La etimología y el lenguaje culto. La fuerza y la trascendencia del docente en el aula
Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz
“Llamáis lenguas muertas al lenguaje de los griegos y de los latinos. Pero de ellas se origina lo que en las vuestras pervive”. Schiller. Citado en Etimologías grecolatinas del español. Agustín Mateos Muñoz. Editorial Esfinge. México, Trigésima Primera edición, México, 1993.
Advertencia
He preparado esta ocasión una conferencia sobre la etimología y el lenguaje culto para que el lector comience a estudiar los cognados o el vocabulario común que emplean todas las lenguas del mundo occidental, cuyo origen está en el lenguaje de los griegos y de los romanos.
Actualmente al maestro se le acusa con frecuencia que ya no es humanista, es decir, ya no es el estudioso del lenguaje y de la palabra como en otros tiempos. Pues si recordamos la historia del humanismo, también hay que apuntar los oficios de los grandes humanistas, por ejemplo, en Atenas los humanistas eran los filósofos, los poetas, los historiadores, los artistas y los retóricos.
En Alejandría eran humanistas los gramáticos y sólo con Eratóstenes los filólogos. En Roma los humanistas fueron los poetas, los oradores, los abogados y muy rara vez los filósofos, como Cicerón y Séneca. En la Edad Media los humanistas fueron los filósofos y los teólogos.
En el Renacimiento fue un caso extraordinario, porque fue una historia semejante a Roma y a Grecia clásicas, pues los humanistas tenían una formación interdisciplinaria, lo mismo los gramáticos, los filólogos, los artistas, los científicos, los filósofos y los teólogos. En la Nueva España los humanistas eran los filósofos, los poetas, los retóricos y los teólogos. En esto son magistrales los autores contemporáneos que dan muestra de esta tesis, por ejemplo, Gabriel Méndez Plancarte, Tarsicio Herrera y Mauricio Beuchot. En el siglo XX resurgió el humanismo y los humanismos, en esta tarea imperiosa tenían fama de humanistas los poetas, los abogados, los médicos y los sacerdotes.
Actualmente es muy extraño que a algún oficio se le diga humanista, salvo los políticos en México reciente, se llaman humanistas a sí mismos, pero esto no es más que moda y ocurrencia con diminuta conciencia de lo que realmente es el humanismo y lo que significa humanista. No obstante, el maestro desde la antigua Grecia, Alejandría y Roma con el nacimiento de la escuela ha sido el humanista por antonomasia, aclarando que los términos humanismo y humanista son recientes y datan del siglo XVIII, tal como ya lo he expuesto en otros artículos y conferencias.
Así que ahora, insistiré en la formación y reformación del maestro, porque urge que él retome el humanismo y recupere nuevamente su lugar en la historia de la escuela. Aquí reitero el tema del maestro, como el humanista por antonomasia. Y por lo mismo, insisto en el proceso de conocimiento y autoconocimiento del maestro y del alumno del modo siguiente: “el maestro debe ver lo que hay dentro del alumno, pero también, el alumno necesita ver lo que hay dentro de sí mismo. Pues si el alumno es un diamante como suelen decir los optimistas de la educación, qué sería el diamante si no hay quién pueda darle su valor. El que le da el valor es más que el diamante, es un magis-ter, porque, aunque el diamante sabe que es lúcido, brillante y duradero, sólo podría ser, si hay quien lo haga ser, pues sólo un maestro de verdad es capaz de ver un diamante, al alumno” (Sobre este tema, véase mi artículo, Homenaje al maestro. La virtud y el talento de ser maestro. El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 12 de mayo de 2025).
Así pues, en lo que sigue expondré este interesante y polisémico tema en tres aspectos a saber: a). Valor y entorno cultural de la etimología como parte primordial del lenguaje culto del docente; b). Etimologías selectas del lenguaje culto del docente. Y una Alocución sobre La efigie de Zeus, en la cual hago un comentario cultural y etimológico para insistir en el estudio del lenguaje culto o áulico, el cual debe ser practicado constantemente en las cátedras cotidianas de todo el Sistema de Educación pública y privada.
