Opinión

Canasta alimentaria urbana crece más que la inflación.

Desafío: conserva poder adquisitivo del salario.

Por Ricardo Caballero de la Rosa

A inicios de 2026, el costo de la canasta alimentaria en el ámbito urbano registró un crecimiento superior al de la inflación general correspondiente a enero, de acuerdo con información divulgada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Este comportamiento vuelve a colocar en el centro del debate el poder adquisitivo de los hogares, especialmente en un contexto en el que los ingresos laborales enfrentan presiones estructurales y el consumo básico concentra una parte significativa del gasto familiar.

Según los datos oficiales, en enero de 2026 una persona necesitó 2,486.40 pesos para poder acceder a la canasta alimentaria urbana. Esta cifra representó un incremento anual de 5.1% en comparación con el mismo mes del año 2025. El aumento supera el ritmo de la inflación general que fue reportada en enero, lo que implica que los alimentos —componentes esenciales para la subsistencia— continúan encareciéndose a un ritmo mayor que el promedio de precios en la economía.

El diferencial entre la inflación general y el crecimiento de la canasta alimentaria tiene implicaciones relevantes. Mientras la inflación global puede moderarse por la estabilidad en algunos servicios o bienes duraderos, el rubro alimentario suele estar más expuesto a factores como variaciones en precios agropecuarios, costos logísticos, condiciones climáticas y fluctuaciones internacionales en granos y energéticos. Cuando los alimentos aumentan por encima del promedio, el impacto es regresivo: afecta proporcionalmente más a los hogares de menores ingresos, que destinan una mayor parte de su presupuesto a la compra de comida.

Desde una perspectiva social, el dato de enero sugiere que, aunque la inflación general pueda mostrar señales de contención, la presión sobre el consumo básico persiste. Para una familia promedio en zonas urbanas, el costo mensual acumulado puede representar una carga considerable, sobre todo si los salarios no crecen al mismo ritmo. El aumento anual de 5.1% implica que, en términos reales, el acceso a la alimentación puede estar erosionándose si no existe un ajuste equivalente en los ingresos.

Hacia adelante, las perspectivas dependerán de la evolución de los precios agroalimentarios y de la política económica orientada a contener presiones inflacionarias. Si los costos de producción y distribución se estabilizan, podría observarse una moderación en los próximos meses. No obstante, mientras la canasta alimentaria continúe creciendo por encima de la inflación general, el desafío central será preservar el poder adquisitivo y evitar un deterioro en los niveles de bienestar urbano.

Mi correo ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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