Opinión

Economía mexicana pirde impulso a iniciar el tercer trimestre.  

CEPAL reduce su pronóstico para México.

Por Ricardo Caballero de la Rosa

La economía mexicana inició el tercer trimestre del año con un ritmo de crecimiento todavía positivo, pero claramente modesto. El Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), que permite al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dar seguimiento mensual y oportuno a la evolución de la economía, estimó para julio un crecimiento de apenas 0.1% respecto de junio, ligeramente por debajo del avance de 0.2% previsto para el mes anterior.

El dato es relevante porque muestra que, después de algunos meses de recuperación, la economía comienza a perder velocidad. No se trata todavía de una contracción, pero sí de un crecimiento insuficiente para hablar de una expansión vigorosa. La debilidad, además, no está concentrada en un solo componente de la actividad: tanto las actividades secundarias, que incluyen a las industrias, como las terciarias, donde se concentran los servicios, registraron un crecimiento mensual de apenas 0.1%.

Esta sincronía entre industria y servicios constituye una señal que conviene observar. Cuando los dos grandes componentes de la actividad económica avanzan prácticamente al mismo ritmo y a una tasa tan reducida, el problema deja de ser exclusivamente sectorial y adquiere un carácter más general. La economía conserva capacidad de expansión, pero carece todavía de un impulso suficientemente sólido para modificar de manera significativa su trayectoria.

El resultado de julio adquiere mayor relevancia al contrastarlo con las perspectivas para el conjunto del año. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) redujo recientemente su pronóstico de crecimiento para México en 2026 de 1.5%, estimado en abril, a 1.3%. Con ello, México se mantendría por debajo del crecimiento previsto para América Latina y el Caribe, de 2.2%.

La revisión de la Cepal no es, por sí misma, una sorpresa frente al comportamiento que comienza a mostrar el IOAE. Por el contrario, ambos datos apuntan en la misma dirección: una economía que crece, pero a un ritmo reducido y con dificultades para consolidar una expansión sostenida. El 0.1% mensual de julio, aunque aparentemente pequeño, adquiere significado cuando se incorpora a una trayectoria anual cuya expectativa también ha sido revisada a la baja.

El desafío para México, por tanto, no consiste simplemente en evitar una caída, sino en generar las condiciones para elevar de manera persistente su tasa de crecimiento. Una expansión de 1.3% anual implica un avance limitado para una economía que necesita incrementar productividad, inversión y empleo, particularmente si se considera el crecimiento de la población.

El IOAE ofrece así una primera señal del tono con el que comienza el segundo semestre: no hay recesión, pero tampoco un impulso suficientemente fuerte. La cuestión central será determinar si esta moderación constituye una pausa temporal o el inicio de una fase de menor dinamismo. Por ahora, los indicadores disponibles obligan a mantener una perspectiva prudente sobre el desempeño de la economía mexicana durante 2026.

Mi correo ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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