Finalmente, debo insistir, que he prestado mayor atención a la etimología de las palabras, sin desligarla de la filosofía y de las ciencias humanas, con el fin de seguir promoviendo el lenguaje culto a través de los medios de comunicación, haciendo conciencia de lo esto significa para los profesores dentro y fuera del aula.
Que disfruten esta conferencia. El autor.
a). Valor y entorno cultural de la etimología como parte primordial del lenguaje culto del docente
La ciencia de la etimología es una disciplina muy importante como herramienta necesaria en la escuela. El primero que debe adquirirla es el docente, como sujeto activo y primer candidato a la reforma educativa de cualquier nación. Después el alumno, quien necesita estudiar desde la raíz hasta la fachada de la formación educativa. Dolorosamente debe decirse que esta ciencia no figura en el Plan de Estudios del Sistema de Educación Pública de nuestra nación, salvo en algunas instituciones muy contadas, después de haber hecho una lucha constante con el sello del humanismo mexicano al insistir que deben conservarse las cátedras de griego y latín para tener vivo el lenguaje desde sus orígenes. (Para ver un poco de historia de las lenguas clásicas en México en el siglo XX, véase Memoria. XXX Aniversario del Centro de Estudios Clásicos. Coordinación de Mauricio Beuchot. Instituto de Investigaciones Filológica. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1998, 97 pp).
Por eso, a través de las lenguas clásicas, se puede ir estudiando paulatinamente la ciencia etimológica. Se trata del estudio del origen de las palabras, la razón de su existencia, de su significación y de su forma. El estudio de la etimología es interdisciplinario; algunos estudiosos colocan la etimología cerca de la gramática, porque estudia aisladamente las palabras, consideradas en dichos aspectos. Otros estudiosos piensan que es la búsqueda de las relaciones que unen una palabra a otra unidad más antigua de la que procede; otros más, la consideran cerca de la filosofía, de las humanidades y de la teología. Sólo en los países avanzados culturalmente, la consideran cerca de las ciencias, y concretamente, cerca de la filología y de la lingüística.
Empíricamente existe la etimología popular “como la interpretación espontanea que en la lengua común se da a una palabra relacionándola con otra de distinto origen. La relación así establecida, puede originar cambios semánticos o provocar deformaciones fonéticas. En el estudio conviene mencionar numerosas obras de etimologías que han surgido a lo largo de la historia.
En ese sentido, vale la pena apuntar una obra digna de mención, Etimologías, la cual es una obra enciclopédica de San Isidoro de Sevilla, compuesta durante los últimos años del siglo VI d. C, y concluida poco antes de su muerte. Su nombre original era Originum sive etymologiarum libri vinginti. Fue influida por las Instituciones de Casiodoro, la obra de un compendio y resumen admirable de la cultura clásica; organizada y dividida por San Braulio. Cada uno de los libros que la componen trata de diversas materias: gramática, retórica y dialéctica, aritmética, geometría, música y astronomía; medicina, derecho y cronología; biblia y otros libros sagrados, teología, iglesia y sectas, lenguas y pueblos, lexicología, anatomía, zoología, geografía, arquitectura, agrimensura, mineralogía, pesos y medidas, agricultura, milicia, juegos, marina y casa, alimentos, bebidas y herramientas. Mientras que los cinco primeros libros responden a un esquema enciclopédico, el resto de la obra se limita a ser un repertorio lexicográfico de cada una de las materias. Tuvo una gran difusión en su época, y ejerció influencia notable sobre los filósofos escolásticos.
