Opinión

Perspectiva filosófica, humanismo y homenaje al doctor Carlos Díaz

Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

De mi máxima consideración a mi maestro Carlos Díaz. Inspiración original de esta disertación.

La justicia sin amor te hace duro.
La inteligencia sin amor te hace cruel.
La amabilidad sin amor te hace hipócrita.
La fe sin amor te hace fanático.
El deber sin amor te hace malhumorado.
La cultura sin amor te hace distante.
El orden sin amor te hace complicado.
La agudeza sin amor te hace agresivo.


Carlos Díaz Hernández. Universidad Complutense de Madrid.

Pórtico.

Esta ocasión quiero compartir con los lectores de El Comunicador Puebla, una reflexión sobre la obra del filósofo español Carlos Díaz, uno de los pensadores más interesantes del siglo XX. Hablaré de su proyecto sobre el humanismo comunitario desde la Universidad Complutense, su paso por Europa, África, América y México. Cuatro aspectos he de abordar en esta disertación:  Perspectiva filosófica del doctor Carlos Díaz, La sabiduría como sabiduría primera. Una inspiración desde Carlos Díaz, Humanismo comunitario en la obra de Carlos Díaz y Homenaje a Carlos Díaz. Ojalá disfruten esta lectura.

1). Perspectiva filosófica del doctor Carlos Díaz

Es un honor escribir unas notas sobre la personalidad filosófica de Carlos Díaz, el hombre, el amigo, el maestro, el filósofo. En México muchos sabemos de su trayectoria, la cual tiene múltiples sendas en distintas vertientes; es licenciado en derecho y doctor en filosofía, fundador y director del Instituto Emmanuel Mounier, autor de más de doscientos libros en varias editoriales del mundo y con una multifacética temática. Es profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid, ha sido profesor invitado por numerosas instituciones de nuestro país tales como: Universidad Pontificia de México, Universidad Intercontinental, Universidad Lasalle, Universidad del Valle de Atemajac, Universidad Iberoamericana, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad Anáhuac, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz y más.

Mundialmente ha sido reconocido. Pues ha dictado numerosas conferencias en distintas naciones: España, Italia, Francia, Portugal, Alemania, Rumania, Noruega, Estados Unidos, Venezuela, Costa Rica, Bolivia, Uruguay, Argentina, Brasil, Honduras, El Salvador, Puerto Rico, Ecuador, Costa Rica, México, Chile, Marruecos, Guinea Ecuatorial, Guatemala. De su vasta bibliografía sobresalen los siguientes libros: Husserl, intencionalidad y fenomenología, Editorial Zero, Bilbao, 1971, 123 pp; Contra Prometeo: una contraposición entre ética autocéntrica y ética gratuita, Editorial Encuentro, Madrid, 1980, 194 pp; Preguntarse por Dios es razonable, Editorial Encuentro, Madrid, 1997, 770 pp; Cuando la razón se hace palabra, Editorial Tierra, Mórtoles, 1992, 204 pp; Diez Miradas sobre el rostro del otro, Editorial Caparrós, Madrid, 1994, 225 pp; La filosofía, sabiduría primera, Editorial Videocinco, Madrid, 1996, 429 pp; Ayudar a sanar el alma, Editorial Caparrós, Madrid, 1997, 178 pp; Manual de historia de las religiones, Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao, 1997, 645 pp; El humanismo hebreo de Martin Buber, Fundación Emmanuel Mounier, Madrid, 2004, 188 pp; Mi encuentro con el personalismo comunitario, Fundación Emmanuel Mounier, Madrid, 2004, 194 pp; El camino de la virtud, Editorial San Pablo, Madrid, 2005, 167 pp; Qué es el personalismo comunitario, Fundación Emmanuel Mounier, Madrid, 2010, 155 pp; Apología del libro, Fundación Emmanuel Mounier, Madrid, 2012, 155 pp.).

El doctor Carlos Díaz Hernández ha sido un pensador que ha consagrado su vida, llena de nobleza y pasión a la filosofía. Como estudiante, docente, escritor, investigador y conferenciante, por más de cincuenta años se ha dedicado a la búsqueda diligente de la verdad. Lo conocí en los primeros días del mes de agosto de 1997, cuando yo estudiaba en la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia de México; allí él formaba parte de un grupo de profesores selectos, que solía traer la universidad para fortalecer y para profundizar los estudios filosóficos en los tres grados académicos. En las aulas, los profesores y los alumnos lo presentaban como uno de los pensadores más destacados en el campo del humanismo y del personalismo, tanto de Europa como de América Latina.

