Hacia el umbral del V Aniversario de la ordenación episcopal de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz. Noveno obispo de la Diócesis de Huajuapan de León
Dr. Justino Cortés Castellanos
Lic. Juvenal Cruz Vega
Obediens usque ad mortem. Ὑπήκοος μέχρι θάνατος. Obediente hasta la muerte Flp. 2, 8.
Advertencia
Es una alegría compartir con los lectores de El Comunicador Puebla un estudio biográfico sobre Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz, IX Obispo de la Diócesis de Huajuapan de León, exalumno del Pontificio Seminario Palafoxiano de Puebla. Es un trabajo en coautoría con mi maestro, el doctor Justino Cortés Castellanos, en el cual se destaca la importancia de estudiar la vida de una persona a través de la biografía, la historiografía, la filosofía, la filología, la historia y la teología. No en balde el gran humanista mexicano Gabriel Méndez Plancarte había escrito hace 89 años sobre el valor de la cultura y de la historia de nuestros hombres en México: “Conozcámonos. Amemos lo nuestro. Hagamos valer nuestros valores. Suscitémoslos, afirmando nuestra auténtica personalidad. Siempre haciendo nuestro lo universal para hacer universal lo nuestro: doble y magna función de la cultura”. (Fisonomías mexicanas: en Ábside, Año I, núm. 1, México, 1937, pp. 37).
El trabajo está constituido en tres partes. La primera es una presentación sucinta sobre los rasgos biográficos de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz. La segunda parte es una exposición completa y profunda del presbítero y doctor Justino Cortés Castellanos, al cual tituló: Figura y misión del obispo. La tercera parte se denomina: La vida como circunstancia de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz.
Ojalá esta disertación sea el inicio de otras que vengan a complementar la obra de esta gran misión que ha emprendido Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz al acercarse el V Aniversario de su ordenación episcopal, siendo el IX Obispo de la Diócesis de Huajuapan de León.
Lic. Juvenal Cruz Vega, director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz
a). Preámbulo. Datos biográficos de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz
Nació el 15 de noviembre de 1970 en la ciudad de Puebla
Sus padres son: D. Rubén Castro Argüelles y Dña. Eva Muñoz Rodríguez
Recibió el bautismo el día 3 enero de 1971
Ingresó al Seminario Palafoxiano de Puebla el 28 de agosto de 1986
Alumno del Pontificio Seminario Palafoxiano de Puebla, obteniendo el Bachillerato Pedagógico (humanidades): “José Ignacio Márquez” de 1986 a 1989. Filosofía de 1989 a 1992. Teología de 1993 a 1997. Diplomado en Planeación participativa. Universidad Iberoamericana, 2003. Licenciatura en Teología con especialización en Historia de la Iglesia: Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Ciudad de Roma, Italia. 2006-2008. Estudio superior en arqueología cristiana. Pontificium Institutum Archeologiae Christianae. Ciudad de Roma, Italia. 2007-2008.
Recibió el diaconado el 19 octubre de 1997 en la Basílica Catedral de Puebla
Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1998 en la Basílica Catedral de Puebla
Ha obtenido los siguientes nombramientos:
Vicario Parroquial de Santa María de la Asunción, Izúcar de Matamoros, pue. 1998-2003
Cooperador adjunto de Pastoral Juvenil diocesana. 2003-2005
Vicario parroquial de la parroquia Jesús Divino Maestro, 2004-2005
Asesor en el Seminario Menor, 2005-2006
Pontificio Colegio Mexicano en Roma. Ciudad de Roma Italia. 2006-2008
Profesor en el Seminario Mayor Palafoxiano. 2008-2018
Colaborador en la Curía diocesana. 2008-2009
Asesor de Filosofía en el Seminario Mayor. Agosto 2009
Asesor del Curso Introductorio. Agosto 2011-2020
Secretario de la Vicaria de Pastoral. Mayo de 2014-2016
Rector del Santuario Guadalupano arquidiocesano. Marzo 2017-septiembre 2020
Director espiritual de los laicos asociados a la Congregación de Misioneras de la Caridad. Diciembre 2009-2019
Secretario del 5o Sínodo Diocesano del 2016 al 2019
Párroco Jesús Buen Pastor, Rivera Anaya, septiembre 2020-2021
Capellanías que ha tenido a su cargo
Capellán del Instituto México de Puebla. Septiembre 2003-2004
Capellán de la Congregación Hijas de Santa María de Guadalupe 2004-2006
Congregación de las Misioneras de la Caridad 2009-2020
Congregación Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres. 2009-2019
Nombrado IX Obispo de la Diócesis de Huajuapan de León, 27 de marzo de 2021, tomando posesión el 17 de junio de 2021.
Su lema: Obediens usque ad mortem (Obediente hasta la muerte)
b). La figura y la misión del obispo
Pbro. Dr. Justino Cortés Castellanos, investigador de la Arquidiócesis de Puebla
Al llegar “la plenitud de los tiempos” (Ga. 4,4) el Padre envió a su Hijo para realizar su designio de salvación en “todo hombre que viene a este mundo” (Jn. 1,9). Cristo llevó a cabo la misión, que su Padre le entregó, mediante su pastoreo ejercido a través de su magisterio, sacerdocio y gobierno. Antes de ascender al cielo, el Señor Jesús estableció a la Iglesia “como sacramento de salvación” (CONC. VAT. II, Decr. Ad gentes divinitus, n. 5). sobre la base de los doce Apóstoles y sus sucesores: el Papa y los Obispos. (Cf. CONC. VAT. II, const. Lumen gentium, nn. 19-20). Reflexionar brevemente acerca de lo que es el Obispo en general y el Obispo diocesano, así como acerca de la personalidad del Obispo diocesano de hoy y de la actitud de los fieles para con su Obispo, es el objeto de la presente exposición.
Naturaleza del obispo
El Obispo, considerado en general, es:
1). Sucesor de los Apóstoles
Los Obispos son sucesores de los Apóstoles. Suceden, es decir, sustituyen o reemplazan a los Apóstoles en todo lo que tenía de permanente y ordinario su oficio apostólico, ya que éstos murieron; no en lo que tenía de transitorio y extraordinario, como en el ser testigos oculares del misterio de Cristo, en el poseer la jurisdicción universal e infalibilidad personal y en el don de hacer milagros.
