Opinión

Historiografía y biografía de cuatro poblanos palafoxianos

Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Advertencia

La biografía es un género literario que trata de la vida de las personas desde un punto de vista interdisciplinario, con metodología y contenido cultural. Es común en muchas culturas la semejanza y la diferencia del arte de hacer biografías. Los griegos en la antigüedad escribieron en diversos géneros la vida de sus hombres. En la Ilíada y en la Odisea Homero describe personajes nunca antes mencionados, así le siguieron Hesiodo, Teócrito, los presocráticos, los sofistas y los clásicos, especialmente, Platón y Aristóteles; los historiadores, como Heródoto, Tucídides y Jenofonte, y muchos más. Sin embargo, fue Diógenes Laercio, quien escribió numerosas y muy raras biografías de los filósofos griegos desde el Siglo VI a. C. (Vidas, sentencias y opiniones de los filósofos más ilustres. Ediciones Teorema, dos tomos. Traducción de José Sanz Ortiz, Barcelona, 1985. Primer tomo, 355 pp. Segundo tomo, 300 pp). Igualmente, los romanos escribieron muchas biografías, por ejemplo, Suetonio en la Vida de los doce césares (La colección Gredos ha publicado muchas obras de grandes pensadores).

Ese mismo ejemplo, lo hicieron los medievales, los renacentistas, los humanistas, los novohispanos, y muchos autores de nuestro tiempo, en México y en cada uno de los lugares de cada Estado, porque al escribir una biografía figuran otros personajes, pueblos, naciones, libros, anécdotas, escuelas y lugares que uno no llega a percibir, aun conociendo al autor, que es el propósito de la investigación.

Puebla desde su fundación como ciudad, 16 de abril de 1531, ha tenido grandes celebridades. Puede verse así, en las historias de la misma ciudad y en colecciones de especialistas, desde artesanos, poetas, filósofos, historiadores, políticos, maestros, artistas, sacerdotes, médicos y cuantos oficios puedan hallarse. Al respecto hay numerosos diccionarios, revistas, enciclopedias, colecciones y biografías, tanto en el ámbito educativo, político, cultural, religioso y eclesiástico. Hay un testimonio que nos ha obsequiado Don Octaviano Márquez y Toriz, al ser colaborador de la revista Ábside, pues desde su fundación pensó en estudiar algunas figuras celebérrimas de la historia de Puebla. Pues inició una serie de trabajos, haciendo alusión a las palabras de Gabriel Méndez Plancarte, al decir: “Conozcámonos. Amemos lo nuestro. Hagamos valer nuestros valores. Suscitémoslos, afirmando nuestra auténtica personalidad. Siempre haciendo nuestro lo universal para hacer universal lo nuestro: doble y magna función de la cultura”. (Véase “Fisonomías mexicanas: Don José María de Yermo y Parres”, en Ábside, Año I, núm. 1, México, 1937, pp. 37-47; “Trinidad Sánchez Santos en el XXV aniversario de su muerte”, núm. 9, pp. 34- 50; “Trinidad Sánchez Santos: Periodista, orador y poeta guadalupano”, Año IX, núm. 3, México, 1945, pp. 265-289).

Por su parte, el doctor Justino Cortés Castellanos, desde muy temprano, esto es, desde su juventud nos dejó un libro de biografías, al que tituló “Reseña histórica de la Congregación Mariana”, trabajo inédito, Puebla, 1956. Aquí proporciona los nombres de otros personajes como: Justo García Reyes, Ascensión Ochoa, Marcial Águila, Salvador Mastachi Parra, Samuel Manuel Centeno, Luis Maldonado, Luis Garcés, Teódulo Velasco, Moisés Oropeza, Ricardo Riquelme, Miguel Nahuatlato, Jesús Padilla y Víctor Pérez Rendón. El testimonio más importante de sus escritos es su libro Justo García. Un sendero de luz y alegría. Jonotla, Puebla y Roma. Puebla, Pue; 2008, 232 pp. Es un trabajo con mucho rigor interdisciplinario, desde la historia, historiografía, filosofía, teología, pedagogía, paleografía, lingüística, literatura y lenguas (griego, latín, náhuatl, italiano, francés e inglés).

Así, pues, en este artículo, presento cuatro biografías originales de personajes poblanos que pasaron por las aulas del Seminario Palafoxiano de Puebla, el cual fue fundado el 22 de agosto de 1644, y sigue formando humanistas, después de casi 382 años de sobrevivencia. En primer lugar, hago una biografía del doctor Justino Cortés Castellanos, uno de los humanistas más grandes del siglo XX en México. En segundo lugar, presento la biografía del poeta y dramaturgo, el padre Filogonio Sánchez Castillo. En tercer lugar, hago la biografía del filósofo y sacerdote sanandreseño, el doctor Guillermo Hernández Flores. Por último, cierro esta disertación con la biografía del filólogo mexicano y poblano, el doctor Pedro Constantino Tapia Zúñiga, reconocido y respetado mundialmente por su traducción de la Odisea, publicada en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Al final de cada biografiado, comparto un fragmento de un pensador, también digno de admiración, a lo que he venido llamando Alocución, esto es, un pensamiento escrito a lo escrito. Espero que la lectura de este artículo sea motivo de escribir otras biografías de personajes poblanos, pues de verdad: “entre más se conozca la biografía de los hombres, se conoce la vida de un pueblo con mayor profundidad, mejor aún, entre más se estudie el verdadero semblante de un personaje, habrá mayor apertura y valor para conocer a nuestros pensadores mexicanos”.

Que disfruten la lectura…

1). Padre Filogonio Sánchez Castillo. (1934-2000)

El padre Filogonio Sánchez es un pensador de corte existencialista. La prosa y el verso constituyen la expresión máxima de su pensamiento. Nació en Santa Inés Ahuatempan, Puebla, el 7 de diciembre de 1934. Fueron sus padres, don Miguel Sánchez Ramírez y Doña Antonieta Castillo, quienes sembraron en él, desde muy pequeño, el amor al estudio y el respeto por las cosas de Dios.

