Opinión

Alfonso Reyes. El humanista mexicano universal y su legado cultural en la intelectualidad

Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Advertencia

Esta reseña sobre Alfonso Reyes es una guía de lectura para acercarse a uno de los humanistas más importantes del humanismo histórico y mexicano. A don Alfonso lo han leído mucho en México, América Latina y Europa. Los humanistas más serios y estrictos de ambos continentes lo han leído y comentado. Alguna vez le escuché decir al filósofo italiano Stefano Santasilia al disertar sobre el humanismo y la filosofía, y citando La crítica de la edad ateniense de Alfonso Reyes, que este pensador mexicano se adelantó a nuestro tiempo. Y es verdad, porque sobre el tema del humanismo es difícil alcanzarlo. Fueron contemporáneos muchos humanistas en los años de don Alfonso Reyes, y muchos de ellos comentaban cada una de sus obras aisladamente. En ese contexto la Editorial Fondo de Cultura Económica publicó las obras completas en 25 volúmenes, lo cual facilitó la difusión cultural de nuestro autor. (Desde 1955 comenzaron a editarse las obras completas, y en 1966 ya estaba publicada casi toda su obra. Una de las revistas de cultura mexicana que difundió mucho la obra de Alfonso Reyes es la Revista Ábside, y por cierto es poco leída y difundida, la cual fundó otro de los grandes humanistas de nuestra nación, el doctor Gabriel Méndez Plancarte).

Por otro lado, en México hubo un acontecimiento mundial en 1963, el XIII Congreso Internacional de Filosofía, del 7 al 14 de septiembre de 1963. La sede fue la Universidad Nacional Autónoma de México, y no a mucho, habían muerto dos de las figuras intelectuales más importantes de México: José Vasconcelos y Alfonso Reyes. Allí varios intelectuales los recordaron, tal como puede verse en la Actas del Congreso, especialmente en el décimo volumen, donde se encuentran los discursos de las diversas autoridades del congreso, incluyendo al presidente de México, el Licenciado Adolfo López Mateos. (Más detalles véase Memorias del XIII Congreso Internacional de Filosofía. Vol. X, UNAM, 1966, 273 pp).

El hecho que Werner Jeager, el autor de la Paideia haya comentado la obra principal sobre el humanismo de Alfonso Reyes; es un encomio, no sólo al poeta mexicano, sino también a nuestro país. Porque Alfonso Reyes es un ejemplo singular de que el humanismo mexicano, parafraseando el humanismo de Aulo Gelio en la Roma imperial, es una ciencia y una disciplina, también singular y ejemplar ante otras naciones. (Noches Áticas, Aulo Gelio, XIII, 17, 1-3. Werner Jeager es el autor de la Paideia, Los ideales de la cultura griega, Fondo de Cultura Económica, México, 1953, 1150 pp. No se confunda el Humanismo mexicano con la politización actual del humanismo mexicano.).

Así pues, en lo que sigue, trataré tres aspectos en la disertación: Semblanza sucinta de Alfonso Reyes, Alfonso Reyes. El humanista entre los intelectuales. Y una alocución sobre Alfonso Reyes.  Carta de Werner Jaeger a Alfonso Reyes.

1). Semblanza sucinta de Alfonso Reyes

Alfonso Reyes Ochoa nació el 17 de mayo de 1889 en la Ciudad de Monterrey y murió el 27 de diciembre de 1959 en la Ciudad de México. Fue hijo del General Bernardo Reyes y Doña Aurelia Ochoa. Desde los ocho años destacó como estudiante en las escuelas Manuela G. Viuda de Sada, el Instituto de Varones de Jesús Loreto y el Colegio Bolívar, de Monterrey. En muchas otras escuelas continuó sus estudios hasta que terminó la carrera de abogado en 1913 en la Universidad Nacional Autónoma de México. En esa misma universidad hizo estudios de literatura e historia grecolatina.