La razón de esta institución divina del episcopado está en la voluntad expresa del único Fundador de la Iglesia de continuar y consumar su tarea salvadora en todos los tiempos y entre toda la gente. (Cf. Mt. 28,18 ss).
No sabemos de qué Apóstol cada Obispo sea el sucesor, si de Andrés, o de Juan, o de Santiago, o de Mateo, etc.; pero es un hecho innegable que los Obispos son los sucesores legítimos de los Apóstoles. En otras palabras, consta que el Colegio Episcopal sucede al Colegio Apostólico. “Esta divina misión confiada por Cristo a los Apóstoles ha de durar hasta el fin del mundo (cf. Mt. 28,20), puesto que el Evangelio que ellos deben propagar es en todo tiempo el principio de toda la vida para la Iglesia. Por eso los Apóstoles cuidaron de establecer sucesores en esta sociedad jerárquicamente organizada”. (CONC. VAT. II, const. Lumen gentium, n. 20).
2). Miembro del Colegio episcopal.
El conjunto de todos los Apóstoles, con Pedro a la cabeza, formó el Colegio apostólico; de modo semejante, el conjunto de todos los Obispos, con el Papa a la cabeza, constituye el Colegio (Cuerpo) episcopal. “Así como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio apostólico, de igual manera se unen entre sí el Romano Pontífice y los Obispos, sucesores de los Apóstoles” (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, n. 22).
Esto exige que cada Obispo se preocupe también por la Iglesia universal. “Sea en orden a la Iglesia particular, la tarea del obispo trasciende los límites de su propia diócesis. Sea en orden a su perfecta comunión con la cabeza, el obispo siente la corresponsabilidad por la Iglesia universal. Sea en orden a la relación con los demás obispos, cada obispo participa en la solicitud por todas las Iglesias”. (E. PIRONIO, Escritos pastorales, BAC, 1973, p. 111).
Formas concretas de ejercer esta colegialidad, las tienen los Obispos, por ejemplo, cuando participan en la Conferencia Episcopal, en el Sínodo de Obispos o en un Concilio ecuménico.
3). Presencia de Cristo.
El Episcopado es un sacramento, en cuanto que Cristo, la Cabeza invisible de la Iglesia, quiso estar presente entre nosotros “hasta la consumación de los siglos” representado por hombres vivos, visible: los Obispos. “En la persona, pues, de los Obispos, a quienes asisten los presbíteros, el Señor Jesucristo, Pontífice supremo, está presente en medio de los fieles. Porque, sentado a la diestra del Padre, no está ausente de la congregación de sus pontífices, sino que principalmente a través de su servicio eximio, predica la palabra de Dios a todas las gentes y administra continuamente los sacramentos de la fe a los creyentes, y por medio de su oficio paternal va congregando nuevos miembros a su Cuerpo con regeneración sobrenatural; finalmente, por medio de su sabiduría y prudencia dirige y ordena al Pueblo del Nuevo Testamento en su peregrinación hacia la eterna felicidad… de tal manera que los Obispos, de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor, Pontífice, y actúan en lugar suyo”. (CONC. VAT. II, const. Lumen gentium, n. 21. Cf. S. CONGR. PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, CELAM, Bogotá 1975, n. 16).
4). Servidor.
El Obispo, siguiendo el ejemplo de Cristo, el “Siervo de Yahvéh” (Mt. 3,17; Hch. 3,13; Flp. 2,7), quien no “ha venido a ser servido, sino a servir” (Mc. 10,45), y quien estuvo en medio de los suyos como “el que sirve”, es esencialmente un servidor del Pueblo de Dios: “no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como siervos vuestros por Jesús” (2 Co. 4,5). “Este encargo que el Señor confió a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diaconía, o sea, ministerio”. Cf. Act. 1,17 y 25; 21,19; Rom. 11,13; 1 Tim. 1,12. (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, n. 24).
5). Padre.
Todo Obispo es participante de la paternidad divina. En efecto, lleva a cabo el ministerio de engendrar espiritualmente a los nuevos hijos de Dios y de la Iglesia al dar a conocer a Cristo y a tratar con Él, y al administrar los sacramentos, fuentes de santificación, de tal modo que puede exclamar con San Pablo: “Pues, aunque hayáis tenido diez mil pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, os engendré en Cristo Jesús”. (1 Co. 4,15).
“En el ejercicio de padre y pastor, sean los Obispos en medio de los suyos como los que sirven, buenos pastores, que conocen a sus ovejas y a quienes ellas también conocen; verdaderos padres, que se distinguen por el espíritu de amor y solicitud para con todos, y se someten de buen grado. De tal manera congreguen y formen a la familia entera de su grey, que todos, conscientes de sus deberes, vivan y actúen en comunión de caridad”. (CONC. VAT. II, decr.. Christus Dimunus, n. 16). “El Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey, de quien deriva y depende en cierto modo la vida en Cristo de sus fieles”. (CONC. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 41).
6). Pastor.
Los Obispos son los continuadores de la obra de Cristo, “el príncipe de los pastores” (1 P. 5,4), “el pastor y guardián de nuestras almas” (1 P. 2,25), “el Buen Pastor) (Jn. 10,1-20), y los sucesores de los Apóstoles puestos por “el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios”. (Tt. 1,5).
“Jesucristo, Pastor eterno, edificó la santa Iglesia enviando a sus Apóstoles lo mismo que Él fue enviado por el Padre (cf. Jo. 20,21), y quiso que los sucesores de aquéllos, los Obispos, fuesen los pastores en su Iglesia hasta la consumación de los siglos”. (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, n. 18).

II. El obispo diocesano
La comunidad particular o diócesis no es una mera parte o división de la Iglesia universal –Cuerpo de Cristo–, sino concretización o realización de ésta en un tiempo y lugar determinados; por eso San Pablo no habla de la Iglesia de Macedonia, de Corinto, de Éfeso, etc., sino de la Iglesia en Macedonia, en Corinto, en Éfeso, etc. “Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las reuniones locales de fieles, que, unidas a sus pastores, reciben también en el Nuevo Testamento el nombre de Iglesias”. (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, n. 26).
