Opinión

Por lo menos un instante.

Por Ricardo Caballero de la Rosa

Tantas veces se agotan los temas de la vida y de mi vida y tantas veces el vacío colma este letargo. El vacío sigue ahí y ya no es solo la página la que se encuentra en blanco. También lo está el alma, la respiración, el suelo que aprieta contra el cielo, la cabeza que no deja de dar vueltas, la mirada que se pierde en los colores y en tonos grises.

Con el vacío y sus contenidos de nada se llenan de pronto las lagunas de la luna y los mares lloran mientras el sol, apenado, nos regala algunas horas de hastío de sombras, las que ahora cubren el aposento de mi mente y atan las cadenas al desagüe del museo del olvido.

Son estos bajos altos el contraste de la herencia. El reposo se supera desde el altar hecho de viento y este regresa al giro inusitado de las estrellas, cuando alguien sufre, ama, recuerda, llora o muere. Entonces la otredad regresa como marcha, el sendero que se abre, la pista de la estirpe, el nuevo renglón de la eterna creación, el velo que cubre la inmensidad celeste del entendimiento.


Son así los oasis, las lanzas de la humanidad, la tierna amistad que desde dentro produce el otro tono alternativo. Surgen los disparos, las posibilidades, las aves incoloras, los peces terrenos, los colores desnudos, las pieles inservibles, las muertes con el significado universal, los rincones del amor.


Escucho el disparo incesante que es la vida y ella se cubre de sus propias posibilidades, las que nos inundan y nos regalan escenarios más allá de sí misma. La normalidad deja de ser vacío y se transforma en vacuidad, en fondo, en resurgimiento, en áspero acto de renovación. Una ráfaga que no cesa, un latido desbocado que nos empuja hacia adelante sin darnos tregua. ¿Qué motivos tiene ese disparo? Tal vez ninguno, tal vez todos. Nos lanza hacia amores imposibles, hacia pérdidas inevitables, hacia la risa y el llanto, como si cada instante fuera el último proyectil y a la vez el primero. La vida no pregunta, solo dispara, y en esa ráfaga intentamos ser el blanco y el arma, el eco y el silencio, la palabra y la metáfora, el ansia y la serenidad.


Hoy es la vida quien escribe estas líneas. Jamás se detiene su disparo. Quizás alguna de estas líneas logre darle sentido. Por lo menos un instante.

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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