Algunas figuras mexicanas, historiografía y experiencias selectas del humanismo mexicano
Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz
Humanista es quien, aspirando el perfume de las viejas rosas inmarcesibles, lo acendra y lo transfunde en las rosas juveniles que hoy abren sus pétalos bajo el ojo paterno y siempre joven del sol. Gabriel Méndez Plancarte.
Advertencia
Este trabajo forma parte de otros escritos que he venido publicado sobre el humanismo. Se relaciona más con mi artículo Defensa apasionada del humanismo. Un viaje a través de la historia. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 21 de octubre de 2024, y con mi reciente libro, Grandeza y miseria del humanismo. Tinta ediciones, Puebla, Pue; enero 2026.
Esta ocasión, hablaré de cuatro de los humanistas más destacados de México en el siglo XX: de Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte, de Alfonso Reyes Ochoa y de Ángel María Garibay Kintana. Cuatro pilares del humanismo histórico y mexicano. Singularmente, al ser mexicanos, no se separan totalmente del humanismo histórico, pero sí, han podido edificar una síntesis en su pensamiento, singularmente, de lo que algunos han llamado humanismo mexicano, por ejemplo, Tarsicio Herrera Zapién en su libro Historia del humanismo mexicano (Porrúa, México, 2000, pp. 269).
Si todo proyecto del humanismo debe poseer mucho o al menos parte del humanismo histórico y originario, aquí no es la excepción. Ojalá que los estudiantes, profesionistas y el público general dentro de las circunstancias de nuestro tiempo, logren acercarse, aunque sea un poco, al humanismo y a la cultura que tanta falta están haciendo en todos los rincones de México y el mundo entero.
Que disfruten la lectura.
1). Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte. Dos hermanos humanistas mexicanos, impulsores del humanismo mexicano
Gabriel Méndez Plancarte nació en Zamora, Michoacán en 1905 y murió en la ciudad de México en 1949. Se doctoró en filosofía y teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Además, estudió sociología en Lovaina, Bélgica. Fue profesor de varias asignaturas de humanidades en el Seminario Conciliar de México, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Colegio de México. Uno de sus discípulos más destacados fue el doctor Bernabé Navarro. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, vicepresidente del Seminario de Cultura Mexicana y autor de numerosos libros. Fue un gran poeta, literato y humanista, de los más grandes de nuestra nación. (Más detalles, véase Diccionario de Humanistas Clásicos de México. Coordinación de Mauricio Beuchot Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2000, pp. 139-140).
Alfonso Méndez Plancarte, hermano del humanista mexicano Gabriel Méndez Plancarte, nació en Zamora, Michoacán en 1910 y murió en la ciudad de México en 1955. Estudió el doctorado en filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma. Fue catedrático del Seminario Conciliar de México y de la Universidad Nacional Autónoma de México. Junto con su hermano Gabriel y el doctor Octaviano Valdés fundó la revista Ábside, que alcanzó una longevidad de cuatro décadas, desde 1936 hasta 1976. Publicó muchos libros, pero sin duda, lo más loable es su labor como compilador de los autores novohispanos y la publicación de las obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, lo cual lo sitúa como un humanista excepcional a nivel mundial. (Más detalles, véase Diccionario de Humanistas Clásicos de México. Opu. Cit. pp. 137-139).
Estos dos grandes humanistas han destacado en la literatura mexicana, poesía, oratoria y filosofía. Es digno de nombrarlos desde el punto de vista de la historiografía mexicana. Ambos han sido conocidos, como profesores del Seminario Conciliar de México y de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su obra ha dejado profundas huellas en nuestra patria, debido a sus aportaciones al humanismo mexicano. La Universidad Nacional Autónoma de México, a través de la Facultad de Filosofía y Letras, ha creado la Cátedra Extraordinaria “Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte a partir de un proyecto PAPIME en noviembre de 2000. A través de esta Cátedra, la universidad reconoce y agradece la valiosa contribución de los hermanos Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte, como iniciadores del estudio del humanismo mexicano, mediante su obra personal y la influencia que ejercieron en toda una generación de destacados estudiosos de las culturas griega y romana. Asimismo, es un foro institucional para la promoción de la enseñanza y el estudio de la lingüística y de la literatura, tanto grecolatinas como latinomexicanas y de otros temas relacionados con estas disciplinas. La doctora Carolina Ponce Hernández es la coordinadora de esta Cátedra, en la que colaboran otros investigadores que imparten cursillos, conferencias y presentaciones de libros con el fin de seguir promoviendo el humanismo en México.
