La infancia y la vocación de Ciro el Grande. La perspectiva de Heródoto. Historia, I, 114-117.
Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz
Εὕρημα γὰρ εὑρήκαμεν ἡμέας τε αὐτοὺς, ἡμέων τε αὐτῶν ἐπιμεληθῆναι καὶ τῶν οἰκετέων”. Pues de hallazgo nos hemos hallado a nosotros mismos, cuidemos de nosotros mismos y de los familiares. Heródoto, VIII, 109.
Advertencia.
En esta disertación comparto el segundo de tres artículos que considero de sumo interés para los lectores de la literatura clásica y para los lectores de El Comunicador Puebla. El primero lo titulé La infancia de Aquiles. La perspectiva de Apolodoro de Atenas. Biblioteca III, 13, 6. El segundo lo he titulado La infancia y la vocación de Ciro el Grande. La perspectiva de Heródoto. Historia, I, 114-117, y el tercero La infancia y la sabiduría de Jesús. La perspectiva del evangelista Lucas. Los tres personajes son inmortales y forman parte de la sabiduría popular y escolar dentro y fuera de las instituciones. Como escribí la semana pasada: De Aquiles recordamos todos los días el famoso dicho, el talón de Aquiles. A Ciro el Grande lo inmortalizaron los historiadores griegos, Jenofonte en su Ciropedia al enaltecer a Ciro y la educación de los persas, y Heródoto en su Historia, al presentarlo como un rey desde la infancia. Así también Jesús de Nazareth forma parte de esta sabiduría, y Lucas, el discípulo del Apóstol Pablo al escribir su evangelio, escribió un discurso muy hermoso, lleno de mucha sabiduría, historia, filosofía y teología en la primera parte de su evangelio. (Lc. 2, 39-52). En los textos, Aquiles tenía nueve años de edad, Ciro tenía diez años y Jesús doce años. Los tres fueron formados con disciplina durante la infancia, lo cual es una enseñanza para las nuevas generaciones. Pues, a decir verdad, la historia de los grandes pensadores en todas las épocas ha referido que esos hombres han llevado una vida de estudio desde la casa y desde la infancia. La historia de la escuela en las culturas avanzadas comenzó a formar a los niños desde los siete años. Sin duda, son un ejemplo: Persia, Egipto, Esparta, Atenas, Alejandría, Roma; más tarde el Renacimiento, el mundo prehispánico, la Nueva España, México independiente, Puebla y el mundo entero.
Los grandes humanistas de México cuando llegan a hablar de su vida personal recuerdan la formación desde su infancia, ya sea en su casa, en la escuela, en la iglesia, o incluso algunos llegan a referir que en la calle comenzó su amor por el estudio y por el humanismo. Aquí puede aplicarse en sentido positivo aquellos dichos: “el que con lobos se junta, a aullar se enseña”, “dime con quien te juntas y te diré quién eres”, “hijo de tigre, pintito”.
Esta ocasión presento a Ciro el Grande a través de un fragmento de Heródoto, tomado de su Historia, I, 114-117. Se trata de un texto que en su contenido parece cuento o leyenda, pero con dificultades en el estilo de su griego, como puede verse: “Ciro, cuando tenía diez años de edad, y todavía se consideraba que era hijo de un boyero, jugaba en una comarca con algunos niños. Entonces los niños inventaron que él fuera su rey, y mientras Ciro daba órdenes, unos construían sus casas, otros eran lanceros y los demás hacían otras actividades. (Ὁ δὲ Κῦρος, ὅτε ἦν δεκαετὴς καὶ ἔτι ἐνομίζετο εἶναι υἱὸς τοῦ βουκόλου, ἔπαιζεν ἐν τῇ κώμῃ μετ’ ἄλλων τινῶν παίδων. Οἱ δὲ παῖδες ἐποίησαν αὐτὸν εἶναι ἑαυτῶν βασιλέα. Τοῦ δὲ Κύρου κελεύσαντος, οἱ μὲν αὐτῶν οἰκίας ᾠκοδόμουν, οἱ δὲ δορυφόροι ἦσαν, οἱ δὲ ἄλλα ἔργα ἐποίουν).