“La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para apacentarla con la cooperación de su presbiterio, de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en que se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es una santa, católica y apostólica”. (CONC. VAT. II, Decr. Christus Domunis, n. 11). “En la comunión eclesiástica existen legítimamente las Iglesias particulares, confiadas cada una a un Obispo, y formadas a imagen de la Iglesia universal: en ellas y por ellas se constituye la una y única Iglesia católica… la iglesia particular llamada a reproducir lo más perfectamente posible la imagen de la Iglesia universal”. (S. CONGR. PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, n. 3).
Así como la Iglesia particular debe encarnar a la Iglesia universal, también cada Obispo debe encarar las cualidades y funciones del Obispo en general, sintetizadas de una manera admirable en las cualidades y oficios del Obispo considerado como Pastor. “Todos y cada uno de los Obispos a quienes se ha confiado el cuidado de una Iglesia particular apacienten sus ovejas, bajo la autoridad del Romano Pontífice, como pastores propios, ordinarios e inmediatos de ellas, ejerciendo su oficio de enseñarlas, santificarlas y regirlas”. (CONC. VAT. II, Decr. Christus Dominus, n. 11). Por consiguiente, todo Obispo diocesano es:
1). Maestro.
El Obispo, meditando las palabras de Cristo: “También a otras ciudades tenga que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado” (Lc 4,43) y las de San Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1 Co. 9,16), considera el “ministerio de la palabra” (Hch. 6,4), a saber, la Evangelización de su comunidad diocesana como la razón misma de su ser. “Entre los principales oficios de los Obispos se destaca la predicación del Evangelio” (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, n. 25). “Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia”. (DECLARACION DE LOS PADRES SINODALES, n. 4. Cf. L’Osservatore Romano (26 octubre 1974).
El cumplimiento de esta misión pide al Obispo no sólo el compromiso de conservar fielmente el “depósito de la fe” (1 Tm. 6,20), sino también el de interpretarlo y aplicarlo a las circunstancias concretas de sus fieles. “Es prerrogativa de los Obispos enseñar con autoridad la palabra de Dios y ser sus testigos, custodiarla con fidelidad e interpretarla auténticamente”. (S. CONGR. PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, n. 15).
El magisterio del Obispo se refiere directamente a las realidades sobrenaturales, pero sin descuidar las temporales. “Los Obispos, que han recibido la misión de gobernar a la Iglesia de Dios, prediquen, juntamente con sus sacerdotes, el mensaje de Cristo, de tal manera que toda la actividad temporal de los fieles quede inundada por la luz del Evangelio”. (CONC. VAT. II, Const. Gaudium et spes, n. 43).
El Obispo cumple normalmente este oficio de enseñar a su grey mediante catequesis, homilías, predicación ocasional y cartas pastorales.
2). Pontífice
En el Obispo reside la plenitud del sacerdocio ministerial de la Nueva Alianza. Como a “gran sacerdote de su grey” (CONC. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 41), le corresponde la misión de santificar a quienes forman su diócesis, principalmente por medio de los sacramentos. “Los Obispos son los principales dispensadores de los ministerios de Dios, los moderadores, promotores y guardianes de toda la vida litúrgica en la Iglesia que se les ha confiado” (CONC. VAT. II, Decr. Christus Dominus, n. 15), “…por medio de los sacramentos, cuya administración legítima y fructuosa regulan ellos con su autoridad, santifican a los fieles. Ellos disponen la administración del bautismo, por medio del cual se concede la participación en el sacerdocio regio de Cristo. Ellos son los ministros ordinarios de la confirmación, los dispensadores de las sagradas órdenes y los moderadores de la disciplina penitencial; y ellos solícitamente exhortan e instruyen a sus pueblos para que participen con fe y reverencia en la liturgia y, sobre todo, guardando su conducta de todo mal y, en la medida que puedan y con la ayuda de Dios transformándola en bien, para llegar, juntamente con la grey que les ha sido confiada, a la vida eterna”. (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, n.28).
De una manera muy especial, el Obispo, desde la primitiva Iglesia, siempre aparece esencialmente ligado a la celebración de la Eucaristía. “El Obispo, por estar revestido de la plenitud del sacramento del orden, es “el administrador de la gracia del supremo sacerdocio”, sobre todo en la Eucaristía, que él mismo celebra o procura que sea celebrada”. (Ibid).
Yo San Ignacio de Antioquía escribió a los cristianos de Filadelfia: “Sed solícitos en participar de una eucaristía, porque una es la carne de Nuestro Señor Jesucristo y uno es el cáliz para la unión con su sangre; uno es el altar, así como uno es el Obispo en unión con el presbiterio y los diáconos”. (Ad Philadel. 4).
Con toda razón escribe un autor contemporáneo a este respecto: “En cada diócesis, los altares de todas las iglesias, las “eucaristías” de todos los templos, convergen y se vinculan al único altar y a la única eucaristía del obispo, que es en la que acontece la “principal manifestación de la Iglesia” esparcida por todo el mundo (L 41)”. (C. FLORISTAN-M. USEROS, Teología de la acción pastoral, BAC 1968, p. 487).
Por eso, todo Obispo no puede menos que recordar y vivir según las palabras que le fueron dirigidas en su Ordenación episcopal: “En la oración y en el sacrificio eucarístico pide abundancia y diversidad de gracias, para que el pueblo a ti encomendado partícipe de la plenitud de Cristo”. (Rito de ordinatione episcopi, n. 18). “Padre Santo, conocedor de los corazones, concede a este hijo tuyo, elegido para el episcopado, apacentar tu pueblo santo, ejercer ante Ti, sin reprensión, el Sumo Sacerdocio, servirte día y noche e interceder siempre por el pueblo, ofreciendo los dones de tu Santa Iglesia”. (Ibid., n. 26).
Finalmente, el Obispo no debe contestarse con que su grey tenga el mínimum de vida cristiana, sino debe tratar de que llegue a la santidad, a la perfección. “Por razón de la plenitud del sacerdocio jerárquico y de su peculiar comunión con Cristo Cabeza, el Obispo tiene la estricta obligación de presentarse como “perfeccionador” de la grey en el sentido de que, viviendo en la caridad, en la humildad y en la simplicidad, debe ser maestro, promotor y ejemplo de la perfección cristiana para los clérigos, los religiosos y los laicos, cada uno según su particular vocación”. (S. CONGR. PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, n. 19).