La obra de los hermanos Méndez Plancarte tuvo influencia en una cantidad considerable de autores mexicanos. Es justo recordar al Padre y doctor Octaviano Valdés Valdés, quien formó parte del círculo de Ábside. Su labor de conciliador fue incomparable en su “círculo del mate” o “té paraguayo”, como lo dice frecuentemente el Dr. Tarsicio Herrera, que duró casi 60 años en reuniones dominicales, de 1932 a 1991. En casa de Don Octaviano se reunían, domingo a domingo, abogados ilustres como Agustín Yánez, Alfonso Noriega y Francisco Liguori; pintores como Federico Cantú y Fernando Leal; novelistas como Héctor Morales Saviñón; poetas y estudiosos como José Luis Martínez, Alí Chumacero, Enríquez González Rojo y Andrés Henestrosa. También asistía el prosista y poeta potosino Joaquín Antonio Peñalosa, un gran recopilador crítico de poetas neolatinos, autor de una cincuentena de libros y de 3000 artículos periodísticos, él junto con el doctor Alfonso Junco y los Padres Octaviano Valdés, Salvador Castro Pallares, Alfonso Castro Pallares, entre otros, fueron el alma de la revista Ábside. En Michoacán tres poetas dignos de mención son los padres Manuel Ponce, Francisco Alday y Benjamín Fernández. Puebla embellece esa tabula de poetas con los padres Federico Escobedo Tinoco, Filogonio Sánchez Castillo y David López Jiménez. También merece un reconocimiento grande Don Joaquín Arcadio Pagaza, quien fue Obispo de Jalapa, conocido como un gran poeta y declamador.
Don Octaviano Márquez y Toriz, arzobispo de Puebla (1951-1975), quien también era un intelectual, formó parte del grupo Ábside de los Méndez Plancarte. Y como colaborador de la revista Ábside desde su fundación, pensó en estudiar algunos personajes claves del seminario y de la Arquidiócesis de Puebla. Inició una serie de trabajos haciendo alusión a las palabras de Gabriel Méndez Plancarte: “Conozcámonos. Amemos lo nuestro. Hagamos valer nuestros valores. Suscitémoslos, afirmando nuestra auténtica personalidad. Siempre haciendo nuestro lo universal para hacer universal lo nuestro: doble y magna función de la cultura”, en “Fisonomías mexicanas: Don José María de Yermo y Parres”. Octaviano Márquez y Toriz, en Ábside, Año I, núm. 1, México, 1937, pp. 37-47. Véase: “Trinidad Sánchez Santos en el XXV aniversario de su muerte”, núm. 9, pp. 34- 50; “Trinidad Sánchez Santos: Periodista, orador y poeta guadalupano”, Año IX, núm. 3, México, 1945, pp. 265-289.
Merece leerse con detenimiento un interesante trabajo del Dr. Tarsicio Herrera Zapién, sobre la obra de los Méndez Plancarte: “El grupo de ábside y los humanistas levíticos de México”, en Nova Tellus, Anuario del Centro de Estudios Clásicos, núm. 17.1, México 1999, pp. 159-187. En otro trabajo hay una apreciación muy justa sobre la revista Ábside y sobre su fundador en el volumen dedicado a la Memoria del Dr. Gabriel Méndez Plancarte, en Ábside, Año XIV, núms. 1-2, México 1950.
La doctora Carolina Ponce Hernández de la Universidad Nacional Autónoma de México presidió por muchos años la Cátedra Extraordinaria Gabriel Méndez Plancarte. En lo que sigue, presento una breve reseña al respecto: “Carolina Ponce Hernández es licenciada y doctora en Letras Clásicas por la UNAM. Ha impartido clases en el Colegio de Letras Hispánicas y Letras Modernas en las asignaturas de latín, cultura latina, civilización grecolatina y literatura latina. Dentro de sus publicaciones se encuentran numerosos artículos especializados sobre escritores latinos como son: “Tito Livio”, “La retórica de la historia”, “La poesía de Cátulo” y “Ab urbe condita o la explicación de la fundación de Roma por los historiadores antiguos”. Como conferencista se ha presentado destacadamente en diversos foros de la UNAM. Supervisa y es responsable de las traducciones del latín al español de textos novohispanos de los siglos XVI y XVII, algunos ya publicados como: Antología de los elementos de filosofía moderna de Benito Díaz de Gamarra, y otros en proceso de publicación. La Cátedra Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte la ha organizado de la siguiente manera: Cursillo: Fuentes para el estudio de la educación en Grecia, dictado por el Dr. José Antonio Fernández Delgado de la Universidad de Salamanca. Conferencias: “Mitos y Cánones trágicos en el teatro cubano contemporáneo”, conferencia dictada por la doctora Elena Miranda Cancela de la Universidad de Cuba; “La oralidad de la cultura griega”, dictada por el doctor José Antonio Fernández Delgado de la Universidad de Salamanca; “Poética clásica en el teatro novohispano dieciochesco”, dictada por el doctor Germán Viveros Maldonado del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM; “Amores, obra del poeta latino Ovidio”, por el doctor José Quiñónez Melgoza de la UNAM; “La música en la Grecia antigua”, por el doctor Miguel Mario Uribe Duarte. Presentaciones de libros: El polifacético español de la licenciada Érica Castellanos Moreno; De finibus honorum et malorum del doctor Julio Pimentel Álvarez; Tácito. Anales I-II del doctor José Tapia Zúñiga; Neolatín para el siglo XXI en cantos y versiones rítmicas del doctor Tarsicio Herrera Zapién. Hay más datos sobre este tema, incluso, sobre otras Cátedras Extraordinarias, en Cátedras Extraordinarias, UNAM, México, 2003, pp.3-65”.
