Opinión

El valor de una carta. Una fuente de experiencia, conocimiento e investigación

Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Exordio

Cicero Attico S. D.

Terentia tibi et saepe et maximas agit gratias. Id est mihi gratissimum. Ego vivo miserrimus et maximo dolore conficior. Ad te quid scribam nescio. Si enim es Romae, iam me assequi non potes; sin es in via, cum eris me assecutus, coram agemus quae erunt agenda. Tantum te oro, ut quoniam me ipsum semper amasti, ut eodem amore sis. Ego enim idem sum; inimici mei mea mihi, non me ipsum ademerunt. Cura ut valeas.

Data IV Id. Apr., Thuriis. Carta de Marco Tulio Cicerón a su amigo Ático. Ad Atticum, III, 5. 10 de abril del año 58.

Advertencia

Hoy deseo compartir con los lectores de El Comunicador Puebla un tema de interés para la vida, para el estudio y para la investigación, el cual he titulado El valor de una carta. Una fuente de experiencia, conocimiento e investigación. Por supuesto, insistiré más en el arte de escribir una carta para la investigación. Pero no por eso hay que ignorar otras formas de escribir una carta. En lo que sigue trataré de integrar un poco de experiencia, de conocimiento y de práctica en la investigación al escribir y transcribir algunos modos de ser de un epistolario, es decir, el nombre apropiado del género literario para escribir una carta. Dejo sin traducir dos textos: el exordio, que es una carta de Marco Tulio Cicerón a su amigo Ático; y la alocución, que hago al final de la disertación, que es un texto bíblico en la versión latina de San Jerónimo, tomado de la 1ª Cor. 13, 1-13.  Saludo a los lectores, y que disfruten esta disertación.

Contexto histórico y valor cultural de la correspondencia o del arte de escribir una carta

Desde el punto de vista del epistolario todos tenemos experiencia de haber escrito una carta desde la infancia hasta la vida madura. Y de muchas maneras lo hemos hecho, tal como ha venido evolucionando la tecnología en el arte de escribir una carta. Desde la antigüedad existen numerosos testimonios de esta forma de comunicación. Hay cartas breves desde media cuartilla, una cuartilla o más. Por ejemplo, de Marco Tulio Cicerón, uno de los más grandes escritores del mundo occidental, existen más de mil cartas, que escribió a sus familiares, amigos y conocidos. (Cicerón, Editorial Gredos, Introducción y estudio de David Morán, Madrid, 1997, pp. XXVIII-XXIX).

También son conocidas las Cartas de San Agustín, de los padres Apostólicos, de los Padres de la Iglesia, San Pablo, San Juan, Santiago. San Pedro. En México desde la Nueva España, el siglo XIX y el siglo XX se hallan numerosos libros de Cartas, por ejemplo, la correspondencia de Carlos de Sigüenza y Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Benito Juárez, Porfirio Díaz, Alfonso Reyes, José Gaos, José Sánchez Villaseñor, Gabriel Méndez Plancarte, Ramón Xirau, José Rubén Sanabria, Agustín Basave Fernández del Valle, Tarsicio Herrera Zapién, Mauricio Beuchot, entre muchos más.

Todos los que tienen una institución, un cargo público y privado, los que dirigen una revista, una colección de obras, guardan en su archivo personal numerosas cartas. Yo mismo, conservo muchas cartas, breves y largas de grandes personajes de la intelectualidad. Por ejemplo, una de las cartas de mi maestro, el doctor Guillermo Hernández Flores, dice así: Santuario de Nuestra Madre Santísima de la Luz. A Juvenal Cruz Vega. Al discípulo que admiro, al hermano considerado desde siempre, y al amigo que tanto estimo. Con la esperanza de que pronto, sea para él, el día tanto trabajado. Juvenal, gracias por tu amistad, y sobre todo, por la fortaleza que me has enseñado y por el conocimiento que, desde tu sencillez me has transmitido. Disfruta la lectura de mi tesis doctoral. 18 de abril de 2004. P. Guillermo Hernández Flores.

A lo cual respondí. A mi maestro, el padre Guillermo Hernández Flores. “Muy querido maestro, Padre Guillermo Hernández, tengo en mis manos el manuscrito de su tesis doctoral, la cual defendió usted en la Universidad Gregoriana de Roma en 1983, y que mereció la calificación más alta, Summa cum laude. Le pedí a mi maestro el doctor Mauricio Beuchot, que le haga un prólogo para presentar la tesis como libro, y ojalá tengamos suerte de que la Universidad Nacional Autónoma de México la publique como homenaje al doctor Leopoldo Zea. Le agradezco mucho este detalle, y espero verlo pronto con nuevas noticias. Ciudad de Puebla, 25 de abril de 2004.