Su instrucción básica la inició en la Escuela Primaria Federal República Argentina, con maestros apóstoles de la educación como don Filemón Orea y don Antonio Aguilar, ellos lo iniciaron en la ruta del saber, por esta razón siempre les guardó gratitud y respeto. En 1946, continuó sus estudios como interno en el Colegio Ramón Ibarra y González de la Ciudad de Puebla. Ingresó al Seminario Palafoxiano el 26 de diciembre de 1948, en él realizó sus estudios de humanidades clásicas, filosofía y teología. Siendo estudiante comenzó a escribir en los periódicos Albores y Stadium que editaban los estudiantes de humanidades del mismo Seminario, igualmente en la Revista Dos meses de vacaciones la cual coordinaba el seminarista Benjamín Vega Hernández.

Habiendo asimilado el conocimiento de las Ciencias Sagradas a través de sus maestros Víctor Pérez Rendón, Bartolomé Carrasco, Alfonso Reyes, Anselmo Zarza, Luis Maldonado, Ricardo Riquelme, Samuel Manuel Centeno y Moisés Oropeza, integraba ya desde ese tiempo la filosofía, la teología, la literatura y la poesía. En 1957, dos años antes de su ordenación, en colaboración con su maestro el padre Bartolomé Carrasco, escribió un guion dramático intitulado Cuando di la comunión a mi madre. En 1958 apareció su primer cuaderno de poesía: En la mirada vegetal de Dios y otro después llamado Postales de Navidad. El 24 de mayo de 1959 recibió la Consagración Sacerdotal por la imposición de manos de Don Octaviano Márquez y Toriz. Después de su ordenación fue trasladado a España gracias a una beca que obtuvo para hacer el Diplomado en letras románticas en la Universidad de Salamanca y en ese mismo tiempo en la Universidad Central de Madrid realizó estudios de filología y poética bajo la dirección de Dámaso Alonso y Carlos Bousoño, respectivamente.

En 1961 regresó al Seminario de Puebla en el cual fue nombrado Prefecto de disciplina durante siete años y profesor de historia de la filosofía grecolatina y medieval, semiótica, filosofía en la literatura contemporánea, metodología de la investigación científica, antropología cultural, lengua griega, técnica de la palabra y lingüística estructuralista.

En la Escuela Normal Superior Benavente dictó las cátedras de filosofía de la historia, lingüística, teoría literaria, literatura occidental contemporánea y literatura latinoamericana contemporánea. En 1965 fundó el periódico Effeta con algunos de sus alumnos del Seminario. Ya en esa época comenzó a integrarse al círculo de Ábside, cuyo creador fue el gran humanista, el doctor Gabriel Méndez Plancarte. Para entonces ya habían muerto los dos genios de esa revista de cultura mexicana, pero quedaban muchos de su escuela. Fue el Doctor Alfonso Junco quien dirigió acertadamente la obra de Gabriel Méndez Plancarte y, quien, publicó tres de los trabajos del padre Filogonio: Tres poemas que no pudieron ser elegía a Juan XXIII, La fracción del Pan y El códice de las rosas. (Sánchez Castillo Filogonio, Tres poemas que no pudieron ser elegía a Juan XXIII, núm. 3, México, 1963, pp. 329-338; La fracción del Pan, Año XXIX, núm. 3, México, 1965, pp. 286-291; El códice de las rosas, Año XXXI, núm. 4, México, 1967, pp. 450-454).

En 1967 participó en algunos concursos literarios y obtuvo el premio internacional de poesía del Instituto Nacional de Cultura Hispánica de Madrid. También obtuvo algunos premios nacionales como el de Oaxaca, el de la Asociación Artística de Zahuayo, Michoacán y el del Seminario Tridentino de Morelia, Michoacán. En 1968, cuando dejó de ser Prefecto de disciplina del Seminario Palafoxiano, se dedicó con mayor rigor al estudio de su Maestría en Letras, la cual obtuvo en 1974 en la Normal Superior del Colegio Benavente. A partir de ese año formó parte de la planta docente del Colegio de Ciencias y Humanidades del Instituto Oriente de Puebla. Allí tuvo a su cargo las asignaturas de estética, literatura mexicana y taller de lectura y redacción.

El 19 de febrero de 1982, por parte del H. Ayuntamiento de la Ciudad de Puebla, recibió una réplica de la Cédula Real, como reconocimiento a su labor literaria. (La réplica que recibió el padre Filogonio es la imagen que representa el Escudo de Armas de la Nobilísima Ciudad de Puebla, lleva la Portada de Documentos de Patronatos. El escudo porta un hermoso pensamiento en latín, inspirado en el Salmo 90, verso 11, que reza así: Angelis suis Deus Mandavit de te ut custodiant te in  omnibus viis tuis (Dios mandó a sus Ángeles alrededor de ti, para que te cuiden en todos tus caminos).

El 24 de mayo de 1984 celebró sus bodas de Plata Sacerdotales en compañía de sus condiscípulos, entre ellos, el padre Marcelino Eliseo Espinosa Rodríguez y José Guadalupe Sanguino Fuentes. En ese tiempo escribió una autobiografía sucinta y un breve pensamiento para recordar sus 25 años de sacerdote. En el subtítulo de su biografía, el padre Filogonio escribió: “Funcionar en el programa de Dios, ha sido la búsqueda de mi identidad”.

Después de esos años continúo su labor como maestro en el Seminario Palafoxiano con menos carga académica, pues a partir de 1984, el padre Jesús Genis Velázquez tomó la cátedra de Técnica de la palabra que impartía a los alumnos de segundo año de teología. En 1987 otorgó al padre Sergio Fuentes Gutiérrez las asignaturas de filosofía en la literatura contemporánea y antropología cultural y la cátedra de griego se la sucedió al padre Felipe Miguel Viveros Téllez, quien había llegado de la Pontificia Universidad Mexicana con su licenciatura en Teología Bíblica en 1989.