El doctor Gabriel Méndez Plancarte es uno de los autores mexicanos que mejor ha retratado lo que significa el humanismo histórico y mexicano, especialmente, cuando hace la diferencia del humanismo con lo superficial de otras orientaciones y sistemas del humanismo. Muy al caso, comparto un fragmento de este humanista, una cita larga, pero muy atinada para cuestionar a otros humanismos que carecen de contenido, metodología y perspectiva: “El humanista auténtico es el hombre que, mediante la asimilación de los más altos valores de la humanidad precristiana y su síntesis vital con los valores supremos del cristianismo, llega a realizar en sí un tipo superior de “hombre” en el que la esencia humana logra florecimiento y plenitud. Para el genuino humanista, el estudio de las lenguas clásicas no es fin sino medio, no meta sino punto de partida, no mazmorra ni cárcel sino ventana luminosa abierta al pasado y ancho camino abierto al provenir. Por el dominio del griego y del latín, el humanista se hace capaz de penetrar en una vasta zona de la cultura humana, cerrada al que no posee aquellas lenguas: desde la Hélade prehomérica que floreció en Creta y en Micenas, Hasta la Edad Media y el Renacimiento italiano, pasando por la Grecia de Platón y de Pericles, por el Helenismo que irradió desde Alejandría, por la Urbe imperial de Horacio y de Augusto, por la Roma cristiana de Pedro y de las catacumbas. No un mundo, sino varios mundos culturales –el griego, el helenístico, el latino, el cristiano-occidental de los quince primeros siglos de nuestra Era, el bizantino-, permanecen casi hermenéuticamente inaccesibles para quien ignora las lenguas clásicas. Pero el humanista no penetra en esos orbes como quien entra en una tumba egipcia y se queda absorto ante la hierática rigidez de las estatuas faraónicas y de las momias que no conservan más que una mueca de muerte que en vano pretende eternizar el gesto y la pulsación de la vida. El humanista va al pasado, pero no se instala en el pasado. Va al pasado sólo para beber en la fuente viva que, bajo los escombros de los siglos bárbaros, sigue manando, indeficiente y eterna como los arquetipos platónicos. Va al pasado para fecundar el presente y alumbrar el porvenir. Lingüística y filología comparada, arqueología y erudición de todo género, son sus auxiliares, pero nada más que auxiliares: instrumentos de trabajo, dóciles servidores subalternos. El mero arqueólogo, el simple lingüística, el puro erudito, no son humanistas sino anticuarios, no son arquitectos sino albañiles. Humanista es quien, sin mengua de la filial devoción a la patria, sabe ser y sentirse “ciudadano del mundo”; sin temor al mentís de la engañosa realidad efímera, sabe creer en la inverosímil pero perdurable realidad: en la victoria final del Derecho sobre la Fuerza, de la persona dueña de sí misma sobre el “hombre-masa” y sobre el dios-Estado, de la Psicología y la Moral sobre la Biología y la Mecánica, del Espíritu libre sobre la esclava Materia, de la Inteligencia ordenadora de Anaxágoras sobre el ciego Acaso de Democrático, de la libertad de los hijos de Dios sobre la oscura tiranía del error y del mal, de la Vida sobre la Muerte. Humanista cristiano es el que cree en la humanidad, caída sí, pero redimida por Cristo y sublimada por su gracia a destinos sobrehumanos y eternos. Porque el humanismo cristiano es un superhumanismo; más no como el de Nietzsche, orgulloso y anticristiano y utópico, sino como el de Dante, como el de Tomás de Aquino, como el de Fray Luis de León, como el de Luis Vives: superhumanismo o sobrehumanismo teocéntrico, pero hondamente enraizado en el fecundo limo primordial; sobrenatural y naturalismo; nacional y “cosmopolita”-en la dignidad etimológica de esta noble palabra hoy profanada por los trotamundos vacíos-; fiel a la tradición en lo que ésta tiene de perenne y