Opinión

Hallazgo de un texto inédito en latín del siglo XX en Puebla.  Bodas de oro sacerdotales. Padre David López Jiménez. Texto bilingüe. Latín-Español. Parroquia de San José (1941-1991).

Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Integra vita non sunt colluctationes et pressurae, haud nubila taetra. Deus enim, rerum opifex vitae nostrae puncta dulcedine replet, anteparans aliquid voluptatis sperandae.

En la vida no todo son luchas y penas; ni todos son nublados oscuros. Hay momentos en que Dios endulza nuestra vida y nos anticipa algo de la dicha que esperamos. Padre David López Jiménez.

Advertencia

Este artículo tiene dos propósitos para la investigación. Primero rehacer las biografías de personajes interesantes de nuestra nación, tal como ha sido el proyecto de muchos investigadores. Pues en México hay numerosos volúmenes de biografías que son una guía de lectura para estudiar la personalidad intelectual de nuestros hombres. Por ejemplo, el Diccionario de humanistas clásicos de México. Coordinado por Mauricio Beuchot. Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, México, 2000, 247 pp. En este libro se reúne la vida sucinta de numerosos personajes de casi cinco siglos del pensamiento mexicano. El segundo propósito es ampliar las antologías de escritos de latín del siglo XX en México y en el mundo, los cuales vienen siendo de distinta temática. Pues esto prueba que la lengua latina no es una lengua muerta, como suelen decir muchos que la ignoran; pues esta lengua se sigue hablando y se sigue escribiendo en los cinco continentes. Y con justa razón aquí presentamos un hermoso escrito del padre David López Jiménez (1917-2007), al que él mismo tituló Bodas de oro sacerdotales. Sin lugar a dudas, este proyecto ya lo venía haciendo el doctor Tarsicio Herrera Zapién en la Universidad Nacional Autónoma de México, tal como puede verse en su bibliografía intelectual, por ejemplo, en su Historia del humanismo mexicano. Sus textos y contextos neolatinos en cinco siglos. Editorial Porrúa, México 2000, 270 pp.

Así pues, en este artículo comparto dos aspectos sobre la personalidad intelectual del padre David López Jiménez: un acercamiento a su perfil biográfíco y un texto bilingüe del encomio que hizo a su condiscípulo Monseñor Ernesto Corripio Ahumada en los cincuenta años de su sacerdocio (1941-1991).

Que disfruten este artículo y que sea motivo para que vengan otros escritos de autores desconocidos en las nuevas generaciones y de pensadores que siguen vivos en nuestros corazones y en las catacumbas de los monumentos históricos de nuestra nación.

1). Acercamiento al perfil biográfíco del padre David López Jiménez

Conocí al padre David López Jiménez en los primeros días del mes de septiembre de 1989, justamente cuando yo me iniciaba en las humanidades clásicas. Con él aprendí las primeras lecciones de latín y las cuestiones fundamentales de la gramática clásica. Con el tiempo pude ir teniendo un acercamiento más estrecho con el maestro, al grado que llegamos a ser buenos amigos. La relación de maestro y discípulo pronto se convirtió en sabiduría y en vida. Siempre que nos encontrábamos había algo qué decir, él sabía que yo quería preguntarle algo y yo sabía que él podía responderme sin prejuicios. Así surgió la idea de una conversación, de un diálogo, de un coloquio, de una homilía, de una entrevista. Un amigo de antaño, apóstol de la palabra, Bernardo Rodríguez Campos, facilitó el entorno para poder conversar con el maestro.