En 1941 recibió el Doctorado honoris causa en leyes, por la Universidad de California. Al año siguiente la Universidad de Harvard le otorgó el Doctorado honoris causa en Letras. En 1945 recibió el Premio Nacional de Literatura, por ello lo nombraron miembro de la junta de Gobierno de la UNAM y asimismo, académico de honor de la Academia Nacional de Historia y Geografía de México, correspondiente del Centro Literario de Monterrey. Recibió numerosos premios a partir de los 25 años. En varias universidades fue profesor invitado tanto en México como en el extranjero, por ejemplo: Universidad de la Habana, en la UNESCO, Universidad de Michoacán y en la Universidad de Princetón; además en París, Brasil, Argentina, Uruguay, etcétera.

2). Alfonso Reyes. El humanista entre los intelectuales

El humanista regiomontano Alfonso Reyes Ochoa es uno de los más grandes pensadores del siglo XX en México y uno de los principales del mundo. Fue un personaje que dedicó su vida a múltiples temas de investigación: historia, poesía, filología, ensayo, estética, traducción y cuento. La Editorial Fondo de Cultura Económica ha reunido veintiséis volúmenes de sus obras completas. El Colegio Nacional ha puesto a la luz otros estudios que no aparecen en sus obras completas, por ejemplo: Cuatro ingenios, Trazos de historia literaria, Medallones. También una extensa obra crítica sobre este connotado pensador, como: Iconografía de Alfonso Reyes, Páginas sobre Alfonso Reyes (Ocho volúmenes compilados por Alfonso Rangel Guerra), Correspondencia con Genaro Estrada, Manuel Toussaint, Roberto F. Giusti, Rafael Cabrera, Germán Arciniegas, Juana Ibarbourou, Alfonso Castro Leal y José Vascencelos. (De todos estos libros merece apuntarse algunas notas sobre la Iconografía de Alfonso Reyes, Fondo de Cultura Económica, El Colegio Nacional y El Colegio de México. Investigación iconográfica, documental y selección de textos de Xavier Guzmán Urbiola, Héctor Perea y Alba C. de Rojo, México, 1989, 198 pp. Es un libro de colección, que lleva al inicio una cronología exacta e interesante de Alfonso Reyes; en seguida presenta una biografía con iconografía en el siguiente orden: Infancia y juventud. Primeras letras, Exilio y emancipación. Francia y España, El arte de la diplomacia, mundanidad y cultura. México y Francia, Vuelta a la tierra, experiencias y reflexiones. México. Uno de los propósitos de los editores es recrear la figura de Alfonso Reyes, como uno de los mayores autores de la lengua española a través de un prisma que trasluce a la manera cubista tanto apreciada por el mismo Alfonso Reyes).

Hay una guía de lectura sobre el humanismo que de una manera sucinta Don Alfonso Reyes lo recuerda con tanta belleza al escribir: “Viaja la cultura, no se está quieta, por tres siglos funda sus cuarteles en Atenas; por otros tres siglos en Alejandría; madura por otros cinco en Roma; ocho reposa en Constantinopla. Y al cabo se difunde por el Occidente europeo, para después cruzar los mares en espera de la “hora de América”, hoy más apremiante que nunca”. (La crítica de la edad ateniense (600 a 300 a. C.), Alfonso Reyes Ochoa, 1941, en Obras Completas, Vol. XIII, FCE, México, 1961, p. 20).

Este hermoso pensamiento también ha sido citado en otras obras interesantes, por ejemplo, Jacques Lafaye lo toma como inspiración en su libro Por amor al griego, la nación europea, señorío humanista, siglos XIV-XVII. (Por amor al griego, la nación europea, señorío humanista, siglos XIV-XVII, Jacques Lafaye, FCE, México, 2005, p. 21. Hay una buena cantidad de autores que han dedicado trabajos a Don Alfonso Reyes, por ejemplo: Gabriel Méndez Plancarte, Octavio Paz, Ramón Xirau, Ernesto de la Torre Villar, Alfonso Rangel, Daniel Cosío Villegas, Bernabé Navarro, Carlos Fuentes, Héctor Azar, Tarsicio Herrera, José Pascual Buxó, Abelardo Villegas, José Luis Borges, Agustín Basave Fernández del Valle, Juan Ramón Jiménez, Antonio Castro Leal).

