La infancia y la sabiduría de Jesús. La perspectiva del evangelista Lucas. Lc. 2, 39-52
Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz
Καὶ Ἰησοῦς προέκοπτεν ἐν τῇ σοφίᾳ καὶ ἡλικίᾳ καὶ χάριτι παρὰ θεῷ καὶ ἀνθρώποις. Y Jesús iba creciendo en edad, en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres. (Lc. 2, 52).
Advertencia
En esta disertación completo la triada de artículos que propuse sobre la infancia y la sabiduría de tres personajes históricos que han dejado huellas imborrables en la historia de la humanidad: Aquiles, Ciro el grande y Jesús de Nazareth. El primero lo titulé La infancia de Aquiles. La perspectiva de Apolodoro de Atenas. Biblioteca III, 13, 6. El segundo le puse por nombre La infancia y la vocación de Ciro el Grande. La perspectiva de Heródoto. Historia, I, 114-117. Y cierro con el tercer artículo, al que nominé: La infancia y la sabiduría de Jesús. La perspectiva del evangelista Lucas. Lc. 2,39-52. Los tres personajes son inmortales y forman parte de la memoria histórica de la humanidad.
Tal como ya lo he advertido en cada uno de los textos. De Aquiles recordamos todos los días el famoso dicho, el talón de Aquiles, el cual simboliza la debilidad de cada una de las actividades o corrientes de pensamiento. A Ciro el Grande lo inmortalizaron los historiadores griegos, Jenofonte en su Ciropedia al enaltecer a Ciro y la educación de los persas, y Heródoto en su Historia, al presentarlo como un rey desde la infancia, de lo cual se siguen extrayendo aspectos positivos para el liderazgo consciente. Así también Jesús de Nazareth forma parte de esta sabiduría, y Lucas, al escribir su evangelio, escribió un discurso muy hermoso, lleno de harta sabiduría, historia, filosofía y teología en la primera parte de su evangelio. (Lc. 2, 39-52). Y no sólo es el fundador del cristianismo y la inspiración originaria del humanismo cristiano, sino también, es el centro de la pregunta por el sentido de la vida, como escribe Hans Küng, “por una vida lograda, satisfactoria, feliz, plena y recta, no se puede eliminar, no se puede borrar del mapa, ni mediante el análisis de la psique, ni mediante la transformación de la sociedad. Por eso muchos vuelven a estar convencidos de encontrar respondida, precisamente en Jesús aquella pregunta que en Hair se formula así: ¿A dónde voy? ¿Sigo a mi corazón? ¿Sabe mi alma hacia dónde camino? ¿Por qué vivir, para morir luego? De verdad no sé, si alguna vez lo entenderé. ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Decidme para qué, decidme de dónde, decidme en qué. (Hans Küng, Ser cristiano. Ediciones Cristiandad, versión española de J. M. Bravo Navalpotro, Madrid, 1974, p. 168).
En efecto, en los textos, Aquiles tenía nueve años de edad, Ciro tenía diez años y Jesús doce años. Los tres fueron formados con disciplina durante la infancia, lo cual es una enseñanza que la tradición nos ha insistido, como la edad adecuada para la formación integral, tal como se ha visto en las culturas avanzadas, por ejemplo, en Persia, Palestina, Egipto, Esparta, Atenas, Alejandría, Roma; el Renacimiento, el mundo prehispánico, la Nueva España, México y Puebla.
Los grandes humanistas de México cuando llegan a hablar de su vida personal recuerdan la formación desde su infancia, ya sea en su casa, en la escuela, en la iglesia, o incluso algunos llegan a referir que en la calle comenzó su amor por el estudio y por el humanismo, como erudición. Aquí puede aplicarse en sentido positivo aquellos dichos: “el que con lobos se junta, a aullar se enseña”, “dime con quien te juntas y te diré quién eres”, “hijo de tigre, pintito”. En la historia de las culturas hay suficiente información y biografías selectas que dan muestra de esta sentencia. En México hay una colección de libros que nos ofrece más de quinientas biografías de grandes personajes de casi quinientos años de historia del humanismo mexicano, y allí puede verse esta afirmación a la que estoy aludiendo. (Véase Diccionario de escritores mexicanos, Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, 9 volúmenes, 1997).
Esta ocasión presento a Jesús de Nazareth, desde la lectura del evangelista San Lucas. Seis aspectos trataré en seguida: Texto bilingüe de la infancia y la sabiduría de Jesús; El lugar de San Lucas en los escritos del Nuevo Testamento; Noticia biográfica sobre la personalidad del evangelista Lucas; Jesús de Nazatereth. Una figura histórica que cambió el mundo; El griego bíblico, la gramática y lectura de San Lucas; y comentario al texto del evangelista Lucas. El humanismo cristiano
Aquí se muestran algunos hechos notables de la vida y la obra de un gran personaje, que ha cambiado la historia y le ha dado sentido a la vida del hombre. Son acontecimientos reales que no se han borrado con el tiempo del espíritu de los mejores hombres de la historia. Ojalá que este artículo y los dos anteriores sean motivo para que vengan otros estudios y superen mi trabajo preliminar.
1). Texto bilingüe de la infancia y la sabiduría de Jesús. Griego y español.39.