Sobre Carlos Díaz se ha sabido tanto, unos lo llaman maestro, otros lo llaman doctor, escritor, conferenciante, y la mayoría lo llama por su nombre, Carlos, lo cual le deleita al maestro del personalismo comunitario. El doctor Humberto Encarnación Anízar en sus cátedras de filosofía hablaba sobre su obra en estos términos: “Carlos Díaz es un pensador muy profundo, ha escrito muchos libros sobre el personalismo, sobre la fenomenología y sobre la axiología universal. Usa las fuentes de los clásicos, de los padres de la iglesia, de la tradición judeocristiana y fundamentalmente, de la filosofía contemporánea, desde José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Edmund Husserl, Paul Ricoeur y Emmanuel Mounier, hasta los autores más destacados del personalismo como Martin Buber, Max Scheler, Jean Lacroix, Gabriel Marcel, Mauricio Blondel y Emmanuel Lévinas. Ha realizado estudios de filología, traducción, biografía y algunas reflexiones sobre los tratados filosóficos más interesantes. (Nota extraída de clase. Universidad Pontificia de México. Septiembre 1997).

2). La sabiduría como sabiduría primera. Una inspiración desde Carlos Díaz.

Aquí apunto una nota amplia de lo que puedo considerar sobre Carlos Díaz en relación a la sabiduría histórica, desde la filología grecolatina para apreciar más la idea del tipo de sabiduría que reflexiona Carlos Díaz. Hay varios términos que traigo a colación, por ejemplo, el verbo transitivo e intrasitivo sapio-sapis-sapere-sapii (sapivi, sapui): saber, conocer, tener sabor, tener gusto, tener inteligencia, tener prudencia, saber conocer, comprender. De esta palabra se compone sapientia-ae (f): sabiduría, ciencia, conocimiento, pensamiento, inteligencia, razón, prudencia, juicio, cordura, sensatez, seso, filosofía, entendimiento, pericia, habilidad. El adjetivo es sapiens-sapientis: sabio, conocedor, inteligente, prudente, juicioso, razonable, que tiene experiencia. El sabio es un hombre benevolente, erudito, virtuoso y feliz. Marco Tulio Cicerón tiene una cita hermosa al respecto. Sapiens semper beatus est: el sabio siempre es feliz (Fin. 2, 32, 104).

En los números 288 y 391 del Método ecléctico analógico de griego de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz hay dos hermosas sentencias que profundizan este conocimiento y es similar a nuestro argumento, las cuales quedan así: ἡ τοῦ σοφοῦ ψυχὴ ἡσύχιός ἐστιν (el alma del sabio es tranquila), Τίμιός ἐστιν ὁ χρυσὸς καὶ ὁ ἄργυρος, τίμιωτέρα δὲ ἡ συμβουλία τοῦ φίλου καὶ οἱ ἔπαινοι τῶν ἀνθρώπων τίμιωτάτη δὲ ἁπάντων ἐστὶν ἡ σοφία (Son valiosos el oro la plata, pero son más valiosos el consejo de un amigo y las alabanzas de los hombres, y aún más, lo más valioso de todas las cosas es la sabiduría). También san Agustín tiene una hermosa cita sobre la sabiduría: Si sapientia deus est verus philosophus est amator Dei: Si Dios es la sabiduría, un auténtico filósofo es un enamorado de Dios. (De civitate Dei, Libro VIII, Cap. I, BAC).