Como es sabido, en la correspondencia siempre se pone en la parte superior la fecha, el lugar, la persona que envía la carta y la que recibe. Las cartas también son una guía de lectura de la obra de un personaje; generalmente se escriben con lenguaje sencillo, algunas veces tratan de la vida cotidiana, de la familia, el trabajo, y de vez en cuando de la contra comunicación. Por ejemplo, todos sabemos, que las obras literarias de Marco Tulio Cicerón son difíciles de comprender, tanto en latín, como en cualquier versión, pero para conocer el lenguaje de Cicerón es mejor empezar por sus cartas. Incluso, para aprender a hablar latín es más recomendable que la fuente sea a través de las cartas. Véase por ejemplo, la siguiente carta:

Tullius S. D. Terentiae suae. Cic. Fam. XIV, 20.

In Tusculanum nos venturos putamus aut nonis aut postridie. Ibi ut sint omnia parata. Plures enim fortasse nobiscum erunt, et, ut arbitror diutius ibi commorabitur. Labrum si in balineo non est, ut sit; item cetera quae sunt ad victum et ad valetudinem necessaria. Vale. Kal. Octobr. De Venusino.

Marco Tulio Cicerón envía un saludo a su esposa Terencia. Pensamos que nosotros iremos a Tusculo en las Nonas o al siguiente día. Ojalá que allí estén todas las cosas preparadas. Pues posiblemente muchos amigos estarán con nosotros, y según considero, permanecerán allí durante mucho tiempo. Si la bañera no está en el baño, que esté, igualmente las demás cosas que son necesarias para la comida y para la salud. Adiós. Kalendas de octubre. Desde Venucino.

Como dije arriba las cartas son diferentes. Muchas de ellas son una guía de lectura para comprender una parte del pensamiento de un autor. Por ejemplo, el gran humanista mexicano Alfonso Reyes Ochoa compuso un hermoso soneto en 1951 para recordar al Padre Gabriel Méndez Plancarte, uno de los humanistas más grandes de México en el siglo XX. Y el texto fue enviado en correspondencia al doctor Alfonso Méndez Plancarte, diciendo: “Mi respetado y querido Don Alfonso: Nunca recibí el aviso anterior, para no fallar esta vez, le envío lo que tengo a la mano, un soneto que remití a nuestro llorado don Gabriel con ocasión de cierta misiva poética suya que él no deseo ser pública. Saludos muy afectuosos de cordial amigo y S.S. A. R. (Carta del 9 de mayo de 1950). He aquí la transcripción de la carta:

Sacro Pastor de Pueblos, que en florida
edad, pastor gobiernas tu ganado,
más con el silbo que con el cayado,
y más que con el silbo, con la vida.

No corras tras la oveja distraída;
Espérala que vuelva a tu collado,
Bajo el haya de títiro posado,
Donde tu dulce acento la convida.

Del ménalo las ásperas laderas,
Su curso indócil, su bravío anhelo
Van reduciendo mientras tú la esperas.

Es verdad que anochece; pero el
Cielo enciende su antorcha duradera
Premio y confianza para tu desvelo.

Algunas veces al estudiar algún autor de cualquier género literario, si tiene correspondencia, eso puede facilitar la línea o vertiente en su pensamiento. Eso pude advertir al estudiar la obra filosófica de José Rubén Sanabria y Agustín Basave Fernández del Valle. Hay una carta de este último que se refiere al artículo del doctor José Rubén Sanaria Meditación en torno a la soledad. Y dice así: “Doctor Sanabria, he recibido su artículo, lo he leído con vivo interés, sin interrupción alguna. Lo acepto, desde luego. Y con íntima complacencia. Me siento, ¿por qué no decirlo?, dentro de la misma línea ontológica y valorativa que usted sigue. (Agustín Basave Fernández del Valle, Carta a José Rubén Sanabria, 19 de septiembre de 1971).  

Cinco años después el mismo autor le escribe a José Rubén Sanabria, refiriéndose a su libro Introducción a la filosofía. “Doctor Sanabria, le felicito cordialmente por haber logrado un libro didáctico que supera a mi juicio a los manuales hasta ahora existentes en lengua castellana. Resplandece en su libro el orden, la claridad, el equilibrio y el buen juicio. Incluye todos los capítulos que supone una introducción a la filosofía. En mí siempre ha tenido un lector de sus obras, desde que publicó su Filosofía del absoluto, hasta los recientes textos de Lógica, Ética y de Introducción a la filosofía. Siento una afinidad de pensamiento y de línea filosófica que se explica, buena parte por nuestra común formación en la línea cristiana”. (Agustín Basave Fernández del Valle, Carta a José Rubén Sanabria, 24 de agosto de 1976).