Καὶ ὡς ἐτέλεσαν πάντα τὰ κατὰ τὸν νόμον κυρίου, ἐπέστρεψαν εἰς τὴν Γαλιλαίαν εἰς πόλιν ἑαυτῶν Ναζαρέθ. 40. Τὸ δὲ παιδίον ηὔξανεν καὶ ἐκραταιοῦτο πληρούμενον σοφίᾳ καὶ Χάρις θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό. 41. Καὶ ἐπορεύοντο οἱ γονεῖς αὐτοῦ κατ’ ἔτος εἰς Ἰερουσαλὴμ τῇ ἑορτῇ τοῦ πάσχα. 42. Καὶ ὅτε ἐγένετο ἐτῶν δώδεκα ἀναβαινόντων αὐτῶν κατὰ τὸ ἔθος τῆς ἑορτῆς. 43. Καὶ τελειωσάντων τὰς ἡμέρας, ἐν τῷ ὑποστρέφειν αὐτοὺς ὑπέμεινεν Ἰησοῦς ὁ παῖς ἐν Ἰερουσαλήμ καὶ οὐκ ἔγνωσαν οἱ γονεῖς αὐτοῦ. 44. Νομίσαντες δὲ αὐτὸν εἶναι ἐν τῇ συνοδίᾳ ἦλθον ἡμέρας ὁδὸν καὶ ἀνεζήτουν αὐτὸν ἐν τοῖς συγγενεῦσιν καὶ τοῖς γνωστοῖς.45. Καὶ μὴ εὑρόντες ὑπέστρεψαν εἰς Ἰερουσαλὴμ ἀναζητοῦντες αὐτὸν. 46. Καὶ ἐγένετο μετὰ ἡμέρας τρεῖς εὗρον αὐτὸν ἐν τῷ ἱερῷ καθεζόμενον ἐν μέσῳ τῶν διδασκάλων καὶ ἀκούοντα αὐτῶν καὶ ἐπερωτῶντα αὐτούς.47. Ἐξίσταντο δὲ πάντες οἱ ἀκούοντες αὐτοῦ ἐπὶ τῇ συνέσει καὶ ταῖς ἀποκρίσεσιν αὐτοῦ. 48. Καὶ ἰδόντες αὐτὸν ἐξεπλάγησαν, καὶ εἶπεν πρὸς αὐτὸν ἡ μήτηρ αὐτοῦ, τέκνον, τί ἐποίησας ἡμῖν οὕτως; ἰδοὺ ὁ πατήρ σου κἀγὼ ὀδυνώμενοι ἐζητοῦμέν σε. 49. Καὶ εἶπεν πρὸς αὐτούς, τί ὅτι ἐζητεῖτέ με; οὐκ ᾔδειτε ὅτι ἐν τοῖς τοῦ πατρός μου δεῖ εἶναί με; 50. Καὶ αὐτοὶ οὐ συνῆκαν τὸ ῥῆμα ὃ ἐλάλησεν αὐτοῖς. 51. Καὶ κατέβη μετ’ αὐτῶν καὶ ἦλθεν εἰς Ναζαρὲθ καὶ ἦν ὑποτασσόμενος αὐτοῖς. Καὶ ἡ μήτηρ αὐτοῦ διετήρει πάντα τὰ ῥήματα ἐν τῇ καρδίᾳ αὐτῆς. 52. Καὶ Ἰησοῦς προέκοπτεν ἐν τῇ σοφίᾳ καὶ ἡλικίᾳ καὶ χάριτι παρὰ θεῷ καὶ ἀνθρώποις.
Una vez que cumplieron todo conforme a la ley del Señor, se regresaron a Galilea, a su ciudad Nazareth. Y el niñito crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría, y la gracia de Dios estaba sobre él. Y sus padres iban cada año a Jerusalén a la fiesta de la pascua. Y ellos subieron según la costumbre de la fiesta, cuando cumplió doce años de edad. Terminados los días, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén y sus padres no se dieron cuenta.Y pensaron que él estaba en la caravana, luego hicieron una jornada de un día y lo buscaron entre sus parientes y los conocidos.
Y como no lo encontraron se regresaron a Jerusalén a buscarlo. Y sucedió que al cabo de tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y cuestionándolos. Y todos los que lo escucharon se asombraron por su sabiduría y por sus argumentos.
Y quienes lo vieron quedaron sorprendidos, luego su madre le dijo: “hijo, ¿por qué nos hiciste esto de tal modo? Mira que tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando. Entonces les dijo: ¿cómo es posible que me andan buscando? ¿A caso no sabían que es necesario que yo esté en las cosas de mi padre? Pero ellos no comprendieron las palabras que les dijo. Luego bajó con ellos y volvió a Nazareth y fue obediente con ellos. Y su madre guardaba cuidadosamente todas las palabras en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y delante de los hombres.
2). El lugar de San Lucas en los escritos del Nuevo Testamento
Es importante leer algún texto original de la Biblia y de la Tradición cuando se estudia el griego antiguo, y fundamentalmente, el griego bíblico, del cual son conocidas dos fuentes: el Antiguo Testamento, llamado oficialmente «Septuaginta» o “Versión de los Setenta” y el Nuevo Testamento, el cual está constituido por 27 libros, todos ellos, redactados en griego coiné, y por su contenido, ha sido llamado griego bíblico. Los libros del Nuevo Testamento son cuatro Evangelios, un libro de los Hechos de los Apóstoles, catorce Cartas de Pablo, una Carta de Santiago, dos Cartas de Pedro, tres Cartas de Juan, una Carta de Judas Tadeo y un libro del Apocalipsis, también escrito por Juan.
Los tres primeros evangelios se llaman sinópticos por su parecido en el contenido y porque muestran una mirada de conjunto. (Eso significa etimológicamente la palabra sinoptico, de la preposición σύν: con; y el verbo ὁράω (ὁρῶ)-ὄψομαι–εἶδον–ἑώρακα-ὄπωπα–ἑώρομαι–ὦμμαι-ὤφθην: ver, mirar, observar, contemplar. Del cual surgen tres raíces: primera raíz: ὁρ, de donde se compone la palabra panorama; segunda raíz: ιδ, de donde se componen las palabras idea y verboide; y la tercera raíz οπ, de donde se componen las palabras sinopsis y sinóptico, es decir, mirar juntamente o mirada de conjunto). Entonces los evangelios sinópticos narran la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo.
Cada uno de los evangelistas tiene sus propios destinatarios, su propio vocabulario y su estilo en la redacción del griego. Por ejemplo, Mateo escribe para judíos, Marcos para romanos, y Lucas para griegos, tomando como criterio la lengua y el contexto en que se escribió cada evangelio. De todos los autores del Nuevo Testamento, Lucas es el escritor más erudito y el que se asemeja al griego alejandrino de la Septuaginta; por lo tanto, tiene muchas construcciones tomadas del griego clásico, especialmente del griego ático a través de Alejandría y las escuelas de Pérgamo y Antioquía.
Hay un aspecto que llama la atención al leer cada uno de los evangelios. En distinta medida y en distinto contexto, cada uno tiene su propio prólogo. Por ejemplo, Mateo 6, 2, 17. He aquí un fragmento: “Βίβλος γενέσεως Ἰησοῦ Χριστοῦ υἱοῦ Δαυὶδ υἱοῦ Ἀβραάμ. Ἀβραὰμ ἐγέννησεν τὸν Ἰσαάκ, Ἰσαὰκ δὲ ἐγέννησεν τὸν Ἰακώβ, Ἰακὼβ δὲ ἐγέννησεν τὸν Ἰούδαν καὶ τοὺς ἀδελφοὺς αὐτοῦ. Libro de la genealogía de Jesús, el Cristo, el hijo de David, e hijo de Abraham. Abraham engendró a Isac, y éste engendró a Jacob. Pero Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Marcos hace un prólogo más pequeño, pero también como Mateo emplea la aposición gramatical, como sigue: Ἀρχὴ τοῦ εὐαγγελίου Ἰησοῦ Χριστοῦ υἱοῦ τοῦ Θεοῦ. Καθὼς γέγραπται ἐν τῷ Ἠσαΐᾳ τῷ προφήτῃ· ἰδοὺ ἐγὼ ἀποστέλλω τὸν ἄγγελόν μου πρὸ προσώπου σου, ὃς κατασκευάσει τὴν ὁδόν σου• Φονὴ βοῶντος ἐν τῇ ἐρήμῳ· ἐτοιμάσατε τὴν ὁδὸν Κυρίου, εὐθείας ποιεῖτε τὰς τρίβους αὐτοῦ. Principio del evangelio de Jesús, el Cristo, el hijo de Dios, según ha sido escrito en el libro del profeta Isaías: Mira que yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino, voz del que clama en el desierto, enderecen el camino del Señor y hagan sus senderos”. (Mc. 1, 1-3).