3). Gobernante.
El Obispo es un auténtico gobernante y jefe espiritual. Guía a su pueblo no como vicario del Papa, pues no lo es; sino como “vicario y legado de Cristo… con sus consejos, con sus exhortaciones, con sus ejemplos, pero también con su autoridad y sacra potestad”. (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, n. 27), que le vienen de Él inmediatamente.
La autoridad episcopal reviste las siguientes características: propia (le es conferida por Cristo; no por un poder humano); ordinaria (va unida a su oficio de Obispo); inmediata (con relación a sus ovejas) “aunque su ejercicio esté regulado en definitiva por la autoridad suprema de la Iglesia y pueda ser circunscrita dentro de ciertos límites con miras a la utilidad de la Iglesia o de los fieles”. (Ibid).
El Obispo es gobernante verdadero y tiene autoridad igualmente verdadera, pero no de naturaleza temporal (“no así vosotros”), sino espiritual, que viene a identificarse con la responsabilidad y el servicio: “Y tú, querido hermano, elegido por el Señor, recuerda que has sido escogido de entre los hombres y puesto al servicio de ellos en las cosas de Dios. El episcopado es un servicio, no un honor; por ello el Obispo debe ante todo vivir para los fieles y no solamente presidirlos. El que es mayor, según el mandato del Señor, debe aparecer como el más pequeño, y el que preside, como quien sirve”. (Rito de ordinatione episcopi, n.18). “Los Obispos están revestidos de verdadera autoridad respecto del clero y del pueblo cristiano, ya que son sucesores de los Apóstoles y continúan, en lugar de ellos, la misión que les fue confiada. Se trata, sin embargo, de una autoridad de carácter pastoral y vicaria, absolutamente diversa de la autoridad que se da en la sociedad humana, porque su ejercicio tiene como regla fundamental la de ser un humilde y fraterno servicio”. (S. CONGR. PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, n. 32).
Como verdadero gobernante y jefe ejerce un triple poder: legislativo, judicial y ejecutivo en orden a la conducción de su diócesis a la vida eterna: “Por esto los Obispos son ciertamente “pastores buenos que conocen sus ovejas y a quienes ellas también conocen como verdaderos padres que se distinguen por su espíritu de amor y la solicitud para con todos”; sin embargo, también como jueces y administradores de la justicia prestan un servicio excelente, no menor a la comunidad y muy útil de la sagrada potestad que ejercen personalmente en nombre de Cristo, “tienen el sagrado derecho y ante el Señor el sagrado deber de legislar para sus súbditos, de juzgarlos y de regular todo cuanto pertenece a la organización del culto y del apostolado”. (S. CONGR. PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, n. 92).
III. La personalidad del obispo diocesano hoy
Está muy distante de la personalidad del “Obispo-Señor” de tiempos pretéritos, cuya autoridad estaba fincada en el “báculo y la espada” (PABLO VI, en su alocución al episcopado italiano –6 diciembre 1965– (Ecclesia 5 febrero 1966). Su personalidad es semejante en todo a la de Cristo, el Buen Pastor. “Cuida y dirige la Iglesia que se te confía, y sé fiel dispensador de los ministerios de Cristo. Elegido por el Padre para el cuidado de su familia, ten siempre ante tus ojos al Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas, y no dudó en dar su vida por el rebaño”. (Rito de ordinatione episcopi, n. 18). “La trama de la vida cotidiana del Obispo es esta: enseñar, santificar, gobernar. Pero el fundamento de todo este altísimo trabajo, en el que se gasta y desgasta a sí mismo (cf Co 12,15), es el espíritu pastoral (animus pastoralis) siguiendo el ejemplo y la enseñanza del buen Pastor Jesús, que son su regla infalible” (S. CONGR. PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, n. 164). En consecuencia, el Obispo como Cristo el Buen Pastor:
1). Conoce a sus ovejas: tiene conocimiento íntimo y amoroso de cada una de ellas: las llama por su nombre, sabe sus luces y sus sombras, sus cualidades y defectos, su interioridad y exterioridad, sus defecciones y su adhesión.
2). Alimenta a sus ovejas: busca siempre las praderas de pastos lozanos, frescos y suaves, no los pisoteados y enturbiados” (Cf. Ez. 34,19). Las alimenta con las palabras de Cristo que “son espíritu y son vida” (Jn. 6,58), así como con los sacramentos de una manera muy especial con la Eucaristía.
3). Va delante de sus ovejas: con su voz, que ilumina las diversas situaciones de la vida humana, y con su testimonio, que marca el sendero que deben seguir, con sus propias huellas, a semejanza de Jesús. (Cf. 1 P. 2,21).
4). Da la vida por sus ovejas: no vive para sí mismo; vive totalmente para sus ovejas. Todo lo que es y todo lo que tiene lo entrega a su grey. Momento a momento, poco a poco, va consumiendo su vida “gastándose y desgastándose” por sus ovejas. (Cf. 2 Co. 12,15).
“Por la consagración sacramental el Obispo queda configurado, en forma peculiar y propia, con Cristo el solo “maestro bueno” (Mt.19,6), el solo “pontífice santo” (Hb 7,26), el solo “pastor bueno” que “da la vida por sus ovejas” (Jn. 10,11). Por este motivo y para no ser inferior a oficio de tanta responsabilidad, debe sentirse impulsado a conformarse con Cristo en forma singular aún en su vida personal y en el ejercicio del ministerio apostólico, de tal manera que “el pensamiento de Cristo” (1 Co. 2,16) informe por entero su modo de pensar y de comportarse en medio de los hombres”. (S. CONGR. PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, n. 21).
Este mismo documento describe las virtudes de que debe estar adornado el Obispo: caridad pastoral; fe y espíritu de fe; esperanza en Dios, fiel a sus promesas; obediencia a Dios y a la voluntad de Dios manifestada a través de la autoridad de la Iglesia; perfecta continencia “por amor al Reino de los cielos” (Mt. 19,12); pobreza afectiva y efectiva; prudencia pastoral y fortaleza. (Ibid., cap IV).