Ya en los años 90, el Padre Filogonio continuó la docencia en la Universidad Iberoamericana de Puebla en la carrera de Ciencias Humanas y Ciencias de la Comunicación. Simultáneamente coordinó el Departamento de Letras de la Normal Superior del Colegio Benavente. Para entonces su obra ya era de sobra conocida, pues sus trabajos publicados, ya lo había galardonado, por ejemplo: Albores, Dos meses de vacaciones, Ábside, La enciclopedia católica de América, Effeta, Palafoxianum y Carisma. Sus trabajos periodísticos, bien fundamentados y con estilo crítico en el sentido original filológico, eran bien recibidos. Ya había aparecido en el Diccionario biográfico de Puebla de Enrique Cordero y Torres y, su obra teatral El Retablo de los Ángeles, que salió publicada en la obra del padre Justino Cortés Castellanos Antología Conmemorativa, ya era conocida en el extranjero; además, quienes estábamos cerca de él sabíamos que era un gran maestro.

En 1984 cuando el padre Filogonio hablaba de su obra, mejor aún, de su creación literaria, se refería a más de treinta poemarios reunidos en siete volúmenes bajo los siguientes títulos: Actos del hombre y su palabra, Concelebración, Liturgia de mis horas, Signo de contradicción, La mujer de siempre, Todavía es Navidad, hombre y mar adentro. El grupo de teatro experimental “Epiaduro” ha representado algunos textos como: En memoria mía, Emmanuel, Hijo mío, El Cruce, Un bosque para el carpintero, Concelebración, La ciudad con alas.

En 1994 con ocasión de los 350 años de la fundación del Seminario Palafoxiano y del XXV Aniversario de la Ordenación Episcopal de Don Rosendo Huesca Pacheco, el padre Filogonio publicó su obra titulada Epíscopos. En 1997 publicó su libro Habla y medios de comunicación en coedición con la Editorial Alambra y la Universidad Iberoamericana de Puebla. El segundo volumen con el mismo título lo dejó inédito, igualmente su poesía dedicada a la quimioterapia. Sus últimos trabajos publicados fueron una serie de poemas dedicados a la Virgen de Guadalupe, solicitados por la R.M. María de Jesús Cabezas. Dichos trabajos quedaron reunidos en el volumen intitulado In Xochitl in Cuicatl. Quedan numerosos trabajos inéditos que por justicia y por lealtad al maestro deben publicarse. En gran parte depende de nosotros el que se conozca la obra no publicada del padre Filogonio.

Este gran poeta palafoxiano murió el 16 de agosto de 2000. Actualmente es recordado por muchos discípulos y amigos suyos. Fue un hombre de gran corazón, regio con la palabra y hábil para la pluma. Tenía buena memoria para recordar acontecimientos importantes y para expresar autores de su interés. Cuando me daba clase de historia de la filosofía antigua y medieval me impresionaba, cuando usaba el término trascendencia; su voz fortísima y grave imponía respeto y autoridad. Ahora que trato de interpretar lo que él nos comunicaba en ese tiempo, en plan de amigos como solía decirlo, concluyo que solamente lo entenderemos si somos buenos lectores suyos y, si vinculamos lo que escribía con lo que nos explicaba en clase.

El padre Filogonio ha alcanzado la trascendencia. La mejor señal es que sus obras nos siguen proporcionando nuevas enseñanzas y con frecuencia sus amigos más cercanos lo recuerdan en sus charlas. Qué hermoso es imaginar al poeta entre un musicólogo y dos filósofos. El padre Filogonio declamando su Himno Eucarístico, el padre Bruno Fernández Abreu organizando los acordes musicales y los padres Justino Cortés y Guillermo Hernández, como buenos filósofos, interpretando y poniendo a la luz el legado que nos dejó en su lenguaje metafórico y existencial, el padre Filogonio Sánchez Castillo.

Alocución. Testimonio del doctor Justino Cortés Castellanos sobre el padre Filogonio Sánachez Castillo.

Conocí al padre Filogonio Sánchez Castillo desde joven. Fuimos contemporáneos como estudiantes y colegas como profesores en el Seminario Palafoxiano de Puebla.  Es uno de los más grandes literatos de Puebla en los últimos años. Debido a su obra literaria tuvo un reconocimiento grande a nivel nacional. Como profesor del Seminario, sin haber sido psicólogo era el que mejor conocía a los alumnos, porque con pocas palabras podía describir a cada uno de ellos. Era muy intuitivo. El padre Filogonio merece un mayor reconocimiento por su obra escrita, ojalá pueda reunirse en algún proyecto, sus obras completas. Como era una persona muy erudita, también era reconocido y respetado fuera del ámbito eclesiástico, por ejemplo, en el Colegio Benavente, en la Universidad Autónoma de Tlaxcana y en la Universidad Iberoamericana de Puebla.

En la visita del Papa Juan Pablo II y del Sínodo de los Obispos en 1979 se hizo una película bajo su inspiración, basada en una obra suya, llamada Concelebración. Por cierto, tuvo mucho éxito. Además, fue un hombre que manejaba muy bien la polémica en los medios de comunicación, debido a la oratoria, la dialéctica y la filosofía. Por ejemplo, en el caso de Canoa y de la Película Canoa, escribió varios artículos en el Sol de Puebla y lo mismo era en las entrevistas de Radio y Televisión. Dejaba a los otros sin argumentos. Pues la Película de Canoa, no se hizo en Canoa, sino en Santa Rita Tlahuacapan, allá en mi tierra natal, y desde allí se puede apreciar la mentira y los sofismas de los críticos de la izquierda del poder y de los medios que favorecieron el caso de Canoa sin conocer la verdad, incluyendo al mismo director de la película Felipe Cazals, quien no aguantaba las disputaciones con el padre Filogonio, pues al Señor cura de Santa Rita, lo engañaron al decirle que la película era sobre Santa Rita y no sobre Canoa. Al final le decían: padre Filogonio, sus preguntas, sus respuestas y sus argumentos, son los de un reaccionario, a lo que respondió el padre Filogonio: Pues contéstele al reaccionario. Esto y muchas cosas recuerdo sobre el padre Filogonio.