San Juan y San Lucas están fuera de serie en su prólogo. El primero por su contenido y la selección del vocabulario más refinado del griego jónico de Asia Menor. El segundo por su belleza literaria. Jn. 1, 1-18; Lc. 1, 1-4. De Juan transcribo sólo tres versículos: 1.Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος, καὶ ὁ λόγος ἦν πρὸς τὸν θεὸν, καὶ θεὸς ἦν ὁ λόγος. 2.Οὗτος ἦν ἐν ἀρχῇ πρὸς τὸν θεόν. 3. Πάντα δι҆ αὐτοῦ ἐγένετο, καὶ χωρὶς αὐτοῦ ἐγένετο οὐδὲ ὃ γέγονεν. En el principio estaba la palabra, y la palabra estaba con Dios, y Dios era la palabra. Ella estaba en el principio con Dios. Todo llegó a ser a través de ella, y sin ella nada llegó a ser de lo que se ha hecho.
De Lucas comparto el prólogo completo, es muy breve, pero estricto por sus construcciones gramaticales al estilo alejandrino y clásico. Ἐπειδήπερ πολλοὶ ἐπεχείρησαν ἀνατάξασθαι διήγησιν περὶ τῶν πεπληροφορημένων ἐν ἡμῖν πραγμάτων, καθὼς παρέδοσαν ἡμῖν οἱ ἀπ᾿ ἀρχῆς αὐτόπται καὶ ὑπηρέται γενόμενοι τοῦ λόγου, ἔδοξε κἀμοί, παρηκολουθηκότι ἄνωθεν πᾶσιν ἀκριβῶς, καθεξῆς σοι γράψαι, κράτιστε Θεόφιλε, ἵνα ἐπιγνῷς περὶ ὧν κατηχήθης λόγων τὴν ἀσφάλειαν. Puesto que muchos hombres han emprendido desarrollar ordenadamente la exposición sobre los hechos bien comprobados entre nosotros, tal como nos lo han transmitido quienes desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la palabra. También a mí, ilustre Teófilo, después de haber investigado todo con exactitud desde el principio, he decidido escribirte ordenadamente para que conozcas la certeza de las palabras que has recibido.
3). Noticia biográfica sobre la personalidad del evangelista Lucas
San Lucas es el más elegante y refinado de los autores del Nuevo Testamento. Tiene similitudes estilísticas y un excelente vocabulario como los grandes de la antigüedad, Su estilo es muy elegante y embellecido debido a los múltiples aoristos y participios en las tres voces, tiene excelente temática, gramatical y cultural, propia de un historiador, lo cual prueba que conocía a los autores clásicos y alejandrinos.
Fuera de todos los prejuicios al escribir textos religiosos y teológicos, es un autor griego de la época imperial. Escribió poco antes del año 62 después de Cristo. Fue discípulo y seguidor fiel de San Pablo, murió en Bitinia, a una edad avanzada, dejando escrito su Evangelio y la narración de los Hechos de los Apóstoles. Tiene rasgos de historiador, de lingüista y de filólogo. Presenta en su Evangelio a Jesús dando la vida por amor, es decir, el tema central del humanismo cristiano y la virtud fundamental de Jesús como maestro, además del conocimiento, la experiencia, la vocación y talento. Aunque no conoció personalmente a Jesús, tuvo una cercanía muy estrecha con San Pablo, su maestro en la fe y con María la madre de Jesús, de allí viene su interés por escribir la infancia y la sabiduría de Jesús (Lc. 2, 39-52), donde también puede apreciarse el conocimiento y el autoconocimiento que fue adquiriendo paulatinamente. Una de las virtudes más destacadas de Lucas es su fidelidad, tanto a su maestro Pablo, como a María y a Jesús. Su símbolo es el toro, en el cual expresa el sacrificio sacerdotal. Su madurez de la lengua griega, sin duda, se debe a sus viajes con Pablo, tanto en Asia Menor, Macedonia, Atenas, Filipos, Corinto, Jerusalén y Roma. Su griego, llamado coiné está ligado al griego alejandrino, al griego ático y al griego de la época imperial; algunos expresan que el conocimiento de su griego es bíblico y extrabíblico, por no decir, éste último, el griego de los gentiles y de los paganos.
Así, pues, para la enseñanza del griego, Lucas es el favorito, porque tiene similitudes estilísticas y un excelente vocabulario como los grandes de la antigüedad, por ejemplo: Heródoto, Tucídides, Jenofonte, Aristóteles, Platón, Estrabón, Apolodoro, Esopo, entre otros. Y por lo mismo, su estudio sirve para comprender alguno de los autores aludidos o viceversa.
Sin duda, es uno de los autores más interesantes de la literatura bíblica del Nuevo Testamento. Mi testimonio es un reconocimiento abierto, porque a través de él, he podido enseñar griego antiguo a incontables generaciones de todas las edades por más de treinta años consecutivos. Y por lo mismo lo considero la inspiración literaria del humanismo cristiano.
4). Jesús de Nazatereth. Una figura histórica que cambió el mundo
Jesús de Nazaret es el centro de esta reflexión. Su nombre es de origen hebreo Jehoshua, helenizado es Ἰησοῦς, latinizado Iesus y en español se dice Jesús, que significa salvador. (Las fuentes bíblicas principales sobre Jesús son los 27 libros del Nuevo Testamento: los cuatro evangelios canónicos, las catorce cartas de Pablo, las siete cartas católicas, los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis).
Hoy en día se sabe mucho de su personalidad en todos los géneros literarios, no sólo en los textos bíblicos, sino también en la tradición cristiana, la historia, la literatura universal, la filosofía, hasta la llegada de la reflexión más profunda, esto es, la teología. Desde muy temprano en los primeros siglos del cristianismo también se habló de su personalidad en las fuentes extrabíblicas, en todos los niveles y ámbitos, a saber: religioso, histórico, filosófico, cultural y político.