IV. La actitud de los fieles para con su obispo
Siendo el Obispo diocesano el Pastor puesto por el Señor para apacentar una comunidad particular, el católico tendrá que reproducir las cualidades de la buena oveja descritas en el Evangelio:
1). Conoce a su Pastor: sabe que no es un ángel, sino un hombre, y que como tal está “envuelto en flaqueza”. (Hb. 5,2), tiene sus debilidades, sus defectos, si innata limitación; pero también sabe que tiene poder real sobre el Cuerpo sacramental de Cristo y sobre el Cuerpo Místico, y lo reconoce como representante de Cristo y sucesor de los Apóstoles.
No se trata de un conocimiento abstracto y frío, sino de un conocimiento profundo y vital, que brota del trato íntimo y del espíritu de fe.
2). Escucha la voz de su Pastor: la palabra escuchar no significa la mera materialidad de oír, sino la atención, diligencia y amor con que trata de asimilar y convertir en vida lo que de él ha oído.
3). Sigue a su Pastor: es decir, se adhiere totalmente y se entrega incondicionalmente a quien con tanto sacrificio y entrega lo conduce.
En otras palabras, la buena oveja, que es todo buen católico:
Debe aceptar las enseñanzas ortodoxas de su Obispo. “Los fieles, por su parte, en materia de fe y costumbres, deben aceptar el juicio de su Obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a él con religioso respeto”. (CONC. VAT. II, Const. Lumen Gentium, n. 25).
Debe responder con la maleabilidad de un niño y con la convicción de un adulto a la misión santificadora de su Obispo, a fin de que pueda llegar a la “plenitud de la madurez de Cristo”, a ser perfecto como es perfecto el Padre celestial. En esto consiste la docilidad cristiana.
Debe prestar una obediencia vital, o sea, el compromiso de su voluntad, al gobierno pastoral de su Obispo. “¡Cuánto más os llamaré dichosos a vosotros por estar unidos al obispo, como la Iglesia lo está con el Padre, al fin de que todo concuerde armónicamente en la unidad!” (San IGNACIO DE ANTIOQUIA, Ad Ephes. 5).
Además, el buen católico:
No deja solo a su Obispo, no permanece ajeno o indiferente ante la tarea de su Obispo; más bien con un sentido de verdadera corresponsabilidad –como Iglesia que es– se siente comprometido a tomar como suyo cuanto se refiere a la edificación de la Iglesia.
Ora por su Obispo como Cristo rezó a su Padre por sus Apóstoles” (Jn. 17,9 ss).
Conclusión.
Si en todo tiempo el ejercicio de la misión de los Obispos ha sido difícil, en nuestros días lo es aún más. A este respecto dice el Papa:
“Todos los días, en el ejercicio de nuestro ministerio apostólico, notamos lo difícil y grave que se ha vuelto el ministerio del obispo. Verdaderamente, la función episcopal no es ya un título de honor temporal, sino un deber de servicio pastoral. Y ¡qué servicio! (PABLO VI, 11-IV-70).
“El buen Pastor, es decir, el obispo y quien comparte con él su ministerio, hoy no se encuentra ya ciertamente en aquella situación arcádica y tranquila, que su título parece asegurarle. Hoy todo se cuestiona. Todo es tensión, todo es presión. Decidlo vosotros: ¿es hoy fácil ser obispo?” (PABLO VI, Homilía en la celebración eucarística con los Obispos italianos el 11 de junio de 1973. Cf).
Como una muestra de sentido de Iglesia y de correspondencia, quienes formamos su grey –Presbiterio y Laicado–, debemos hacer, lo mejor posible, cada uno, la parte que nos corresponde. De esta manera la misión de nuestro Arzobispo no sólo será menos difícil, sino simplemente será eficaz tanto cuando enseñe, como cuando santifique y gobierne.
Para terminar, pensemos nuevamente en las claras, profundas y piadosas palabras de San Ignacio de Antioquía: “Sed solícitos en particular de una eucaristía, porque una es la carne de Nuestro Señor Jesucristo y uno es el cáliz para la unión con su sangre; uno es el altar, así como uno es el obispo en unión con el presbiterio y los diáconos” (Cf. Supra, pp. 16-17). Procuremos, pues, mediante la participación digna de la Eucaristía, ser un signo de unidad con la “Iglesia Madre” o Universal, representada por nuestro Obispo.

c). La vida como circunstancia de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz
Lic. Juvenal Cruz Vega. Director general de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz.
¡Oh Sacerdos¡ ¿Tu quis es? Non es a te; quia de nihilo. Non es ad te; quia mediator ad Deum. Non es tibi; quia soli Deo vivere debes. Non es tui; quia es omnium servus. Non es tu; quia Deus es. Quid ergo es? Nihil et omnia”. (San Juan Crisóstomo, Lib. 3 de Sac; en Tesoro del Sacerdote, por el P. José Macu, S.J. 12ª edición, Barcelona, España, 1898, pp. 1-11. Versión española del presbítero y doctor Justino Cortés Castellanos).
1). Perspectiva de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz
El doctor Guillermo Hernández Flores cuando se refería a la vida de un gran personaje solía decir este bello fragmento: “La vida habla en la biografía de los hombres. Sin embargo, pobre es su comprensión cuando son sólo datos y fechas el texto de su lectura. A la vida hay que leerla siempre como entre líneas, menos como quien calcula y más como quien adivina el misterio. El complejo espacio-temporal no es, al menos no todo ni el más determinante, el verdadero texto de la vida humana. Débense intuir los veneros profundos para los que la vida se manifiesta en una peculiar biografía”. (Propedéutica a la filosofía de Mauricio Beuchot, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Dirección de Fomento Editorial, Puebla, 2019, p. 15).
Una noticia del 27 de marzo de 2021 me causó abundante alegría y fue el inicio de esta reflexión. Se trata de una grata sorpresa con un mensaje del padre Jesús Vázquez Arana; la noticia la anunciaba L’Osservatore Romano, donde el Papa Francisco había nombrado IX Obispo de la Diócesis de Huajuapan de León, Oaxaca, a un sacerdote de la Arquidiócesis de Puebla, al padre Miguel Ángel Castro Muñoz, párroco de la parroquia Jesús Buen Pastor, en la Colonia Rivera Anaya de la ciudad de Puebla.