Un estudioso de san Agustín escribe respecto a esta sentencia: “La filosofía de san Agustín se centra en el amor, de tal manera que filosofar es amar a Dios. Hoc est philosophari, amare Deum” (Antropología filosófica, José Rubén Sanabria, Porrúa, México, 2000, p. 42). La familia de palabras correspondientes en la lengua griega son las siguientes: σοφίζομαι y σοφίζω: pensar y obrar con astucia, filosofar, engañar. La palabra σοφία tiene los mismos significados que sapientia; igualmente el adjetivo σοφός-ή-όν tiene los mismos significados que su correspondiente sapiens. Toda la sabiduría clásica tanto griega como romana y medieval es rica y trascendente en su contenido. También la nomenclatura de la biblia griega es magistral al respecto. Véase el siguiente pasaje: Ἀρχὴ σοφίας φόβος θεοῦ, σύνεσις δὲ ἀγαθὴ πᾶσι τοῖς ποιοῦσιν αὐτὴν· εὐσέβεια δὲ εἰς θεὸν ἀρχὴ αἰσθήσεως, σοφίαν δὲ καὶ παιδείαν ἀσεβεῖς ἐξουθενήσουσιν. El principio de la sabiduría es el temor de Dios. La sabiduría es buena para todos aquellos que la practican. El principio de la sabiduría es el temor de Dios, pero los soberbios desprecian la sabiduría y la educación. (Prov.1,7). Hay otros verbos en latín y en griego que significan conocer, pero algunos de ellos se refieren a un conocimiento general o específico. Por ejemplo: nosco, noscis, noscere, novi, notum: conocer, estudiar, comprender, examinar, reconocer, descubrir, instruir. En cambio el compuesto cognosco, cognoscis, cognoscere, cognovi, cognitum, como si fuera en griego γιγνώσκω. Ambos verbos significan: conocer con alguien, conocer con los sentidos, conocer con la inteligencia o con las facultades.

Hay en san Lucas un ejemplo en la respuesta de María sobre el tema de la concepción divina. Quomodo fiet istud, quoniam virum non cognosco? Πῶς ἔσται τοῦτο, ἐπεὶ ἄνδρα οὐ γιγνώσκω; ¿Cómo puede ser esto, puesto que no conozco varón alguno? Lc. 1, 34. A partir de este contexto doy dos nociones de filosofía para esclarecer más el tipo de sabiduría que conviene estudiar, una es de corte tradicional y otra más moderna conforme la obra de Carlos Díaz. La primera dice: Philosophia est scientia omnium rerum, per altissimas causas, naturali rationis lumine comparata (filosofía es el conocimiento de las cosas, a través de sus últimas causas, mediante la luz natural de la razón). Pedro M. Gasparotto, Introducción a la cultura y a la filosofía de Grecia Antigua, Universidad Pontificia de México, México, 1993, p. 54. Esta noción con mayor explicación la hace el doctor Luis Alonso G. López en su brillante libro Praelectiones philosophiae scholasticae: logica et ontologia, Primer volumen, Universidad Católica Angelopolitana, Puebla, 1926, pp.1-2. La segunda noción es más actual, y puede confrontarse en tres obras de nuestro autor: Preguntarse por Dios es razonable, Editorial Encuentro, Madrid, 1997, 770 pp; La filosofía, sabiduría primera, Editorial Videocinco, Madrid, 1996, 429 pp; Los mínimos filosóficos que deben estudiar los psicólogos y maestros serios, Editorial Sinergia, Guatemala, 2014, 139 pp. En este último libro, sobre todo, en el primer capítulo hay varias citas hermosas al respecto, una de ellas es la siguiente: “La filosofía busca el conjunto del saber, es decir, busca los fines esenciales de la razón misma.

La filosofía no es únicamente un saber, sino un deseo de saber, un amor a la sabiduría”. Pero la filosofía no es un saber por saber, porque ella enseña a vivir. “Si la filosofía no enseña a vivir, pregunta en vano; el buen maestro enseña a filosofar enseñando a vivir. El jardinero, el comerciante, el estudiante o el profesor de filosofía (¡incluso él¡) se comportan como auténticos filósofos cuando, interesados en la realidad, profundizando y reflexionando sobre ella, abriéndose al saber, ellos aman la realidad que van descubriendo cada día. Por ser la filosofía amor a la sabiduría, resulta tan difícilmente definible o delimitable como el amor. Ahora bien, esto no impide que la estudiemos, ni que podamos decir de ella muchas cosas. Y no sólo eso: el filósofo que ilumina con la razón teórica ha de iluminar también la vida cotidiana práctica.