Con este motivo trato cinco aspectos en la exposición: Texto bilingüe de la infancia de Ciro el Grande, Noticia biográfica sobre la personalidad del historiador Heródoto, La perspectiva de Ciro el Grande, Gramática del texto bilingüe de Heródoto, y Comentario al texto de Heródoto sobre la infancia de Ciro el grande. Sirva este trabajo de instrumento para fortalecer la metodología, la biografía, la historiografía y la traductología, y como alguna vez había escrito el poeta romano Publio Ovidio Nasón, que cada uno alimente sus propios ojos: “Non ego nobilium sedeo studiosus equorum; cui tamen ipsa faves vincat ut ille precor. Ut loquerer tecum veni tecumque sederem, ne tibi non notus quem facis esset amor. Tu cursus spectas, ego te – spectemus uterque quod iuvat, atque oculos pascat uterque suos”. Yo no me considero un experto de finos caballos, pero ojalá aquel auriga derrote al que tú misma favoreces. He venido para hablar contigo y sentarme junto a ti, no sea que no conozcas el amor que me despierta. Tú contemplas las carreras y yo a ti, observemos ambos lo que nos deleita y cada uno que alimente sus propios ojos. (Ovidio, Amores. III. 2).
1). Texto bilingüe de la infancia de Ciro el Grande. Griego y español
Ὁ δὲ Κῦρος, ὅτε ἦν δεκαετὴς καὶ ἔτι ἐνομίζετο εἶναι υἱὸς τοῦ βουκόλου, ἔπαιζεν ἐν τῇ κώμῃ μετ’ ἄλλων τινῶν παίδων. Οἱ δὲ παῖδες ἐποίησαν αὐτὸν εἶναι ἑαυτῶν βασιλέα. Τοῦ δὲ Κύρου κελεύσαντος, οἱ μὲν αὐτῶν οἰκίας ᾠκοδόμουν, οἱ δὲ δορυφόροι ἦσαν, οἱ δὲ ἄλλα ἔργα ἐποίουν. Εἷς δὲ τούτων τῶν παίδων, υἱὸς ὢν Ἀρτεμβάρους, ἀνδρὸς ἐν Μήδοις δοκίμου, οὐκ ἔπρασσεν ἃ ὁ Κῦρος προσέταξεν. Ἐκέλευσεν οὖν ὁ Κῦρος τοὺς ἄλλους παῖδας αὐτὸν λαβεῖν. Πειθομένων δὲ τῶν παίδων, ὁ Κῦρος τὸν παῖδα μάστιγι ἐκόλασεν. Ὁ δὲ, ἐπεὶ ἀπέφευγεν, μάλιστα ὀργιζόμενος δι’ ἃ ἔπαθεν, ἤγγειλε τὸ γενόμενον τῷ πατρί. Ὁ δὲ Ἀρτεμβάρης, ἐλθὼν παρὰ τὸν Ἀστυάγην καὶ ἅμα ἄγων τὸν παῖδα, εἶπεν• “ὦ βασιλεῦ, ὑπὸ τοῦ σοῦ δούλου, υἱοῦ ὄντος βουκόλου, ὧδε ὑβρίσμεθα” καὶ ἐδήλωσε τοὺς τοῦ παιδὸς ὤμους. Ἀκούσας δὲ καὶ ἰδών, ὁ Ἀστυάγης μετεπέμψατο τόν τε βουκόλον καὶ τὸν παῖδα. Τούτων δὲ παρόντων, βλέψας πρὸς τὸν Κῦρον, ὁ Ἀστυάγης ἔφη• ‛Σὺ δή, ὢν υἱὸς βουκόλου, ἐτόλμησας τὸν τοῦδε υἱὸν ὧδε ὑβρίζειν;’ Ὁ δὲ ἀπεκρίνατο’• Ὦ δέσποτα, ἐγὼ ταῦτα δικαίως ἐποίησα. Οἱ γὰρ ἐκ τῆς κώμης παῖδες, ὧν καὶ ὅδε ἦν, παίζοντες ἐποίησαν ἐμὲ ἑαυτῶν βασιλέα. Ἐδόκουν γὰρ αὐτοῖς εἶναι εἰς τοῦτο ἐπιτηδειότατος. Οἱ μὲν οὖν ἄλλοι παῖδες ἃ ἐκέλευσα ἔπραξαν, οὗτος δὲ οὐκ ἐπείθετο, ἕως ἐκολάσθη. Εἰ οὖν ἄξιός εἰμι κολάζεσθαι, ἐνθάδε πάρειμι.’
