Algunas vivencias de autobiografía sobre el humanismo en la ciudad de Puebla
Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz
Rara temporum felicitate ubi sentire quae velis et dicere quae sentias licet. Tácito. Historia, I, 1.
Con la rara felicidad de los tiempos, donde está permitido sentir las cosas que quieras y decir las que sientas.
Advertencia
A vísperas de la celebración del XX Aniversario de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz quiero compartir algunas experiencias singulares que he podido apreciar en este largo caminar a los veinte años de la escuela de humanidades clásicas. (18 de marzo de 2006-2026). Y con este motivo he publicado un libro, donde he pincelado muchas tesis sobre el humanismo y la filosofía al que he titulado: Grandeza y miseria del humanismo. (Tinta sangre ediciones. Puebla, 2026, 70 pp). Pues la grandeza es su contenido, su estructura y su perspectiva, que tanta falta hacen al hombre de nuestro tiempo. Y su miseria es todo lo contrario: sólo la nomenclatura y el nominalismo, donde hay ausencia de una auténtica jerarquía, preferibilidad y trascendentalidad de los valores, como la verdad, el estudio, el trabajo y el amor, los cuales le dan sentido a la vida y a la existencia humana.
Por eso lo que ahora comparto con los lectores ha salido de mi experiencia. Son algunas pinceladas de treinta años de estudio y de diálogo con grandes maestros del humanismo, y como dicen algunos: del humanismo con H mayúscula.
Un poco de autobiografía sobre el humanismo
Lo que a continuación narro es parte de la sabiduría que ha brotado de la experiencia del aula, de la cátedra de humanismo que he mantenido por más de veinte años en la ciudad de Puebla. Dictar una cátedra en esta institución se siente una paz enorme en el alma. Los alumnos así lo han expresado durante muchos años y todos los grandes maestros de México y del extranjero que han visitado la academia, también así lo han comunicado. Alguna vez el doctor Roberto Heredia Correa lo había expresado, cuando decía: “Aquí en la Academia de Lenguas Clásicas da gusto dar clase, el espacio y el ambiente nos da inspiración, aunque la ciencia uno ya la traiga”. Esto sucedió al inicio de la academia hace diecinueve años: nosotros al escucharlo disfrutábamos de sus cátedras sobre Décimo Junio Juvenal, Fray Alonso de la Veracruz, Cornelio Tácito y Séneca Lucio Anneo.
El padre Bruno Fernández Abreu, fundador de la Universidad Pacelli, muy conocido en la ciudad de Puebla me dijo un día, al dictar una clase de canto gregoriano. “esta escuela es hermosa, es lo que le faltaba al Pacelli y lo que falta a todas las universidades de Puebla, porque las lenguas clásicas son el fundamento del lenguaje universitario. Se siente una paz y una libertad grande al cantar la música del espíritu y de Dios”.
Por su parte el doctor Julio Quesada Martín, de la Universidad de Madrid y de la Universidad Veracruzana cuando vino a dictar una conferencia magistral sobre Heidegger y los griegos dijo: “esta es una universidad donde se siente paz y tranquilidad. No te persiguen por decir cosas oscuras de los grandes pensadores del mundo. Hay libertad de cátedra”.
En los diversos años de la academia, una cantidad considerable de profesores han expresado bellos pensamientos, donde aluden a la paz que resplandece en la cátedra. He sido testigo ocular y autorizado de esta apoteosis al recordar las cátedras, coloquios, simposios, banquetes, convivium, charlas y muchas actividades académicas a lo largo de veinte años. (Más detalles, véase mi artículo El humanismo histórico a través de los Coloquios Nacionales e Internacionales de Humanismo, Humanidades y Hermenéutica (2006- 2025). El comunicador Puebla. 16 de junio de 2025).
He aquí tres testimonios al respecto:
a). Doctor Sergio Pérez Cortés. Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana. Campus Iztapalapa
“Para mí es un placer colaborar con la iniciativa que tiene el maestro Juvenal Cruz Vega, me parece que en nuestro país una academia de leguas clásicas es un bien social, es un bien para todos, además, lo hace a título prácticamente personal, con un esfuerzo personal enorme, y creo que Puebla tiene la fortuna de contar con un centro de lenguas de esta naturaleza, no es usual encontrarlo, en nuestro país, prácticamente no existen, y aun en la ciudad de México, no encontraría usted de manera concentrada una tal cantidad y una tal cantidad de enseñanza de las lenguas clásicas…” Correspondencia a propósito del Décimo aniversario de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz.
b). Doctor Guillermo Hurtado Pérez. Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, a propósito del Décimo Aniversario de la Academia de Lenguas Clásicas.