Actualmente se estudia etimologías grecolatinas del español, oficialmente, sólo en la Universidad Nacional Autónoma de México, y en forma privada en la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz. Desde el punto de vista de las fuentes, México tiene una tradición cultural de casi quinientos años con un proyecto de sobra conocido: humanismo mexicano, tal como lo han mencionado las principales figuras intelectuales del siglo XX en México, por ejemplo, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Gabriel Méndez Plancarte, Tarsicio Herrera, Rafael Moreno, Mauricio Beuchot entre otros más. (Véase las siguientes fuentes: Herrera Zapién Tarsicio, Historia del humanismo mexicano, Editorial Porrúa, México, 2000, p. XIII; Méndez Plancarte Gabriel, Humanistas del siglo XVIII, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1944, 194 pp; Méndez Plancarte Gabriel, El humanismo mexicano, Introducción de Octaviano Valdés, Seminario de Cultura Mexicana, México, 1970, 236 pp; Moreno Rafael, El humanismo mexicano, Facultad de Filosofía y Letras. Dirección General de Asuntos del Personal Académico, UNAM, 1999, 348 pp; Beuchot Puente Mauricio, Historia de la filosofía en el México colonial. Editorial Herder, Barcelona, 1996, pp. 280).
En las escuelas de formación católica, en los seminarios y en la Universidad Pontificia de México, también se ha mantenido el estudio constante a través de las lenguas clásicas, la materia de etimologías del español y la publicación constante de estudios sobre las lenguas clásicas y sobre los planes de estudio de la filosofía y la teología. (Véase Entrevista al doctor Guillermo Hernández Flores en Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México. Juvenal Cruz Vega. Editorial El Barco Ebrio Ediciones, Puebla, 2025, pp. 274-286).
b). Etimologías selectas del lenguaje culto del docente
1). Algunas consideraciones sobre la etimología de la palabra filosofía.
Hay un libro inédito en la Biblioteca del Seminario Palafoxiano de Puebla, escrito originalmente en latín. Está bien empastado, pero con una letra no muy visible, a máquina y combinado con letra roja y negra. Esta es la fuente: Logica et Ontologia. Ricardo Riquelme Bravo. Pontificium Seminarium Palafoxianum Angelopolitanum. Vol. I. Angelopoli, Novembris 20, 1950, p. 3. El libro tiene más de 300 cuartillas, y en las primeras páginas dice lo siguiente sobre la palabra filosofía: “La palabra filosofía es un nombre formado del verbo griego φιλεῖν (amar) y el sustantivo σοφία, también es lo mismo amor o estudio a la sabiduría. De donde nominalmente la filosofía se define: La ciencia que estudia la sabiduría. Pero la sabiduría entre los filósofos antiguos significaba esencialmente dos cosas: la contemplación de la verdad y el estudio de la vida buena, o la búsqueda de la verdadera felicidad, cuya diferencia todavía hoy permanece entre los filósofos modernos. Por lo tanto, la definición nominal de filosofía es diversa por su diferencia de acepciones del nombre. A juicio de otros filósofos significa: “la ciencia que dirige la verdadera felicidad, buscando, disputando y viviendo correctamente”. San Agustín dice al respecto: “esta fue la única causa de su filosofar” (Salmos, 150, 3-4). Esto mismo es un deseo de saber, como un motivo, y suele llamarse filosofía. De esta confusión, sucedió que la misma noción de filosofía no fue la misma para todos los filósofos. Por lo tanto, es necesario que en la definición real la noción de filosofía sea clarificada de toda oscuridad y confusión. (Definitio nominalis philosophiae. Philosophia nomen formatum ex φιλεῖν et σοφία, idem est ac amor seu studium sapientiae. Unde nominaliter definitur: scientia quae studet sapientiae. Sapientia autem, apud veteres duo praesertim significabat: contemplationem veritatis et studium bonae vitae seu prosecutionem verae beatitudinis; quae diversitas adhuc hodie permanet apud philosophos modernos. Diversa, ergo, est definitio nominalis philosophiae pro diversitate acceptionis nominis. Pro aliquibus significat: scientia quae intendit veram beatitudinem, quaerendo, disputando et recte vivendo. Haec, dicit S. Augustinus, fuit causa philosophandi (Sermo 150, 3, 4). Ipsum desiderium sciendi, ut motivum, vocari solet philosophia. Ex hac permixtione, factum est ut ipsa notio philosophiae non fuerit eadem apud omnes philosophos; opus, ergo, est ut definitione reali notio philosophiae ab omni obscuritate et confusione purificetur. (Traducción mía).