Tαῦτα δὲ λέγοντος τοῦ παιδός, ὁ Ἀστυάγης ἐδόκει ἀναγνωρίζειν τὸ πρόσωπον αὐτοῦ καὶ πολὺν χρόνον ἄφθογγος ἦν. Τοῦ δὲ Ἀρτεμβάρους ἀποπεμφθέντος, ἐκέλευσε τοὺς θεράποντας ἔσω ἄγειν τὸν Κῦρον. Ἐπεὶ δὲ ὁ βούκολος ὑπελέλειπτο μόνος, ὁ Ἀστυάγης αὐτὸν ἠρώτησεν πόθεν ἔλαβε τὸν παῖδα. Ὁ δὲ ἀπεκρίνατο ὅτι ἐστὶν ὁ ἑαυτοῦ υἱὸς. Ὁ δὲ Ἀστυάγης ἐσήμαινε τοῖς δορυφόροις συλλαμβάνειν καὶ τύπτειν αὐτόν. Ὁ δὲ ἐν μεγίστῃ ἀπορίᾳ ὤν, ἀληθῶς πάντα ἐξηγεῖτο καὶ ᾔτησε τὸν βασιλέα ἑαυτῷ συγγιγνώσκειν.
Ciro, cuando tenía diez años de edad, y todavía se consideraba que era hijo de un boyero, jugaba en una comarca con algunos niños. Entonces los niños inventaron que él fuera su rey, y mientras Ciro daba órdenes, unos construían sus casas, otros eran lanceros y los demás hacían otras actividades. Pero uno de estos niños que era hijo de Artémbares, un hombre notable entre los Medos no hizo lo que Ciro ordenó. Por consiguiente, Ciro ordenó que los otros niños lo capturaran. Y mientras los niños obedecían, Ciro castigó al niño con un látigo. Y éste, después que se escapó, irritándose mucho por lo que sufrió, comunicó lo acontecido a su padre.
Y Artémbares, habiendo ido a la casa de Astiages y al mismo tiempo llevando a su hijo, dijo: su majestad, hemos sido maltratados tanto, por tu esclavo, el que es hijo del boyero, y le mostró los hombros del niño. Al escuchar y al ver esto, Astiages mandó traer al boyero y a su hijo. Y al estar presentes estos, y mirando a Ciro, el rey Astiages dijo: ¿“en verdad tú, siendo hijo de un boyero, te atreviste a maltratar tanto al hijo de este hombre. Entonces el niño respondió: “su majestad, yo hice justamente estas cosas. Pues los niños de esta aldea, de los cuales también estaba éste, mientras jugábamos, me hicieron su rey.
Pues les pareció que yo era el más capaz para esto. Por consiguiente, los otros niños, hicieron lo que ordené, pero este niño no obedeció hasta que fue castigado. Así pues, si soy merecedor de ser castigado, aquí estoy a la disposición. Y diciendo el niño estas cosas, el rey Astiages le parecía reconocer su semblante y se mantuvo en silencio mucho tiempo. Y al ser despedido Artémbares, el rey ordenó que sus sirvientes llevaran a Ciro adentro de la casa. Y después que el boyero fue dejado solo, Astiages le preguntó que de dónde había tomado al niño. Y éste respondió que era su hijo. Entonces Astiages hizo señas a los lanceros que lo capturaran y lo golpearan. Con todo, el boyero al estar en una gran dificultad relató todo con verdad, y pidió a su rey que lo perdonara.
2). Noticia biográfica sobre la personalidad del historiador Heródoto
El autor del texto es Heródoto, el padre de la historia, tal como lo denominó Marco Tulio Cicerón (Apud Herodotum, patrem historiae, De Leg. I, 1, 5). Y de aquí tomó la inspiración para describir de una forma magistral a la historia al decir: (Historia vero est testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis. Pero la historia es el testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida y noticia del pasado. De or. II, 9, 36).
Heródoto nació en el año 484 antes de Cristo en Halicarnaso de Caria, todavía dependiente de Persia, en la costa de Asia Menor durante la época de oro de Grecia Antigua. Su familia estaba ligada a la corte de la reina Artemisa, pero como él y su familia no favorecían a los persas ni a la corte de la reina, Heródoto tuvo que huir de la tiranía, ya que ésta, consideraba a su familia traidores a la patria, a la patria persa. De allí huyó a Samos y a Atenas.
En el año 444 debido a sus estudios de Historia obtuvo en Atenas la nacionalidad griega. De este modo pudo viajar de una manera más libre y más digna. Así que visitó numerosas veces a Egipto, Cirene, Fenicia y la misma Persia con el fin y el proyecto de investigación.
Como historiador es el primero que relata con un método científico e interdisciplinario la historia de Grecia antigua en una obra magistral, titulada la Historia de Heródoto (Ἱστορίαι), compuesta de 9 libros, la cual comprende trescientos años de lucha entre griegos y persas, y que alcanzó hasta el año 479 a. C, tal como puede verse en las Guerras médicas o Guerras grecopersas. Los alejandrinos dividieron la historia de Heródoto en 9 libros, dando a cada uno el nombre de cada una de las nueve musas. (Los libros V-IX tratan de las Guerras Médicas).