Aquí Alfonso Reyes de una manera didáctica sintetiza las sedes más importantes del humanismo occidental: Atenas, Alejandría, Roma, Edad Media, Renacimiento, Humanismo, Nueva España y México independiente. Su trabajo también puede verse como una guía de las reformas educativas más significativas de la historia desde Grecia antigua hasta México. Otros lo pueden ver como un paradigma del humanismo mexicano, uno de los cuales es el maestro Rafael Moreno. (Véase su interesante artículo El humanismo pedagógico y moral de Alfonso Reyes, en El humanismo mexicano. Rafael Moreno, Facultad de Filosofía y Letras. Dirección General de Asuntos del Personal Académico. UNAM, 1999, pp. 253-267; el mismo artículo en Revista Filosofía y Letras. México, FFyL-UNAM, Vol. XXXII, número 66-69, enero-diciembre de 1958, pp. 37-48. Para tener una biografía sucinta de Alfonso Reyes, comparto los siguientes aspectos. Don Alfonso nació el 17 de mayo de 1889 en la Ciudad de Monterrey y murió el 27 de diciembre de 1959 en la Ciudad de México. Fue hijo del General Bernardo Reyes y Doña Aurelia Ochoa. Desde los ocho años destacó como estudiante en las escuelas Manuela G. Viuda de Sada, el Instituto de Varones de Jesús Loreto y el Colegio Bolívar, de Monterrey. En muchas otras escuelas continuó sus estudios hasta que terminó la carrera de abogado en 1913 en la Universidad Nacional Autónoma de México. En esa misma universidad hizo estudios de literatura e historia grecolatina. En 1941 recibió el Doctorado honoris causa en leyes, por la Universidad de California. Al año siguiente la Universidad de Harvard le otorgó el Doctorado honoris causa en Letras. En 1945 recibió el Premio Nacional de Literatura, por ello lo nombraron miembro de la junta de Gobierno de la UNAM y asimismo, académico de honor de la Academia Nacional de Historia y Geografía de México, correspondiente del Centro Literario de Monterrey. Recibió numerosos premios a partir de los 25 años. En varias universidades fue profesor invitado tanto en México como en el extranjero, por ejemplo: Universidad de la Habana, en la UNESCO, Universidad de Michoacán y en la Universidad de Princetón; además en París, Brasil, Argentina, Uruguay, etcétera).

El doctor Patrick Johansson, destacado indigenista, discípulo de Miguel León Portilla, lo ha estudiado como un modelo para estudiar el humanismo indígena. Así lo ha expresado en las potentosas páginas de su reciente libro, titulado, Alfonso Reyes y el mundo indígena. (Alfonso Reyes y el mundo indígena, Patrick Johansson K. Instituto Politécnico Nacional, Primera edición, México, 2024, 272 pp).

Hay numerosas aportaciones de Alfonso Reyes que han podido apreciar otros pensadores que han conocido su obra, por ejemplo, en el libro Presencia de Alfonso Reyes: homenaje en el X aniversario de su muerte (1959-1969) escriben al respecto José Emilio Pacheco, Jaime Torres Bodet, Mario Vargas Llosa, José Gaos, Carlos Fuentes y Ramón Xirau, entre otros. (Presencia de Alfonso Reyes: homenaje en el X aniversario de su muerte (1959-1969), Compilación de Alicia Reyes, Fondo de Cultura Económica, México, 1969, 169 pp).