2). Dr. Justino Cortés Castellanos

El doctor Justino ha sido un hombre entregado a la vida silenciosa y a la investigación. Su preparación académica ha tenido una larga trayectoria. Nació el 16 de mayo de 1933 en Santa Rita Tlahuapan, Puebla. Sus padres fueron Don José Cortés Vargas y Doña Irene Castellanos Sánchez. Hizo sus estudios de latín, filosofía y teología en el Seminario Palafoxiano de Puebla, en el cual tuvo como profesores, entre otros, a los padres: Luis Maldonado, Bartolomé Carrasco, Anselmo Zarza, Alfonso Reyes y Moisés Oropeza; a este último lo recuerda como un hombre sabio, conocedor de la historia, de las lenguas clásicas, del sánscrito y del alemán. Después de culminar sus estudios eclesiásticos fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1957 por Don Octaviano Márquez y Toriz en la Basílica Catedral de Puebla.

Como sacerdote ha realizado varias actividades de índole pastoral e intelectual; pasó algunos años como Vicario Cooperador de las Parroquias de Zacatlán, Atlixco y la Cruz.  En 1962 realizó un Diplomado en Pastoral Catequética en la Universidad Católica de Chile. En 1965 cursó la licenciatura en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. En 1979 y 1980, la Licenciatura en Pastoral y Catequesis en el Instituto Internacional Lumen Vitae de Bélgica y, en 1985 terminó su Doctorado en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Es autor de algunos libros y artículos bien escritos y documentados. (Hay varios artículos del padre Justino Cortés en el Diccionario de Catequética, dirigido por Joseph Gevaert, versión castellana de Álvaro Ginel, Joseph María Maideu et alt. Editorial CCS, Madrid, 1987); demás, es uno de los autores más destacados sobre Fray Pedro de Gante.

Su formación intelectual ha sido muy completa, pues como se ve en sus escritos hay elementos de historia, teología, filología, filosofía, iconografía, paleografía y hermenéutica. Conoce varias lenguas, que le han servido como herramientas fundamentales para realizar sus investigaciones. Con frecuencia recuerda a sus maestros que dejaron huellas imborrables en su espíritu, por ejemplo: al Padre Moisés Oropeza del Seminario Palafoxiano, a los padres Joseph de Finance, Juan Bautista Lotz, Gustavo Wetter y Nemesio González Caminero de la Universidad Gregoriana. Y con un singular reconocimiento recuerda al padre Luciaan Ceyssens, especialista en jansenismo y uno de los más connotados profesores de la Universidad Católica de Lovaina, quien le mostró unas fotocopias de la Doctrina Cristiana en lengua mexicana de Fr. Pedro de Gante y del Catecismo en Pictogramas del mismo, guardadas en el Archivo del Convento Franciscano de Sint-Truiden, y lo impulsó a buscar las claves de interpretación de este último.

Su trabajo pastoral lo ha desempeñado combinándolo con la investigación y la docencia. Ha sido profesor y prefecto de disciplina del Seminario Palafoxiano, Rector de la Residencia Sacerdotal de la Universidad Pontificia de México y conferenciante numerario en algunos países fuera de México. Es respetado entre investigadores de la talla de Ernesto de la Torre Villar, Miguel León Portilla, José Luis Guerrero Rosales y Patrick Johanson. El prestigiado historiador español Ignacio Tellechea Idígoras le tiene mucho cariño y respeto a su obra.

Sus trabajos de investigación denotan rigor y disciplina en su contenido. En sus primeros escritos se muestra mucho interés por el estudio de la Catequética, por ejemplo: El problema catequístico actual, La catequesis según el Vaticano II, Temas bautismales, Conoce la Biblia, Encuentro con Dios, Pequeño Eucologio, A nuestro pastor Ernesto Corripio Ahumada y, Semblanza espiritual del Arzobispo Don Octaviano Márquez y Toriz; varios de estos trabajos escritos los realizó en coautoría. Sus trabajos de mayor investigación son: Antología conmemorativa de la erección de la Arquidiócesis de Puebla, El catecismo en pictogramas de Fr. Pedro de Gante y La Primera evangelización, medio de inculturación indígena. (Antología Conmemorativa de la erección de la Arquidiócesis de Puebla, Puebla, Impresos Elite, 1977, 173 pp. El catecismo en pictogramas de Fr. Pedro de Gante, Fundación Universitaria Española, Biblioteca histórica hispanoamericana, núm. 10, Madrid 1987, 500 pp. La Primera evangelización, medio de evangelización indígena, en Inculturación del Indio, (Compilación de Luciano Pereña et alt.), Universidad Pontificia de Salamanca, 1988, pp. 19-82. Vale la pena dar una lectura exhaustiva a los trabajos de los siguientes autores que se refieren a la obra del Padre Justino:  Ignacio Tellechea Idígoras, en El catecismo en pictogramas de Fr. Pedro de Gante, Ibidem, pp. 7-12; El catecismo en pictográmas de Fr. Pedro de Gante, por Francisco Ramírez Meza, S. J.  en Boletín de información, Año VI, núm. 19, Universidad Pontificia de México, 1 de mayo de 1988, p. 7; Traducción pictográfica a propósito de El catecismo de Fr. Pedro de Gante y el desciframiento de Justino Cortés, por Pedro C. Tapia Zúñiga, en Chicomóztoc, Boletín del Semanario de Estudios Prehispánicos para la descolonización de México, UNAM, 1991, pp. 29-41).  

El catecismo en pictogramas de Fr. Pedro de Gante, corresponde a su tesis de doctorado que defendió en 1985 en la Universidad Pontificia de Salamanca. En ella hizo con verdadera maestría el desciframiento en pictogramas de aquel gran misionero franciscano. Bien merecido es el reconocimiento del cual nos habla el Padre Jesuita Francisco Ramírez Meza: “El Padre Cortés tuvo la paciencia de estudiarlos y darnos su significado en esta obra que mereció la calificación SUMMA CUM LAUDE. Además, la misma Universidad Pontificia de Salamanca le concede por esta obra el PREMIO EXTRAORDINARIO FIN DE CARRERA de la Facultad de Teología. Así lo afirma el Secretario General José Sánchez Vaquero, quien rubrica su testimonio, el 19 de febrero 1985”. (Ramírez Meza, S.J. en Boletín de información, ibidem, p. 7).

