Opinión

Una perspectiva del octavo arzobispo de Puebla Monseñor Víctor Sánchez Espinosa

Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Exordio

Cum ergo prandissent, dicit Simoni Petro Iesus: Simon Iohannis, diligis me plus his? Dicit ei: Etiam, Domine, tu scis quia amo te. Dicit ei: Pasce agnos meos. Dicit ei iterum: Simon Iohannis, diligis me?  Ait illi: Etiam, Domine, tu scis quia amo te. Dicit ei: Pasce agnos meos. Dicit ei tertio: Simon Iohannis, amas me? Contristatus est Petrus, quia dixit ei tertio: Amas me? Et dixit ei: Domine, tu omnia nosti; tu scis quia amo te. Dixit ei: Pasce oves meas. (Jn, 21, 15-17. La última oración del texto aludido del evangelio de San Juan es el lema del arzobispo. Pasce oves meas: apacienta mis ovejas. El padre Delfino Franco Ramírez, actual párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Ocotlán compuso tres cantos para darle la bienvenida a monseñor Víctor Sánchez, la música la hizo el grupo Jeshua Los cantos son: Pasce oves meas, Hoy vi llorar a Dios, la sonrisa de Jesús).

Advertencia

Este artículo forma parte de un libro que escribí hace 17 años al que titulé Oratio de sacerdotis natura. Una perspectiva del octavo arzobispo de Puebla, Monseñor Víctor Sánchez Espinosa. Más de la mitad del libro trata sobre la naturaleza del sacerdote; lo hice por cariño a varios sacerdotes que han sido congruentes con su vocación y con su ministerio sacerdotal. La inspiración histórica la encontré en un texto muy antiguo de San Juan Crisóstomo, el cual me pareció muy interesante, y lo pude vincular con la hermenéutica analógica, propuesta filosófica de Mauricio Beuchot, con el fin de explicar un poco sobre este tema que es polisémico, no solamente entre los lectores, sino también en la vida real.

Para unos el tema es muy interesante, para otros muy agresivo, y para otros más, demasiado indiferente. Ya desde aquí, el tema del sacerdote es muy interesante, porque unos hablan bien del sacerdote, otros hablan mal, y otros más, no les interesa. Se cumple ese dicho: “cada uno habla de la feria según le haya ido en ella”. Aún, en el ámbito académico figura esa disputación, pues eso mismo percibí en el año 2007, cuando publiqué otro libro con el mismo tema, Disertación sobre el sacerdote. Un capítulo del humanismo mexicano. Al respecto el doctor Guillermo Hernández Flores, mi maestro más cercano escribió: “Se trata de un libro extraño. Extraño por su contenido, por su forma y por su perspectiva. Por el contenido, porque el tema religioso, y en concreto el del sacerdote, hoy a nadie le interesa a no ser para hurgarlo con morbosidad y denigrarlo; por la forma, porque no tiene ni la gravedad de un ensayo ni la ligereza del tono literario; y por su perspectiva, porque es muy otra a la de la víscera y la flema con las que hoy se suelen tratar esos asuntos”. (Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México, Juvenal Cruz Vega. El barco Ebrio Ediciones, Puebla, 2025, p. 286).

Así, pues, comparto el texto de San Juan Crisóstomo para que el lector pueda ser testigo ocular de que el tema sobre el sacerdote siempre ha tenido diversas perspectivas. Pues el sacerdote es todo y nada, escribe San Juan Crisóstomo: “¡Oh Sacerdote! ¿Quién piensas que eres tú? No eres la causa de tu existencia, pues fuiste hecho de la nada. No fuiste creado para tu servicio, sino para ser mediador ante Dios a favor de los demás. No debes buscarte a ti mismo, pues solamente debes vivir para Dios. No te perteneces, pues eres siervo de todos, no eres tú, sino que eres representante de Dios. ¿Qué cosa eres, pues? Nada y todo”. Por supuesto, el texto latino lleva más fuerza semántica y teológica, porque se pueden apreciar aspectos que en español no se alcanzan a comprender, salvo que uno tenga un nivel regular de conocimientos sobre las disciplinas que exigen el conocimiento de un texto teológico en su lengua original. He aquí un fragmento de San Juan Crisóstomo: “¡Oh Sacerdos¡ ¿Tu quis es? Non es a te; quia de nihilo. Non es ad te; quia mediator ad Deum. Non es tibi; quia soli Deo vivere debes. Non es tui; quia es omnium servus. Non es tu; quia Deus es. Quid ergo es? Nihil et omnia”. (San Juan Crisóstomo, Lib. 3 de Sac; en Tesoro del Sacerdote, por el P. José Macu, S.J. 12ª edición, Barcelona, España, 1898, pp. 1-11. Traducción del doctor Justino Cortés. Carta del traductor a Juvenal Cruz Vega, 9 de diciembre de 2003).