En la Διδαχή figura el símbolo de los cristianos, el famoso acróstico ΙΧΘΥΣ, esto es, Jesús, Cristo, Dios, Hijo y Salvador. (La Διδαχή pertenece a un conjunto de escritos extrabíblicos o extracanónicos del siglo I y principios del siglo II, y están todos llenos de lo que Pablo llamaba la ciencia de Cristo crucificado. El símbolo de los apóstoles, la didajé, la Carta de Bernabé, Clemente Romano, Ignacio de Antioquía, Arístides de Atenas, El Pastor Hermas, Aristón de Pella. El filósofo Justino Mártir, natural de Samaria y muerto el 165, cuando escribe su primera Apología dice que hacía 150 años que había nacido Jesucristo en una cueva cercana de Belén y que él había conocido los arados hechos por el carpintero de Nazaret. Más detalles, véase Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriaga, S. A. Vol. IV. Barcelona, España, pp. 459-463. Los Padres Apostólicos, Sigfrido Huber. Versión crítica del original griego con introducciones y notas. Ediciones Desclée. Buenos Aires, 1949, 562 pp. En la página 41 hay un fragmento en lengua latina muy hermoso que figura así: “In symbolo fidei et spei, quod ab Apostolis traditum, non scribitur in charta et atramento, sed in tabulis cordis carnalibus; post confessionem Trinitatis et unitatem ecclesiae, omne christiani dogmatis sacramentum carnis resurrectione concluditur”. En el símbolo de la fe y de la esperanza, lo cual es transmitido por los apóstoles, no se escribe en papel y en tinta, sino sobre las tablas carnales del corazón; después de la confesión de la Trinidad y de la unidad de la Iglesia, se concluye el sacramento de la doctrina de todo cristiano con la resurrección de la carne).
Ya desde allí se aprecia un primer programa y una guía de lectura para la catequesis de los primeros cristianos. La palabra Cristo es el término que va unido al nombre de Jesús. Su origen es el participio griego χριστός (La palabra χριστός se compuso del verbo χρίω-χρίσω-ἔχρισα–κέχρικα-ἐχρίσθην: tocar ligeramente, rozar, frotar, untar, embadurnar, bañar, teñir y ungir. Ungido es sinónimo de la palabra Mesías, forma helenizada de la palabra aramea mesiha. En el Antiguo Testamento designa a todo hombre consagrado a Yahweh. El rey especialmente era el ungido de Yahweh. Es una persona sagrada, y por eso inviolable. David respeta a Saúl y no se atreve a poner sus manos sobre él por ser el ungido de Dios, y manda ejecutar al que cometió el crimen de matarle. En el Nuevo Testamento es más preciso y designa a Cristo por antonomasia. Los evangelios son una constatación efectiva del mesianismo de Cristo en función de una ideología asequible a la generalidad de los oyentes. Los apóstoles le confieren esa dignidad y misión. El mismo Cristo expresa que Él es el Cristo, el ungido de Dios. Más detalles, véase Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriaga, S. A. Vol. VI. Barcelona, España, pp. 1134-1135), cuya traducción es ungido, de donde su significado es rey, tal como lo refiere el evangelista Juan en el Apocalipsis. (Ap.1, 4-5). También el historiador judío Flavio Josefo en sus Antigüedades habla de Jesús al referirse a los cristianos, a Jacobo, a Juan el Bautista y a los relatos del Nuevo Testamento.
Todas las historias de la educación, de la filosofía y del humanismo al principio hacen una reflexión sobre Jesús, el Cristo, reúnen dos palabras en una: Jesucristo, porque identifican al Jesús histórico y al Cristo de la fe. Por supuesto, destaca más el término Cristo, cuando hablan del cristianismo en sentido amplio, corresponde a su etimología, es decir, la doctrina de Cristo y a la noción de cristiano. (Los términos cristiano y cristianismo tienen el mismo origen, el nombre propio Χριστός; ambos términos aparecen en documentos bíblicos y extrabíblicos. En los Hechos de los Apóstoles es aplicado a los fieles de Antioquía, por ejemplo, Hechs. 11, 26 y 26, 28.
Era costumbre entre los romanos llamar de acuerdo al seguidor ese nombre, por ejemplo, a los seguidores de César, Pompeyo y Herodes les llamaban cesarianos, pompeyanos y herodianos. En el siglo II se generaliza el nombre de cristianos a los seguidores de Cristo. Hay una inscripción muy famosa que se ha recogido en tiempos de la persecución de los cristianos y que pongo en versión bilingüe: “Ἡμεῖς οἱ Χριστιανοὶ οὐ δείδομεν τοὺς ὀδόντας τῶν λεόντων, οὔτε τὸν ἰὸν τῶν ἐχιδνῶν, οὔτε τὰ τραύματα τῶν ξιφέων, οὔτε τὴν φλόγα τῆς πυρᾶς, οὔτε βάσανον οὐδεμίαν· μόνην δείδομεν τὴν ἁμαρτίαν”. Nosotros los cristianos no tememos a los dientes de los leones, ni al veneno de las serpientes, ni a las heridas de las espadas, ni al ardor del fuego, ni a ninguna otra prueba. Solamente tememos al pecado”. Citado por Luis Penagos en Antología griega del Bachiller, Editorial Sal Terrae. Santander, 1971, p. 26. El término más amplio de la raíz de Χριστός es el nombre del tratado Cristología, es decir, la ciencia que tiene por objeto la persona y la obra de Cristo, los dogmas principales, como el verbo encarnado y el proyecto salvífico de Cristo).
Así, pues, Jesús nació en Belén, pasó su adolescencia en Nazaret. Fue educado en su familia, con su madre María y su padre adoptivo José, de donde aprendió a ser artesano. De su adolescencia se destaca la clave de su sabiduría, San Lucas lo expresa bellamente en su hermosa cita: “Y Jesús iba creciendo en edad, sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres”. (Lc. 2, 52). En su madurez llegó a ser maestro, eligió a sus doce discípulos, tal como lo expresa San Lucas en otra parte de su Evangelio: “Por aquel entonces se fue a la montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el fanático, Judas el de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor”. (Lc. 6, 12-16. Véase su paralelo con Mt. 10,1-4; Mc. 3, 13-19. En el texto de Lucas aparece la palabra griega μαθητής: alumno, discípulo, derivada del verbo μανθάνω-μαθήσομαι-ἔμαθον-μεμάθηκα. Primera raíz μανθάν. Segunda raíz μαθ, cuyos significados son: aprender, llegar a saber, acostumbrarse a, conocer, llegar a conocer, comprender, entender, informarse, preguntar, inquirir. Así que etimológicamente discípulo es aquel que su oficio es estudiar o aprender. En cambio, la palabra ἀπόστολος significa enviado, esto quiere decir, que el maestro Jesús ya los hizo maestros a los apóstoles; por cierto, es palabra derivada del verbo ἀποστέλλω–ἀποστελῶ–ἀπέστειλα–ἀπέσταλκα (ἀπέσταλμαι)-ἀπεστάλην: enviar, mandar, despachar, mandar recado, mandar decir, expulsar, desterrar, partir, marcharse, salir. Por eso etimológicamente la palabra apóstol significa: aquella persona que es enviada de parte de alguien con mayor autoridad). Hay un aspecto que debe destacarse en la vida de Jesús como maestro. En su proyecto salvífico presenta una jerarquía de valores, la cual se aprecia en los evangelios de Mateo y Lucas. El primero nos presenta el Discurso evangélico a través del Sermón de la Montaña, y el segundo en el Sermón de las Bienaventurazas. (Mt. 5,1-12; Lc. 6, 20-26). En ambos autores se destaca la opción por los pobres, un tema que ha recuperado la iglesia católica a través de la Doctrina Social de la Iglesia en la ética cristiana, y un tema que se ha politizado en los gobiernos socialistas y en los humanismos abstractos, donde solamente figura el nombre del humanismo, vacío de contenido, raíz, perspectiva y trascendencia. El contenido de las bienaventuranzas es un tema que encaja bien con cualquier proyecto humanista que defienda a la persona desde el núcleo del evangelio. Reflexiona hondamente en la parte interior y espiritual del ser humano; discrepa totalmente en la actitud del fariseo y del hipócrita que se fijan demasiado en las cosas exteriores del hombre. En las bienaventuranzas se llama dichosos a los pobres, a los hambrientos, a los afligidos, los cuales son los privilegiados del Nuevo Reino. (Por su puesto que las palabras pobre y pobreza tienen un sentido polifacético y polisémico, entre los mismos evangelistas hay diferencias, cuando explican la pobreza. Por ejemplo, hay quien lo entiende desde punto de vista social, como carencia de bienes materiales, igualmente, alguien lo puede entender en sentido moral, como una actitud de humilde confianza en el Señor. Más detalles, véase Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriaga, S. A. Vol. I. Barcelona, España, pp. 1206-1207).