Por su parte el Dr. Ignacio Tellechea, investigador numerario y emérito de la Pontificia Universidad de Salamanca, quien prologó dicho libro, ve en la obra del Dr. Cortés Castellanos aportes interesantes y sólidos en la línea interdisciplinaria, sobre todo, en la literatura mexicana, teología, pedagogía y antropología cultural. (Véase el Prólogo al Catecismo en pictogramas de Fr. Pedro de Gante, ibidem, p. 10).

En tan poco tiempo, el padre Justino obtuvo un prestigio y un lugar primordial entre los investigadores más autorizados de Europa en el área de su especialidad lo que se reflejaba en invitaciones que le llegaban de varios lugares. En los primeros días de febrero de 1987, ya siendo profesor en la Universidad Pontificia de México, el Dr. Luciano Pereña, catedrático de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, lo invitó para dictar una conferencia magistral durante el Simposio Internacional sobre la transculturación y liberación del indio. En ese evento, realizado los días 22, 23 y 24 de abril de 1987 en Madrid, sólo hubo seis personajes magistrales a saber: El Padre Justino, quien representó la Universidad Pontificia de México, El Dr. Guillermo Durán representó a la Universidad Católica de Argentina. Los prestigiados doctores Carlos Baciero y Luciano Pereña representaron a la Universidad Pontificia de Salamanca y los doctores Luis Resines y Leandro Tormo, el primero, profundo conocedor de los catecismos americanos y el segundo, especialista en filología y lingüística americana.

La presencia del padre Justino Cortés fue sobresaliente en esa ocasión. Su aportación mostró trascendencia, tanto es así, que su sugerencia convenció al coordinador del evento para cambiar el título del Simposio, así como lo sugirió el Dr. Justino Cortés, esto es, La inculturación del indio. Recuérdese que hasta esos años se hablaba en otros términos al respecto, incluso en el mismo Coloquio se habló de trasculturación y aculturación. El padre Filogonio Sánchez Castillo al leer el manuscrito del padre Justino comentó que el trabajo estaba bien fundamentado para conocer a nuestros pueblos, consideró que se pierde el tiempo cuando se buscan modelos modernos para evangelizar a nuestros pueblos, es más, es el trabajo antropológico, cultural, religioso, es la base para la llamada pastoral de nuestros pueblos. (Dejo esta nota abierta porque es un trabajo inédito del padre Filogonio y a decir verdad, el hecho de que se conozca le corresponde, con toda humildad al padre Justino).

El comentario del doctor Luciano Pereña sobre el mismo texto reafirma lo que el Padre Cortés dice en su trabajo y lo que había señalado ya el Padre Filogonio, esto es, fundamentar la inculturación: “El profesor Justino Cortés de la Universidad Pontificia de México, demuestra que los primeros misioneros de México asumieron los valores de la cultura autóctona. En la primera evangelización no hubo una total transculturación, sino una genuina inculturación; los misioneros no fueron a destruir, sino a construir con ellos el templo espiritual de la Iglesia y la cultura cristiana. A estos valores encontrados, los primeros misioneros añadieron los valores de que eran portadores y sobre todo los específicamente cristianos, tal como están incluidos en el conjunto de los catecismos compuestos por ellos, constituyendo de este modo al mismo tiempo una simbiosis entre dos culturas que habían nacido y se habían desarrollado en plena independencia la una de la otra. Es un caso único en la historia universal de la evangelización de los pueblos”. (Pereña Luciano, Presentación al Libro Inculturación del indio, Op.cit. p.7).

Lo que aquí he escrito sobre el padre Justino Cortés Castellanos, es una aproximación a su obra. Falta leer sus estudios con profundidad y sus trabajos inéditos; además hay que esperar la redacción definitiva de su investigación más reciente: La historia de los barrios antiguos de Puebla, la cual es una valoración profunda al Patrimonio Cultural de Puebla. Si el padre Filogonio decía incansablemente que el sacerdote es un promotor de la cultura en la sociedad, en todos los ámbitos del saber, no dudo que el padre Justino sea uno de ellos. Ojalá pronto conozcamos la exposición de otros investigadores al respecto como la de Desiderio Xochiltiotzin, Patrick Johanson, Ascensión Hernández de León Portilla, Michael Brescia, José Luis Guerrero, Pedro C. Tapia Zúñiga y, de algunos de sus amigos que también lo han conocido muy cerca.

Alocución. Dr. Guillermo Hernández Flores (1949-2020). Sobre el libro del padre Justino Cortés: Justo García. Un sendero de luz y alegría.

El libro del padre Justino ya es valioso por todos los elementos que se han destacado anteriormente, sin embargo, lo es más todavía por la dimensión filosófica que puede apreciarse en una lectura interlineal, lectura que intentaremos brevemente de la manera siguiente.

a). Se trata aquí del problema de la individualidad que se entrelaza y se funde cada vez más firmemente con su transcurso circunstancial, de modo que sus grandes rasgos espirituales se conservan y se traslucen, clara y visiblemente, a través de aquél; se trata aquí del problema de la persona que, en su opción dramática y solitaria, advierte la disposición de unos actos que son irrepetiblemente suyos y que constituyen al mismo tiempo el momento más angustioso de su vida y el motivo más elevado de su dignidad; se trata en fin, del problema de la colectividad que advierte, más o menos conscientemente la imposibilidad de vivir con un fin meramente terreo y temporal y que en vano busca en mitos transhistóricos como la humanidad, la ciencia y el progreso, un ideal para su tarea y un sentido para su vida. El verdadero encanto y la verdadera dificultad del problema que entraña un estudio como este consisten en poner de manifiesto y en hacer patente la «forma de vida» que corresponde a la objetividad de los acontecimientos.