En efecto, con ese motivo escribí en el año 2009 una primera biografía sobre Monseñor Víctor Sánchez Espinosa, y como lo dije en el prólogo del libro aludido: “Este tema es una disertación y una meditación en la cual me vinculo a la historiografía al defender la tesis de que: entre más se conozca la biografía de los hombres, se conoce la vida de un pueblo con mayor profundidad, mejor aún, entre más se estudie el verdadero semblante del sacerdote habrá mayor apertura a la historia de la Iglesia. Por último, considero, que para obtener un conocimiento más objetivo del sacerdote, no hay mayor fuente que conocer la naturaleza y la misión del obispo. Por eso el subtítulo de esta investigación, una perspectiva del octavo arzobispo de Puebla, monseñor Víctor Sánchez Espinosa. Espero que mi trabajo pueda ser útil también para el público general. Bienvenido nuevamente a Puebla, señor arzobispo”.

Así escribí en ese año al final del prólogo. El libro lo hice para que en el ámbito de la comunidad lo conocieran más, o al menos, supieran algo más que su nombre. Pues una cosa es conocer a una figura eclesiástica a través de los medios de comunicación, y otra cosa, es conocer en persona a un personaje real. En el desarrollo del libro insistí que estábamos al inicio de su vida como arzobispo de Puebla, por eso en la conclusión escribí el siguiente fragmento: “A don Víctor Sánchez le ha tocado vivir el modo indicativo, una época difícil en varios entornos de la vida humana, un mundo que padece el apogeo de la posmodernidad. Hace dieciséis siglos cuando San Agustín hablaba de los tiempos, había escrito como si fuera de nuestro tiempo: “Mala tempora, laboriosa tempora dicunt hoc homines, nos sumus tempora, quales sumus, talia sunt tempora.” (Malos tiempos, tiempos difíciles, dicen estas cosas los hombres, nosotros somos los tiempos, como somos nosotros, así son los tiempos. Citado por José Rubén Sanabria, “Ética y postmodernidad”, en Revista de Filosofía, Año XXVI, núm. 80, UIA, México, 1994, p. 96). La respuesta la tiene el arzobispo, ojalá siga conservando la sencillez que muchos le hemos conocido. Al inicio de su gobierno tiene buena aceptación del pueblo, los buenos resultados, la realización real de sus proyectos o en su defecto el fallido de su trabajo, dependerán de lo que haga en adelante y la sabiduría y prudencia de su equipo”.

Entonces, lo que aquí escribo, es lo que considero interesante de aquella época de hace 17 años. Yo mismo le puse como título: Una perspectiva del octavo arzobispo de Puebla Monseñor Víctor Sánchez Espinosa, porque en realidad, todos los que hemos escrito sobre este tema, hemos hecho una perspectiva: sólo eso. En estos 17 años Monseñor Víctor Sánchez ha hecho cosas interesantes para la Arquidiócesis de Puebla, otros verán lo que le faltó, otros más, lo que no debió hacer, y otros más, escribirán lo negativo de su obra. A mí me ha tocado como laico católico tener una apreciación desde adentro y desde afuera de la iglesia, por eso mi perspectiva es más completa. Lo veo agradable con los laicos y estricto con el presbiterio; otros ven mi afirmación al revés. No sé si algún día escriba la segunda parte de la biografía, pero al menos he estado al tanto de lo que ha sucedido en los últimos 17 años de la iglesia de Puebla, viendo cuando se habla bien y cuando se habla mal, jugando con las palabras y haciéndolas relativas a saber: izquierda, derecha, ultraderecha, ultraizquierda, adoctrinamiento, mochilón, yunquismo, despotismo, amiguismo, negligencia, entre muchos temas.

Finalmente, cada uno tomará su propia perspectiva. Don Víctor Sánchez Espinosa, sucedió a Monseñor Rosendo Huesca Pacheco. Ahora lo viene a suceder el noveno arzobispo de Puebla, Monseñor Jorge Carlos Patrón Wong.

Muchas gracias.