Para los filósofos presocráticos saber era entender, para Sócrates discernir, para Platón definir para Aristóteles demostrar. para Kant actuar moralmente a favor de la humanidad entera. Puede decírsenos que no muchos filósofos han querido llegar tan alto, de acuerdo; pero falta saber si esa renuncia ha sido fruto de la dificultad de la empresa o de su propia pereza. La filosofía quiere saber para saber querer. Tanto Confusio como Sócrates, coetáneos, defendieron que el sabio, al no equivocarse, no pueden portarse mal: “El maestro dijo: ‘Si nuestras palabras son sinceras y se hallan conformes con la recta razón, cuantos nos escuchen modificarán su conducta y entrarán por el camino de la virtud. Si nuestra conversación resulta agradable y persuasiva, induciremos a todos los hombres a buscar la verdad.

Es imposible que tras una conversación persuasiva el hombre no se sienta incitado a la búsqueda de la verdad. No creo que pueda existir nadie que, tras haber escuchado unas palabras sinceras y conforme a la recta razón, deje de convertirse, hacia la virtud. Tal vez Sócrates y Confusio exageraban, pues una cosa es conocer lo que es mejor y otra llevarlo a cabo; en lo que no exageraban es que hay que saber. Saber y querer forman unidad: “¿Te has preguntado qué haría contigo quien supiese pero no (te) quisiera? Dime, pues, a qué sabe lo que sabes. Aunque la respuesta no te resulte fácil, verás que, sin saber cómo, ya estás empezando a saber”.

Hay un pensador mexicano que tiene similitud con esta parte del pensamiento de Carlos Díaz, porque comparte en su reflexión elementos de los presocráticos, Aristóteles, Platón, San Agustín, Santo Tomás, Descartes, Heidegger, Mauricio Blondel, Sciacca, Marcel y Mounier. Se trata de la noción de filosofía existencial de José Rubén Sanabria: “La filosofía es un saber. Pero no un saber por saber, sino un saber para vivir. Para saber vivir y para saber morir. La filosofía enseña a vivir como hombre cabal. Porque el hombre es demasiado grande para bastarse a sí mismo”. (José Rubén Sanabria, Introducción a la filosofía, Editorial Porrúa, México, 1976, p. 301).

3). Humanismo comunitario en la obra de Carlos Díaz

Así, pues, el pensamiento de Carlos Díaz es una filosofía que parte de la vida y de la sabiduría, formando, integrando y reuniendo una praxis humana, es una reflexión teórico-práctica que lleva consigo mucha profundidad, es una sabiduría en sentido amplio, que parte de la vida concreta de la persona, de la sabiduría y de la formación de la virtud.

El doctor Mauricio Beuchot ha expresado parte de esta misma idea al decir: “Carlos Díaz va al fondo de los problemas, nunca se queda a medias, lo cual lo hace un filósofo profundo”. (Encuentro con Mauricio Beuchot Puente, Guillermo Hernández Flores y Juvenal Cruz Vega, Cuadernos de Investigación de Filosofía Mexicana y Latinoamericana, Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, Puebla, Pue., 2014, p. 74).

Los estudiosos sobre su obra consideran que se trata de una filosofía del hombre o de una antropología filosófica, otros con más profundidad y delimitación le llaman a esta obra, personalismo comunitario como suele llamarle el mismo Carlos Díaz. Yo prefiero usar un término añejo y muy profundo que no se opone a la nomenclatura de Carlos Díaz y que encaja bien con los contenidos de quienes estudian humanidades, educación, ciencias humanas, ciencias religiosas, ciencias sociales, ciencias políticas y ciencias de la comunicación; me refiero al término humanismo y que unifico con la palabra, comunitario, de lo cual resulta humanismo comunitario, que se explica con la noción de intencionalidad de la escuela de Husserl y la expresión nosotros que usa el personalismo. Hay un fragmento del mismo Carlos Díaz que viene a iluminar esta parte: “No sé muy bien si yo encontré el personalismo en mi último curso de filosofía, o si fue él quien me encontró, encuentro de persona a persona, como no podía ser menos. Desde entonces he hecho mía la causa de Emmanuel Mounier y de otros personalistas comunitarios, y he procurado que mis amigos la hagan suya desde su libertad. Ya no puedo vivir sin el personalismo, ni sin el aliento de mis amigos personalistas, especialmente de los que viven la causa desde el Instituto Emmanuel Mounier. Ser personalista es dar gracias por serlo”. (Díaz Hernández Carlos, Mi encuentro con el personalismo comunitario, Fundación Emmanuel Mounier, Madrid, 2004. Nota de la contraportada).