El humanismo cristiano, explicado desde los evangelios lleva consigo una seria axiología, en ella se ve la supremacía de los valores con sus características fundamentales: bipolaridad, jerarquía, preferencia y trascendencia. Hay un ejemplo singular en los evangelistas Mateo y Lucas respecto a los mandamientos de Dios. Mateo al ser judío presenta a Jesús como el nuevo Moisés ante la interrogante de un grupo de fariseos con pésima actitud. He aquí este bello fragmento: “Los fariseos al enterarse de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era jurista le preguntó con mala idea: maestro, ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley? Él les contestó así: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mandamiento principal y el primero, pero hay un segundo no menos importante: amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden la ley entera y los profetas). (Mt. 22, 34-40. El decálogo de Moisés se halla en Ex. 20, 2-17). Por su parte a Lucas, le interesa la congruencia, la correspondencia de las palabras con las acciones, tal vez aquí se vea la noción de la verdad del juicio de la que habla Santo Tomás de Aquino en De veritate: “Veritas est adequatio intentionalis intellectus cum re). (De veritate. Q. 1, a. 1. La verdad es la adecuación intencional del entendimiento con la realidad). He aquí el texto de Lucas: “en esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba: maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida eterna? Él le dijo: ¿qué está escrito en la ley? ¿Cómo es eso que recitas? El jurista contestó: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alama, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo. Él le dijo: bien contestado. Haz eso y tendrás la vida). (Lc. 10, 25-28).
Es el evangelista San Juan el teólogo por antonomasia, quien expresa la esencia de Dios a través del amor, lo pone como el mandamiento principal de todos los mandamientos. Aquí está la originalidad del cristianismo y del humanismo cristino. Desde el punto de vista de la axiología el humanismo cristiano es superior a todos los humanismos con la preferibilidad del amor, frente a todos los valores. En su Evangelio hay un pasaje muy hermoso que expresa lo siguiente: “Hijos míos, me queda muy poco que estar con ustedes. Me buscarán, pero lo que dije a los judíos se lo digo ahora a ustedes: al lugar a donde voy, ustedes no son capaces de venir. Les doy un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros; igual que yo los he amado, ámense también entre ustedes. En esto conocerán que son discípulos míos, en que se amen unos a otros. (Jn. 13, 33-35).
Todos los estudiosos de Jesús han destacado el amor como el centro de toda su axiología y como fundamento de todos los valores, y de allí su amor inagotable a la verdad. El filósofo y pedagogo italiano Pietro M. Gasparotto en su voluminoso libro Didáctica de la filosofía dedica un capítulo a Jesús como maestro, al que titula Cristo, Maestro universal. (Cristo, Maestro universal, en Didáctica de la filosofía. Pietro M. Gasparotto. Publicaciones de la Universidad Pontificia de México, México, 2000, pp. 99-131. Hay un estudio muy profundo del mismo autor sobre el amor y la amistad cristiana. Véase La amistad cristiana según Aelredo de Rievaulx (1110-1167). Pedro M. Gasparotto, Universidad Pontificia de México, México, D. F. 1993, 227 pp). Hace algo semejante como Miguel León Portilla con la filosofía náhuatl, (Véase mi artículo “Doctor Miguel León Portilla: el humanista y el filósofo. In memoriam (1926- 2019)”, en El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 17 de marzo de 2025), y como Justino Cortés Castellanos con la inculturación indígena (Véase mi artículo “Prólogo del doctor J. Ignacio Tellechea Idígoras a la tesis doctoral del padre Justino Cortés Castellanos”: en Desciframiento pictográfico del Catecismo de Fray Pedro de Gante. Fundación Española, Madrid, 187, 500 pp. El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 13 de enero de 2025), al recurrir a las disciplinas filosóficas de Occidente para encontrar semejanzas y diferencias con la doctrina de Jesús. Y como todos los grandes del pensamiento cristiano expone de una manera magistral el tema del amor, he aquí un fragmento suyo: “Como todo maestro, Cristo enseña; pero la suya es una enseñanza oral, según la cultura de sus oyentes, que no tenían libros y no sabían leer, excepto poquísimos especialistas. Jesús muestra una confianza ilimitada, sea en la fuerza de la verdad que penetra en las almas, sea en la capacidad de los oyentes para recibirla, recordarla y entenderla, aunque no faltarán obstáculos grandes. Analizando atentamente el evangelio resultan matizados muchos momentos o grados de intensidad en el camino siempre arduo y accidentado hacia la verdad, sea natural, sea sobrenatural. Desde el tiempo de Sócrates y Platón el amor a la verdad por encima de todos define al filósofo y lo distingue netamente del filodoxo o sofista, que se busca a sí mismo”. (Didáctica de la filosofía. Opu. Cit. p. 102). En esto ha sido singular el Apóstol Pablo en su Primera Carta a los Corintios, donde pone al amor como el centro de toda la jerarquía de los valores, aún frente a la fe y a la esperanza. (1ª Cor. 13, 1-13).
Hasta aquí podemos advertir varios elementos y características de Jesús como maestro del humanismo cristiano y del humanismo universal. Pues tiene conocimiento, experiencia, talento, vocación y amor, entre muchas otras características. Maestro como hebreo Rabí, como en griego Διδάσκαλος y como en latín Magister. El título de maestro se lo ganó a pulso, sus discípulos y el pueblo lo llamaron maestro, igualmente los eruditos lo llamaron maestro. Hay un ejemplo que nos comparte San Juan en su Evangelio, donde otro rabino lo llama maestro, su nombre es Nicodemo (Jn. 3,1-12).