Muchos que hemos estudiado filosofía nos hemos introducido a esta ciencia a través de un libro. Personalmente mi historia fue a través de la Introducción a la filosofía de Paolo Dezza. Fue a través de la asignatura Introducción a la filosofía en el Seminario Palafoxiano de Puebla con mi maestro el padre y doctor Rubén Ávila Gutiérrez, sacerdote de la Orden de San Agustín. Tanto en la clase como en el libro eran muy interesantes, y eso hizo que no sólo yo, sino también muchas generaciones de estudiantes de filosofía, tuviéramos el gusto y la pasión por la filosofía. (Véase Introducción a la filosofía. Paolo Dezza. Traducción del italiano de Antonio Ibargüengoitia Chico. Editorial Porrúa, México, 1981, 245 pp).
Y es que la filosofía, como escribe Mauricio Beuchot en su libro La filosofía de San Agustín, “hoy necesita un poco de esa fuerza existencial que puso nuestro santo en su pensamiento. Requerimos algo de sentido que él supo encontrar en su vida. Estamos quizá en una de las peores crisis culturales, la del vacío, la de la banalidad y la náusea. Por eso ahora es cuando más nos hace falta volver la mirada a pensadores que supieron realizar esto, y beneficiarnos de sus reflexiones” (La filosofía de san Agustín, verdad, orden y analogía. Mauricio Beuchot. Ediciones Paulinas, México, 2017, p. 8).
2). Ética y la ciencia de los actos humanos
Actualmente cuando se habla del humanismo en sus distintas perspectivas y orientaciones de pensamiento, hay algo en común que debería tocarse en el aula, el tema de la ética y la axiología. La primera como la ética de los actos humanos y la segunda, como la ciencia de los valores humanos. En ambas, el humanismo verdadero implica la aflicción y el amor a todos los valores humanos, no sólo los valores literarios y artísticos del humanismo grecolatino, medieval, renacentista y moderno, sino también extendido a todos los valores humanos en sus diversas jerarquías. Ciertamente el humanismo en sus tres grandes bloques de la historia: el histórico, cristiano y mexicano, lleva consigo una seria axiología, en ella se ve la supremacía de los valores con sus características fundamentales: bipolaridad, jerarquibilidad, preferibilidad y trascendentalidad.
Aquí tomo la nomenclatura de Max Scheler y de Joseph De Finance, la cual ha sido citada por la mayoría de los estudiosos de la ética en América Latina. Véase Ética, José Rubén Sanabria, Editorial Porrúa, México, 1971, pp. 72-77. (Más detalles, véase mi artículo en Algunos aspectos de la ética existencial y de la persona humana. El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 14 de octubre de 2025). En el artículo pongo un encabezado destacando el concepto de ética a partir de su etimología con la reflexión de Joseph de Finance: “Secundum etymon, ethica scientia est quae tractat de ἦθος: ἦθος autem significat consuetudinem, dein modum habitualem agendi, tandem indolem. Idem sensus est vocis Latinae mos-moris, unde ethica vocatur etiam scientia (vel melius philosophia moralis) moralis. Posset ergo definiri: scientia de actione humana. (Según su etimología, la ética es la ciencia que trata acerca del ἦθος, pero el ἦθος significa costumbre, después significó el modo habitual de actuar, finalmente significó carácter. También existe el mismo sentido de la palabra latina mos-moris, de donde la ética se llama también ciencia moral (mejor aún, filosofía moral). Por lo tanto, podría definirse la ciencia de la acción humana). Ethica generalis, Joseph De Finance. Pontificia Universidad Gregoriana, Roma, 1962, p. 9. Hay un estudio singular y extraordinario, publicado recientemente, sobre todo, vale la pena revisar las notas de investigación y el aparato crítico, Magna Moralia, Aristóteles. Edición bilingüe griego-español. Traducción, estudio preliminar y notas de Jesús Manuel Araiza Martínez. El Barco Ebrio Ediciones, Puebla, 2025, 416 pp.
Brevemente, la ética puede considerarse: una ciencia filosófica, práctica y normativa que estudia la maldad y bondad de los actos humanos a través de la razón.