El humanismo comunitario de Carlos Díaz tiene mucho del humanismo histórico que comienza con la paideia, la humanitas, la schola y lo que se llama originalmente humanismo. (Para ver más detalles sobre este punto véase mi conferencia, Defensa apasionada del humanismo a través de la escuela, Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, Puebla, 2015).

Ciertamente, una de sus fuentes primarias es la tradición que implica varios elementos: lengua, cultura, religión, literatura, géneros literarios, escuela, ideario, maestro, discípulo, valores, virtudes, pensamientos, arte, educación, comunicación, enseñanza, aprendizaje, etcétera. Varias veces le he escuchado que por eso es radical, porque va a la raíz de la palabra, es decir, es radical porque es un buscador de raíces, al hallar la raíz todo tiene sentido y salvación, y así es, porque con la raíz todo se reconstruye. No se trata pues, de un radicalismo en sentido despectivo y politizado, sino de una reflexión profunda, que con el estilo de un fenomenólogo va a las cosas mismas, al fondo de los problemas, porque busca profundizar y analizar, pues va a la raíz de las cosas. El mismo Carlos Díaz lo expresa: “Soy diferente al filósofo de academia, al ratón de biblioteca, que sólo sabe hablar con cuatro colegas de cuatro arcanos, propios de su especialidad. No soy así”. (Sobre esta nota, le he oído varias veces con buena argumentación. Ha dictado cuatro conferencias en la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, en la ciudad de Puebla. Reflexiones sobre la persona humana, 22 de septiembre de 2012; Maestro, persona y escuela, 3 de junio de 2013; Conocimiento, perspectiva y personalismo en el camino de la formación docente, 29 de marzo de 2014; Fenomenología y personalismo, 18 de marzo de 2015). 

Conforme al esquema del humanismo que he venido trazando a partir de la reflexión de algunos autores eje de la tradición, sobre todo, del evangelista san Lucas y del escritor romano Aulo Gelio, en el pensamiento de Carlos Díaz encuentro tres niveles del humanismo: filantropía, sabiduría y virtud. 

La filantropía, además de una cierta bondad y una benevolencia común entre todos los hombres, es una misericordia a los pobres olvidados, abandonados, incomprendidos y no aprovechados. Es una sabiduría viva que se trasmite de persona a persona, de tu a yo y de yo a tu, para que los valores se hagan un nosotros. Esa sabiduría es la helikía de la que hablan los siete sabios de Grecia, de la que habla san Lucas cuando se refiere al crecimiento de Jesús, es la aetas de la que vierte san Jerónimo en la Vulgata, es la sabiduría que se asimila con la edad a través del crecimiento en la casa y en la familia, en la cual los maestros son los padres y los discípulos son los hijos. (Noches Áticas, Aulo Gelio, XIII, 17, 1-3. Qui verba latina fecerunt quique his probe usi sunt humanitatem non id esse voluerunt quod vulgus existimat quodque a Graecis φιλανθρωπία dicitur et significat dexteritatem quandam benivolentiamque erga omnis homines promiscam, sed humanitatem appellaverunt id propemodum quod Graeci παιδείαν vocant, nos eruditionem institutionemque in bonas artes dicimus. Quas qui sinceriter percupiunt adpetuntque hi sunt vel maxime humanissimi. Huius enim scientiae cura et disciplina ex universis animantibus uni homini data est idcircoque humanitas appellata est. Quienes inventaron la lengua latina y quienes se sirvieron de ella perfectamente, no quisieron que la humanitas fuera eso que el vulgo piensa, lo cual ha sido llamado por los griegos philantropía, y que significa una cierta bondad y una benevolencia común entre todos los hombres, no obstante, llamaron humanitas aproximadamente a eso que los griegos llaman paideia, y nosotros llamamos formación y educación en las buenas artes. Sinceramente, quienes buscan con afán las artes, estos son los más humanos, pues el afán y el conocimiento de esta ciencia han sido dados solamente al hombre de entre todos los seres animados, y por esta razón se ha llamado humanitas.

