Euforia mundialista y apuestas: El mecanismo cerebral detrás de la conducta compulsiva durante el Mundial 2026
Especialista de la UNAM advierte sobre los factores biológicos y sociales que impulsan el juego, en un torneo que proyecta ingresos históricos superiores a los 50 mil millones de dólares.
Por Luis Moreno
La Copa del Mundo no solo moviliza pasiones deportivas, sino también complejos mecanismos químicos en el cerebro humano que, combinados con factores sociales y culturales, pueden derivar en conductas compulsivas y de riesgo como la ludopatía.
Miguel Ángel Medina Gutiérrez, académico de la Facultad de Psicología (FP) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que eventos de esta magnitud generan una segregación masiva de neurotransmisores. Entre ellos destacan la adrenalina, que mantiene a los individuos atentos y emocionados, y la dopamina, encargada de producir una sensación de placer por el simple gusto de disfrutar el espectáculo.
Al analizar el comportamiento específico de quienes participan en apuestas físicas o digitales, el especialista universitario señaló que el organismo experimenta una mezcla de dopamina y serotonina, a la que se añade una carga extra de adrenalina que prepara a la persona para asumir riesgos.
El académico advirtió que el peligro se incrementa de manera notable cuando el entorno incluye otras variables de consumo. «Si a lo anterior le sumamos consumo de alcohol o de sustancias estimulantes, provoca que la gente se sienta emocionada o excitada por el evento y no esté tan consciente de sus actos», aseveró Medina Gutiérrez.
En el contexto mexicano, la afición adopta una postura marcadamente nacionalista o bien se vuelca hacia la esperanza por ver avanzar al representativo local. Bajo este esquema emocional, los usuarios optan por apostar a favor de su selección o, en su defecto, en contra de las potencias futbolísticas que muestran mayor consistencia histórica, tales como Brasil, Argentina, Alemania y España.
De acuerdo con el experto de la UNAM, la ludopatía es un trastorno multifactorial propiciado recurrentemente por problemas económicos o de estabilidad emocional. Factores que de forma aislada no predicen una adicción, al conjugarse en un entorno de conflicto personal, pueden detonar la patología tanto en sectores de altos como de escasos recursos.
«En cualquiera de los casos, bajo esta euforia que provoca una conducta compulsiva olvidan, momentáneamente, sus conflictos económicos, familiares, laborales, etcétera. Una forma de compensarlos es a través de hacer apuestas, arriesgar y sentirse recompensados por unos cuantos minutos u horas; en este caso, lo que va a durar el Mundial», precisó Medina Gutiérrez.
Para combatir el denominado «secuestro de la conducta», la prevención más efectiva radica en la educación. Sin embargo, el psicólogo rememoró que las infancias suelen ser introducidas de manera temprana a esta dinámica mediante actividades aparentemente inofensivas, como la recolección e intercambio de estampillas para los álbumes mundialistas. Desde esa etapa se negocia, se juega a los volados y se fomenta una cultura que, a decir del especialista, enseña a arriesgar sin una razón sólida.
Esta problemática social coincide con un escenario financiero sin precedentes para la industria del juego. Datos publicados por la firma global de estadísticas Statista GmbH revelan que el mercado mundial de apuestas deportivas está proyectado para superar los 50 mil millones de dólares en ingresos durante este Mundial 2026. Con la expansión del formato a 48 selecciones nacionales de futbol, la actual justa se consolidará formalmente como el evento con el mayor volumen de apuestas de toda la historia.