Prenotando

Este opúsculo muestra el curso central de la personalidad del octavo arzobispo de Puebla: un sacerdote y un obispo, amador de su patria y de su ministerio sacerdotal. Con todo, expreso un pequeño obstáculo, porque al hacer el perfil biográfico de un personaje vivo y conocido, resulta difícil trazar su vida, aunque se obtengan datos suministrados y fidedignos. También con la misma fuerza insisto que al estudiar una figura notoria es el mayor proyecto para conocer la vida y el enigma cultural de un pueblo, ya que como dice el doctor Guillermo Hernández Flores: “La vida habla en la biografía de los hombres. Sin embargo, pobre es su comprensión cuando son sólo datos y fechas el texto de su lectura. A la vida hay que leerla siempre como entre líneas, menos como quien calcula y más como quien adivina el misterio. El complejo espacio-temporal no es, al menos no todo ni el más determinante, el verdadero texto de la vida humana. Débense intuir los veneros profundos por los que la vida se manifiesta en una peculiar biografía”. (Hernández Flores Guillermo, Mauricio Beuchot: un filósofo en las catacumbas, Propedéutica a la filosofía de Mauricio Beuchot. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 2010, p. 15).

Conocí a Monseñor Víctor Sánchez Espinosa un lunes cuatro de septiembre de 1989 cuando él era profesor y director espiritual del Seminario Palafoxiano, y yo apenas me iniciaba en las primeras delicias de las humanidades clásicas. En las aulas del seminario se decía que era un hombre callado, profesor de teología litúrgica y que se reunía en México con un grupo de especialistas de teología donde trataba asuntos académicos sobre los sacramentos, un tema que le emocionaba cuando celebraba la misa, impartía pláticas en algún retiro espiritual, y cuando disertaba en la cátedra, su materia favorita: Historia y teología de la liturgia.

1). Formación académica de Monseñor Víctor Sánchez Espinosa

Monseñor Víctor Sánchez es un hombre de su tiempo que ha consagrado su vida llena de nobleza y pasión a su ministerio sacerdotal. Como estudiante, sacerdote, maestro y obispo ha buscado el crecimiento diligente de la verdad por muchos años. Su vida comienza el 21 de mayo de 1950 en Santa Cruz, Teotlalco, perteneciente a la parroquia de Tlancualpicán, Puebla. Es el primero de 12 hijos del matrimonio de doña Josefina Espinosa Osorio y don José Sánchez Sánchez. Después de culminar su educación primaria en la escuela Miguel Hidalgo de Huehuetlán, El Chico, ingresó al Seminario Menor Palafoxiano el 3 de febrero de 1963 en San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala, a la edad de trece años, allí lo recibió el Padre Gilberto Valbuena Sánchez, quien era el Vicerrector del seminario menor, y luego obispo emérito de la diócesis de Colima.

En el Seminario Menor de San Pablo hizo los tres primeros años de humanidades de 1963 a 1965. El cuarto y el quinto los hizo en Puebla de 1966 a 1967 en las nuevas instalaciones del seminario que construyó el arzobispo, don Octaviano Márquez y Toriz. Una de las asignaturas principales era la lengua latina, en la cual tuvo cuatro maestros durante los cinco años de latinidad. En primero y cuarto el padre Fernando Hernández Landa, en segundo el padre Gilberto Valbuena Sánchez, en tercero el doctor José Tapia Zúñiga y en quinto el padre Benjamín Vega Hernández. Otros de sus profesores fueron los padres: Guadalupe Sanguino, Simón Vázquez, Miguel Uribe, Alfonso Mejorada, Miguel Chamorro, Eliazer Ramírez Tamayo, Filogonio Sánchez Castillo y Humberto Vargas Rivera; éstos últimos fueron sus profesores de griego. (Los estudios de humanidades de ese tiempo equivalían a la secundaria y a la preparatoria, por supuesto con más rigor académico y científico que las escuelas de ahora en ese nivel. Además, había buenos maestros, también había un programa académico bien estructurado. Cada año se tenían diez materias aproximadamente. Por ejemplo, en primero de latinidad llevaban las siguientes asignaturas: latín, historia universal, religión, matemáticas, dibujo, gimnasia, canto, geografía física, inglés, civismo, biología, gramática española. En segundo: latín, física, química, historia de México, literatura, religión, gimnasia, canto, dibujo, química, inglés, geometría, orientación y ortografía. En los cinco años de latín se tenía un estudio interdisciplinario y cada asignatura un profesor. Al finalizar el año, para evaluar al alumno, el maestro titular contaba con otro profesor, como sinodal para que el estudio y la evaluación tuvieran mayor seriedad, todavía se conserva parte de esa tradición).

