latín, de la historia y de la filosofía, agudeza de ingenio, claridad y hasta elegancia; sus conocimientos son sólidos y profundos, su erudición es abundante y casi siempre de primera mano, su estilo correcto, su método claro, aunque a veces difuso”. (Ibidem, p. 86).
José Rubén Sanabria sin pertenecer a la vertiente feminista elogió la naturaleza de la mujer. En su libro de Introducción a la Filosofía. (Sanabria José Rubén, La mujer en la filosofía, en Introducción a la Filosofía, Op. cit. pp. 174- 194). La mujer es colocada como un modelo de la reflexión filosófica. Incluso por estas páginas la doctora Emma Godoy en correspondencia le dice: “Con gran admiración estoy leyendo su Introducción a la filosofía, así que es admiración de la admiración. ¿Cómo no he de estar sorprendida de que se haya usted atrevido a valorar allí el mito en un capítulo “admirable”? Además, me hizo mucha gracia que exista todavía un caballero andante que idealiza a las mujeres y hasta cree que somos capaces de filosofía ¿Cómo hizo para sacar tantas? Son como palomas sacadas de un sombrero de mago. Su libro está estupendamente estructurado, se organiza con la armonía con que se despliega un arcoíris; y cada parte, cada párrafo, cada frase son claros y macizos puesto que así es la verdad. Servirá a los buenos estudiantes, pero también hará reflexionar a los filósofos ya hechos y derechos. Yo lo felicito entusiasmada”. (Carta a José Rubén Sanabria, 15 de agosto de 1976).
En ese bloque no podía faltar Sor Juana Inés de la Cruz, la mujer de la poesía y de la modernidad (Véase especialmente sus artículos “Sor Juana Inés de la Cruz”, en Historia de la Filosofía Cristiana en México, Op.cit. pp. 97-106 ; “Juana de Asbaje”, en Cristianismo y Filosofía, opu.cit. pp. 21-22), una mujer docta en las letras, “autodidacta en casi todas las materias, conoció la escolástica y escribió a la manera de entonces, unas Súmulas, hoy perdidas. Su pensamiento filosófico se expresa sobre todo en la respuesta a Sor Filotea de la Cruz y en el Primer sueño. En toda su obra Sor Juana procede con gran cautela para no caer en las falsedades. No se fía mucho de la capacidad del entendimiento y propone conocer primero sus límites”. (Ibidem, p. 97). “La cautela se convierte en duda, más aún manifiesta cierto desprecio hacia el conocimiento sensorial”. (Idem). Dónde mejor se advierte su preocupación por el conocimiento es en el Primer Sueño, “todo el poema expresa el afán humano de buscar la verdad, con esta ocasión Sor Juana reflexiona a cerca del conocimiento, se trata de una obra filosófica escrita en verso a la manera de su tiempo; el lenguaje literario no es un obstáculo porque la poetisa tenía una extraordinaria facilidad para escribir en verso y porque así podría expresar mejor su pensamiento en materia filosófica”. (Ibidem, p. 98).
Sor Juana fue una decidida defensora de los derechos de la mujer a la cultura, al decir del doctor Sanabria: “además de ser una innovadora, en varios puntos fue la expresión crepuscular de la agonía, lucha del pensamiento del Siglo XVII y de la aurora, un poco tímida del espíritu moderno, racionalista y crítico, que buscaba nuevos caminos para el pensamiento en la Nueva España”. (Ibidem, p. 105).
Algo muy destacado en la obra de José Rubén Sanabria acerca de la filosofía novohispana, fue que desde muy temprano captó el espíritu de quienes se han dedicado a estudiar la filosofía colonial. En su artículo “Panorama filosófico en el México actual” (Panorama filosófico en el México Actual, Segunda parte, en Sapientia, Año VII, núm. 25, Buenos aires 1952, pp. 268- 284); y en su libro “Cristianismo y Filosofía en México” pasa revista muy apretadamente a la obra de Emeterio Valverde y Téllez, Oswaldo Robles Ochoa, Gabriel Méndez Plancarte, Antonio Gómez Robledo, Bernabé Navarro, José Manuel Gallegos Rocafull, Mauricio Beuchot y muchos otros. ((Cristianismo y Filosofía en México, Opu.cit. pp. 61).
En efecto, lo que aquí hemos presentado es sólo una porción de la obra de José Rubén Sanabria. Se trata de un filósofo con espíritu cristiano que nos ha invitado a la reflexión filosófica. En su obra pueden encontrarse muchos elementos de la historia de la filosofía, especialmente de Aristóteles, Santo Tomás, San Agustín, Heidegger, Marcel, Sciacca y Mounier. Sus trabajos de mayor reflexión son de carácter metafísico, por ejemplo, la propia Ontología, Teoría del Conocimiento, Metafísica e Historia de la Filosofía. Creo que si se hiciera una historia de las ideas en la obra de José Rubén Sanabria, muchos de los novohispanos ocuparían un lugar primordial en esa investigación.
Hay otros autores de la época colonial que no fueron mencionados en este trabajo y que José Rubén Sanabria no pasó desapercibido en su obra, por ejemplo: Fray Tomás Mercado, Diego de Basalenque, Diego de Villarrubia, Carlos de Sigüenza y Góngora, Diego José Abad, Francisco Javier Alegre, Francisco Javier Clavijero y Benito Díaz de Gamarra.
Al principio de este trabajo se aludía que el doctor Sanabria fue un pensador muy conocido y poco estudiado; por esta razón su obra amerita un estudio con mayor profundidad. En el homenaje póstumo que la Universidad Iberoamericana le realizó recientemente, el doctor Mauricio Beuchot lo calificó en este hermoso texto como un gran historiador de la filosofía: “El padre Sanabria tenía una gran erudición en la historia de la filosofía, pero también una gran capacidad sistemática. Eso lo convertía en un auténtico filósofo, más que en un profesor de filosofía. Supo filosofar por cuenta propia e incitaba a hacerlo a todos los que fuimos sus alumnos”. (Beuchot Puente, Sobre la Naturaleza de la Filosofía y la Existencia y Esencia de Dios en José Rubén Sanabria, en Revista de Filosofía, Año XXXV, núms. 104-105, UIA, México 2002, p. 195).
El 31 de diciembre del 2001 falleció en la Ciudad de México. Sus restos reposan en el Seminario Josefino de Mixcoac y su espíritu está contemplando la Eterna Luz. Semejante a esto termina el propio Sanabria hablando de Fray Alonso, escribe: “En julio de 1584 falleció Fray Alonso de la Veracruz. Cuenta el cronista Juan de Grijalva que cuando el médico dijo al fraile agustino agonizante: “Padre maestro, alégrese, hoy cenará en el cielo” Fray Alonso respondió: “Et ibi non erit nox”. ¡Bella y simbólica frase de filósofo y de Santo!” (Sanabria José Rubén, El Conocimiento en Fray Alonso de la Veracruz, Opu. cit. p.329).