He aquí la descripción de esa nomenclatura con el texto de las musas en griego y español. Αἱ μοῦσαι, αἱ θεαὶ τῶν τεχνῶν καὶ ἐπιστημῶν, εἰσὶν ἐννέα. Μελπομένη ἐστὶ μοῦσα τῆς τραγῳδίας, καὶ Θάλεια τῆς κωμῳδίας· Οὐρανία δὲ ἐπιμέλειαν ἔχει τῆς ἀστρονομίας, καὶ Καλλιόπη τῆς ποιητικῆς τέχνης. Πολυμνία δὲ τὰς ᾠδὰς προστατεύει, καὶ Τερψιχόρα τῆς χορείας. Εὐτέρπη δὲ ἐστι μοῦσα τῆς μουσικῆς, καὶ Κλείω τῆς ἱστορίας, καὶ Ἐρατὼ τῆς λυρικῆς τέχνης. Las musas, esto es, las diosas de las artes y de las ciencias son nueve. Melpómene es la musa de la tragedia y Thalía es la musa de la comedia. Urania tiene cuidado de la astronomía y Caliope tiene el cuidado del arte poética. Polimnia preside el canto y Tersícore es la musa del coro. Euterpe es la musa de la música, Clío es la musa de la historia y Erato del arte de la lírica.
Así podría quedar la nomenclatura de la Historia de Heródoto: Clío-primer libro, Euterpe-segundo, Thalía– tercero, Melpómene-cuarto, Tersícore-quinto, Erato-sexto, Polimnia-séptimo, Urania-octavo y Caliópe-noveno libro. Este texto es del filólogo español Jaime Berenguer Amenós, tomado de su libro Hélade. (Hélade, Jaime Berenguer Amenós, Editorial Bosch, Barcelona, 1999, p. 17). Históricamente nos está transportando al siglo VIII a. C, al contexto del surgimiento y la nomenclatura de los primeros géneros literarios o nueve artes a saber: tragedia, comedia, astronomía, poesía, canto, coro, música, historia y lírica. O sea, que históricamente allí comienza el humanismo occidental.
Con todo, la obra de Heródoto es una síntesis de los conocimientos históricos y geográficos de la época de los tres siglos de la paidéia. Cada uno de sus textos es magistral, tal como puede verse en el texto griego, incluso en las buenas traducciones, comentadas y críticas. En la lengua española hay muchas traducciones, pero dos son respetables. La primera fue publicada en la editorial Gredos en España, con la traducción y notas de Carlos Schrader. Y la segunda en la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana (Biblioteca Mexicana de Escritores Griegos y Romanos), por obra del erudito filólogo mexicano Arturo Edmundo Ramírez Trejo, uno de los más grandes helenistas que ha tenido la Universidad Nacional Autónoma de México. (Puede verse una biografía suya en Diccionario de humanistas clásicos de México, Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, México, 2000).
Así pues, a Heródoto podemos considerarlo el primer historiador en sentido estricto, pues integra la historia con la filosofía, poesía, pedagogía y la filología en sentido moderno. De este modo podemos verlo en cada uno de sus textos, como a continuación se muestra: “εὕρημα γὰρ εὑρήκαμεν ἡμέας τε αὐτοὺς, ἡμέων τε αὐτῶν ἐπιμεληθῆναι καὶ τῶν οἰκετέων”. Pues de hallazgo nos hemos hallado a nosotros mismos, cuidemos de nosotros mismos y de los familiares. (Historia. VIII, 109). A este autor le debemos la descripción y las características de lo que significa la patria de un pueblo. Al respecto hay un hermoso comentario que nos comparte Carmen Chuaqui en su libro Grecia en tres tiempos al decir: “Si hemos de hablar de los griegos y de aquellos a quienes consideran enemigos, hay que saber qué características distinguen a ambos grupos. En Heródoto encontramos una delimitación de la etnicidad; el historiador dice que los griegos comparten la misma sangre (homaimón), lengua (homóglosson), religión (theón hidrýmata te koiná kaí thisíai ethea, es decir, los templos de los dioses y los sacrificios que tenemos en común) y cultura (homótropa: las mismas costumbres). (Grecia en tres tiempos, Carmen Chuaqui, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2005, p. 16; también véase Historia, Heródoto, VIII, 144).
Así que aquí puede verse a Heródoto como el historiador y el antropólogo de Grecia antigua, el pensador que estudió y analizó a los griegos desde afuera, describiendo la patria como la tierra, la lengua, la sangre o la hermandad y las costumbres o los valores. Tuvimos que esperar a Platón, el filósofo, quien estudió a los griegos por dentro, dotándolos de cuatro virtudes en común: la sofía, la andréia, la sofrosýne y la dikaiosýne. Pues en la República, Platón escribe: “a mi parecer, nuestra ciudad, si está bien fundada, alcanzará el grado de bondad. Y por ello, será sabia, valerosa, sensata y justa. (Platón, República, IV, 427 e).
