Opinión

Inflación de 3.80% en noviembre de 2025.

Señales de alerta, presiones e impacto de la delincuencia en los precios.

Por Ricardo Caballero de la Rosa

El resultado inflacionario de 3.80% anual en noviembre de 2025 ha sido recibido como una cifra moderada dentro del rango previsto por los analistas, pero lejos de transmitir tranquilidad absoluta, ha reactivado un debate crucial sobre la persistencia de presiones que siguen afectando la estabilidad económica del país. Aunque el indicador se mantiene en una trayectoria relativamente controlada, diversos sectores advierten que la cifra oculta tensiones estructurales que podrían amplificarse en los próximos meses si no se toman decisiones prudentes e inteligentes.

Uno de los elementos más llamativos del debate reciente fue la intervención del Congreso Nacional Agrario, que denunció que la delincuencia está convirtiéndose en un factor determinante en el encarecimiento de insumos y productos agrícolas. De acuerdo con los representantes del sector, los costos asociados a extorsiones, robos en rutas de transporte, daños a instalaciones productivas y pagos por “protección” están trasladándose de manera directa a los precios finales de alimentos esenciales. Esto, a su vez, genera un círculo vicioso: mayores costos operativos, menor margen para los productores y consumidores que enfrentan una presión adicional en su poder adquisitivo.

Si bien la inflación general mostró un avance moderado, las presiones subyacentes no han cedido al ritmo esperado. Algunos rubros, particularmente los alimentos procesados y frescos, así como ciertos servicios logísticos, siguen experimentando incrementos que sugieren que la economía continúa enfrentando choques simultáneos: por un lado, factores globales como la volatilidad energética; por el otro, problemas internos como la inseguridad y la fragilidad de algunas cadenas de suministro.

Frente a este escenario, resulta fundamental que tanto el sector público como el privado adopten una postura orientada a la prudencia y a la inteligencia estratégica. La prudencia implica reconocer que, aunque la cifra de 3.80% no representa una emergencia inflacionaria, tampoco es una señal de triunfo definitivo sobre las presiones económicas. La inteligencia, por su parte, se refiere a la capacidad de actuar sobre los factores que sí pueden controlarse: fortalecer la seguridad en las rutas de transporte agrícola, mejorar la supervisión en mercados mayoristas, promover acuerdos entre productores y distribuidores y avanzar en políticas que reduzcan costos logísticos.

En resumen, la inflación de noviembre ofrece una pausa, pero no un respiro completo. El país debe mantenerse alerta, atendiendo tanto los factores macroeconómicos como las realidades que viven los productores. Solo así podrá evitarse que la sombra de la delincuencia y las presiones estructurales comprometa la estabilidad económica de los próximos meses.

Mi correo ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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