Ramón Xirau expresa el humanismo universal de Alfonso Reyes y su fundamento en el pensamiento de Grecia antigua. Veamos un fragmento: “Alfonso Reyes no encontró una vía de revelación personal en las creencias religiosas. Para él la salvación se encontraba en Grecia, en su Grecia: es decir, en el intelecto, la claridad, la luz a la cual-ya lo vimos-solamente puede llegarse después de agonizar en las sombras y las penumbras. Ifigenia se salva cuando modestamente vuelve a sí misma para ser la mujer capaz de llevar un nuevo nombre, el nombre que su libertad escoja”. (Ibidem, p. 167). 

Sin duda alguna, uno de los discursos más apasionantes y completamente lleno de erudición sobre el humanismo de Alfonso Reyes se debe al humanista mexicano Tarsicio Herrera Zapién en el discurso que disertó en su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, al que tituló Lengua y poetas romanos en Alfonso Reyes. Uno de los fragmentos más hermosos que allí expresó es el siguiente: “Como tema central de mi discurso he escogido a otro prestigiado diplomático mexicano, don Alfonso Reyes, quien fuera director de esta Academia Mexicana los dos últimos años de su vida, de 1957 a 1959. Voy a analizar aquí los criterios que él sustentó sobre la lengua del Imperio Romano y sobre sus poetas mayores. ¡Polifacética personalidad la de Alfonso Reyes, el mexicano universal, como ya lo denominaba hace treinta años don Manuel Alcalá! Aunque fue jurista, siempre se inclinó más hacia la labor literaria para profundizar por igual en las letras de América que en las literaturas mayores de Europa. En este campo fue ensayista y conferenciante, pero sin desechar nunca la lírica, el drama y la narración”. (Lengua y poetas romanos en Alfonso Reyes. Tarsicio Herrera Zapién. Discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua. UNAM, 1984, p. 12).

Alocución.

CARTA DE WERNER JAEGER A ALFONSO REYES

HARVARD UNIVERSITY

INSTITUTE FOR CLASSICAL STUDIES

Werner Jaeger, Ph. D., Litt. D

Werner 774

University Professor

Cambridge, Mass.

28 de marzo de 1942

Profesor Alfonso Reyes

c/o Fondo de Cultura Económica

Pánuco 63

México, D. F.

Querido Profesor:

Hace tiempo recibí un ejemplar; amablemente enviado por usted, de su nuevo libro La crítica en la edad ateniense publicado por El colegio de México; deseo manifestarle mi sincera gratitud por tan generoso obsequio. Recientemente he tenido noticias de la producción académica de los países de habla española al sur de los Estados Unidos, ya sea gracias a los filósofos en Argentina o por medio del Fondo de Cultura Económica, en México. Quizá sepa usted que su compatriota, el profesor Xirarau, quien solía residir en Barcelona, tradujo mi obra Paideia y el Fondo de Cultura Económica, que también ha editado su libro, la publicará próximamente. Me complace mucho encontrarme con estos signos de una nueva actividad humanista en este nuevo hemisferio, fuera de los Estados Unidos, así como poder degustar sus frutos sin encontrar gran dificultad con el idioma.