Una de las virtudes más notorias de Jesús como maestro es el talento. El evangelista Mateo recogió este tema muy interesante y aleccionador, en La parábola de los talentos. Este tema nos hace completar las características de un buen ser humano, pues al ejercer un oficio con el sello cristiano y humanista, un profesionista con este símbolo está más completo a través de las siguientes características, especies o cualidades: conocimiento, experiencia, talento, vocación, y amor. La actitud del primer y segundo siervo es la que se requiere para mejorar la sociedad, la institución y la familia. Pues en esta actitud va implícita la naturaleza de las personas, la capacidad, la virtud y, sobre todo, el autoconocimiento, la libertad, la realización, la comunicación y la disposición de trabajar. Las palabras del evangelista, del capítulo 25, verso 23 le dan mayor ánimo al hombre de nuestro tiempo, como puede leerse: “Y su señor le dijo: muy bien, siervo bueno y fiel, has sido fiel en lo poco, te pondré al frente en lo mucho, entra al gozo de tu señor. (ἔφη αὐτῷ ὁ κύριος αὐτοῦ, εὖ, δοῦλε ἀγαθὲ καὶ πιστέ, ἐπὶ ὀλίγα ἦς πιστός, ἐπὶ πολλῶν σε καταστήσω· εἴσελθε εἰς τὴν χαρὰν τοῦ κυρίου σου). Sin duda, esto que Jesús nos enseña con la Parábola de los talentos, es lo que las naciones necesitan, con el fin de reformarse, primero uno mismo, y luego reformar a las instituciones y a las naciones. (Mt. 25, 14-30).
En esta parte de la disertación sobre Jesús no puede faltar el texto más hermoso, al que he titulado La misión del maestro. Por un lado, se aprecia la autoridad y la sabiduría del maestro y la universalidad del mensaje evangélico, por otro lado, se aprecia la seriedad y la atención del discípulo, hecho maestro. Finalmente, se puede observar algo que es diferente a todos los grandes maestros: Jesús se ha quedado para siempre con sus discípulos, ya desde hace dos milenios. Disfrutemos la belleza y la alegría del texto de San Mateo. “Y acercándose Jesús a sus discípulos les habló en estos términos: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautícenlos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a guardar todo lo que yo les he enseñado, he aquí que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Καὶ προσελθὼν ὁ Ἰησοῦς ἐλάλησεν αὐτοῖς λέγων· ἐδόθη μοι πᾶσα ἐξουσία ἐν οὐρανῷ καὶ ἐπὶ γῆς. Πορευθέντες οὖν μαθητεύσατε πάντα τὰ ἔθνη, βαπτίζοντες αὐτοὺς εἰς τὸ ὄνομα τοῦ πατρὸς καὶ τοῦ υἱοῦ καὶ τοῦ ἁγίου πνεúματος διδάσκοντες αὐτοὺς τηρεῖν πάντα ὅσα ἐνετειλάμην ὑμῖν· καὶ ἰδοὺ ἐγὼ μεθ’ ὑμῶν εἰμι πάσας τὰς ἡμέρας ἕως τῆς συντελεῖας τοῦ αἰῶνος”. (Mt.28,18-20).
5). El griego bíblico, la gramática y lectura de San Lucas
Esta lectura es una invitación al griego bíblico a propósito de san Lucas, al cual he presentado con el fin de deleitarse en todos los aspectos que comprende un texto literario en lengua griega de la época imperial, esto es, de la época de nuestro autor. Se trata, pues, de un autor con el cual se pueden practicar algunos de los contenidos de cada una de las partes de la metodología que he venido empleando, cuando se pretende estudiar y enseñar la lengua griega y por analogía las lenguas clásicas. (Sobre este tema, véase mi artículo El método ecléctico analógico a la luz de la hermenéutica analógica. Homenaje al doctor Mauricio Beuchot Puente. El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 24 de marzo de 2025).
Quienes estudian griego con mayor disciplina, es como si estudiaran al mismo tiempo alguna especialidad de humanidades, independientemente de sus estudios universitarios, pues, ellos mismos podrán hacer un trabajo de traducción con mayor conciencia y mejorar cualquier intento preliminar. Pero quienes desconocen la lengua griega, incluso la lengua española, siendo hablantes del español, tienen un motivo esclarecedor para estudiar ambas lenguas, también podrán emocionarse y comenzar su estudio tal como lo requiere toda asignatura: ab initio (desde el principio), o como solemos decir en nuestra escuela de humanidades clásicas: “textum a texto, periodum a periodo, sententiam a sententia, verbum a verbō, syllabam a syllaba, litteram a littera”.
En efecto, aquí podrán estudiar y practicar la ortología de la lengua griega, esto es, escritura, ortografía, fonética, prosodia, caligrafía y nemotecnia. Igualmente, podrán estudiar la sintaxis simple y compuesta, el vocabulario con todos sus elementos que trae consigo: morfología, flexiología, etimología, semántica y pragmática; pues así va estructurado el método ecléctico analógico.
Al sumergirse al estudio, se puede hallar un trabajo que tanta falta hace en la reforma educativa de cualquier nación, y vincularlo con otras asignaturas del currículum oficial, lo cual depende de la sabiduría, la experiencia, la vocación y la preparación de los docentes. Sin duda alguna, las lenguas clásicas son de las más hermosas de toda la humanidad. En esta ocasión me refiero a la lengua griega, como dije arriba, pues se trata de una lengua indoeuropea, flexiva, sintética, culta, clásica, hiperbatónica y trascendente; pero también es la lengua oficial de Grecia Antigua, de Grecia Medieval y de Grecia Moderna. Por eso, quienes la desconocen, sólo dirán que es una lengua muerta, como cuando se refieren hipotéticamente a las culturas antiguas, creyendo falsamente que sólo lo moderno y lo nuevo es lo que debe estudiarse, y lo que vale la pena saber.
En verdad, las lenguas clásicas son un valioso instrumento didáctico para acercarse al conocimiento universitario y a la cultura del mundo occidental y, sobre todo, a las raíces más fecundas de las principales lenguas de nuestro entorno. Así tiene sentido el texto inmortal de Marco Tulio Cicerón para nuestro estudio, cuando en su libro “De los oradores” había inmortalizado la historia y al mismo Heródoto, padre de ella, diciendo: “Historia vero est testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis”. (La historia es el testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida y noticia del pasado). (Cic. De or. 2, 9, 36). De otra forma, a través de la lengua griega estamos estudiando la obra viva de los hombres muertos, así que ya tenemos otra perspectiva de la misma historia: La historia es la obra viva de los hombres muertos (historia est testis vivus de hominibus mortuis).
No obstante, por el lado del estudio de la lengua española, con este proyecto estamos abordando cada una de sus particularidades a través del estudio del griego y del español, y especialmente, con el método ecléctico analógico, tal como lo hemos venido exponiendo a lo largo y ancho de las diversas publicaciones cotidianas, y excepcionalmente, cuando dictamos las cátedras de griego clásico y bíblico.