En otro contexto en la línea de la enseñanza de la lengua latina Hans H. Orberg en su método Lingua Latina per se illustrata nos comparte una carta de un maestro de latín a un pater familias. Se trata de una paráfrasis de una epístola latina, aludiendo a la época imperial, la cual dice así:

Diodōrus Iūliō salūtem dīcit. Discipulus improbus atque piger est tuus Mārcus filius. Male recitat, foede et pravē scrībit, computāre nūllō modō potest, 25 neque umquam rēctē respondet cum eum interrogāvī. Fīlium tuum nihil docēre possum quia ipse nihil discere vult. Nēmō magister pēiōrem discipulum umquam docuit. Vale.30 Scrībēbam Tusculī kalendīs Iūniīs. Hic dies me monet de pecūniā quam mihi dēbēs. Quārē Mārcus hodiē mercēdem sēcum nōn tulit? Mercēs numquam mihi trāditur ad diem. Iterum valē.

Diodoro envía un saludo a Julio. Tu hijo Marcos es un discípulo malo y flojo. Recita mal, escribe feo y chueco, de ningún modo puede sumar. Nunca responde correctamente cuando le he preguntado. Nada puedo enseñarle a tu hijo, porque él mismo nada quiere aprender. Ningún maestro alguna vez ha enseñado a semejante discípulo. Adiós. Yo había escrito en las Calendas de junio. Este día me acordé del dinero que me debes. ¿Por qué Marcos hoy no trajo consigo la colegiatura? La colegiatura nunca se me ha entregado a tiempo. Nuevamente, adiós. (Capitulum vicesimum tertium. Epistula magistri. Lingua Latina Per se illustrata. Hans Henning Orberg. Pars prima, Familia Romana. Domus Latina, 2006. Num. 1-30, pp. 179-180).

Este trabajo es un ejercicio que nos conduce a todos los tiempos, personalmente y culturalmente. Personalmente, porque así podemos recordar alguna etapa de nuestra vida, cuando escribimos alguna carta, dirigida a una persona con motivos de distinta índole. ¿Quién no recuerda su primera carta, escrita a mano, dirigida a un amigo, novio, novia, etcétera? Y a partir de una experiencia personal, puede llegarse a este género literario, llamado epistolario.

Alocución.

Para terminar esta breve disertación presento un texto bíblico en la versión latina de San Jerónimo, tomado de la 1ª Cor. 13, 1-13. Es un texto hermoso del Apóstol Pablo, en el cual se puede apreciar una de las jerarquías de valores más interesantes de la historia de la humanidad. Lo dejo en latín para que el lector pueda iniciar un ejercicio de transcodificación y de esta manera pueda emocionarse y empezar el estudio de la lengua latina, pues como decía el historiador romano Tito Livio: “Potius sero quam numquam. Es mejor tarde que nunca”. (Ab urbe condita. 4, 2, 11).

1. Si linguis hominum loquar et angelorum, caritatem autem non habeam, factus sum velut aes sonans aut cymbalum tinniens.

2. Et si habuero prophetiam et noverim mysteria omnia et omnem scientiam, et si habuero omnem fidem, ita ut montes transferam, caritatem autem non habuero, nihil sum.

3. Et si distribuero in cibos omnes facultates meas et si tradidero corpus meum, ut glorier, caritatem autem non habuero, nihil prodest.

4. Caritas patiens est, benigna est caritas, non aemulatur, non agit superbe, non inflatur.

5. Non est ambitiosa, non quaerit, quae sua sunt, non irritatur, non cogitat malum.

6. Non gaudet super iniquitatem, congaudet autem veritati.

7. Omnia suffert, omnia credit, omnia sperat, omnia sustinet.

8. Caritas numquam excidit. Sive prophetiae, evacuabuntur; sive linguae, cessabunt; sive scientia destretur.

9. Ex parte enim cognoscimus et ex parte prophetamus.

10. Cum autem venerit, quod perfectum est, evacuabitur, quod ex parte est.

11. Cum essem parvulus, loquebar ut parvulus, sapiebam ut parvulus, cogitabam ut parvulus, quando factus sum vir, evacui, quae erant parvuli.

12. Videmus enim nunc per speculum in aenigmate, tunc autem facie ad faciem; nunc cognosco ex parte, tunc autem cognoscam, sicut et cognitus sum.

13. Nunc autem manet fides, spes, caritas, tria haec; maior autem ex his est caritas.

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