En 1969 hizo sus estudios eclesiásticos más fuertes, esto es, filosofía y teología. Durante ese tiempo trató a dos rectores del seminario; cuando estudiaba filosofía el rector era el padre Rosendo Huesca Pacheco, actual arzobispo emérito de Puebla, y cuando estudiaba teología el rector era el padre Humberto Vargas Rivera, párroco de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. En esta parte fue alumno de los padres Hilario Alonso Reyes, Filogonio Sánchez Castillo, Justino Cortés Castellanos, Rosendo Huesca Pacheco, Fernando Hernández Landa, Moisés Oropeza Reyes, Félix González Díaz, Efrén Ramos Salazar, Eduardo González Fuentes, Amador Tapia Zúñiga, Humberto Vargas Rivera, Eliazer Ramírez Tamayo, entre otros.

En esta insigne institución, Gloria Angelopolitana y honra de la República Mexicana como suele escribir el doctor Justino Cortés Castellanos, (Gloria Angelopolitana et Mexicanae Republicae decus. Véase los capítulos tres y cuatro de su libro Justo García: Un sendero de luz y alegría. Jonotla, Roma, L’ anxaneta, Ediciones; Puebla 2008, pp. 67-93), Monseñor Víctor Sánchez Espinosa halló un ambiente de estudio y tranquilidad para su formación sacerdotal. Sin duda, vio en sus maestros un paradigma mientras buscaba al auténtico maestro, al maestro interior de quien nos hablan con tanta insistencia San Agustín y Santo Tomás en sus obras De magistro. Igualmente, encontró apoyo y contexto con un equipo de condiscípulos con un matiz polifacético y que hoy son de sobra conocidos. No es extraño ver al padre Abel Espinoza Carmona, un hombre santo, callado y trabajador, el padre Guillermo Bello Bárcenas, un hombre revolucionario, piadoso, inteligente y ejemplar, el padre Guillermo Campos Silverio, un pastor político, diplomático y creativo, el padre Guillermo Hernández Flores, un maestro sabio y callado, y sin duda es de los mejores filósofos que ha tenido el Seminario Palafoxiano y Puebla en el siglo XX, y Víctor Sánchez Espinosa, por quien escribo estas líneas. (Don Víctor Sánchez Espinosa viene de la generación de 1963-1976, de la cual eran 105 alumnos de primero de latín. Manuel Romero Dávila murió siendo diácono y se ordenaron sacerdotes 20 de ellos en distintos lugares: Filiberto Ayala, Jorge Beristáin y Adolfo Torres en Tehuacán; Eugenio Bautista en Papantla, Adalberto Degante y Gilberto Rodríguez en Estados Unidos; Joel Guerrero en Texcoco. En Puebla los siguientes: Guillermo Bello Bárcenas, Antonio Cabezas Higareda, Guillermo Campos Silverio, Gerardo Crivelli Stefanoni, Abel Espinoza Carmona, Salvador Martínez Arroguín, Sergio Mejorada Sánchez, Wilebaldo Paleta Toxtle, David Ramírez, Miguel Reyes, Francisco Sánchez Conde, Miguel Sánchez Almaraz y Víctor Sánchez Espinosa. No todos ellos se ordenaron el mismo día, el 6 de junio de 1976 Don Víctor fue ordenado con 9 compañeros más: Abel Espinoza Carmona, Guillermo Bello Bárcenas, Guillermo Campos Silverio, Guillermo Hernández Flores, Wilebaldo Paleta Toxtle, Gerardo Crivelli Stefanoni, Miguel Reyes, Francisco Sánchez Conde y Miguel Sánchez Almaraz. De éstos, Gerardo Crivelli, Miguel Reyes y Francisco Sánchez dejaron el ministerio, pero han seguido la línea humanista en la docencia. Solamente ha fallecido uno de sus compañeros, el padre Wilebaldo Paleta Toxtle).

2). Víctor Sánchez Espinosa. Sacerdote y maestro

El arzobispo, don Ernesto Corripio Ahumada lo ordenó sacerdote el 6 de junio de 1976 en la Basílica Catedral de Puebla. Los primeros días de su ministerio sacerdotal los hizo en la parroquia de Pilcaya al sur de estado de Puebla, donde se le nombró provisionalmente sustituto de vicario parroquial, el 15 de junio de 1979. El 21 de junio de ese mismo año lo nombraron vicario de la parroquia de María Reina en la ciudad de Puebla. El 14 de septiembre de 1977 se trasladó a Roma para hacer la licenciatura en Liturgia en el Pontifico Instituto Litúrgico de San Anselmo. A su regreso, dio clases en el seminario mayor, el 3 de septiembre de 1979, con la encomienda de impartir cinco asignaturas a saber: historia y teología de la liturgia, fundamentos y legislación litúrgica en el segundo de teología; catequética en primero de teología; orientación de la iglesia en materia social en segundo de filosofía, y lengua francesa en primero de filosofía.