b). El hombre joven que se presenta aquí y cuya formación se orienta al ministerio sacerdotal es uno de aquellos a los que no les fue dado gozar de un desarrollo pleno y equilibrado de vida y de creación, y que, sin embargo, constituyen un verdadero paradigma humano. El hombre que sabe modelar toda su existencia con la energía y la pureza de una voluntad inquebrantable y que hace que toda ella se empape de un ideal dominante; el hombre para el que los pensamientos, las emociones de los sentimientos y los afectos subjetivos, no son más que los materiales de que la voluntad se sirve para someter de un modo cada vez más enérgico la vida a la visión trascendente de la fe; el hombre en el que la fuerza vital no consiste tanto en el contenido material de las obras cuanto en el despliegue cada vez más manifiesto de todos aquellos momentos personales e individuales que se cifraban en el espíritu y que conducían a la plenitud individual de la vida misma; el hombre, en fin, en el que la virtud conserva su actualidad, si bien tratan siempre de darle una ambientación sociológica nueva, en un mundo agitado por una rápida y violenta evolución.

c). Los prejuicios, incomprensiones y confusiones que, con frecuencia, se dan a propósito de los jóvenes que se forman para el sacerdocio provocan un cuestionamiento de fondo y por tanto digno de consideración y de reflexión, el de la identidad del seminarista, y en último término, el del valor, autenticidad y sentido de una vocación humana proyectada a la trascendencia. Este tema está implícito en toda la obra y puede irse leyendo entre líneas por las sugerencias que la exposición va suscitando. El padre Justino trata el asunto no desde la perspectiva de una metodología abstracta, sino desde el misterio de la escucha y la llamada interior de un hombre concreto en el que las opciones, a menudo, dramáticas, urgentes y angustiosas, se van realizando cada día entre la certeza de un llamado y la incertidumbre de una elección. De manera que la tesis profunda y última del libro que comentamos podría ser la siguiente; que la experiencia de la formación sacerdotal, tomada en su totalidad, seriedad y existencialidad, es uno de los lugares privilegiados para alcanzar el sentido último de la vida humana, y esto no como una experiencia meramente empírica-natural, ni siquiera como la experiencia de un ideal abstracto, sino como algo actual y realmente vivido.

3). Dr. Guillermo Hernández Flores (1949-2020)

El padre Guillermo Hernández Flores nació el 27 de abril de 1949 en San Andrés Chalchicomula, hoy Ciudad Serdán y murió en la ciudad de Puebla el 11 de octubre de 2020. Fue doctor en filosofía por la Universidad Gregoriana de Roma y catedrático de filosofía por más de cuarenta años en el Seminario Palafoxiano de Puebla; además profesor invitado en otras instituciones tales como la Universidad Pontificia de México, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad Iberoamericana de Puebla y Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz. Conferenciante numerario en diversas instituciones; igualmente autor de numerosos libros y trabajos de investigación en las siguientes revistas: Palafoxianum, Nota bene, Semanario Koinonía, Revista Koinonía, Academia Mexicana de la Historia y Angelus. También tiene un repertorio considerable de trabajos inéditos, lo cual hace que sea un excelente humanista en el sentido estricto de la palabra: filósofo de vocación, maestro, conferenciante, sacerdote y un egregio amigo.

Escribió varios libros, la mayoría inéditos y de buena calidad. Su tesis doctoral, con la cual sacó Summa cum laude en la Universidad Gregoriana de Roma en 1983, está publicada en la Universidad Nacional Autónoma de México, cuyo título es: Del circunstancialismo filosófico de José Ortega y Gasset a la filosofía mexicana de Leopoldo Zea; igualmente publicó en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla una de sus mayores investigaciones: Propedéutica a la filosofía de Mauricio Beuchot, y un libro en coautoría con Juvenal Cruz Vega, publicado en la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, cuyo título es: Encuentro con Mauricio Beuchot.

Dicha academia le celebró un homenaje nacional el 31 de octubre de 2015 durante el Primer Simposio Nacional Universidad y Antigüedad ante un grupo numeroso de intelectuales de renombre nacional e internacional. Y un segundo homenaje póstumo, celebrado el 26 de marzo de 2022 en la misma academia en el marco del V Simposio Nacional Universidad y Antigüedad.

De sus obras inéditas sobresalen las siguientes: Filosofía náhuatl, Caminos del pensamiento: un ensayo bibliográfico sobre la obra de Leopoldo Zea, Ética y bioética, Decadencia de la Escolástica y Renacimiento, Antología filosófica, Migajas homiléticas: caminando en busca de la verdad, Amor a la sabiduría y pedagogía del amor. Además, escribió diversos artículos de pensadores mexicanos y temas selectos de filosofía, los cuales han sido algunos de ellos, ponencias en distintas instituciones. Por ejemplo, Conferencia magistral en el Seminario Palafoxiano de Puebla: La enseñanza de la filosofía en el Seminario, mayo, 1994; Conferencia magistral: Apuntamientos de sentido para una pedagogía de la filosofía en América Latina hacia el siglo XXI, dictada en el Círculo de estudios filosóficos Emmanuel Kant de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 7 de agosto de 2008. También, tres conferencias dictadas, en el II, IV y V Coloquio Nacional de Humanismo, Humanidades y Hermenéutica, en la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz. La primera la tituló: Biografía sucinta del pensamiento de Mauricio Beuchot, en la cual presentó la conferencia magistral del doctor Mauricio Beuchot: La hermenéutica analógica, una herramienta desde la antigüedad para la actualidad. Sábado 2 de julio de 2011. La segunda conferencia la tituló: Caminos del pensamiento: un ensayo bibliográfico sobre la obra de Leopoldo Zea. 21 de junio de 2013. La tercera la tituló: El pathos de la filosofía náhuatl, 28 de junio de 2014. Dejó una obra a mitad, uno de sus mayores trabajos, sobre la historia del Seminario Palafoxiano de Puebla, de 1964 al 2020, y otro libro más, que sólo hizo el inicio de la investigación, al que tituló: Diagrama conceptual de la hermenéutica analógica.