Por otro lado, al poner los textos bilingües, hacemos un estudio comparado de la gramática, incluso hasta conectarlo con algunas de las nuevas teorías de la gramática actual, por ejemplo, con la estructural, funcional, generativa, computacional, entre otras. Desde el punto de vista del vocabulario podemos hacer un estudio exegético, integrando la hermenéutica, la etimología, la diacronía, la semántica y la pragmática. Además de lo más difícil del texto: la historia, la filosofía, la poesía y la teología del texto, que es lo que más problemas ha dado a los estudiosos del griego antiguo y particularmente, del griego bíblico. Muchos elementos que estudiamos a través del griego bíblico son los constitutivos del modelo del griego clásico, el cual describimos como un paradigma en: escritura, pronunciación, prosodia, vocabulario, morfología, sintaxis y cultura. Es el modelo de la lengua griega que utilizaron los autores a lo largo de los siglos VI, V y IV a. C; es la época de los presocráticos, sofistas, de Pericles y de las grandes guerras, médicas y del Peloponeso. Coincide también con la edad de oro de la literatura griega, en la que se escribió en los dialectos: jónico, eólico, dórico y ático.
En este paradigma destacaron autores tales como: Heráclito, Parménides, Gorgias, Protágoras, Isócrates, Platón, Demóstenes, Antístenes, Tucídides, Jenofonte, Heródoto, Esquilo, Sófocles, Aristófanes, Eurípides, Píndaro, donde los autores y los gramáticos ponen especial atención en fijar una norma que sirva como modelo imitable de lo que se considera el buen griego. Así, pues, aunque he dicho griego bíblico o griego antiguo, este trabajo es griego clásico, desde el punto de vista del vocabulario, pronunciación, prosodia, morfología, sintaxis, cultura, y sobre todo, desde el punto de vista estilístico. El paradigma de escribir griego en nuestro método se va dejando ver poco a poco. De un conjunto de oraciones se redacta bajo el criterio del hipérbaton, por lo tanto, hay variedad literaria en el paradigma clásico. El hipérbaton es la belleza de la lengua griega, y por su noción, debe entenderse como la musicalidad de la lengua a través del arte de subir y bajar las palabras de un fragmento o de un periodo, bajo el criterio del ritmo o la medida, de ahí los dos estilos de la lengua, ya prosa, ya verso. Entonces, se trata del hipérbaton, cuya belleza y paradigma se pueden explicar en dos nociones bien delimitadas: una más del lado de la retórica y otra, del lado de la gramática y de la música. Así pues, el Hipérbaton es la figura retórica, que consiste en la alteración del orden lógico de las palabras en una oración o en varias oraciones dentro de un periodo determinado (Hyperbaton definitur ut rethorica figura, quae in ordinis vocabulorum logici transmutatione circa unam sententiam seu varias intra certum periodum consistit). En segundo lugar, el Hipérbaton es la musicalidad de la lengua, que consiste en invertir el orden gramatical directo de las palabras, atendiendo el mayor interés que tienen unas ideas relativamente a otras, y la mayor armonía del lenguaje.
Empero, el texto que hemos empleado en este opúsculo se refiere al griego bíblico, esto es, el griego llamado κοινή, cuyo origen es el griego ático popular, impregnado de jonismos y mezclado con algunos otros elementos esporádicos. No tiene la pureza y la elegancia de la lengua clásica del siglo V a. C; y los literatos de esta época sólo le dan entrada en algunas comedias cuando introducen en escenas personajes del pueblo. Fue, sin embargo, el griego que los soldados de Alejandro Magno propagaron con sus conquistas y que por haberse generalizado después de la muerte del Macedón en los tres reinos en los que se dividió su imperio, y se llamó común o κοινή. Más tarde cuando los romanos se anexionaron Grecia, Alejandría, Antioquía, Siria y Pérgamo, adoptaron la lengua de los vencidos, no sólo como necesaria para el gobierno, sino también como excelente vehículo de cultura, cumpliéndose lo que dice el poeta Horacio en su Epístola, 2, 1, 156: Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit agresti Latio.
El griego koiné tiene distintas fuentes y una de ellas es el llamado griego bíblico, una lengua mezclada con palabras extranjeras y locuciones orientales. Se encuentran varios ejemplos en la versión bíblica de Los Setenta y principalmente, en el Nuevo Testamento. De aquí el nombre de griego bíblico o neotestamentario, cuyas características fundamentales son: el parecido morfológico con las lenguas modernas, sobre todo, en la declinación, pues a la declinación desinencial o interna prefiere la perifrástica o por medio de preposiciones, singularmente en el dativo. La desaparición del número dual tanto en la declinación como en la conjugación.
Por tendencia a la simplificación (naturalísima en toda lengua verdaderamente popular) asimila los verbos en μι a los verbos en ω. En el orden sintáctico prefiere la coordinación a la subordinación de las proposiciones. En general el griego bíblico es el conjunto de formas que en su desarrollo adquiere el griego vulgar desde Alejandro Magno hasta el fin de la Edad Antigua, es decir, hasta el año 500 d. C. (Aquí expongo algunos elementos comunes con mi artículo Día mundial de la lengua griega. La parábola de los talentos, la lengua griega y algunos aspectos culturales de la sabiduría en Mt. 25, 14-30. El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 10 de febrero de 2025).
6). Comentario al texto del evangelista Lucas. El humanismo cristiano
Hay muchos temas que pueden comentarse a partir de la lectura de Lucas. Esta ocasión tomaré el tema del humanismo. Comparto algunos fragmentos de mi reciente libro Grandeza y miseria del humanismo, Tinta Sangre Ediciones, Puebla, 2026.
Actualmente se ha visto el humanismo como una palabra mundial. De tal modo que puedo decir, que cada persona y cada escuela, vertiente o partido político se ha creado su propia reflexión o ideología; algunos más cerca, otros medianamente, y otros de plano, sólo conservan la palabra humanismo y le ponen las características que han podido pepenar. Así podemos deducir que el humanismo es una palabra muy añeja: clásica, medieval, renacentista, moderna y posmoderna; griega, latina, europea, latinoamericana, prehispánica, mexicana, y popular. Personalmente veo humanismo, como una palabra cotidiana, rica en significado, en vida, propuestas, valores, conocimientos, instituciones, pueblos y naciones. Hoy parece moda citar una sentencia de Terencio el Africano y pululan por todas partes que son humanistas: Homo sum, humani nihil a me alienum puto. (Hombre soy, y pienso que nada de lo humano es ajeno para mí). Terencio Afer. Heautontimorumenos 77.
Otros en el ámbito universitario toman como inspiración al gran humanista mexicano Alfonso Reyes y rehacen una historia del humanismo muy interesante de veintiséis siglos de historia, desde Solón de Atenas hasta México de los años cuarenta. (La crítica de la edad ateniense (600 a 300 a. C.), Alfonso Reyes Ochoa, 1941, en Obras Completas, Vol. XIII, FCE, México, 1961. También véase: Por amor al griego, la nación europea, señorío humanista, siglos XIV-XVII, Jacques Lafaye, FCE, México, 2005, p. 21).