El 8 de septiembre de 1980 tuvo su nombramiento de asesor del Curso Introductorio. Durante dos años acompañó a los seminaristas que inician la formación sacerdotal, simultáneamente fue capellán de las religiosas de la Cruz del 26 de octubre de 1979 al 9 de septiembre de 1981. El 6 de septiembre de 1982 fue nombrado director espiritual del seminario mayor, sin dejar de enseñar asignaturas de su especialidad con los alumnos de teología tales como: penitencia y unción de los enfermos, año litúrgico, teología e historia de la liturgia, orden sacerdotal y matrimonio; sacramentos de iniciación cristiana, liturgia de las horas y espiritualidad litúrgica. 

En 1980 en Guadalajara participó en la Fundación de la Sociedad Mexicana de Liturgistas (SOMILIT), en la cual fue secretario por veinticinco años consecutivos. El 10 de febrero de 1994 fue nombrado vicario parroquial de Nuestra Señora de Ocotlán en la ciudad de Puebla; el 5 de junio de 1995 el arzobispo, doctor Rosendo Huesca Pacheco lo hizo párroco de esa parroquia. En la misma época recibió el nombramiento de decano del Decanato de Analco, el 7 de junio de 1997.

3). Víctor Sánchez Espinosa. Obispo

El papa Juan Pablo II le otorgó el cargo de obispo titular de Ambia y auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México el 2 de marzo de 2004. El 26 de marzo del mismo año lo ordenaron obispo en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Además de desempeñarse como vicario general y episcopal en la VII Vicaría de la Arquidiócesis de México, Víctor Sánchez Espinosa ha sido miembro de la comisión Episcopal Pro Colegio Mexicano en Roma, para los trienios 2004-2006 y 2007-2009. Fue representante de la provincia eclesiástica de México para el trienio 2004-2006. Presidente de la Sociedad Mexicana de Liturgistas para el trienio 2006-2008 y ha sido reelegido para el trienio 2009-2011; asimismo, es responsable de la dimensión de Piedad Popular de la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica. En julio de 2007 durante la XXXI Asamblea General Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericana, celebrada en la Habana, Cuba fue nombrado Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano. En su origen, su periodo era de 2007 a 2011, pero en la XXXII Asamblea General del mismo, celebrada el 12 de mayo de 2009 en Managua, Nicaragua, lo reemplazó el obispo auxiliar de Guadalajara monseñor José Leopoldo González, debido a su reciente cargo en la Arquidiócesis de Puebla.

4). Víctor Sánchez Espinosa. Octavo arzobispo de la Arquidiócesis de Puebla

El Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Puebla el 5 de febrero de 2009, el 12 de febrero el Cardenal Norberto Rivera Carrera lo presentó como arzobispo de Puebla en la Basílica de Guadalupe frente a más de 20 mil feligreses en su mayoría de Puebla; el 2 de abril tomó posesión canónica como VIII arzobispo de Puebla en una hermosa concelebración eucarística en el estadio de fútbol Cuauhtémoc ante más de 40 mil feligreses. (El Canal 18 televisó completa la Celebración Eucarística en el Programa El Sembrador, el domingo 3 de mayo de 9 a 11 pm).

A partir del 5 de febrero de 2009 se ha dicho mucho sobre don Víctor Sánchez Espinosa. Los medios de comunicación se han encargado de difundir la información, unos con datos precisos, otros con intuiciones personales, otros con más información por el fruto de sus pesquisas, y otros más, con mayor especulación por la cercanía con la Arquidiócesis de Puebla.

Hay cinco entrevistas fundamentales en las cuales puede apreciarse una síntesis de su proyecto pastoral, dos escritas, una televisiva y dos radiofónicas. La primera intitulada El obispo ante su grey a cargo del padre Sergio Valdivia Bermúdez, la publicó el semanario Koinonía el 5 de abril de 2009, la segunda, El mensajero de la esperanza hecha por la periodista Erika Méndez Pérez publicada en la revista Líder el 17 de abril de 2009. El tercer diálogo se llama Víctor Sánchez Espinosa octavo arzobispo de Puebla, entrevistó el conductor Carlos Valerio a través de TV Azteca Puebla. De las dos entrevistas radiofónicas, una de ellas la hizo Juan Carlos Canales y la trasmitió Radio BUAP el domingo 24 de mayo, la otra el domingo 31 de mayo en el programa Futuro común de ABC Radio por el licenciado Jesús Gómez Reyes.