En el contenido de su pensamiento hay un estilo interdisciplinario y un humanismo profundo; por el lado de la gramática de su obra, se ve conocimiento, claridad y sencillez; en su estilística se puede apreciar orden y elegancia, y en su filosofía se advierte el amor profundo a la metafísica, teoría del conocimiento y a la filosofía en México. Su síntesis filosófica reúne una vertiente interesante para fortalecer el diálogo filosófico con otras filosofías de México y América Latina.

Uno de los comentarios más recientes que he realizado a su obra, es sobre su libro Migajas homiléticas, un libro de su madurez académica, como solía decir, cuando le preguntaba sobre este libro: “es un humilde intento de usar la reflexión de la sabiduría humana para comprender un poquito mejor la inmensidad de la sabiduría divina”. En su contenido y en su estructura integra la sabiduría popular con la sabiduría divina. Al final en cada reflexión en forma de epigrama nos deja una enseñanza, recogiendo un dicho de Jesús con fundamento en los evangelios. Más allá del mensaje religioso, es un estudio de sabiduría con el contenido y la perspectiva de las humanidades, la filosofía y la teología.

Alocución. Dr. Mauricio Beuchot. Profesor Emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México e investigador emérito del CONACYT.

Tengo un recuerdo muy grato del padre Guillermo Hernández Flores. Lo conocí a través de un amigo común, el maestro Juvenal Cruz, que me invitaba a ir a su Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Vera Cruz. Yo di varias conferencias allí, a las cuales solía asistir el padre Guillermo. Muchas veces tuvo que ausentarse, o salir pronto, pues tenía el compromiso de su capellanía en Puebla. Él mismo me invitó algunas veces a dar conferencias al Seminario Palafoxiano. También me presentó al Sr. Arzobispo Rosendo Huesca, con el que llegué a tener amistad, pues comíamos con el padre Guillermo, a veces en su iglesia, a veces en su casa.

El padre Guillermo fue muy generoso conmigo, y escribió un libro de introducción a mi pensamiento, el cual se publicó en la BUAP y se presentó en el Paraninfo de la misma universidad, con mucho éxito. Eso me abrió a muchos lectores, pues el padre era un inmejorable historiador del pensamiento. Hablé con él muchas veces, casi siempre con la compañía de Juvenal, y disfruté de su plática, pues era profesor de filosofía mexicana, y tenía un verdadero conocimiento de los principales pensadores de nuestro país. Sobre todo, conoció a Leopoldo Zea, sobre quien hizo su tesis de doctorado en filosofía, en la Universidad Gregoriana de Roma.

El padre Guillermo se dedicó mucho a la docencia, pues fue profesor en la Universidad Pontificia de México, y en el Seminario Palafoxiano de Puebla. Formó a muchos estudiantes y, sobre todo, los orientó hacia el cultivo de la historia de la filosofía mexicana. Es benemérito en ese sentido. Su trabajo fue callado, pero se manifestó en los estudiosos que formó. Varias veces desayunamos él, el padre Justino Cortés, Juvenal y yo, y hablamos de muchas cosas que se necesitaban en la filosofía de nuestro país. Su conversación me iluminó mucho. Por eso tengo un recuerdo muy grato del padre Guillermo, como sacerdote, como filósofo y como amigo.

4). Dr. Pedro Constantino Tapia Zúñiga 

Pedro C. Tapia es un filólogo ya reconocido mundialmente. Nació en Axutla, Puebla, el 11 de marzo 1947. Ingresó a la Escuela Apostólica de Puebla Ramón Ibarra y González en el año de 1957 para hacer sus estudios de primaria. El director era el padre Miguel Uribe Salgado y el subdirector el padre Eliazer Ramírez Tamayo. Sus maestrillos fueron los seminaristas Margarito Robles y Marcos Leoncio Badillo. En 1960 ingresó al Seminario Menor de San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala y luego al Seminario Mayor en el cual realizó los estudios de filosofía y teología, es decir, toda la formación de la carrera eclesiástica.

El ambiente académico del seminario y la imagen de sus hermanos Amador y José Tapia Zúñiga le permitieron a Pedro Tapia involucrarse desde muy temprano en las humanidades clásicas. En 1971 escribió su primer libro intitulado Psicología general, cuando era maestrillo del Seminario Menor, ese libro fue utilizado como texto por varias generaciones. Después de su salida del seminario, en 1973 ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, tres años después se licenció en Letras Clásicas con la tesis intitulada: Los fragmentos de Gorgias de Leontini, clasificación y comentarios; análisis del encomio de Helena y de la defensa de Palamedes. Desde el año de su licenciatura se inició en la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras impartiendo griego y literatura griegas, haciendo simultáneamente sus estudios de maestría en la misma asignatura, los cuales terminó en 1980 con la tesis Calímaco, himnos y epigramas (Introducción, traducción y notas).

A partir de 1980 Pedro C. Tapia se dedicó con mayor rigor a la investigación. En diálogo con sus maestros indica el camino que ha de seguir. Recuerda las enseñanzas de Rubén Bonifaz Nuño, Patricia Villaseñor, Arturo Ramírez Trejo, Luis G. Ramos, Germán Viveros Maldonado, José Quiñónez Melgoza, José Tapia Zúñiga, Ute Schmidt Osmanczik, Roberto Heredia Correa, Lourdes Rojas Álvarez, Julio Pimentel Álvarez, Paolla Vianello, Tarsicio Herrera Zapién, Ignacio Osorio Romero, Amparo Gaos y Bulmaro Reyes Coria. Todos estos nombres corresponden al gran legado cultural que la UNAM ha producido en esta área en los últimos años. Al finalizar la introducción de su tesis de maestría Pedro Tapia escribe: “Ellos saben, cómo, cuándo y por qué he interrumpido sus labores, con mis quizás muy importantes preguntas; por eso, no dudo en sentirme su discípulo y en dedicarles con gratitud y afecto un trabajo que no es sino fruto de lo que he podido aprenderles”.

En ese mismo año publica en la UNAM su tesis de licenciatura con el título Gorgias, Fragmentos; en 1984 publica su tesis de maestría Calímaco himnos y epigramas. Tres años antes ya había iniciado su doctorado en la Universidad de Heidelberg, Alemania, donde se recibió de doctor en filosofía antigua en 1985.