Sobre el padre David se ha sabido tanto, unos lo llamaban maestro, otros músico, pintor, orador, poeta, escritor y médico, otros lo llamaban simplemente padre David, debido a su sacerdocio desde el 5 de enero de 1941. Nació en Ciudad Serdán el 29 de diciembre de 1917 y murió en la ciudad de Puebla el 11 de septiembre de 2007. Fue discípulo de grandes maestros y de grandes humanistas tales como los padres Pedro Jiménez, Julián Maldonado, Pedro Montero, Augusto Leyva, José Plancarte, Marcos Gordoa y, sobre todo, del eminente historiador de la Iglesia, el padre Daniel Olmedo Cotilla, de quien conocemos en la editorial Porrúa dos volúmenes de la Historia de la Iglesia. Fue condiscípulo y coetáneo de grandes figuras eclesiásticas como el padre Miguel Nahuatlato Zempoaltécatl, monseñor Ernesto Corripio Ahumada y monseñor Anselmo Zarza Bernal. Igualmente fue maestro de grandes figuras y de grandes personalidades, por ejemplo del doctor José Tapia Zúñiga, investigador del Centro de Estudios Clásicos del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México; del padre  Rafael Amador Tapia Zúñiga, uno de los sacerdotes poblanos más connotados y respetables de la Arquidiócesis de Puebla; del latinista sanandreseño, el maestro Mario Bretón Romero; del obispo de Chilpancingo, Guerrero ya finado, monseñor Efrén Ramos Salazar, y de una tabula de personajes dignos de mención que han servido a la patria en distintos sectores de la sociedad mexicana.

El padre David López trabajó como sacerdote 66 años y sus actividades fueron numerosas desde la dirección de la escuela apostólica de Matamoros, pasando por la docencia en el Seminario Palafoxiano Angelopolitano, las parroquias que dirigió como Tlachichuca, Acatzingo, Huejotzingo y san José en la ciudad de Puebla, hasta su última actividad como Capellán de la iglesia de Capuchinas. Entre sus amigos más connotados se hallan: el arzobispo primado de México ya finado, monseñor Ernesto Corripio Ahumada, el padre Flaviano Amatuli Valente, los padres Justino Cortés Castellanos, Ezequiel Fernández Téllez, Amador Tapia Zúñiga, Guillermo Hernández Flores, Maurilio Aguilar Máximo y Gregorio Nava Flores.

Sin duda, uno de los más cercanos es el maestro Bernardo Rodríguez Campos, quien lo siguió y lo asistió hasta su deceso, el 11 de septiembre del año 2007.

Al padre David López Jiménez lo recuerdo como mi maestro. Fue mi primer maestro de latín después de que yo había terminado la preparatoria; fue un paradigma para mi vida y un entusiasmo para mi docencia, a partir de él comencé a distinguir y a elegir a los verdaderos maestros, pues solía repetir que un auténtico maestro no es solamente el que posee conocimiento, sino también el que tiene virtudes, talento y valor para enseñar, y por eso, había que estudiar numerosas veces el evangelio de Mateo, concretamente el pasaje 28, 18-20, para poder comprender el verdadero proyecto de la docencia y de la vida pastoral.

Después de varios años de haber conservado sus enseñanzas en mi mente y en mi corazón, hoy expreso algunos fragmentos de las entrevistas que le realicé durante los últimos diez años de su vida. Estas entrevistas vienen a complementar aquellos artículos que escribí sobre él cuando todavía vivía; fueron fruto del diálogo que tuvimos durante varios años, y también, fueron fruto de mis pesquisas y de mi amor al humanismo clásico y mexicano. (Más detalles, véase mi artículo, Mi testimonio con uno de los más grandes latinistas de México en el siglo XX. Conversación el padre David López Jiménez (1917-2007). El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 24 de noviembre de 2025).

Del padre David, guardo un recuerdo que comenzó en las aulas del Seminario de Puebla y sigue produciendo eco en las aulas de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, y que suelo transmitir a mis discípulos con gran celo apostólico: “No pienses nunca en descansar, ni en vacaciones, pues el sacerdote sólo tiene derecho a descansar y a vacacionar en el cielo. Debes prepararte muy bien y capacitarte de tal manera en ciencia y en virtud. Que cada uno de ustedes pueda trabajar como cinco, porque llegará el tiempo en que así será necesario, que trabaje el sacerdote”. (Ahora este consejo lo aplico a la docencia, porque un auténtico maestro así debe trabajar. Esa idea la expongo en mi artículo La vocación humanista del maestro. Un auténtico maestro sabe buscar y sabe inspirar. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 18 de mayo de 2026). 