3). Sobre la antropología y las diversas antropologías
Con el término griego con género masculino y femenino ἄνθρωπος–ου–ὁ y ἡ: hombre, ser humano, persona, se siguen usando las palabras antropología en sus diversas expresiones: cultural, social, filosófica y teológica; igualmente otros términos como: antropófago, antropoide y antropofábula.
De todas estas explicaré la palabra antropología filosófica; además de que es una disciplina, es uno de los tratados fundamentales de la filosofía y de los planes de estudio de la carrera de filosofía; unas veces se usa como filosofía del hombre, o psicología racional, otras, como metafísica. Se relaciona íntimamente con la ontología, metafísica, epistemología, ética, axiología, pedagogía, entre otras. Hay cuatro características del hombre, que son propias de esta disciplina: autoconocimiento, autodeterminación, comunicación y realización. Un libro muy interesante sobre este tema es Antropología filosófica, José Rubén Sanabria Tapia, Editorial Porrúa, Segunda edición, México, 2000, 346 pp. De este autor hay una hermosa sentencia sobre el filosofar como filosofía del hombre: “la filosofía es un saber. Pero no un saber por saber, sino un saber para vivir. Para saber vivir y para saber morir. La filosofía enseña a vivir como hombre cabal. Porque el hombre es demasiado grande para bastarse a sí mismo”. Introducción a la filosofía, Porrúa, México, 1976, p. 300.
4). Hierofanía o manifestación de lo sagrado
La dicción hierofanía tiene una connotación interdisciplinaria, intercultural e interreligiosa, y significa la manifestación de lo sagrado. Su raíz es de origen griego, del adjetivo de primera clase o de tres terminaciones ἱερός-ἱερᾶ-ἱερόν, cuyos significados son: sagrado y divino. Un sinónimo suyo es el adjetivo θείος-θεία-θείον; del verbo φαίνω, el cual significa manifestar, dar a conocer. Su enunciado completo es φαίνω-φανῶ-ἔφηνα-πέφαγκα (πέφασμαι)-ἐφάνθην: alumbrar, dar a luz, hacer brillar, encender, hacer ver, mostrar, indicar, manifestar, demostrar, dar a conocer. (Al estudiar el verbo griego los estudiosos de esta lengua suelen decir en su enunciado o etimología verbal cuatro tiempos de cada verbo: presente, futuro, aoristo y perfecto; y en latín cinco elementos de forma analítica, o sintéticamente los tres de donde brota la raíz: presente infinitivo, pretérito perfecto y supino).
La hierofanía es un tema que tratan la fenomenología de la religión, la filosofía de la religión, la historia de las religiones y la teología, cada una por su lado. Hay un término que suele emplearse mucho entre los católicos y cristianos, junto con judíos y musulmanes, cuando se reconoce y se manifiesta la presencia de un solo Dios, es decir, la henofanía; del adjetivo numeral cardinal εἷς-μία-ἕν: uno. Y el verbo φαίνω: manifestar. De allí se toma la noción o manifestación de un solo Dios, de Dios revelado por Jesucristo, de Yavé entre los hebreos (YHWH) y Alá entre los musulmanes. Todos consideran a Dios, un ser absoluto, omnipotente, misericordioso y lleno de amor.
Hay suficiente bibliografía, donde se puede ampliar el tema, por ejemplo, Manual de historia de las religiones, Carlos Díaz. Editorial Desclée De Brouwer, 2005; Diccionario de las religiones, Paul Poupard, Editorial Herder, Barcelona, 1997; Filosofía de la religión, Mauricio Beuchot, Universidad Iberoamericana, México, 2009, 197 pp. Mauricio Beuchot nos comparte una bella cita del modo siguiente: “Se nos dice que el objeto de la filosofía de la religión son los fenómenos religiosos. Esto es lo que ha tratado de captar la fenomenología de la religión en sus múltiples manifestaciones. Su consideración nos lleva a las creencias y a los comportamientos de los seres humanos religiosos. En cuanto a las creencias sobresalen los mitos y los dogmas, en cuanto a los comportamientos, sobresalen los ritos y las normas morales que surgen de la religión”. (Ibidem, p. 14).