La doctora Carmen Chuaqui comenta al respecto: “dichas virtudes, entonces, son aplicables tanto a las ciudades, como a los ciudadanos y, en el caso que nos va a ocupar, cuando los ciudadanos forman parte de un ejército, hay otra virtud necesaria: la peitharchía, la obediencia o disciplina. El individuo que carezca de estas virtudes, será un mal griego o formará parte del otro, es decir, del extranjero o del enemigo”. (Grecia en tres tiempos. Opu. Cit, p. 17).
3). La perspectiva de Ciro el Grande
El personaje central de este relato es Ciro el Grande, rey de Persia y fundador del imperio persa 559-529 a. C; era hijo de Cambises, de la familia de los Aqueménides, rey de Media, y Mandana, hija del rey Astiages, rey de la Media. Durante su infancia fue criado en el desierto por miedo a un presagio que anunciaba el destronamiento de Astiages por su culpa. En su madurez derrotó a su abuelo Astiages y lo expulsó de su trono, y hacia el año 549 había extendido el dominio persa hacia el este en los límites del río Halis. Conquistó Lidia y Babilonia, Asiria, Siria y Palestina. Derrotó y capturó a Creso, rey de Lidia. Igualmente administró un extenso imperio con benevolencia, sabiduría y prudencia. Es reconocido mundialmente como un hombre ejemplar por haber liberado a los judíos de su cautiverio en Babilonia.
Tuvo un sueño de extender su imperio hacia Occidente, el cual casi lo cumplen Darío I y Jerjes I en las Guerras médicas. El sueño de Ciro el Grande fue cumplido a la inversa durante el reinado de Darío III por obra de Alejandro Magno, el cual venció a Persia en la batalla de Arbelas y extendió el imperio griego hacia el Oriente.
Sin duda, para el historiador Jenofonte, Ciro fue un ejemplo del gobernante ideal, tal como lo describe el historiador en los ocho libros que componen su voluminosa obra Ciropedia.
En efecto, el paradigma de Ciro puede confrontarse con otros gobernantes dignos de mención tales como: David (1010-970), Salomón (970-937), Solón (639-559), Pericles (495-429), Arquitas (430-350), Alejandro Magno (356.323), Tolomeo I (367-283), Cayo Julio César (100-44), Octavio César Augusto (63 a. C-14 d. C), Adriano (76-138), Marco Aurelio (121-180), Carlo Magno (742-814) y Federico el Grande (1125-1190).
El texto griego es una adaptación o paráfrasis de Heródoto en Historia, I, 114-117, la cual nos presenta la doctora Lourdes Rojas Álvarez en su manual de griego (Iniciación al griego, Volumen I, UNAM, 2005, pp. 248-249). En ese texto se nos presenta la infancia de Ciro, teniendo diez años de edad y jugando con unos niños a ser rey, lo cual será cumplido a los dieciocho años al enfrentarse a su abuelo materno Astiages. Aquí puede deducirse, ya desde la infancia las primeras manifestaciones de la vocación de Ciro, una parte era por la genealogía de su familia y otra, por su formación en la sabiduría. O sea, que Ciro aprendió a ser rey, pero también lo traía en las venas, en las arterias, en el alma, como solemos decir, debido a su genealogía. Así que el texto es un buen testimonio para llevar a los estudiantes al estudio del griego antiguo, sobre todo, al griego de la paidéia, del helenismo y de la época imperial.
4). Gramática del texto bilingüe de Heródoto
Lo interesante de este estudio es la síntesis gramatical que allí se muestra, desde la morfología variable e invariable hasta la sintaxis simple y compuesta. Lo más interesante del texto griego es el estudio de un periodo, esto es, la oración subordinada, que se encuentra de cuatro tipos a saber: subordinada circunstancial, de relativo, de infinitivo y de participio. Lo más elegante del texto es el uso del genitivo absoluto y la oración completiva de infinitivo. Como en mi artículo anterior, este texto es muy apto para aprender la sintaxis compuesta, que es la más importante y la más difícil en el griego antiguo. Lo más interesante y lo que vale la pena estudiar en el ámbito universitario es la oración subordinada, y especialmente el tiempo verbal, llamado aoristo. Por eso conviene tener a la mano la esencia de esta oración, tal como ya lo hecho ver en mi artículo La infancia de Aquiles. Y la perspectiva de Apolodoro de Atenas. En Biblioteca III, 13, 6. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 12 de abril de 2026.