¡Felicidades! Diez años de una institución como esta no es decir poca cosa, siempre, sabemos que proyectos educativos de este tipo, no son fáciles de arrancar, y tampoco son fáciles de mantener. Sobre todo una institución privada que no depende de los subsidios gubernamentales, que se mantiene por sí misma, por sus propios integrantes, por los alumnos que desean adquirir los conocimientos que se imparten aquí, eso es algo que, realmente, me parece admirable, y que ojalá pudiera ser emulado en otras partes, qué país más distinto sería éste, si en todas las ciudades de México hubiera una academia como ésta, que pudiera ofrecer a la sociedad en su conjunto los elementos para tener una visión más humanista de la vida, que recupere las grandes contribuciones de los grandes filósofos y escritores de la antigüedad, y sobre todo, que preserve vivas las dos lenguas, el latín y el griego, que se les llama muertas, yo creo de una manera muy injusta, porque no están muertas, siguen vivas, están palpitando, no sólo en los textos de los autores que escribieron en ambas lenguas, sino también en todas las personas que las siguen preservando y usando para todo tipo de actividades, creo que, realmente, esa palabra que les diría felicidades, la digo, realmente, con la esperanza de que continúen y sean perseverantes en esta empresa tan admirable.
c). Doctor Julio Quesada Martín. Investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Veracruzana
La Academia de Lenguas Clásicas es un cruce, es una universidad en el viejo estilo de universidad – universitas, en donde hay una pluralidad de palabras, en donde hay libertad de expresión, en donde no hay inquisición, en donde se puede hablar, discutir, dialogar, intercambiar opiniones, cambiar de opinión a la luz de argumentos mejores, es decir, es un espacio público intersubjetivo cultural que está llamado a crecer muchísimo.
Así, pues, por esta razón al contemplar las cátedras de los profesores me lleno de gozo y paz. En estos días quise revisar y confirmar esta tesis a propósito de las cátedras de los maestros de nuestra escuela de humanidades clásicas. Por ejemplo, el maestro Roberto Carlos Pavón, quien además enseña hebreo, sánscrito, inglés, francés, chino y ruso. Y con esa emoción veo dictar clase al maestro Porfirio Tepox Cuatlayotl; cuando contemplo sus clases de náhuatl, latín, griego, sintaxis de la lengua española, biología e historia, me emociono cada vez más, sobre todo, por el impacto que deja entre los alumnos.
Y cuando veo al maestro Gabriel Castillo Espinoza enseñar inglés, además de la conversación, la ciencia del método ecléctico analógico, me veo a mí mismo y a mis maestros, y a los maestros de mis maestros. Aquí se puede apreciar la sinergia del método ecléctico analógico, que ya es una realidad, y ha brotado de la Hermenéutica analógica en diálogo con numerosos intelectuales y académicos que deambulado por nuestras aulas. (Esta historia tiene como fruto los artículos: Encuesta intelectual sobre la obra de Mauricio Beuchot. El Comunicador Puebla. 5 de enero de 2026. Y Comentario al libro Encuesta intelectual sobre la obra de Mauricio Beuchot. El Comunicador Puebla. 9 de enero de 2026).
Hay una de las cátedras muy gustadas, me refiero a la cátedra de latín que preside la maestra Mayra Diana Perea Fernández. Allí transmite paz y tranquilidad, la cual se aprecia en la interioridad, el respeto y a la vez la emoción por el estudio. Así puedo decir de las clases de los demás profesores, en las cuales veo ciencia, disciplina, emoción, vocación y talento. Por ejemplo, la clase de alemán de la maestra Andrea Valdivia; la clase de morfosintaxis de la lengua española y latín de la profesora Ana Belén Quiroz Méndez; o la cátedra de etimologías grecolatinas del maestro Abraham González Galicia; o la clase de griego de la profesora Diana Graciela Sarmiento Castro. Y no se diga, las lecciones de griego y latín de los jóvenes profesores, quienes enseñan con mucha emoción la ortología del griego antiguo, del latín y del inglés; de una manera singular expreso la alegría con la que dicta clase de latín con los niños el maestro Porfirio Tepox Cuatlayotl.