Relacionando la hierofanía con el humanismo lo sintetizo del modo siguiente: Al reiterar en los tres modos de ser del humanismo que explico en mi libro Grandeza y miseria del humanismo (Sangre Ediciones, Puebla, 2026, 70 pp), la filantropía, la erudición y la virtud, se puede reconstruir una noción, que reúne los valores y las virtudes de la casa, de la escuela y de la religión más alta, es decir, la henofanía o manifestación de un solo Dios, haciendo una sinergia, más que una suma de voluntades, de lo cual, fácilmente puedo hacer mía la noción de humanismo que nos ofrece del modo siguiente el doctor Ildefonso Pineda Ramírez: “el humanismo en su sentido literario más neto, es una fusión equilibrada de dos elementos: por una parte, un bagaje muy amplio de sabiduría que se ha ido acumulando por los genios de la humanidad a lo largo de una tradición cultural de muchos siglos y que se ofrece como fermento de las múltiples potencialidades del entendimiento humano. Por otra parte, una solicitud inteligente por las necesidades concretas del hombre real en cada momento sucesivo de la historia” (Jesús Maestro de los predicadores. Ildefonso Pineda Ramírez. Editorial Jus, S. A. México, 1967, p. 15).
5). Estrategia y algunas palabras semejantes
Hay una palabra que ha sido empleada en todos los campos del conocimiento, por ejemplo, en la escuela, en la familia, en la iglesia, en la política, en la economía, es sin duda, la palabra estrategia, cuya composición viene del sustantivo griego στρατιά-ᾶς-ἡ: ejército, expedición militar. De aquí se componen las palabras: estratagema, estratega, estrategia y estratégico. La palabra estratagema, además de su raíz στρατιά, tiene en su composición el verbo ἄγω-ἄξω-ἤγαγον-ἦξα-ἤχθην. Primera raíz ἄγ. Segunda raíz ἀγαγ: llevar, conducir, transportar. Suele decirse a una persona que usa estrategias para engañar.
Es un ardid de guerra, un engaño con astucia y destreza. Es una astucia, fingimiento y engaño artificioso. La palabra estratega (στρατηγός–οῦ-ὁ: tiene la misma raíz; es un general experto en planificar y dirigir operaciones militares, negocios, asuntos financieros y políticas. En la Antigua Grecia y en Bizancio es un magistrado, cuya función principal era dirigir el ejército y la flota. Igualmente, la palabra estrategia (στρατηγία–ας–ἡ) se define como el arte de dirigir las operaciones militares. Se usa este término para dirigir actividades de negocios, estudio, habilidades, comunicación. Por ejemplo, en el plan de estudios de la carrera de pedagogía existe una materia, cuyo nombre es: Estrategias para el estudio y la comunicación. Allí se estudia metodología, teoría del conocimiento, antropología filosófica y teorías educativas.
6). Atenas y Atenea. Algunas notas para la aclaración del lenguaje
Suele usarse los nombres Atenas y Atenea. La primera es el nombre de la ciudad, y la segunda, es el nombre de la diosa de Atenas. Sobre la etimología de la palabra Atenea podemos decir lo siguiente. En singular se usa la palabra Ἀθήνη–ης–ἡ, más usado en el griego jónico, y Ἀθηνᾶ–ᾶς–ἡ: Atenea, empleado en el griego ático. Este es el nombre propio de la diosa de la sabiduría. El nombre contracto Ἀθηνᾶ es producto de la contracción de las vocales ε más α, cuyo resultado es ᾶ larga. El plural se reserva para el nombre de la ciudad del siguiente modo: Ἀθῆναι-Ἀθηνῶν-αἱ: Atenas. Nombre de la ciudad.
He aquí un poco de historia sobre la diosa de la sabiduría. Atenea, quien también es hija de Metis, se hallaba en cinta y a punto de dar a luz una hija, cuando Zeus se la tragó. Lo hizo por consejo de Urano y Gea, quienes le revelaron que, si Metis tenía una hija, inmediatamente arrebataría a Zeus el imperio del cielo. Desde entonces comenzó a dolerle la cabeza a Zeus, y al llegar la hora del parto, Hefesto por mandato de Zeus le partió la cabeza, y de ésta salió una joven completamente armada: era Atenea. De allí la tradición de la diosa guerrera, armada con una lanza, una coraza de piel de cabra y un yelmo en la cabeza.