En las cinco entrevistas el arzobispo expresó sus principales propósitos, su itinerario, sus amistades, sus metas, su pasatiempo y principalmente extrajo parte de su pensamiento, que ha venido edificando a lo largo y ancho de su ministerio, algo así como lo que anunciaba Antonio Machado en su poesía, Caminante no hay camino se hace camino al andar. Fue en la radio donde se perfilaron más especulaciones, en el programa Reflexiones desde Tepeaca que conduce el cronista Francisco Jiménez Villa, en el programa Futuro Común que conduce el licenciado Jesús Gómez Reyes y en el programa Así es vivir con fe que conducen Marichel y Roberto Martínez Otelo. (En el programa radiofónico Así es vivir con fe se han hecho comentarios interesantes al respecto, especialmente en la participación del lunes de la Pastoral Familiar, se debe en gran parte a la coordinación de los conductores del programa y al esfuerzo inagotable del padre Alejandro Vázquez Espinosa. En varios programas de radio se han hecho comentarios suficientes sobre don Víctor Sánchez Espinosa. El sábado 26 de enero de 2008 por primera vez se habló en radio de la posibilidad de que fuera arzobispo de Puebla en un diálogo entre el licenciado Francisco Jiménez Villa, el licenciado César Musalém y el autor de estas líneas, en el programa Reflexiones desde Tepeaca en la estación Punto 10: 10 AM; de lo cual surgieron dos programas más, uno el domingo 8 de febrero de 2009 y otro, el domingo 29 de marzo en el mismo programa; el 29 de marzo en el programa Futuro Común en la 12:80 AM, hubo un diálogo muy interesante sobre ese tema entre Jesús Gómez Reyes, Abraham Acosta y Juvenal Cruz Vega. El martes 31 de marzo el padre Eugenio Lira Rugarcía dio una información muy completa en una entrevista con Nancy de la Sierra en el programa Mirada Pública del canal 26 de SICOM. Además, otros comunicadores expresaron repetidas veces algunos aspectos de la obra de don Víctor, por ejemplo: Javier López Díaz, Carlos Martín, Fernando Canales, Enrique Montero Ponce, etcétera. En el Semanario Koinonía han venido publicando muchas notas sobre don Víctor Sánchez Espinosa a partir del 8 de febrero de 2009 o del número 566).

5). Personalidad de Monseñor Víctor Sánchez Espinosa

Sin duda, la personalidad del octavo arzobispo de Puebla ha tenido una grande trayectoria: académica, pastoral y diplomática. Conoce muy bien el presbiterio poblano, está en la proporcionalidad del mismo, por un lado, es discípulo de los presbíteros mayores y maestro de los jóvenes, eso le da un vasto horizonte para continuar su misión en la Arquidiócesis, la que él mismo ha trazado: el fortalecimiento de la familia, la pastoral vocacional y la formación de los agentes de pastoral. Su presencia en Puebla es una gracia divina, un símbolo y un privilegio porque es el último de los 27 obispos exalumnos del Seminario Palafoxiano de Puebla en todo el siglo XX y es heredero en la silla episcopal de siete arzobispos que han dejado huellas imborrables en la historia de Puebla. (Cuando hablo de la gracia divina, lo hago desde el punto de vista de la fe, porque la elección de un obispo es diferente a la elección de un gobierno civil. Es un símbolo para muchos que lo vemos como un signo y una figura que trasciende el significado normal para evocar la realidad de su ministerio. En el mismo sentido que simboliza la presencia de un sacerdote en la comunidad, al decir sin decir, incluso al hacer sin decir. Expresamente me refiero al símbolo del sacerdote del que habla el doctor Mauricio Beuchot Puente en la entrevista que le hicieron en la UNAM. “Beuchot Puente Mauricio: “Premio Universidad 2000”, entrevista de Napoleón Conde Gaxiola, en Revista Ecuménica, núm. 5, México, 2001, p. 74. El tercer aspecto es más histórico y cultural porque es un privilegio que don Víctor Sánchez sea hasta ahora, el último obispo de los 27 exalumnos del Seminario Palafoxiano desde 1902 con don Ramón Ibarra y González hasta la llegada del VIII arzobispo de Puebla. Los nombres de los 27 obispos son: Ramón Ibarra y González, Martín Tritschler y Córdova, Guillermo Tritschler y Córdova, Enrique Sánchez Paredes, José Ignacio Márquez y Toriz, Alberto Mendoza Bedolla, Luis M. Altamirano Bulnes, Lucio Torreblanca Tapia, Octaviano Márquez y Toriz, Alfonso Espino Silva, Emilio Abascal Salmerón, Alfonso Reyes Ramos, Rafael Ayala Ayala, Anselmo Zarza Bernal, Bartolomé Carrasco Briseño, Ernesto Corripio Ahumada, Luis Munive Escobar, Manuel Castro Ruiz, Serafín Vázquez Elizalde, José Trinidad Medel Pérez, Magín C. Torreblanca Reyes, Gilberto Valbuena Sánchez, Rosendo Huesca Pacheco, Ricardo Guízar Díaz, Salvador Martínez Pérez, Efrén Ramos Salazar y Víctor Sánchez Espinosa. También es heredero en la sede episcopal de los siete arzobispos de Puebla. Sus nombres son: Ramón Ibarra y González (1902-1917), Enrique Sánchez Paredes (1919-1923), Pedro Vera y Zuria (1924-1945), Ignacio Márquez y Toriz (1945-1950), Octaviano Márquez y Toriz (1951-1975), Ernesto Corripio Ahumada (1976-1977) y Rosendo Huesca Pacheco (1977-2009). Hay una biografía de los 27 obispos en mi libro intitulado “Las virtudes de un cura rural”. La biografía de los siete arzobispos de Puebla puede verse en tres libros: “Antología conmemorativa del 450 aniversario de la erección de la Arquidiócesis de Puebla. Justino Cortés Castellanos, Puebla, Pue, 1977; Justo García: Un sendero de luz y alegría, Opu. Cit; La Arquidiócesis Angelopolitana en el vuelo secular de sus siete Arcángeles (1904-2004), Sergio Fuentes Gutiérrez, Puebla, 2004).