Tan pronto se dio a conocer la noticia oficial, la Arquidiócesis de Puebla envió un comunicado al respecto, y del cual comparto uno de los fragmentos: “La Arquidiócesis de Puebla expresa a Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz su más sincera felicitación por el nombramiento que Su Santidad, le ha confiado; asimismo, le manifiesta su gratitud por los años de ministerio presbiteral que desempeñó en esta Iglesia que peregrina en Puebla; al tiempo que eleva sus plegarias a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, para que le fortalezca y asista en esta nueva encomienda pastoral. Que por la especial intercesión de la Santísima Virgen María y de San José, Dios le conceda un fecundo ministerio episcopal. La fecha y el lugar de la ordenación episcopal serán determinados y comunicados posteriormente”.
Personalmente es una emoción singular, al escribir esta reseña. Es una alegría que comparto con la Arquidiócesis de Puebla, con el Seminario Palafaxiono, con la familia del mismo Monseñor Miguel Ángel y con la Diócesis de Huajuapan de León.
Durante estos días he podido recordar algunos momentos estelares de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz, desde su paso por el Seminario Palafoxiano de Puebla, la cercanía con su familia, la amistad común con muchos de los amigos de distinta índole, su estancia en la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, mientras cursaba la lengua latina, antes de ir a Roma a estudiar la licenciatura en historia, hasta su experiencia como sacerdote. El padre Israel Mercado Serrano de la Arquidiócesis de Puebla nos ha ofrecido un primer acercamiento bello, acertado y sucinto de la personalidad de nuestro biografiado: “Recuerdo a un seminarista sencillo y alegre, unido a todos sus compañeros por la amistad y siempre con una sonrisa sincera. Como mi alumno fue un joven responsable, participativo y dialogante. Como sacerdote un buen amigo de confianza, humilde y obediente a sus superiores, siempre con espíritu orante para guiar su vida y firme en la toma de sus decisiones. Me pidió consejo y orientación en algunos momentos claves de su vida como seminarista y sacerdote. Buscando en mí al hermano y amigo. Confió en mi para colaborar en la formación de sus muchachos en el Seminario”. (Entrevista personal en su parroquia San Isidro Labrador. Arquidiócesis de Puebla).
En efecto, muchos hemos podido definir y apreciar a Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz como un sacerdote joven, alegre, preparado, trabajador, creativo, sugerente, deportista y un excelente ser humano, en suma: un hombre preparado, virtuoso y feliz.
Desde muy temprano se notaban ya las características de un buen líder; y eso se puede advertir en la descripción que nos ha obsequiado una de sus hermanas, la licenciada Clara Castro Muñoz: “La niñez de mi hermano y desde mi punto de vista fue una niñez sana, divertida y en libertad, acompañado siempre de muchos primos y amigos pues pertenecía a un equipo de beisbol llamado Los Canguros de san Baltazar, del que mi papá era el manager, equipo que le permitió tener sus primeros triunfos de manera colaborativa. Sus tardes eran en los campos de lo que hoy, es la Preparatoria Benito Juárez García de la BUAP, y que en ese tiempo era el lugar de reunión de los primos y amigos. En su vida siempre fue acompañado, seguido y muy querido por familiares y amigos. Sin duda los abuelos paternos tuvieron una influencia importante en su vida, pues al vivir cerca de ellos les permitía transmitir la fe cristiana más fácilmente. Fue en el seno de la familia extendida donde fue encontrando razones para preguntarse sobre el sacerdocio. En verdad, la influencia del presbítero Juan Cunilleras, de la orden de los padres Escolapios, también puso de su parte. Entre otras actividades, organizaba grandes posadas que emocionaban mucho a los niños, porque había de todo para ser feliz y que por cierto a mi hermano le tocó representar en una ocasión a San José, le elaboraba mi mamá su túnica y montado a caballo hacía el recorrido de pedir posada”. (Entrevista personal en la ciudad de Puebla).
Dije joven, porque actualmente tiene cincuenta y cinco años de edad, viene de una familia sencilla, agradable y de buena cuña cristiana; allí están las raíces de sus padres, Don Rubén Castro y Argüelles y Doña Eva Eloina Muñoz Rodríguez, quienes son personas que tienen temor a Dios y quienes le transmitieron la piedad cristiana que surge de numerosas generaciones.
Personalmente lo recuerdo desde la adolescencia, pues estudiamos humanidades y el primer año de teología. Después él continuó con sus estudios eclesiásticos, perteneció a un grupo numeroso de 36 estudiantes, se ordenaron 9, uno falleció muy joven, el padre José Carmen Arellano Navarro, Yo formaba parte de su equipo de amigos cercanos, junto con los padres Marcelino Tentle Bello y Jesús Vázquez Arana, igualmente el maestro José Ignacio Solano Rodríguez y otro puñado de amigos. Entre sus compañeros tiene buenas relaciones, amistad y excelente comunicación. Igualmente ha sabido apreciar y amar la vida de sus maestros y formadores.
Me viene a la memoria la estricta formación del seminario: la formación humana, espiritual, académica y pastoral, la cual nos recuerda la formación y el ideario de las escuelas de la tradición clásica y cristana, las scholae del medievo y los gignasium del Renacimiento y del Humanismo, igualmente la formación del Concilio de Trento y muchas escuelas de la Nueva España y de México independiente. Qué tiempos aquellos, como decía el gran Marco Tulio: ¡O tempora, o mores¡ (Cic. De Or. 2, 9, 36). Y junto a esto, el incomparable plan de estudios en todas las áreas de las humanidades. Cuando se recuerda aquel bello pase de la historia del humanismo del gran poeta mexicano, Don Alfonso Reyes Ochoa, no faltará quien diga que nuevamente tiene ganas de regresar a las aulas y a los pasillos del seminario. Veamos cómo lo describe el inmortal poeta mexicano “Viaja la cultura, no se está quieta, por tres siglos funda sus cuarteles en Atenas; por otros tres siglos en Alejandría; madura por otros cinco en Roma; ocho reposa en Constantinopla. Y al cabo se difunde por el Occidente europeo, para después cruzar los mares en espera de la “hora de América”, hoy más apremiante que nunca”. (La crítica de la edad ateniense (600 a 300 a. C.), Alfonso Reyes Ochoa, 1941, en Obras Completas, Vol. XIII, FCE, México, 1961. También véase: Por amor al griego, la nación europea, señorío humanista, siglos XIV-XVII, Jacques Lafaye, FCE, México, 2005, p. 21).