En la Ilíada, Homero la pinta favoreciendo a los Aqueos. Sus favoritos contra Troya son: Diómedes, Aquiles, Menelao y Odiseo, también a Herácles. Lo más hermoso en la Odisea, es que Atenea ayuda a Odiseo a regresar a la isla de Itaca. Atenea con frecuencia dirige ruegos a su padre Zeus para favorecer al héroe. El prestigio que Atenea tiene en la ciudad que lleva su nombre es, que se trata de la diosa que usa la razón, por eso preside las artes y la literatura, función en la que tiende a suplantar a las musas. Sin embargo, mantiene una relación más estrecha con la filosofía que con la poesía y la música. También protege las artes inferiores: hilanderas, tejedoras, bordadoras, etcétera.
Varios autores la consideran la inventora del carro de guerra, la invención del aceite de oliva y la introducción del mismo olivo en Atenas. Atenea contaba con templos en Esparta, Mégara, Argos, Atenas, etcétera. Ella permaneció virgen, de ahí que la llamaron ΠΑΡΘΕΝΟΣ: virgen, doncella. En Atenas la inmortalizaron en un templo llamado Partenón (ΠΑΡΘΕΝΩΝ): templo de la virgen.
Hay un mito que narra que Atenea tuvo un hijo, fruto de la inesperada persecución de Hefesto, el cual en su deseo mojó la pierna de la diosa, la cual, asqueada se secó con lana y tiró la inmundicia al suelo. De la tierra así fecunda nació Erictonio, a quién Atenea consideró hijo suyo, lo educó y quiso hacerlo inmortal. Lo encerró en un cofre, guardado por una serpiente y lo confió a las hijas del rey de Atenas (Aglauro). Los atributos de Atenea eran la lanza, el casco y la égida. La égida era un bien del que participaba en común con Zeus.
En su escudo fijó la cabeza de la Gorgona, que le había dado Perseo y que tenía la virtud de trocar en piedra a quien la mirara. Su ave favorita era la lechuza, su planta el olivo. Era alta de rasgos serenos, más majestuosa que bella, es tradicionalmente descrita como la diosa de los ojos garzos, la amante de las letras, la consentida del Olimpo. El cristianismo a través de su contacto con Roma Occidental y Oriental asimiló esta tradición y el nombre que le dio a María es “la virgen”, es decir, ἡ παρθένος, aunque con el contenido de la religión judeocristiana. (Más detalles puede verse Diccionario abreviado de la literatura clásica. M. C. Howatson. Alianza Editorial, versión española, Madrid, 1999).
Alocución. La efigie de Zeus. Iniciación al griego. Método teórico-práctico. Lourdes Rojas Álvarez. Tercera edición. UNAM, 2006, p. 176. Versión castellana de Juvenal Cruz Vega.
Texto bilingüe. Griego y español
Τῶν Ὀλυμπίων θεῶν πρῶτος ἦν Ζεύς, ἀδελφὸς μὲν Ποσειδῶνος, πατὴρ δὲ Ἄρεως καὶ Ἀπόλλωνος καὶ ἄλλων θεῶν. Τοῦ Διὸς νεῲ ἐν πολλαῖς πόλεσι τῆς Ἑλλάδος ἦσαν, πολλὰ δὲ ἀγάλματα τῷ Διὶ ἐν τοῖς νεῲς ἱδρύετο. Τῷ Διὶ οἱ ἱερεῖς ἐπὶ βωμοῖς ἄρνας καὶ ταύρους καὶ οἶς καὶ ἄλλα ζῴα ἔθυον. Τὸν Δία οἱ παλαιοὶ ἐν τοῖς ὅρκοις καὶ ἐν ταῖς σπονδαῖς μάρτυρα ἐκάλουν. Ἐν ταῖς χερσὶ τὰ Διὸς ἀγάλματα τὸ σκῆπτρον καὶ τὴν σφαῖραν τοῦ κόσμου εἶχεν, ἐπὶ δὲ τῷ σκήπτρῳ ὁ ἀετός, τῷ Διὶ ἱερὸς ὤν, ἔκειτο.