También san Lucas escribe así: Καὶ Ἰησοῦς προέκοπτεν ἐν τῇ σοφίᾳ καὶ ἡλικίᾳ καὶ χάριτι παρὰ θεῷ καὶ ἀνθρώποις. Et Iesus proficiebat sapientia et aetate et gratia apud Deum et homines. Y Jesús iba creciendo en edad, en sabiduría y en gracia delante de Dios y delante de los hombres. Lc. 2, 52). La sabiduría es el conocimiento de la escuela que viene a profundizar mayormente a la filantropía. Es el estudio, la sophía, la sapientia y la ciencia. Carlos Díaz recurre con frecuencia a la formación de las lenguas clásicas, de las lenguas modernas y de la filosofía. Así, pues, el humanismo a través del personalismo reintegra la actividad humana a la actividad intelectual, y la filantropía deja de ser un simple altruismo o un amor al hombre abstracto y empobrecido. El estudio le da mayor reflexión y entonces el humanismo se vuelve un personalismo teórico-práctico, es decir, se hace una praxis, como dice Carlos Díaz: “no sólo una filosofía, sino la única posible, pues lleva a la vida lo que su pensamiento construye, encarnándolo. El personalismo es la filosofía que reintegra al conocimiento el conjunto de la actividad humana. Y, a la inversa, la acción que lleva a la práctica la convicción filosófica. Teoría y práctica en recíproca implicación, forman una praxis”. (Díaz Hernández Carlos, ¿Qué es el personalismo comunitario? Fundación Emmanuel Mounier, Madrid, España, 2010, p. 47).

La sabiduría divina no viene a contradecir las dos partes anteriores, mejor aún, viene a darles plenitud. Porque el hombre no está aislado, no sólo es existencia, vivencia, un ente biológico o un ser pensante que perfecciona su sabiduría en la escuela a través de la erudición. Es lo más perfecto que hay en la naturaleza, es imagen de Dios, porque tan infinitamente regalador es Dios, que decide tomarse a sí mismo como modelo para crear al hombre, a fin de que éste se parezca a Él y de este modo conferirle la máxima dignidad y honra. Dios se regala a sí mismo. Hay un hermoso fragmento de Carlos Díaz al respecto: “A partir de ese momento el ser humano se convierte en imagen de Dios, tiene aire de familia divina. ¿Para qué? Para que quien vea al hombre pueda imaginar analógicamente a Dios. Para que quien piense en Dios pueda pensarlo a través del hombre”. (Díaz Hernández Carlos, El hombre: imagen de Dios, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, México, 2000, p. 17).

Visto así, el humanismo comunitario de Carlos Díaz es un personalismo que lleva consigo una seria axiología, fundada en la filosofía del hombre, en la metafísica y en la filosofía de Dios. El valor de la persona y el valor del amor que sostiene el núcleo de su pensamiento, le da un sesgo eminentemente profético, porque los valores si son humanos y universales, han de ser trascendentes y nunca conocerán la decadencia. Su carácter profético se ve a menudo, porque es un defensor del hombre y de los valores superiores de la humanidad, y que en otro tiempo han defendido las culturas avanzadas. De otra forma, anuncia la buena nueva y la liberación a los hombres; pero también, denuncia el mal y el error donde quiera que se encuentre. En sentido positivo, es un mensajero que va corriendo por las montañas, anunciando la buena nueva, pues a decir verdad, esta expresión abarca todos los valores, como dice el doctor Justino Cortés Castellanos al referirse a los hombres que defienden los valores supremos en todas las culturas: “Felices los que oyen a un mensajero que va corriendo de un lugar hacia otro, anunciando la liberación a los hombres”. (Entrevista y conversación con el doctor Justino Cortés Castellanos, a propósito de su libro de próxima aparición, Apología de la inculturación indígena, Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, Puebla, Pue; 2015).

4). Homenaje a Carlos Díaz

Me alegra mucho escribir este homenaje que la Universidad Anáhuac de México había programado hace algunos años. Aunque no fue posible su celebración, sin embargo, lo hago por escrito. Con alegría lo he dedicado a la personalidad del filósofo español Carlos Díaz. Parafraseando el evangelio, el árbol se conoce por sus frutos, y éstos son los que nutren a todos los que hemos conocido directa o indirectamente la obra de nuestro autor. Es verdad lo que un día de agosto de 1997 le escuché a Carlos Díaz en una de las aulas de la Pontificia Universidad Mexicana, si encontramos la raíz, todo tiene sentido y salvación, y como la raíz es el amor, todo puede reconstruirse. Por tal motivo y con gran emoción celebro a uno de los mayores humanistas y al mayor defensor del personalismo comunitario en la lengua española.