Hay quienes han querido verlo con una vertiente por uno de los extremos de la izquierda o la derecha eclesiástica, otros han querido ver su inclinación por algún partido político y en el horizonte surgirán nuevos subjuntivos que pretendan maquillarlo. (Recientemente salió publicado un artículo firmado por Eduardo García Casas, titulado Don Rosendo, Misión cumplida. Revista Líder, Publicación mensual de Grupo Líder Editorial, Puebla, Pue., 17 de abril de 2009, p.11). El viejo Solón, uno de los siete sabios de Grecia y gobernador de Atenas mientras estaba en agonía pensaba en el resultado de la conciliación de las leyes entre todas las versiones de su pueblo, y sólo las palabras de Solón quedaron inmortalizadas: “Al tratar de conciliar las leyes entre todos los ciudadanos parece que no complací a nadie”. (Véase Solón de Atenas, Adolfo J. Domínguez Monedero, Editorial Crítica, Barcelona, 2001, 300 pp. Este hermoso libro debe ser leído por toda persona que esté al frente de una institución).

A don Víctor Sánchez le ha tocado vivir el modo indicativo, una época difícil en varios entornos de la vida humana, un mundo que padece el apogeo de la posmodernidad. Hace dieciséis siglos cuando San Agustín hablaba de los tiempos, había escrito como si fuera de nuestro tiempo: “Mala tempora, laboriosa tempora dicunt hoc homines, nos sumus tempora, quales sumus, talia sunt tempora.” (Malos tiempos, tiempos difíciles, dicen estas cosas los hombres, nosotros somos los tiempos, como somos nosotros, así son los tiempos. Citado por José Rubén Sanabria, “Ética y postmodernidad”, en Revista de Filosofía, Año XXVI, núm. 80, UIA, México, 1994, p. 96). La respuesta la tiene el arzobispo, ojalá siga conservando la sencillez que muchos le hemos conocido. Al inicio de su gobierno tiene buena aceptación del pueblo, los buenos resultados, la realización real de sus proyectos o en su defecto el fallido de su trabajo, dependerán de lo que haga en adelante y la sabiduría y prudencia de su equipo.

Quizá haya más notas que escribir en relación con otros trabajos similares. Esta versión no es una necesidad sobreañadida a la vida del arzobispo, sino un rasgo esencial de algunos espectros de su manera de ser que he detectado de su gobierno en la Arquidiócesis de Puebla. Dejo abierto este opúsculo para que vengan otros trabajos y completen mi esfuerzo preliminar.

Epílogo

Al llegar al final de la investigación considero necesario apuntar una apreciación sobre lo que tracé como objetivo principal, esto es, exponer al sacerdote como promotor de la cultura en la comunidad. Esta tarea es tanto más difícil en el sentido de que el tema de suyo es objeto de múltiples interpretaciones, sobre todo, cuando al sacerdote se le desprecia en muchos medios de comunicación al resaltar solamente lo negativo de su personalidad, y muchas veces se le carga lo negativo de otros sacerdotes.