Zeus fue el primero de los dioses olímpicos. Por un lado, era hermano de Poseidón, padre de Ares, de Apolo y de otros dioses. En muchas ciudades de la Hélade había templos de Zeus, y muchas estatuas eran construidas para Zeus en los templos. Los sacerdotes sacrificaban carneros, ovejas y otros animales para Zeus sobre los altares. Los antepasados invocaban a Zeus, como testigo en los juramentos y en las libaciones (alianzas). Las estatuas de Zeus tenían el cetro y la esfera del mundo en las manos, pero sobre el cetro posaba el águila, la cual era sagrada para Zeus.
Comentario.
El texto es muy hermoso. Figura el nombre de Zeus o Júpiter, casi en todos sus casos gramaticales, excepto en el vocativo. Ζεύς-Διός-ὁ. Sustantivo polirrizo: Zeus. Dios de los dioses, hermano de Poseidón, Hades y Deméter. Así que figuran los nombres griegos: Ποσειδῶν–Ποσειδῶνος–ὁ: Poseidón, dios del mar y hermano de Zeus; Ἄρης–Ἄρεως–ὁ: Ares, dios de la guerra; y Ἀπόλλων-Ἀπόλλωνος-ὁ: Apolo, dios de la juventud y de la belleza. Figuran varios personajes claves para estudiar la mitología griega. Zeus es el más grande de los dioses del Panteón helénico. Es esencialmente el dios de la luz, del cielo sereno y del rayo; es hermano de Poseidón y de Hades. Es el centro de la religión olímpica que aparece desde Homero en el siglo IX a. C. Desde el punto de vista didáctico, Zeus es el centro de todos los dioses, por ejemplo: Hera (Juno), Poseidón (Neptuno), Deméter (Demétra), Apolo (Apolo), Artemisa (Diana), Efesto (Vulcano), Afrodita (Venus), Atenea (Minerva o Pallas), Ares (Marte), Dioniso (Baco).
Estos dioses colaboran con Zeus en el gobierno del mundo: cosa que parecía muy racional, siendo el mundo tan grande. Están lejanos de la vida de los hombres, es un deísmo. Los actos de culto oficial son generalmente sin interioridad; puro ritualismo exterior (excepto los grandes santuarios). Con demasiada facilidad y poco estudio, se atribuían a los dioses vicios indignos y groseros, provocando incredulidad y ateísmo (sobre todo en Homero y sus poemas) (antropomorfismo).
En Roma varios de estos dioses son asimilados a los dioses de la religión astral y aplicados a los planetas, quedando hasta hoy como nombres de astros y como nombres de los días de la semana. Ya en el poeta Hesiodo los dioses están presentados con más respeto: Zeus es padre de la justicia, que tiene orden en el mundo, y la religión es la base del vivir moral. Hay muchas noticias sobre mitos y tradiciones religiosas en los poetas antiguos (llamados más tarde “teólogos” por Porfirio), líricos y trágicos: sobre todo, Esquilo y Píndaro en Grecia, y Ovidio en Roma. En Esquilo y Píndaro la religión va unida a una alta moral individual y social: fuente de nobleza y de ἀρετή: virtud + valor + resistencia + habilidad + nobleza moral, es decir, una sinergia de valores.
El motivo “místico”, es decir, el deseo de unión íntima con la divinidad, está presente en el teatro de Sófocles y Esquilo; Eurípides ya lo critica. Pero vuelve insistentemente en los grandes filósofos: Sócrates, Platón, Plutarco, Plotino y en todas las grandes corrientes helenísticas. Buenas informaciones sobre muchos mitos y cultos en los historiadores: Heródoto, Ecato, Stesímbroto… pero queda muy poco. En los filósofos hay frecuentes alusiones a mitos, ritos y misterios, pero con poca profundización. (Más detalles véase Introducción a la cultura y a la filosofía de Grecia antigua, Pedro Gasparotto, Universidad Pontificia de México, 1991, pp. 30-34).