El aoristo en español es un tiempo verbal y tiene que ver con las equivalencias con el pretérito perfecto del latín, el perfecto del hebreo y los tres perfectos del español. Se entiende mejor con su etimología, cuyo verbo es: perficio-perficis-perficere-perfeci-perfectum: terminar, acabar. Porque en el perfecto la acción ya se acabó. Como se dijo, puede identificarse el aoristo con el perfecto. Así pues, puede traducirse el verbo ἐπαίδευσας: has instruido, instruiste, acabas de instruir. La raíz de aoristo es el adjetivo de segunda clase ἀόριστος–ἀόριστον: indefinido, ilimitado; compuesto a su vez de α privativa: sin. Y el verbo transitivo ὁρίζω–ὁρίσω–ὥρισα–ὥρικα–ὁρίσθην: limitar, fijar los límites, delimitar, definir.
Las cuatro características de un verbo puesto en tiempo aoristos las diré de una forma esquemática del siguiente modo: desinencias, aumentos, sufijo y raíz.
1). Desinencias. En la voz activa son: ν ς τ μεν τε ντ. En la voz pasiva son: μην σο το μετα σθε ντο.
2). Aumento. El aoristo al ser un tiempo secundario igual que el imperfecto y el pluscuamperfecto, tiene aumento en el modo indicativo. Los tiempos secundarios tienen sentido temporal de acción pasada. Por eso todos los tiempos secundarios tienen sentido temporal al mismo tiempo que tienen sentido de cualidad de la acción. Por tanto, los demás modos no tienen aumento. En la lengua griega hay dos tipos de aumento: uno se llama silábico, el cual consiste en anteponer una ε a la raíz, y se pone cuando el verbo comienza con una consonante, por ejemplo: ἐποίησαν (hicieron, inventaron). El segundo aumento se llama temporal, el cual consiste en alargamiento de la vocal inicial. Si el verbo comienza con α y ε, éstas, se alarga a η. Pero si el verbo comienza con los diptongos: αι, ει y οι, la α y la ε se alargan a η y la yota (ι) se subscribe. Y ο (ómicrom) se alarga a ω (omega) y la yota (ι) se subscribe.
3). Sufijo. El sufijo es la característica propia de cada tiempo. En el texto aparecen dos tiempos secundarios: el imperfecto y el aoristo, ambos tienen un sufijo cada uno. El imperfecto tiene: ε y ο. El aoristo tiene σα en todas las personas y en la tercera persona del singular tiene σε. El sufijo se pone entre la raíz verbal y la desinencia. Por ejemplo: ἐποίησαν (ἐ–ποίη–σε).
4). Raíz. La raíz es el elemento básico y primitivo de la palabra. Hay dos tipos de raíces que se conocen como primera raíz y segunda. El aoristo primero o simplemente aoristo usa la primera raíz. Y el aoristo segundo y tercero usan la segunda raíz del verbo. El aoristo σα y σε en la tercera persona se llama simplemente aoristo. Hay dos teorías sobre los otros aoristos. Una de ellas, sostiene que hay aoristo segundo y tercero. El primero se construye con la primera persona del presente indicativo, de donde se considera la primera raíz. Los aoristos segundo y tercero se construyen con la segunda raíz de los verbos polirrizos; ambos se distinguen porque el segundo aoristo tiene sufijo de imperfecto (ε y ο) y el tercero no tiene sufijo. La segunda teoría sostiene casi lo mismo: habla de dos aoristos, uno con segunda o tercera raíz y con el sufijo de imperfecto (ε y ο), y otro con la segunda o tercera raíz sin sufijo. Véase más detalles Gramática griega, Enrique Serraima, UPM, pp. 50-51.
5). Comentario al texto de Heródoto sobre la infancia de Ciro el grande
El texto es objeto de estudio de la hermenéutica, y ésta va de la mano con la filología y la exegesis. Las tres disciplinas hacen un estudio en común al estudiar un texto literario, porque lo interpretan, lo analizan, lo sintetizan, lo comentan y lo critican. (Hay tres libros que merecen recomendarse: Perfiles esenciales de hermenéutica, Mauricio Beuchot, Instituto de Investigaciones Filológicas. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1997, pp. 100; Amantes de la palabra, Pedro C. Tapia Zúñiga, en Aproximaciones. Lecturas del texto. Instituto de Investigaciones Filológicas. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1995, pp. 19-40); Texto y sintaxis, José G. Moreno, ibidem, pp. 79-94).