El Dr. Pedro C. Tapia actualmente ya es un investigador bien documentado, es estudioso de Gorgias de Leontini, Calímaco, Teócrito, Plutarco, Arato y Homero.  Es políglota, casi todas las lenguas que traduce las habla, por ejemplo: griego, latín, inglés, alemán, italiano, portugués y francés. En sus trabajos de investigación, que ya son muchos, tiene un aparato crítico muy extenso que muestra que hace su lectura en las fuentes originales que consulta.

Desde 1984 es investigador del Centro de Estudios Clásicos en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. A partir de 1990 forma parte del Consejo Editorial de la revista Nova Tellus, Anuario del Centro de Estudios Clásicos. Igualmente ha formado varios discípulos que siguen su método para la enseñanza de la lengua griega como Jesús Manuel Araiza, José Molina, Alejandro Curiel, Gabriel Gutiérrez Bribiesca y Alejandra Valdés García; además de muchos otros que han sido sus asesorados en la realización de la tesis durante la carrera de Letras Clásicas.

En la obra de Pedro C. Tapia pueden encontrarse elementos importantes para realizar una teórica de la traducción en México. Los temas que ha abordado son: metodología de la lengua griega, traducción, filología y hermenéutica. (Para una bibliografía más completa sobre Pedro C. Tapia véase el Diccionario de humanistas clásicos de México, Compilación de Mauricio Beuchot, UNAM, México, 2001, pp. 211-212. En la Revista Nova Tellus ha publicado más de treinta trabajos sobre su especialidad. En esa misma revista hay algunos comentarios sobre su obra de autores como: Lourdes Rojas Álvarez y José Molina).    

Pedro C. Tapia Zúñiga se puede considerar, con base en sus escritos, como un humanista en la línea clásica. La mayoría de sus aportes han ido construyendo una teoría de la traducción, combinando la filología tradicional y contemporánea. (Por ejemplo, eso puede notarse en sus Lecturas áticas I y II, publicadas por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Pedro propone la enseñanza del griego mediante textos, aprendiendo el léxico de la lección, la gramática del texto y el texto mismo mediante ejercicios para razonar lo que se está leyendo y aprendiendo).

Se ve en sus escritos más recientes gran influencia de su maestro el Dr. Hans J. Vermeer. Sus principales trabajos son: Cicerón y la teoría del escopo (cómo quería traducir Cicerón), Los amantes de la palabra, Hablemos sobre el amor, La areté en la época helenística y Traducción Pictográfica a propósito de El Catecismo en pictogramas de fr. Pedro de Gante y el desciframiento de Justino Cortés Castellanos. (“Cicerón y la Teoría del escopos (cómo quería traducir Cicerón), en Nova Tellus, núm. 14, IIF, México, 1996, pp. 229-255;  “Los amantes de la palabra”, en Aproximaciones Lecturas del Texto (Esther Cohen, Editora), UNAM, 1995, pp. 19-40; “Hablemos sobre el Amor”, en Filología Mexicana, (Compilación Belem Clark de Lara y Fernando Curiel Defossé), UNAM, México, 2001, pp. 255-283; “La areté en la época helenística”, en Nova Tellus, núm. 6, IIF, México, 1986, pp. 289-301; “Traducción Pictográfica a propósito de El Catecismo de Fr. Pedro de Gante y el desciframiento de Justino Cortés”, en Chicomóztoc, Boletín del Semanario de Estudios Prehispánicos para la descolonización de México, UNAM, 1991, pp. 29-41).

No hace mucho que publicó una versión de la Odisea de Homero, a la vez que continúa con la elaboración de materiales educativos, principalmente de su método para la enseñanza del griego antiguo, Lecturas áticas. Es sin duda alguna, una de las figuras más predominantes de la filología helenística en México y en América Latina.

Alocución. Dr. Jesús Manuel Araiza Martínez. Miembro del Programa de Maestría y Doctorado en Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De Pedro Tapia Zúñiga quisiera contar un par de breves anécdotas. A los primeros seis meses quedábamos las tres cuartas partes de alumnos, al año quedábamos la mitad, en el tercer semestre éramos unos diez, y al final llegamos dos. De cuarenta y dos, llegamos al examen final solamente dos, quienes aguantamos el ritmo de estudio. No podía ser de otra manera, siendo yo, muy parecido a mi maestro en la estructura obsesiva, como un perro al agarrar el hueso y poderlo morder. Cuando tenía que presentar un proyecto de tesis le pedí autorización a los dos años de estudiar griego, que no era nada, realmente apenas estaba iniciando, para que él me permitiera presentar el proyecto de una traducción de Magna Moralia de Aristóteles; me dijo es mucho, traduce mejor tres o cuatro páginas, nada más. Sin embargo, terminé arriesgándome y arrojándome a traducir toda la obra. Siempre su autorización, puesto que él era, el que sabía. Yo quería sentirme protegido ante cualquier duda y pregunta, porque sabía que él iba poder resolverme al darme una respuesta.

Una última anécdota. A mi gran maestro Pedro Tapia Zúñiga debo mi proyecto de Alemania. Pues me revisó el proyecto, me ayudó a ponerlo en un excelente alemán. Agradezco también la distinción de su gran obra, al obsequiarme su traducción de la Odisea de Homero, dos volúmenes, que hacen el mejor trabajo publicado en el mundo iberoamericano. Agradezco su obsequio y lo estimo, porque sé que sin él no habría sido un intérprete, un exegeta, un lector de Aristóteles. Al doctor Pedro Tapia he dedicado también mi traducción bilingüe de Los Magna Moralia, griego-español.

Quiso la casualidad que su reciente retorno de su estancia doctoral en Heidelberg en Alemania, abriera un curso para externos del Colegio de Letras Clásicas de la UNAM, aquellos que quisieran estudiar griego, curso básico de traducción, donde estudiamos por primera vez sus Lecturas Áticas, como borrador. Me integré con otros 41 alumnos.

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