De pronto.
Por Ricardo Caballero de la Rosa.
De pronto el amanecer.
Las noches vestidas de alba
con el sueño que descansa.
El renacer albugíneo
que detrás de árboles guarda los astros
para que respire el tiempo ya viejo.
Un tacto alboreo que llega.
Luego la aurora se prende con ojos
de un afán por los deseos profundos
ya sembrados en el alma que asciende.
Y ese blanco que resume
en espera por un nombre.
El níveo triunfo del día
y el regalo de abrir los ojos
para rastrear esa página vital.
De pronto el amanecer
con sus destellos melódicos
sentencias que buscan síntesis
y la intuición que en su lucha navega
se proyectan en los ojos
que renuevan la tibieza en las manos.
¡De pronto
esos ojos me sonríen
y hacen todo amanecer!
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