También me llama la atención y me cuestiona a menudo la actitud de muchas personas, cuando veo algunas notas en los medios y en las redes sociales repudiando al pueblo mexicano por la ausencia de la cultura, veo que el león no es como lo pintan, pues a pesar de la crisis mundial que padecemos, el pueblo desde su raíz, está regresando a la cultura, el lugar originario desde donde se viven los auténticos valores, y no por el éxito de los proyectos de gobierno, sino por las iniciativas de instituciones culturales semejantes a la nuestra. Me recuerda y me da aliento un pensamiento del filósofo mexicano Mauricio Beuchot, cuando dice: “El humanismo vuelve cada vez más fuerte. A pesar de las críticas de Heidegger en su Carta sobre el humanismo, discípulos suyos, como Ernesto Grassi, se han opuesto al maestro. Se ve la necesidad de un nuevo humanismo. Desde mi perspectiva filosófica, tiene que ser un humanismo analógico, que no vaya contra la ciencia-técnica, pero que rescate los valores más altos del ser humano, que es lo que ahora nos hace tanta falta”. (Mauricio Beuchot, en Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México: José Rubén Sanabria, Mauricio Beuchot, Justino Cortés y Guillermo Hernández. El Barco Ebrio Ediciones, Puebla, 2025, p. 101).
La Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, aunque no es un proyecto de la educación oficial, es una institución que sirve a México y al mundo, como lo dicen a menudo algunos intelectuales de nuestra nación y del extranjero. Porque visto desde afuera se antoja tener una escuela así, sobre todo, cuando vemos la cultura en grande desde los lugares donde se carece de este estudio y de este privilegio que gozamos los poblanos, lo escribo con verdad, aunque yo no fuera el director.
Hay muchos testimonios que prueban esta tesis. Comparto la experiencia de la maestra Patricia Montiel Bonilla, docente del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec en la ciudad de Puebla y estudiante de lenguas clásicas de esta institución: “Estudiar lenguas clásicas es un imperativo”. “Avoir une autre langue, c’est posséder une deuxième âme” Charlemagne (Tener otra lengua es poseer una segunda alma. Carlomagno). Y agregaría, aprender griego y latín, daría la oportunidad de poseer muchas almas y abriría un cúmulo de posibilidades al conocimiento. Después de algunos años de práctica docente en asignaturas diversas con preparatorianos, pensaba, y creía haber podido constatar, que la enseñanza de las lenguas implica poseer un bagaje y una formación muy diferente de los requeridos para impartir ciencias exactas o experimentales. A unos meses de haber iniciado una formación en el dominio de las lenguas clásicas, griego y latín, humanismo, filosofía, etimologías, puedo afirmar que, independientemente de la materia que se imparta, este bagaje cultural humanista es imprescindible. Las enseñanzas de un selecto grupo de maestros de la Academia de Humanidades y Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, dirigidos por el maestro Juvenal Cruz Vega, me han hecho reflexionar sobre la importancia del griego y el latín como los cimientos necesarios, no únicamente para entender más profundamente y enseñar una lengua, sino para aplicar este conocimiento a la enseñanza de todas las materias. Tener un concepto claro del origen y evolución de cada palabra y de su función en un periodo puede significar el entender, o no, un problema matemático, un proceso biológico, una descripción anatómica, una ley física, un pasaje de una novela o una cuestión filosófica. Enseñar una lengua es una enorme responsabilidad, porque se está dando una herramienta para decir lo que se ve, para expresar lo que se piensa o lo que se siente; se dan los elementos para disfrutar una lectura o para crear. Aprender es una necesidad, de hecho, considero que enseñar es un proceso que debe estar investido de aprender. El estudio de las lenguas clásicas nos ayuda a pensar de otra manera en una época marcada por la carencia lingüística propiciada por el universo de internet. Griego y latín deberían incluirse en todos los programas de estudio y desde muy temprano”.
También hay personas que a menudo escriben asuntos negativos de las actividades humanísticas que hacemos. Destaca más lo negativo que de por sí quieren decir sobre el mundo y lo ajustan a la situación que se les presente. Más aún, lo usan como terapia, cuanto se les ocurre y lo aburrido que se les hace el mundo clásico y lo que hacemos en la academia. A algunos de ellos no tengo el gusto de conocerlos personalmente, pero veo sus notas. A pesar de esto, insisto más en el proyecto de la academia, pues creo en él y veo que la gente que nos conoce de verdad valora este esfuerzo. No obstante, escribo que las críticas, las recibo, no con gusto, pero algo de bueno deben traer consigo. Un día me dijo mi maestro el doctor Humberto Encarnación Anízar, un gran pensador humanista, estudioso de ruso y alemán, políglota y muy sencillo, alumno del gran teólogo alemán Karl Rhaner: “Juvenal, lea a Nietzsche, pues sin su crítica el cristianismo no hubiera salido del error o al menos en parte, y tome su lectura desde el punto de vista positivo, pero también lea a nuestros autores de México y América, porque tienen mucho que dar a Europa y al mundo».