Yo mismo en otros escritos siguiendo el sistema filosófico de Mauricio Beuchot he planteado el esquema del humanismo a partir de la reflexión de algunos autores eje de la tradición, sobre todo, del evangelista san Lucas (Lc. 2, 39-52), de Marco Fabio Quintiliano (Doce libros sobre la formación del orador), del escritor romano Aulo Gelio (Noches Áticas, Aulo Gelio, XIII, 17, 1-3.) de Alfonso Reyes en su Crítica de la edad ateniense, de Gabriel Méndez Plancarte en su brillante libro Humanistas del Siglo XVIII, de Mauricio Beuchot en su humanismo analógico y de Justino Cortés en su inculturación indígena, donde presento jerárquicamente tres niveles del humanismo: filantropía, sabiduría y virtud.
Podría decir una infinidad de citas de autores de más de dos mil años de historia. Sin embargo, es San Lucas el que me dio la idea del esquema aludido, concretamente cuando dice: Καὶ Ἰησοῦς προέκοπτεν ἐν τῇ σοφίᾳ καὶ ἡλικίᾳ καὶ χάριτι παρὰ θεῷ καὶ ἀνθρώποις. Y Jesús iba creciendo en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres. (Lc. 2,52). Por supuesto que aquí se requiere un estudio profundo e interdisciplinario, sinóptico y comparado para saber cómo se ha desarrollado la historia del humanismo cristiano a través de veinte siglos de permanencia. (Véase mi artículo Defensa apasionada del humanismo. Un viaje a través de la historia. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 21 de octubre de 2024).
Sintéticamente he reunido la filantropía de los griegos y de Aulo Gelio con la helikía de San Lucas, y la explico con la educación en la casa de Marco Fabio Quintiliano. De una forma sencilla y sintética, el humanismo como filantropía se expresa por su jerarquía de valores del siguiente modo: “En la casa se aprende a saludar, dar gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto, hablar bien, no decir peladeces, respetar a los semejantes, ser solidarios, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad personal y la ajena, ser organizado. En suma: ser hogareño, cuidar a la familia y educarla lo mejor que se pueda”. En esto fueron ejemplares los griegos en tiempos de Sócrates y Pericles, los romanos en tiempos de Vespasiano y Domiciano y Marco Fabio Quintiliano, y los cristianos de los primeros siglos con el nacimiento de las escuelas y sus planes de estudio, inspirados en las ludi romanas. Pues allí le dieron mucha importancia a la formación que se daba en la casa, lo cual era llamada la primera escuela. (Véase Inst. 1,1,1-6 de Quintiliano).
En cambio, el humanismo como erudición que lo ha expresado con detalle, inspirado en el Renacimiento, el gran humanista Gabriel Méndez Plancarte, lo he tomado de la paidéia, también con la guía de San Lucas, Aulo Gelio, Quintiliano, Giovanni Pico della Mirandola, Alfonso Reyes, entre muchos. Todos emplean el humanismo como erudición, es decir, como sophía, sapientia y ciencia. De una manera sucinta se trata del humanismo que se adquiere en la escuela (la segunda escuela) con su propia jerarquía de valores, clara y distintita a la jerarquía de la casa, donde se aprende a leer y a escribir. Se estudia matemáticas, español, música, ciencias, humanidades, ciencias sociales, educación cívica y ética, lenguas clásicas, originarias y lenguas modernas. Si se puede se estudian los valores como el antiquísimo trivium y quadrivium de la tradición histórica desde Atenas hasta el inicio del siglo XX, donde se reviven los principios del humanismo histórico: el amor a la patria, el amor a Dios y el amor al hombre. De este modo, se refuerzan los valores que los padres de familia nos han transmitido de generación en generación. Aquí es aleccionador el escritor romano Aulo Gelio cuando explica el paso de la φιλανθρωπία a la παιδεία y a la humanitas (Noches Áticas, Aulo Gelio, XIII, 17, 1-3).
Por último, el humanismo cristiano se corona con la sabiduría divina. Se trata de una inculturación más antigua que ya traían los pueblo indoeuropeos y semitas, donde la formación plena se daba con el encuentro con la sabiduría divina, donde las dos anteriores son un preámbulo a la formación de cuña recia. Algo así leí en la advertencia de su libro inédito Migajas homiléticas de mi maestro, el doctor Guillermo Hernández Flores: “es un humilde intento de usar la reflexión de la sabiduría humana para comprender un poquito mejor la inmensidad de la sabiduría divina”. (Migajas homiléticas, prólogo de Mauricio Beuchot y presentación de Juvenal Cruz, en Tinta Sangre Ediciones, Puebla, 2026, 265 pp).
De una manera sucinta se trata del humanismo que se adquiere en la religión más alta: con una clara y singular jerarquía de valores. Es lo que Marco Tulio Cicerón había asimilado al decir que la piedad y la religión le dan superioridad al hombre frente a todos los pueblos a través de los valores. Véase el siguiente y hermoso pasaje: Pietate ac religione omnes gentes superavimus: hemos vencido a todos los pueblos en piedad y en todas las cosas sagradas. (Cic. Har. 9, 19). Así, pues, desde allí se aprende a dar gracias a Dios, a amar a Dios y al prójimo, a respetar y santificar a los padres, a santificar y a darle prioridad a la familia. Aquí se estudia la formación humana, la educación en la fe, la formación espiritual. Aquí tienen sentido las cuatro áreas de formación de la historia del humanismo clásico y cristiano: la formación humana, patriótica, académica y espiritual. Todo con alegría como advierte el apóstol Pablo, cuando dice: “en todo les he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús que dijo: pues hay mayor alegría en dar que en recibir”. (Hech. 20, 35).
Visto así, el humanismo cristiano lleva consigo una seria axiología, fundada en una onto-antropo-teología: en la filosofía del hombre, en la metafísica y en la filosofía de Dios. Por eso el verdadero humanismo es sinergia y trascendencia, tal como habían expresado el gran humanista mexicano Gabriel Méndez Plancarte y el filólogo alemán Werner Jaeger en su Paidéia. Es muy diferente al humanismo posmoderno, el cual llama a todos los demás: clasista, como un arma de salida para esquivar el diálogo y la comunicación, y quitarle la palabra al auténtico humanista. Además, el valor de la persona y el valor del amor que sostiene el núcleo de su pensamiento, le da un sesgo eminentemente profético, porque los valores si son humanos y universales, han de ser trascendentes y nunca conocerán su decadencia. (Más detalles véase Méndez Plancarte Gabriel, El humanismo mexicano, Introducción de Octaviano Valdés, Seminario de Cultura Mexicana, México, 1970, 236 pp; Jaeger, Werner, Paideia, Los ideales de la cultura griega, I, versión española de Joaquín Xirau, Fondo de Cultura Económica, México, 1953, p. 319).

