Inflación atempera.
Moderación momentánea exige cautela monetaria.
Por Ricardo Caballero de la Rosa
La inflación en México mostró una ligera desaceleración en la primera quincena de abril de 2026, de acuerdo con los datos publicados por el INEGI. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación anual de 4.53%, por debajo del 4.59% observado en marzo, lo que sugiere una reducción momentánea en las presiones inflacionarias.
Este comportamiento confirma una tendencia reciente a la baja, aunque todavía incipiente. En términos quincenales, los precios aumentaron apenas 0.11%, lo que refuerza la idea de que el ritmo inflacionario se está moderando gradualmente. Sin embargo, esta disminución debe interpretarse con cautela: la inflación sigue claramente por encima del objetivo del banco central, establecido en 3% ±1 punto porcentual.
El componente subyacente —considerado un mejor indicador de la trayectoria de mediano plazo— también descendió a 4.27% anual, lo que indica que las presiones más estructurales comienzan a ceder ligeramente. No obstante, su persistencia por encima del rango objetivo revela que el proceso desinflacionario aún no está consolidado.
En este contexto, el papel del Banco de México sigue siendo crucial. Si bien los datos recientes podrían justificar una postura menos restrictiva en política monetaria, el margen de maniobra sigue siendo limitado. La inflación no solo permanece elevada, sino que además ha mostrado episodios recurrentes de resistencia a la baja, impulsados por factores como los precios agropecuarios y choques externos.
De hecho, uno de los elementos que más preocupa es la credibilidad del proceso de convergencia hacia la meta inflacionaria. En los últimos años, el banco central ha pospuesto en múltiples ocasiones —alrededor de diez, según diversas estimaciones— el horizonte en el que se alcanzaría el objetivo de inflación. Esta reiterada revisión ha generado cierta incertidumbre entre analistas y mercados, debilitando parcialmente la confianza en la capacidad de anclaje de expectativas.
La ligera disminución observada en abril debe entenderse, por tanto, como un avance positivo pero insuficiente. No se trata aún de un punto de inflexión definitivo, sino de una señal de alivio temporal dentro de un proceso más largo y complejo. Como muestran los datos recientes, incluso con reducciones puntuales, la inflación sigue expuesta a presiones volátiles que pueden revertir la tendencia.
En consecuencia, el reto para el Banco de México no es solo continuar con la reducción de la inflación, sino hacerlo de manera consistente y creíble. La consolidación de una trayectoria descendente sostenida será clave para fortalecer la confianza institucional y garantizar la estabilidad macroeconómica en el mediano plazo.
A pesar de estas medidas, el reto sigue siendo considerable. La combinación de presiones externas —como el encarecimiento energético— y factores internos —como la volatilidad de productos agropecuarios— plantea un escenario en el que la convergencia hacia la meta inflacionaria podría retrasarse. En este contexto, la coordinación entre política monetaria y fiscal será clave para preservar la estabilidad macroeconómica sin comprometer la recuperación económica.
Mi correo ricardocaballerodelarosa@gmail.com

