Canadá y la Unión Europea evalúan una «membresía asociada» para crear un frente común frente a EE. UU. y China
El primer ministro canadiense Mark Carney respaldó ante el Parlamento Europeo una alianza estratégica basada en la soberanía, la defensa y la tecnología, desatando la molestia del presidente Donald Trump.
Por Luis Moreno
En el marco de crecientes tensiones comerciales globales y disputas geopolíticas, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció este jueves un discurso ante el Parlamento Europeo en el que hizo un llamado a construir una alianza profunda con la Unión Europea (UE). El objetivo principal planteado es proteger los mercados, la democracia y el Estado de derecho en un orden internacional crecientemente dominado por el poder hegemónico de Estados Unidos y China.
La intervención del mandatario canadiense se produjo un día después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aprovechara su discurso anual sobre el Estado de la Unión para proponer la figura de una «membresía asociada» para Canadá. Bajo este esquema inédito, bautizado preliminarmente como la «Alianza para el Futuro», ambas partes buscan ir más allá del Tratado de Libre Comercio (CETA) para crear un espacio común de prosperidad, seguridad económica y autonomía estratégica.
Aunque Carney evitó adoptar explícitamente la denominación de «miembro asociado», valoró públicamente la ambición de la propuesta de la UE. “Europa y Canadá son fuertes por separado. Europa y Canadá son aún más fuertes juntos”, expresó entre aplausos del pleno europeo en Estrasburgo. Durante su alocución, el primer ministro aclaró con tono distendido que el acercamiento no pretende fundar un «tercer bloque» como superpotencia rival de Washington o Pekín —“sólo que con mejores modales”—, sino consolidar la resiliencia democrática para que ningún actor externo pueda dictar sus políticas públicas ni vulnerar su integridad territorial o económica.
El acercamiento entre Ottawa y Bruselas provocó una inmediata reacción de la Casa Blanca. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó la propuesta de «ridícula» y amenazó con tomar represalias directas. «Si lo hacen, si considero que se trata de un acto hostil, impondré aranceles muy elevados o dejaré de comerciar con Europa en muchos ámbitos», declaró el mandatario estadounidense durante un viaje a Carolina del Norte.
En respuesta a las advertencias de Washington, portavoces del Ejecutivo comunitario aclararon que el fortalecimiento del eje trasatlántico con Ottawa no está dirigido contra ningún país, sino orientado a consolidar sus propias capacidades defensivas e industriales. Por su parte, Carney desestimó las amagadas arancelarias de la administración estadounidense: “Los canadienses estamos de acuerdo en que nadie va a decirnos qué idioma hablamos. Nadie va a dictar nuestra cultura ni con quién podemos celebrar acuerdos a nivel internacional”, aseveró ante la prensa.
Esta asociación estratégica prevé una cooperación de alto nivel en áreas como la extracción e industrialización de minerales críticos, la cadena de producción de baterías, el desarrollo de inteligencia artificial, computación cuántica, ciberseguridad, energía y conectividad espacial. La agenda también busca consolidar avances ya en curso, como la reciente incorporación de Canadá al programa SAFE de la Unión Europea, dotado con 150 mil millones de euros para contrataciones conjuntas en la industria de defensa.
Fuentes oficiales de ambas delegaciones precisaron que, si bien Ottawa descarta incorporarse como miembro de pleno derecho para no ceder soberanía institucional, sí procura el mayor grado posible de integración comercial y movilidad de personas sin necesidad de visados. Los aspectos específicos de la relación y su denominación legal definitiva se definirán durante la cumbre bilateral Canadá-UE programada para finales de octubre en Montreal, encuentro en el cual se espera el anuncio formal del nuevo marco de entendimiento.