De todos los comentarios que puedan extraerse haré una nota un poco amplia, sobre la etimología de la palabra páthos y su relación con otras palabras y disciplinas. La inspiración la he tomado de una de las sentencias del texto griego, la cual pongo de modo bilingüe: Ὁ δὲ, ἐπεὶ ἀπέφευγεν, μάλιστα ὀργιζόμενος δι’ ἃ ἔπαθεν, ἤγγειλε τὸ γενόμενον τῷ πατρί. (Y éste, después que huyó, habiéndose molestado mucho por lo que sufrió, comunicó lo ocurrido a su padre). La explicación es por esta palabra ἔπαθεν, es un verbo conjugado en aoristo indicativo, voz activa y traducida: sufrió o padeció.
Así, pues, al hablar de la palabra páthos, podemos referirnos a muchas palabras que comparten la misma raíz. Por ejemplo: patología, patético, patogenicida o simplemente, hablamos de la pasión en sus múltiples acepciones y usos. Esto significa hacer un diálogo interdisciplinario, al menos entre las disciplinas más estrictas, arcanas y cercanas de las ciencias humanas, como: gramática, etimología, morfología, semántica, hermenéutica, filología, filosofía, psicología, teología, medicina, entre otras. Sin hacer un debate sobre las palabras, sólo con el fin de acercarse al significado originario, pues al conocer mejor las palabras podremos conocer mejor las cosas, así como solía decir el gran erudito y humanista romano Marco Terencio Varrón.
Respecto a la raíz de la palabra páthos, y que tantos problemas ha dado en la historia de la lengua y de diversas corrientes de pensamiento, también merece estudiarse otras palabras, cuyo parentesco puede apreciarse su raíz, por ejemplo: empatía, apatía, antipatía, patógeno, o como ya dije arriba: patología, patogenicida, pasión y muchas más.
Entre mis artículos guardo uno, que por cierto tiene que ver con lo que estoy apuntando y que he titulado: “Defensa apasionada del humanismo”. (Defensa apasionada del humanismo. Un viaje a través de la historia. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 21 de octubre de 2024). Igualmente, mi maestro, el doctor Guillermo Hernández Flores (1949-2020) escribió una conferencia que puso como introducción a su libro Filosofía náhuatl, y que él mismo tituló: “El páthos de la filosofía náhuatl”. (Conferencia magistral, dictada en la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, 28 de junio de 2014).
Con todo, al hacer diacronía y sincronía de la lengua española podemos advertir que lo más cercano a nosotros es la lengua latina con el verbo deponente patior-pateris-pati-passus sum: padecer, sufrir, tolerar, aguantar. Este verbo por su similitud en raíz y significados se acerca al verbo griego πάσχω (πάθσκω)-πείσομαι-ἔπαθον–πέπονθα. Primera raíz: πάσχ. Segunda raíz: παθ, πεθ, ποθ, cuyos significados más comunes son: sufrir, padecer, experimentar, estar afectado de esta o la otra manera, a veces significa morir.
La palabra páthos es una transliteración del griego πάθος-εος-ἡ; πάθη-ης-τὸ; πάθημα-παθήματος-τὸ. Los tres sustantivos tienen la misma raíz–πάθ, y por lo tanto, el mismo significado, es decir, todo lo que uno experimenta o siente, prueba, suceso, coyuntura, castigo, sufrimiento, desgracia infortunio, triste suerte, desastre, enfermedad, muerte, estado de alma disposición moral (piedad, placer, amor, tristeza, odio cólera, afición penal), cambio, fenómeno, afecto sentimiento y pasión.
Hemos señalado el verbo griego πάσχω, sin duda alguna, éste es la raíz del sustantivo πάθος–εος. En la morfología griega encontramos dos raíces de dicho verbo. La primera πάσχ, la utilizan todos los presentes de los modos indicativo, subjuntivo, imperativo, optativo e infinitivo. La segunda raíz, πάθ la utilizan el futuro activo y medio, aoristo activo y medio, aoristo futuro pasivo y el perfecto activo medio, y sobre todo, el aoristo segundo.
Pongo un ejemplo de cada una de las raíces para ver la transformación morfológica y fonética de la palabra páthos. He aquí un ejemplo en griego con su traducción al español: a). Ὁ δοῦλος ἔλεγε αὐτὸν πάσχειν δικαίως.οὐ γὰρ ἔδει λυμαίνεσθαι τὰ φύλλα τοῦ ἀμπέλου. (El esclavo decía que él sufría justamente, pues no era necesario estropear las hojas de la vid). b). Ὁ δὲ παῖς, ἔπει ἀπέφευγεν, μάλιστα ὀργιζόμενος δι᾿ἃ ἔπαθεν, ἤγγειλε τὸ γενομένον τῷ πατρί. (Después que el niño huyó, habiéndose encolerizado mucho por las cosas que sufrió, anunció lo sucedido a su padre).