Cómo no recordar a los grandes maestros del Seminario Palafoxiano, con los cuales se formó Monseñor Miguel Ángel Castro, por ejemplo: los padres Rubén Ávila Gutiérrez, Filogonio Sánchez Castillo, Guillermo Hernández Flores, Fernando Morales Lechuga, Rogelio Montenegro, Ignacio Martínez Aurioles, José Luis Ramírez, Herminio Vázquez Pérez, Monseñor Víctor Sánchez Espinosa, entre otros.
A finales de los noventa figuraba entre las conversaciones, el rector de entonces, también un obispo estricto y disciplinado, Monseñor Salvador Martínez Pérez, recientemente fallecido. Igualmente, un asesor de entonces, el padre Herminio Vázquez Pérez, actual Secretario Canciller de la Curia de la Arquidiócesis de Puebla, y por su puesto la planta docente del seminario, única en su género, pues actualmente es difícil hallar una planta docente de tal magnitud en una institución en cualquier medio de nuestro país.
Así que en el camino surgirán anécdotas de tantas vivencias y experiencias por parte de muchos que han conocido directa o indirectamente a este humilde obispo, sabio y gran ser humano.
2). Noticia biográfica de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz
De su currículum vitae me han impresionado muchos datos, pues yo solía recordar sólo algunos de ellos. Nuestros compañeros, amigos y familiares recordarán más datos, anécdotas y acontecimientos. Mi gran amigo y compañero, el padre Marcelino Tentle Bello me recordó algunos datos exactos; igualmente el padre Jesús Vázquez; y otros más, recopilados por la familia del mismo Monseñor Miguel Ángel Castro.
He aquí algunos, a los que ya he aludido. Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz nació el 15 de noviembre de 1970, en la ciudad de Puebla, fue bautizado el 3 enero de 1971. Sus padres son el señor Rubén Castro Argüelles y doña Eva Muñoz Rodríguez. Es el mayor de sus cinco hermanas: Graciela, Socorro, Clara, Judith y Ruth Karina, y el junior Héctor David, quien falleció hace poco tiempo, era su primo, pero vivió con ellos como si fuera un hermano. Estudió la Primaria en la Escuela “Emiliano Zapata” de 1977 a 1981; y en la escuela “6 de enero” de 1981-1983. Cursó la Secundaria en la escuela “Federal No. 6” de 1983 a 1986; y el Bachillerato Pedagógico en humanidades en el Colegio “José Ignacio Márquez y Toriz”, del Seminario Menor Palafoxiano, de 1986 a 1989.
Ya en el Seminario Mayor, estudió la Filosofía de 1989 a 1992. Realizó su año de experiencia pastoral en la Parroquia de la Natividad, Atlixco, Puebla, bajo la diligencia del padre Alejandro Arenas. En el verano de 1993 realizó un curso de actualización: “Síntesis filosófica” en la Universidad Pontificia de México. Después realizó los estudios de Teología de 1993 a 1997 en el mismo seminario de Puebla. Fue ordenado diácono el 19 octubre de 1997 en la Santa Iglesia Basílica Catedral de Puebla; y ahí mismo recibió el presbiterado el 29 de junio de 1998 por el entonces Arzobispo de Puebla, Monseñor Rosendo Huesca Pacheco.
En la cura de almas, fue Vicario Parroquial de Santa María de la Asunción, Izúcar de Matamoros, de 1998 a 2003; Fue Cooperador adjunto de Pastoral Juvenil diocesana, de 2003 a 2005; Vicario parroquial de la parroquia Jesús Divino Maestro, de 2004 a 2005; y Asesor en el Seminario Menor de 2005 a 2006. Cursó el Diplomado en Planeación participativa en la Universidad Iberoamericana, en 2003. En julio de 2006 al poco tiempo de la Fundación de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz fue a estudiar la lengua latina como preparación para sus estudios en Roma, de los cuales obtuvo la Licenciatura en Teología con especialización en Historia de la Iglesia, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, de 2006 a 2008.
Además, realizó un estudio superior en arqueología cristiana en el Pontificium Institutum Archeologiae Christianae, también en Roma, de 2007 a 2008. A su regreso a México, fue Profesor en el Seminario Mayor Palafoxiano, de 2008 a 2018; Colaborador en la Curia diocesana, de 2008 a 2009; Asesor de Filosofía en el Seminario Mayor desde 2009; Asesor del Curso Introductorio de 2011 a 2020; fue Secretario de la Vicaria de Pastoral, de 2014 a 2016.
Sirvió además como Rector del Santuario Guadalupano arquidiocesano, de 2017 a 2020; Director espiritual de los laicos asociados a la Congregación de Misioneras de la Caridad, de 2009 a 2019; y Párroco de Jesús Buen Pastor, Rivera Anaya, de 2020 a 2021. Además, fue Capellán del Instituto México de Puebla, de 2003 a 2004; Capellán de la Congregación Hijas de Santa María de Guadalupe, de 2004 a 2006; de la Congregación de las Misioneras de la Caridad 2009 a 2020; y de la Congregación Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, de 2009 a 2019.
Fue nombrado, por el Papa Francisco, como IX Obispo de la Diócesis de Huajuapan de León, Oaxaca, el 27 de marzo de 2021, en el Año de San José. Fue ordenado obispo el 17 de junio del mismo año y tomó posesión el mismo de aquella Diócesis el mismo día de su ordenación.