No quise darle las gracias por el envío de su libro antes de haberlo leído, e incluso ahora no me atrevo a decir que conozca en todos sus detalles su importante y nutrido texto. Los capítulos sobre Platón y Aristóteles me llevarán más tiempo del que hubiera podido dedicarle a mi libro durante las últimas semanas después de recibirlo. Estoy verdaderamente interesado en conocer algo más sobre su interpretación de la crítica de la poesía hecha por Platón, así como de la Poética de Aristóteles, tendré que lidiar con ambos en mi Paideia, donde he intentado comprender tanto el punto de partida como el fondo de la censura que hace Platón de los poetas griegos. El volumen en que trato este problema ya está terminado, traducido y en proceso de impresión. Me agrada ver que estamos de acuerdo en el hecho fundamental de que no hay crítica literaria, tal como hoy la entendemos, en el veredicto de Platón en contra de la poesía. Creo que es una gran fortuna que usted haya expresado con tanta claridad y decisión el hecho de que la crítica literaria, tal y como nosotros la entendemos, no existe en los periodos primitivos y clásico de la cultura griega, y que la crítica que aparece en aquellos siglos con respecto a lo que nosotros llamaríamos cuestiones literarias, arranca de otro motivo que va más allá de la pura apreciación estética. Distinta materia son las correcciones que Solón hace a Mimnermo, Las censuras que Jenófanes hacia Homero y Hesíodo y la manera como Platón reproduce en las leyes la elegía de Tirteo. Esta clase de corrección a la Epanortosis estoica al método similar usado por los padres de la iglesia cuando corrigen a sus predecesores paganos en campo de la paideia.

En mi opinión, el mérito más sobresaliente de su libro es que no descarta el periodo clásico por esta razón, como ocurre frecuentemente en el caso de los interesados en el problema de la crítica literaria de forma pura, sino que persigue cuidadosamente el desarrollo gradual del elemento crítico en la vida y en la literatura griega en todos sus aspectos. En este sentido, usted ha logrado expresar claramente cómo en el periodo clásico, junto con la crítica moral, política y religiosa, surge gradualmente la crítica de las cualidades estéticas de las obras literarias. Este hecho, omitido la mayoría de las veces, es de la mayor importancia para el desenvolvimiento de la expresión general de aquel gusto inefable que, El orador, Cicerón atribuye al público ateniense. Me encanta especialmente su descripción de la primera etapa privada de aquella evolución, la existencia anónima de la una sensibilidad refinada y de una reacción crítica circunscrita en su expresión a círculos estrechos. Seguramente, su propio contacto de experiencia con una crítica preliteraria semejante le ha ayudado a encontrar síntomas analógicos de la Atenas clásica. He leído con agrado lo que usted dice sobre las distintas maneras de apreciar los personajes y las obras literarias en el país del autor y del extranjero, en los círculos literarios creadores y en el ámbito de los profesores de literatura. Otro rasgo que quiero mencionar es su fina comprensión del elemento estético en la crítica de Aristófanes sobre Eurípides y en la literatura en general. Aunque es particularmente evidente que su juicio está dominado por otros factores, la presencia de un nuevo y sutil sentido literario es manifiesta y enuncia la venidera crítica literaria independiente de los tiempos helénicos. La misma mezcla se encuentra en Aristóteles, aunque supongo que Teofrasto, en sus libros perdidos Sobre el estilo, debe haber marcado un progreso decisivo en la dirección de una pura apreciación estética, puesto que ejerció una enorme influencia en Dionisio de Halicarnaso, Cicerón y toda la crítica posterior.

En su capítulo “anacrónico” al final del libro, ha expresado usted la reacción natural del pensamiento moderno con respecto a la ausencia del juicio puramente literario de los periodos primitivos y clásicos de Grecia. En realidad, no es fácil comprender cómo nosotros podríamos volver en nuestros días a la subordinación griega del factor estético, a los que ellos creían que eran verdaderamente los factores esenciales, morales y políticos de las creaciones poéticas que tanto nos gustan. Por otra parte, creo que ya es hora de apreciar y de considerar seriamente los hechos, que usted ha expresado vigorosamente, en un lenguaje tan poderoso que destaca su importancia para nuestra comprensión histórica de la naturaleza y la estructura verdadera del espíritu clásico griego. Las conclusiones de su libro, con las que estoy de acuerdo, y lo que yo he intentado decir sobre el mismo problema desde el punto de vista opuesto, el de la Paideia, parecen abrir de nuevo la discusión de nuestras conexiones con las formas clásicas y helenísticas de la cultura griega.
Deseando a su libro y a sus actividades un éxito completo, quedo de usted, sinceramente.

WERNER JEAGER.

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