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OpenCHM: el Museo de la Historia de la Computación abre sus vitrinas al mundo digital

Por Luis Moreno

El Computer History Museum (CHM), con sede en Mountain View, California, dio un paso decisivo para acercar su acervo al público global con el lanzamiento de OpenCHM, una plataforma en línea que permite recorrer y explorar su colección sin necesidad de viajar a Silicon Valley.

El portal ofrece múltiples formas de navegación: desde un recorrido libre hasta una selección de piezas destacadas que incluyen computadoras tempranas, microcomputadoras, documentos históricos y objetos que anteceden incluso a la era digital. Entre ellos se encuentran un telar Jacquard —clave en la historia de la programación— y The Adams Cable Codex, un libro de 1894 que recopilaba palabras clave para abaratar el envío de mensajes por cable.

Aunque OpenCHM se encuentra aún en fase beta y varias descripciones resultan escuetas —algunas piezas requieren investigación adicional para comprender su relevancia—, el sitio compensa estas carencias con la amplitud y diversidad del material disponible. La experiencia resulta, en general, intuitiva y atractiva.

Uno de los espacios más llamativos es el “Discovery Wall”, un escaparate dinámico alimentado por las elecciones de los propios visitantes en línea. Ahí conviven objetos tan dispares como una camiseta de Atari de 1977, un Tamagotchi en su empaque original, una pancarta de la huelga del Sindicato de Guionistas de 2023 y un mouse Microsoft PS/2, capaz de despertar recuerdos poco higiénicos entre usuarios veteranos.

Entre las piezas más significativas destaca Computer Lib/Dream Machines (1974), obra autopublicada de Ted Nelson que defendía la alfabetización informática y anticipaba conceptos como el hipertexto. El libro refleja un optimismo tecnológico que hoy resulta tan entrañable como ingenuo, con promesas de “nuevas libertades a través de las pantallas”.

Pese a sus áreas por mejorar, OpenCHM se perfila como una valiosa puerta de entrada a la historia de la computación y un recordatorio de cómo el entusiasmo tecnológico del pasado ayuda a entender —y cuestionar— el presente.

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