En consecuencia, nuestro obispo poblano ha emprendido una nueva vida en la Diócesis de Huajuapan de León, llamada originalmente, “Diócesis de las mixtecas”, la cual fue erigida el 12 de Mayo de 1903. Pertenece a la Provincia Angelopolitana. Su primer Obispo fue Monseñor Rafael Amador y Hernández. Esta Diócesis, cuenta con 103, 11 decanatos y 76 parroquias, todo lo cual engloba alrededor de 500 comunidades. Tiene una población de alrededor de 1,541.096 personas, distribuida en un territorio, cuya extensión comprende cerca de 26,000 Km2.
3). Apreciación
Al principio de esta reseña puse un exordio de san Juan Crisóstomo, que trata de la naturaleza y noción del sacerdote, cuya versión española versa así: “¡Oh Sacerdote! ¿Quién piensas que eres tú? No eres la causa de tu existencia, pues fuiste hecho de la nada. No fuiste creado para tu servicio, sino para ser mediador ante Dios a favor de los demás. No debes buscarte a ti mismo, pues solamente debes vivir para Dios. No te perteneces, pues eres siervo de todos, no eres tú, sino que eres representante de Dios. ¿Qué cosa eres, pues? Nada y todo.
Esta apreciación sobre el sacerdote sólo se puede obtener con humildad, sabiduría, estudio, bondad, gracia, amor y sinceridad. Al relacionarlo con la vida de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz hay mucho de verdad. Pues no sólo se pueden apreciar los rasgos humanos, sino también la parte divina del sacerdocio, la fe que tiene de fundamento. Sólo con humildad puede llegarse a la afirmación que el sacerdote es todo y nada, es una analogía, una proporcionalidad, una diferencia, un hombre de carne y hueso, pero también, un hombre de Dios, que embona muy bien con el lema de Monseñor Miguel Ángel: “Obediens usque ad mortem”: obediente hasta la muerte.
Así pues, a partir del 17 de junio de 2021, a vísperas de cinco años de su ordenación episcopal, ya tenemos un obispo bien preparado desde Puebla para la iglesia particular de Huajuapan de León. Cinco características puedo apreciar de su personalidad episcopal: conocimiento, experiencia, talento, vocación y amor. Porque en verdad, un hombre con tales características puede servir a Dios, a la patria y a la humanidad en cualquier lugar, y en la iglesia no es la excepción.
Uno de los testimonios que viene a fundamentar esta apreciación la comparte Monseñor Herminio Vázquez Pérez, quien lo ha retratado muy bien en este bello pasaje: “El Pbro. Miguel Ángel Castro Muñoz, que cuenta con 22 años de sacerdote y 50 de edad, puedo decir que es una persona de vida coherente; firme en la doctrina católica, adhesión al Magisterio y al Papa; tiene capacidad de diálogo con las culturas, conocedor de las expresiones de religiosidad y tradiciones, cercanía con los fieles y conocimiento de la vida de la Iglesia sea como historiador, que como pastor que vive los usos y costumbres de nuestra realidad diocesana. Goza del reconocimiento y estima tanto de los fieles donde ha ejercido su ministerio, como de los sacerdotes y religiosos (as). Respetuoso, amigo y capaz del trabajo en equipo. Tiene capacidad de escucha, sereno y mesurado en sus opiniones, apertura a la amistad sacerdotal fraterna y profunda. Con capacidades de gobierno y carisma para acompañar y colaborar fraternamente en los diversos campos de la Evangelización, así como el amor generoso por su Ministerio. Tiene habilidad en administrar tanto actividades pastorales como bienes de la Iglesia y la economía, siendo honrado, responsable, ordenado y cuidadoso. No inclinado al dinero, ni a los bienes y no conozco ni he escuchado nada sobre algún rasgo de conducta moral, equivocada. Deseo resaltar que goza de muy buena salud, es un deportista constante siempre disponible para el trabajo y la sencillez, es parte de su personalidad. Considero que hará mucho bien a la Iglesia Particular de Huajuapan, porque su generosidad para el servicio le harán conseguir la estima de sacerdotes y fieles y aunque con carencias sabrá impulsar la evangelización y el crecimiento humano y cristiano de la Iglesia”. (Dato obtenido en correspondencia. Ciudad de Puebla, 15 de junio de 2021).
En la toma de posesión de la Diócesis de Huajuapan de León se vieron varias características que he trazado en el desarrollo de la exposición. Muchas de ellas las pudimos observar por el recibimiento de la comunidad, del presbiterio, del colegio episcopal y de la misma gente que fue testigo ocular y autorizada de este acontecimiento. En su lectura del mensaje final, pude apreciar varias virtudes: lealtad, alegría, espontaneidad, creatividad, sinceridad, humildad, reconocimiento, servicialidad, apertura, deseos de seguir aprendiendo y seguir siendo discípulo de Jesucristo, y sobre todo, agradecimiento, tal como lo mostró con Dios, con el episcopado y con la comunidad. Por eso fue simbólico y trascendente el último fragmento con que iluminó y fundamentó su mensaje, basado en el evangelio de San Mateo, al cual puedo apreciar como la misión de su ministerio episcopal: “Καὶ προσελθὼν ὁ Ἰησοῦς ἐλάλησεν αὐτοῖς λέγων· ἐδόθη μοι πᾶσα ἐξουσία ἐν οὐρανῷ καὶ ἐπὶ γῆς. Πορευθέντες οὖν μαθητεύσατε πάντα τὰ ἔθνη, βαπτίςοντες αὐτοὺς εἰς τὸ ὄνομα τοῦ πατρὸς καὶ τοῦ υἱοῦ καὶ τοῦ ἁγίου πνεúματος διδάσκοντες αὐτοὺς τηρεῖν πάντα ὅσα ἐνετειλάμην ὑμῖν· καὶ ἰδοὺ ἐγὼ μεθ’ ὑμῶν εἰμι πάσας τὰς ἡμέρας ἕως τῆς συντελεῖας τοῦ αἰῶνος”. “Y acercándose Jesús a sus discípulos les habló diciendo: se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra, vayan pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enséñenles a guardar todo cuanto yo les he enseñado: y he aquí que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. (Mt. 28, 18-20).
Muchas felicidades Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz por tus primeros cinco años de obispo. Igualmente, felicidades a la Diócesis de Huajuapan de León, quien te ha recibido como uno de los suyos, como su obispo, maestro, pastor y amigo: Obediente hasta la muerte (Obediens usque ad mortem). Así será.

