Remesas recuperan dinamismo.
2026 será un año de crecimiento.
Por Ricardo Caballero de la Rosa
Las remesas enviadas a México recuperaron fuerza durante junio y confirmaron una tendencia de recuperación que comenzó a observarse desde principios del año. De acuerdo con información del Banco de México (Banxico), los ingresos por remesas provenientes del exterior ascendieron a 5,472 millones de dólares en junio, monto que representó un incremento anual de 4.2% frente al mismo mes de 2025.
El resultado tiene relevancia porque prolongó a cinco meses consecutivos la expansión anual de las remesas. Además, junio constituyó el segundo mes consecutivo en que los ingresos superaron los 5,000 millones de dólares, después de los 5,611 millones registrados en mayo.
Con ello, el flujo mensual promedio observado durante el primer semestre alcanzó aproximadamente 5,127 millones de dólares, el nivel promedio más elevado para un primer semestre al menos en la última década. En conjunto, entre enero y junio México recibió 30,759 millones de dólares, 3.1% más que en el mismo periodo del año anterior.
La recuperación resulta particularmente significativa porque ocurre después de la contracción registrada durante 2025. Ese año las remesas disminuyeron 3.9%, luego de la revisión al alza efectuada por Banxico, y el flujo enfrentó un entorno menos favorable debido a la mayor presión migratoria en Estados Unidos y a un mercado laboral menos dinámico para los trabajadores mexicanos.
Las perspectivas para el conjunto de 2026 son, por tanto, más favorables que las que prevalecían al inicio del año. BBVA Research estimó en junio que las remesas podrían cerrar el año con un crecimiento cercano a 2%. El desempeño acumulado hasta junio, superior a esa tasa, abre la posibilidad de que el resultado anual sea incluso mejor, aunque todavía existen riesgos asociados al endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses, al comportamiento del empleo y a la evolución del tipo de cambio.
Para 2027, el escenario es menos definido. No existe todavía una previsión puntual suficientemente consolidada que permita anticipar un monto específico. Sin embargo, la trayectoria sugiere que las remesas continuarán siendo una fuente estructural de divisas para México, aunque difícilmente mantendrán indefinidamente tasas elevadas de crecimiento. El envejecimiento de la población migrante mexicana, las condiciones del mercado laboral estadounidense y una política migratoria más restrictiva podrían limitar su expansión.
Así, el dato de junio debe interpretarse como una señal clara de recuperación, pero no necesariamente como el inicio de un nuevo ciclo de crecimiento acelerado. Las remesas muestran resiliencia; su desafío para 2027 será sostenerla en un entorno internacional y migratorio considerablemente más restrictivo.
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