Si revisamos la obra escrita de Carlos Díaz, sin duda, puede verse una seria axiología, fundada en la cultura y en la historia del humanismo. El valor de la persona y el valor del amor que sostiene el núcleo de su pensamiento le da un sesgo eminentemente profético, porque los valores si son humanos y universales, han de ser trascendentes y nunca conocerán la decadencia. En esta postura se ven patentes sus ideas filosóficas y antropológicas sobre el amor, y que nos recuerdan con harta frecuencia a san Pablo, san Ambrosio, san Agustín, Pascal, Mounier, pues cualquier valor por muy potente que sea, sin amor, pierde su significado original. El fragmento que puse en el encabezado es muy profundo, es de Carlos Díaz y dice así: “La justicia sin amor te hace duro. La inteligencia sin amor te hace cruel. La amabilidad sin amor te hace hipócrita. La fe sin amor te hace fanático. El deber sin amor te hace malhumorado. La cultura sin amor te hace distante. El orden sin amor te hace complicado. La agudeza sin amor te hace agresivo”.

Dos de estas máximas me recuerdan gran parte del pensamiento de Blas Pascal y de Emmanuel Mounier, y que toda persona interesada en el humanismo y en el auténtico cristianismo debe saber: La inteligencia sin amor te hace cruel. La agudeza sin amor te hace agresivo. El primero dice: “el corazón tiene razones que la inteligencia no alcanza a comprender”. El segundo dice: “el acto de amor es la más honda certeza del hombre, el cogito existencial irrefutable: yo amo, luego el ser existe y la vida vale la pena de ser vivida”.

Discipulum esse magistro similem oportet. (Bástele al discípulo ser como su maestro).

Para reconocer la obra de mi maestro Carlos Díaz, empleo un texto compuesto en español por el doctor Guillermo Hernández Flores y traducido al latín por el autor de estas líneas. El fin de este trabajo es encomiar la obra y la personalidad de los más grandes pensadores que han disertado en la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz. El día sábado 18 de abril de 2015 fue dicho al doctor Carlos Díaz Hernández con motivo de la develación de la placa Cátedra Extraordinaria Dr. Carlos Díaz, cuyo propósito es promover los estudios filosóficos con aportes interesantes, y sobre todo, promover el estudio de la obra de nuestro autor, estudioso del personalismo comunitario en la lengua española.

He aquí el texto bilingüe:

Quod ad me attinet, bene scis, magister, quid apud me significas. Lectiones quotidianae ad vitam me tuae confixerunt in classicarum humanitatum ludo. Multos habui praefectos, sed ipse fuisti mihi disciplina, amicos veros sed tu ipse dux. Plurimis magistris sapientibus atque egregiis usus sum, sed in viis eorum tu ipse paedagogus discendi. Meas debilitates praeterea intellexisti, maxime menda sustulisti mea, coluisti personam, et altam possibilitatem de radice revellisti. Mihi dedisti quod nunc sum. Discipulum esse magistro similem oportet. Adhuc tamen reviviscere paradigma tui nec potui. In oculis omnium, mihi mutua gratulatione et recognitione ostendere fungor.  Hodie praesertim ante academiam quam bene fidisti mihi: reverentia sempiterna ex imo corde, carissime magister.

“Dilectísimo maestro, de mi parte, bien sabes lo que significas para mí. Tus lecciones cotidianas me formaron para la vida en la escuela de humanidades clásicas. Tuve muchos prefectos, pero tú fuiste mi disciplina, tuve muchos amigos, pero tú fuiste mi guía. Tuve muchos maestros sabios e ilustres, pero llevándome a ellos, tú fuiste mi pedagogo. Comprensivo con mis debilidades, tolerante con mis defectos y, sobre todo, respetuoso de mi persona, me arrancaste de la posibilidad y me diste lo que ahora soy. Bástele al discípulo ser como su maestro. Sin embargo, hasta hoy ni siquiera he podido revivir tu paradigma. Quiero mostrar públicamente, en este día, mi reconocimiento y mi gratitud frente a la academia que de buen grado me confiaste. Toda la profundidad, siempre respetuosa de mi cariño, queridísimo maestro.

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