En este sentido la fábula de Esopo Las dos alforjas dice a mucho a los que hablan bien y a los que hablan mal de un pensamiento, cualquiera que sea, He aquí la fábula bilingüe: “Cada uno de los hombres lleva dos alforjas, una la lleva adelante y la otra, la lleva en la espalda. Cada una de ellas está llena de males. La de adelante está llena de los males ajenos, la de atrás, está llena de los males del mismo que la lleva. Y por esto, los hombres no ven los males de ellos mismos, pero ven perfectamente los males ajenos. Alguien podría aplicar esta fábula a un hombre entrometido que, siendo ciego en sus propios asuntos, se aflige de los que no le conciernen”. Ἀνθρώπων ἕκαστος δύο πήρας φέρει, τὴν μὲν ἔμπροσθεν, τὴν δὲ ὄπισθεν. Γέμει δὲ κακῶν ἑκάτερα∙ ἀλλ’ ἡ μὲν ἔμπροσθεν ἀλλοτρίων, ἡ δὲ ὄπισθεν τῶν αὐτοῦ τοῦ φέροντος. Καὶ διὰ τοῦτο οἱ ἄνθρωποι τὰ μὲν ἐξ αὐτῶν κακὰ οὐχ ὁρῶσι, τὰ δὲ ἀλλότρια πάνυ ἀκριβῶς θεῶνται. Τούτῳ τῷ λόγῳ χρήσαιτο ἄν τις πρὸς ἄνδρα πολυπράγμονα, ὃς ἐν τοῖς ἑαυτοῦ πράγμασι τυφλώττων τῶν μηδὲν προσηκόντων κήδεται. (Más detalles véase mi reciente libro La grandeza y miseria del humanismo. Opu. Cit. pp. 63-64).
Al respecto, quiero compartir un testimonio ejemplar del doctor Mauricio Beuchot Puente, publicado en el reciente libro que compilé, Encuesta intelectual sobre la obra de Mauricio Beuchot. Dicho texto me impulsa, me anima y me sigue enseñando nuevos aportes para mi vida y para la docencia, y dice así: “después de recibir estos textos en los que me expresan ideas y sentimientos acerca de mi persona y mi obra, me siento muy impulsado para seguir trabajando. Es muy aleccionador saber qué opinan los demás de uno mismo. Es lo mejor para evitar ser juez y parte, porque somos malos jueces de nosotros. Es preferible atender a lo que los otros dicen de nuestra conducta. Han sido varios testimonios, muy emotivos y al mismo tiempo muy objetivos. Me ayudan a reorientar las cosas donde se debe de hacer, y a continuar por donde ha sido lo correcto. (Tinta sangre ediciones. Puebla, 2026, p. 75).
Más allá de esto, yo le agradezco a Dios por esta oportunidad que me ha dado al realizar mi vocación docente y humanista, sirviendo al hombre desde mi condición de mexicano y humanista. Y mucho le agradezco a los padres de familia, quienes, desde el pueblo de carne y hueso creen en el proyecto de la academia y de todos los que se integran en el mundo del humanismo en un proyecto original, humano, mexicano y universal. Como dice el doctor Fernando Nieto Mesa: «más que por lo grecolatino, por lo humano que enseñan los clásicos». (Dato obtenido de su conferencia magistral: Cosas sobre el humanismo. Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, Puebla, febrero, 2011).
Para concluir esta disertación, deseo compartir una nota de correspondencia del Dr. Juan R. Coca. Vicedecano de la Facultad de Educación. Campus Duques de Soria de la Universidad de Valladolid.
Muy apreciado Juvenal Cruz Vega. Estamos en un mundo globalizado y donde lo tecnológico parece haberse convertido en una nueva religión. Lo clásico, lo tradicional y lo sapiencial no tiene cabida en esta especie de Matrix cibórgica que estamos configurando. Por esta razón, no puedo menos que admirar tu trabajo y tus desvelos al frente de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz. Una institución como esta, no sólo es necesaria, es imprescindible. Como bien sabes, en España se ha eliminado la filosofía de los estudios de bachillerato. Algo que, para muchos humanistas, es un error enorme que terminaremos pagando muy caro. Por suerte, personas como tú luchan por defender este humanismo. Eso lo has hecho no sólo en tu enorme cantidad de escritos y conferencias, sino también en su impresionante y flamante Academia. Saber que has formado más de cien maestros en lenguas clásicas, así como un amplísimo número de estudiantes en estas lenguas tan importantes y tan relegadas, merece todo mi respecto. ¡Cómo desearía que estuvieras aquí para que pudieras realizar todo ese enorme trabajo en este Estado en el que vivo! Tus éxitos, tu trabajo, tus innumerables conferencias y artículos te abalan. Son pocos los reconocimientos que se te deberían hacer. Gracias por tus esfuerzos y por seguir trabajando a favor de las humanidades y de las lenguas clásicas. Un abrazo fraterno. Profr. Dr. Juan R. Coca.