Así pues, la polisemia nos indica la presencia de varios significados de una sola palabra. Aquí valdría la pena hacer una anotación de la etimología, porque ésta, investiga el origen de cada palabra. Una palabra que puede tener varias acepciones o significados. La etimología indica cual fue el significado primitivo y como se fueron derivando otros significados. La evolución de significado, experimentada por las siguientes palabras, nos servirá de ejemplo de los cambios de significado por cambios semánticos de las palabras.
En consecuencia, la palabra πάθος indica, fundamentalmente, sentimientos en general; por eso éste, es el significado con que interviene en la composición de las palabras a saber: Apatía, de α privativa-sin y el sufijo παθεία: sentimiento, es decir, una persona sin sentimientos, sin interés por nada, impasible de ánimo, dejadez intolerancia, falta de vigor o energía.
De esa misma raíz se compone la palabra antipatía, cuya composición viene de la palabra griega ἀντί, preposición que rige genitivo: enfrente, de frente, de cara, en vez de, en lugar de, por, a la manera de, en lugar de, en nombre de. Literalmente antipatía es oposición de sentimientos en contra, es una afección o dolencia, es decir, una repugnancia natural o instintiva que se siente hacia alguna persona o cosa, en sentido figurado es una oposición recíproca entre seres inanimados.
Igualmente, la palabra simpatía viene de esa misma raíz. Aquí el prefijo tiene sentido preposicional y adverbial, como la preposición σύν, rige dativo de compañía: con, a favor de, bajo la dirección de, juntamente con, junto con; como adverbio, se traduce: juntamente, a la vez. Se trata de una comunidad de sentimientos, esto es, de una conformidad, inclinación o analogía en una persona respecto de los afectos o sentimientos de otros, más sencillo es una atracción.
Igualmente, la palabra empatía toma su raíz de la preposición griega εν, la cual significa: dentro, entre, en. Edith Stein, filósofa judía-alemana, discípula del filósofo Husserl, en su tesis de doctorado Sobre el problema de la empatía llevó esta palabra de la etimología a la fenomenología, filosofía, teología y psicología. Así pues, el significado general que le han dado a la empatía en la actualidad es la sintonía afectiva que establece la amistad terapéutica con el paciente. Es el conocimiento intuitivo del significado de los sentimientos, las emociones y la conducta de otra persona, la capacidad de experimentar en uno mismo los sentimientos, ideas de otra persona, de ponerse uno en el lugar del otro, de comprender a las personas en su marco de referencia, más que desde uno mismo.
Los ejemplos anteriores indican la pluralidad de significados en una palabra. Aún el sentimiento se entiende de muchas maneras, esto nos recuerda la frase de Aristóteles al principio de su Metafísica, cuando dice: τὸ δὲ ὄν λέγεται μὲν πολλάχως (el ser se dice de muchas maneras). Pues no se trata solamente del sentimiento en sentido literal, sino también de la pasión, de ahí que los médicos hablan de patología, cuando constituyen que la pasión es una enfermedad, y por antonomasia, la patología es la parte de la medicina que estudia las enfermedades. Evidentemente, según los aparatos, se diferencian las distintas especialidades médicas: patología digestiva, neurología, cardiovascular, etcétera.
Si hacemos hermenéutica y exégesis del verbo griego πάσχω lógicamente tendremos un horizonte más amplio, interpretando un texto, con método y disciplina. Si se trata de un texto ajeno a nuestra lengua, es mejor no inclinarse por una traducción literal ni libre, sino, analógica en donde resplandezca lo diferente, lo otro, integrando todos los extremos que se puedan encontrar en el texto original. Por eso sí estamos interpretando la palabra πάσχω como dolor o sufrimiento, es necesario ver todos los espectros de esos términos para poder apreciar qué aspecto se está señalando sobre el dolor o el padecer.
Por último, es necesario referir que en latín hay varios textos clásicos que nos dan otras perspectivas del término pathos. Por ejemplo, Publio Ovidio Nasón escribe: “ne mihi mors misero bis patienda foret” (que yo infeliz, no tuviese, que padecer la muerte dos veces). César “Gravissimum supplicium pati” (padecer un terrible suplicio). Horacio “Pauperies juvet quidvis et facere et pati” (la pobreza obliga a realizar y sufrir cualquier cosa). Tito Livio “Nec vitia nostra nec remedia pati possumus” (No podemos tolerar nuestros defectos ni su remedio). Marco Fabio Quintiliano también tiene una hermosa sentencia: “pati incommodum” (Aguantar o sufrir una molestia).

