Tradición, tecnología y geopolítica en el Lunes de Pascua de la Casa Blanca
n una jornada donde la tradición centenaria se mezcló con la alta política internacional, el presidente Donald Trump encabezó el tradicional Easter Egg Roll en la Casa Blanca. Sin embargo, el ambiente festivo de los jardines se vio interrumpido por constantes cuestionamientos sobre la escalada de tensión con Irán y las recientes amenazas de destruir infraestructura en dicho país.
Geopolítica desde el balcón
Acompañado por el Secretario de Defensa, la directora de la CIA y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Trump inició el evento desde el balcón de la fachada sur. «No creo que haya nada más hostil que Irán. Son combatientes capaces», declaró el mandatario, flanqueado curiosamente por un sonriente conejo de Pascua, en un contraste que no pasó desapercibido para la prensa internacional.
La jornada estuvo marcada por múltiples «gaggles» (ruedas de prensa improvisadas). Mientras decenas de niños esperaban con cucharas de madera en mano para iniciar las carreras de huevos, el presidente se tomaba minutos adicionales para responder preguntas sobre la posibilidad de un acuerdo de paz y el rescate de un miembro de la tripulación de un F-15 durante el fin de semana.
Patrocinios corporativos y tecnología
Por segundo año consecutivo, el evento destacó por sus alianzas con grandes corporaciones. Bajo la gestión de la oficina de la Primera Dama, Melania Trump, los jardines contaron con estaciones de creación de Inteligencia Artificial (cortesía de Meta), escenarios de YouTube y actividades de coloreado patrocinadas por Waymo.
Aunque el evento se financia de manera privada a través del American Egg Board —que este año proveyó 40,000 huevos y 150 polluelos vivos—, la presencia de marcas como Google, Coca-Cola y la Bolsa de Nueva York ha generado debates sobre la ética de permitir patrocinios comerciales en terrenos de la Casa Blanca.
Una tradición resiliente
El Easter Egg Roll tiene una historia de 146 años que ha sobrevivido a guerras mundiales y pandemias. La tradición, que comenzó en la década de 1870, se trasladó a la Casa Blanca durante la presidencia de Rutherford B. Hayes en 1878.
Este año, la temática «América 250» se vio reflejada en el huevo conmemorativo entregado a la Primera Dama, decorado con un águila y la bandera de Betsy Ross mediante la técnica técnica de cera Pysanky. A pesar de la política y los negocios, el evento cumplió su propósito original: abrir el Jardín Sur al público para una de las celebraciones más icónicas de la capital estadounidense.