 El padre David tuvo largas jornadas de trabajo, de estudio y de oración, allá en el cielo encontrará el verdadero descanso, allá en plenitud encontrará la definición de Dios. Padre David, sus amigos, sus discípulos y los discípulos de los suyos lo entendemos, lo queremos y lo extrañamos, allá nos vemos. Gracias, maestro. 

2). Celebración de la Bodas de oro sacerdotales. Encomio a Monseñor Ernesto Corripio Ahumada

Nuptiae factae sunt (Jn. 2-1)

Integra vita non sunt colluctationes et pressurae, haud nubila taetra. Deus enim, rerum opifex vitae nostrae puncta dulcedine replet, anteparans aliquid voluptatis sperandae.

Quod ad me attinet, nuptias meas sacerdotales aurulentas concelebrare eiusmodi est: Atigisse vitae meae altiora cacumina.

Ab illo culmine speculor pelagus miserationum et bonitatum quas mea longa vita labente, digitis conditoris sunt attextae.

Ex illa meorum quinquaginta annorum specula, respicio funalium accensorum seriem: sunt quidem hostiae meae totiens et millies litatae. Ex alto canores ausculto animarum, coelo iam adepto, fuerunt quidem per christum redemptae et dimissae, attamen mea voce, mea manu, mediantibus.

Pauli sodales, una mecum, ad privilegium quinquaginta annorum Sacerdotii commemorandi, pervenerunt. Hocce me confundit: alio malitia et mea indignitate, alio, impossibilitate laetitiam irruptam ex primendi, quoniam mensura humani verbi impos fit capiendi.

Quantum praestarem, si mihi esset cor flagrans, proclive ad rite exsolvendum ingens debitum gratitudinis erga Deum!…

In causa nuntii huius exarati: Mille et milliens opitulationem flagitare tuarum praecum ut affatim Deo gratias retribuam.

Pergratum mihi feceris, si tuum cor eximium comes mihi praebueris, exsolvendi causa grates deo! Tuo fultus secure, praestantissimo corde, spero Deo gratias redditurus. Et quum absint a me verba quibus tibi luculenter gratitudinem exhibeant, qua parte mea est, polliceor, ut vere dicam, concremare granulum turis exiguae meae supplicationis pro commoda salute hodierna, et tuo bono spiritale aeterno consequendo.

Ad multos annos vivas!

Se celebraron unas bodas (Jn. 2-1) 

En la vida no todo son luchas y penas; ni todos son nublados oscuros. Hay momentos en que Dios endulza nuestra vida y nos anticipa algo de la dicha que esperamos.

Por cuanto a mí me toca celebrar: mis Bodas de Oro sacerdotales es haber escalado la cumbre más alta de mi vida. Desde esa altura puedo contemplar todo un panorama de bondades y misericordias que se fueron entretejiendo, a lo largo de mi vida, por los dedos del Divino Creador.

Desde esa atalaya de mis cincuenta años, veo hacia atrás una interminable hilera de cirios encendidos: son mis hostias ofrecidas tantas veces, a millares. Oigo en lo alto cánticos de almas que ya entraron al cielo y que fueron redimidas y absueltas por Cristo, a través de mi voz y de mis manos.

Pocos compañeros han llegado al privilegio de celebrar, como yo, los cincuenta años de vida sacerdotal. Esto me confunde, por un lado, mi indignidad y malicia, y por otra parte, me invade una alegría que no puedo expresar, porque no cabe en los moldes del humano lenguaje. ¡Cuánto diera por tener corazón ardiente, inclinado a pagar como conviene la enorme deuda de gratitud que tengo para con Dios!

Tal es el motivo de este mensaje escrito: Rogadle una y mil veces me ayude con su plegaria a dar gracias al Señor. Sé que contaré con su nobilísimo corazón que me ayudará a dar gracias rendidas al Señor y, al no tener palabras que le expresaran a Usted, mi gratitud, a decir verdad: le ofrezco de mi parte quemar el grano de incienso de mi débil plegaria por su salud y bienestar temporal y espiritual ¡Viva Usted por muchos años!”.

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