PueblaSeguridad

Madres buscadoras colocan el Árbol de la Esperanza en el Zócalo y confían en un milagro para el regreso de sus hijos

Por Patricia Moreno Sánchez

En el corazón del Zócalo de Puebla, el colectivo La Voz de los Desaparecidos levantó nuevamente el Árbol de la Esperanza, un árbol natural cubierto con fotografías y fichas de búsqueda de hijas, hijos, hermanos y padres que un día salieron de casa y no volvieron.

Las madres buscadoras señalaron que, aunque cada diciembre les resulta más doloroso, mantienen la tradición para recordarle a la sociedad y a las autoridades que en Puebla hay más de tres mil personas desaparecidas. Aseguraron que, pese al cansancio y la indolencia institucional, aún se aferran a la fe. “Esperamos un milagro de Dios para que nuestros hijos regresen. Él es el único que puede abrir caminos donde ya no los vemos”, expresaron.

Cecilia Ávila, madre de Benjamín Portillo Ávila, pidió a la Comisión de Búsqueda de Personas de la Fiscalía General del Estado brindar más apoyo y acompañamiento en las jornadas de rastreo.

“Yo ya no tengo ilusión de poner un árbol de Navidad. Mi vida es gris desde que mi hijo desapareció. Solo quiero que la Fiscalía nos escuche y nos dé esperanza para recuperar a nuestros hijos”, dijo entre lágrimas.

También exigió que, cuando acudan a la FGE, no sean ignoradas ni reciban evasivas. “Queremos trabajo real y compromiso, no promesas”.

Cecilia Rojas García, cuya hijo Marcos Rojas sigue desaparecido, reiteró la exigencia de investigaciones efectivas: “Para nosotras ya no existe la Navidad, no existe el Año Nuevo. Solo pedimos ayuda para seguir buscando a nuestros hijos y encontrarlos con vida.”

Otra madre buscadora añadió que el dolor es insoportable y que ninguna familia debería pasar por lo mismo. “Que la Fiscalía nos tome en cuenta, que no nos dejen solas.”

Las mujeres también hicieron un llamado directo a la sociedad, a quien perciben distante ante su sufrimiento. Laura, una de las integrantes, relató que realizaron un performance vistiendo su cuerpo con fichas de búsqueda para sensibilizar a la ciudadanía, pero lo que encontraron fueron miradas indiferentes.

“Nos subimos al transporte público con las fichas pegadas en nuestra ropa. Cuando se nos cayeron algunas, nadie las recogió. La gente nos vio, pero no nos miró”, lamentó.

Explicó que la idea del performance es despertar empatía y sumar ojos, manos y corazones a la búsqueda. “Queremos que la gente recuerde que estas fotos son personas, y que pueden ayudarnos a que vuelvan a casa”.

María Luisa Muñoz, representante del colectivo, señaló que este Árbol de la Esperanza no busca ser decorativo. “No está iluminado ni adornado porque su misión es reflejar la cruda realidad de más de tres mil familias poblanas que seguimos buscando a nuestros seres queridos.”

Las madres reiteraron que su lucha continúa, sostenida por la fe, la memoria y la esperanza —una esperanza que, dijeron, aún confían que Dios convierta en milagro.

Deja una respuesta