Repunte trimestral de 1.5% en la economía del país.
Crecen los sectores agropecuario, industrial y los servicios.
Por Ricardo Caballero de la Rosa
La economía mexicana registró una recuperación superior a la prevista durante el segundo trimestre del año, impulsada por un crecimiento simultáneo de todos los sectores productivos. De acuerdo con cifras preliminares desestacionalizadas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó 1.5% respecto al trimestre anterior, después de haberse contraído 0.6% entre enero y marzo. El resultado constituye el mejor desempeño trimestral desde finales de 2020 y superó la expectativa del mercado, que anticipaba un crecimiento cercano a 1.3%. En términos anuales, la economía avanzó 2.2%.
La recuperación fue generalizada. Las actividades primarias crecieron 3.3% trimestral, impulsadas por el sector agropecuario; las actividades secundarias, que incluyen la manufactura, la minería y la construcción, avanzaron 1.6%; mientras que las actividades terciarias, integradas principalmente por comercio y servicios, aumentaron 1.5%. Estas últimas representan alrededor del 61% del PIB nacional, por lo que su expansión resultó determinante para el crecimiento agregado. La industria aporta cerca del 30% de la producción nacional y las actividades primarias alrededor del 3%, lo que confirma que el repunte se sustentó en una base amplia y no en un solo sector.
El desempeño adquiere mayor relevancia al compararse con el entorno internacional, particularmente con Estados Unidos, principal destino de alrededor del 80% de las exportaciones mexicanas. Durante el mismo periodo, la economía estadounidense creció a una tasa anualizada de 1.5%, inferior al 2.1% registrado en el trimestre previo, aunque el consumo privado mostró fortaleza al expandirse 3.2%. En este contexto de moderación del crecimiento del principal socio comercial, la recuperación de México refleja un mayor dinamismo de su demanda interna y una capacidad de resiliencia de su aparato productivo.
Entre los factores que explican este comportamiento destacan el fortalecimiento del consumo de los hogares, la continuidad de proyectos de inversión pública y privada, la recuperación de la construcción y el buen desempeño de las manufacturas y del turismo. Asimismo, la estabilidad del mercado laboral y el flujo de remesas contribuyeron a sostener el gasto de las familias, favoreciendo la expansión del sector servicios.
Las consecuencias de este crecimiento son significativas. Una mayor actividad económica favorece la generación de empleo, fortalece la confianza de inversionistas y consumidores e incrementa la recaudación fiscal, ampliando la capacidad del Estado para financiar infraestructura y programas públicos. Sin embargo, persisten riesgos asociados a una posible desaceleración de la economía estadounidense, la incertidumbre del entorno internacional y la debilidad de la inversión privada.
En conclusión, el crecimiento de 1.5% del PIB durante el segundo trimestre confirma una recuperación más sólida de lo previsto y evidencia un desempeño equilibrado de los principales sectores económicos. No obstante, mantener este ritmo requerirá fortalecer la inversión productiva, elevar la productividad y consolidar un entorno de estabilidad que permita transformar el repunte coyuntural en un crecimiento sostenido de largo plazo.
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