Varias veces he disentido con las tesis negativas sobre el sacerdote, porque   en ellas, muchos autores anticlericales han hecho públicas sus diferencias con la Iglesia Católica tengan razón o no. Como una respuesta a sus argumentaciones, poniendo una antítesis he hecho saber que hay demasiados sacerdotes que son grandes pastores en la comunidad y en la universidad, y que su obra puede considerarse como un modelo para la reconstrucción de la cultura en varias formas de expresión. Para esto me he ayudado de la hermenéutica analógica con la que hago armonía entre los diversos valores que enseña el sacerdote. (Véase mi artículo El humanismo icónico analógico del sacerdote, en Revista Koinonía, Revista mensual de Arquidiócesis de Puebla, Puebla, Marzo-Abril, 2008, pp. 6-22).

Ojalá que estas páginas escritas hayan contribuido al conocimiento de un ámbito casi desconocido de la historia de México. Sé que no pocos lectores han expresado personalmente muchos testimonios del pastor de su comunidad. Lo que he dicho en el desarrollo de este opúsculo, algunos lo relacionarán con la vida de su párroco y de su vicario. Termino este trabajo deleitando al lector con un hermoso pensamiento bilingüe intitulado Las huellas del Señor, en el cual se reúnen los momentos más persuasivos del arzobispo de Puebla, don Víctor Sánchez Espinosa. 

Vestigia Domini

Este hermoso texto fue compuesto en español por el doctor Guillermo Hernández Flores, condiscípulo del arzobispo. La versión latina estuvo a cargo del autor de estas líneas y fue leída en latín por el padre Guillermo Hernández en la celebración eucarística de la Solemnidad Patronal en el Santuario de Nuestra Señora de la luz, el 27 de mayo de 2010. La interpretación del texto refiere cinco momentos de ambos personajes: condiscípulos en el Seminario Palafoxiano de Puebla, compañeros de ordenación sacerdotal en la Basílica Catedral de Puebla, compañeros en el Colegio Mexicano de Roma, profesores en el Seminario Palafoxiano y la amistad y lealtad de un sacerdote y un obispo; el primero, un sacerdote sabio que muestra obediencia y humildad a su pastor, el segundo, un obispo que invita a su presbiterio a caminar: “ Y ahora, ya no van junto a mí. Ahora me señalan el camino. Ahora, ya no caminan junto a las mías. Ahora me invitan a caminar”.  Es digno mencionarse que este texto fue el tema central de la entrevista al arzobispo que le hizo el licenciado Jesús Gómez Reyes en el programa radiofónico Futuro Común, el 31 de mayo de 2009.

Custodes vestigiorum loquuntur
 et meminisse
nos facient itinera. 

Qui illi caventes
itineris nostri, vestigiorum viatores,
hereditatem fecerunt in nobis.  

Si vestigii illius profunditatem
difficillimam valde delendam,  
tamen antiqua adsunt in condiscipulorum seminario,
alia  maxime in sacerdotio fraterne,
alia in romanis universitatibus;
proprioria alia in palafoxianis cathedris.

Omnes autem memoria tanta fuit!  

Vestigia tua tamen
procul longe abeunt
atque in itinere matura
temporis tui largitate sunt.

Iam non prope me eunt,
nunc viam ostendunt in praesenti,
Iam non prope mea ambulant
nunc ambulare me vocant.


Las huellas del Señor

Los caminos, guardianes de las huellas,
hablan y nos hacen recordar.

Y somos nosotros,
itinerantes de huellas,
que ellos, al guardar,
hicieron la herencia
de nuestro propio caminar.

Hay huellas cuya hondura
es muy difícil borrar;
unas, ya viejas,
de condiscípulos en el seminario,

Otras, más nuevas,
de hermanos en el sacerdocio;
unas lejanas en las universidades romanas,

Otras más cercanas
en las cátedras palafoxianas;
pero todas ellas nostálgicas.

Tus huellas, sin embargo,
se han ido más lejos
en un camino que ha madurado
con la generosidad de tu tiempo.

Y ahora, ya no van junto a mí,
ahora me señalan el camino,
ahora, ya no caminan junto a las mías,
ahora me invitan a caminar.
Finalmente, de las huellas, unas se adelantan y otras se rezagan,
Pero todas al final de los caminos se igualan.
Los caminos guardianes de las huellas, callan y nos hacen olvidar.

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