vivaz, pero ávido de nueva luz y transido siempre por uno como temblor de alumbramiento. Humanista es quien, aspirando el perfume de las viejas rosas inmarcesibles, lo acendra y lo transfunde en las rosas juveniles que hoy abren sus pétalos bajo el ojo paterno y siempre joven del sol. A ese tipo de humanistas –no meros “literatos” sino hombres en plenitud—pertenecen los nuestros, desde el patriarca Cervantes de Salazar, discípulo del inmortal Luis Vives, en el siglo XVI, hasta Pagaza a fines del XIX; y a ese tipo queremos acercarnos quienes pugnamos hoy por reencender la antorcha egregia y transmitirla a los jóvenes generaciones mexicanas. Pero ningunos han realizado tan plenamente ese paradigma superior de humanismo como aquella falange de ilustres jesuitas desterrados que, en la segunda mitad del XVIII, maduraron cultura auténtica y visceralmente mexicana e hicieron irradiar sobre el mundo, desde la docta Bolonia, el esplendor del humanismo criollo”. (Humanistas del siglo XVIII. Gabriel Méndez Plancarte. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición, 1941, cuarta edición, 1991, pp. 9-11).
2). Alfonso Reyes Ochoa. El humanista universal de México para el mundo
Alfonso Reyes Ochoa nació el 17 de mayo de 1889 en la Ciudad de Monterrey y murió el 27 de diciembre de 1959 en la Ciudad de México. Fue hijo del General Bernardo Reyes y Doña Aurelia Ochoa. Desde los ocho años destacó como estudiante en las escuelas Manuela G. Viuda de Sada, el Instituto de Varones de Jesús Loreto y el Colegio Bolívar, de Monterrey. En muchas otras escuelas continuó sus estudios hasta que terminó la carrera de abogado en 1913 en la Universidad Nacional Autónoma de México. En esa misma universidad hizo estudios de literatura e historia grecolatina.
En 1941 recibió el Doctorado honoris causa en leyes, por la Universidad de California. Al año siguiente la Universidad de Harvard le otorgó el Doctorado honoris causa en Letras. En 1945 recibió el Premio Nacional de Literatura, por ello lo nombraron miembro de la junta de Gobierno de la UNAM y asimismo, académico de honor de la Academia Nacional de Historia y Geografía de México, correspondiente del Centro Literario de Monterrey. Recibió numerosos premios a partir de los 25 años. En varias universidades fue profesor invitado tanto en México como en el extranjero, por ejemplo: Universidad de la Habana, en la UNESCO, Universidad de Michoacán y en la Universidad de Princetón; además en París, Brasil, Argentina, Uruguay, etcétera.
Alfonso Reyes Ochoa fue un pensador que dedicó su vida a múltiples temas de investigación: poesía, filología, ensayo, estética, traducción y cuento. La Editorial Fondo de Cultura Económica ha reunido 26 volúmenes de sus obras completas. El Colegio Nacional ha puesto a la luz otros estudios que no aparecen en la Opera Omnia: Cuatro ingenios, Trazos de historia literaria, Medallones. También una extensa obra crítica sobre este connotado pensador, por ejemplo: Iconografía de Alfonso Reyes, Páginas sobre Alfonso Reyes (Ocho volúmenes compilados por Alfonso Rangel Guerra), Correspondencia con Genaro Estrada, Manuel Toussaint, Roberto F. Giusti, Rafael Cabrera, Germán Arciniegas, Juana Ibarbourou, Alfonso Castro Leal y José Vascencelos. Hay una buena cantidad de autores que han dedicado trabajos a Don Alfonso Reyes, por ejemplo: Gabriel Méndez Plancarte, Octavio Paz, Ramón Xirau, Ernesto de la Torre Villar, Alfonso Rangel, Daniel Cosío Villegas, Bernabé Navarro, Carlos Fuentes, Héctor Azar, Tarsicio Herrera, José Pascual Buxó, Abelardo Villegas, José Luis Borges, Agustín Basave Fernández del Valle, Juan Ramón Jiménez, Antonio Castro Leal.
Don Alfonso Reyes es uno de los grandes humanistas de México y el mundo. Hay una guía de lectura sobre el humanismo que de una manera sucinta lo recuerda con tanta belleza don Alfonso al escribir: “Viaja la cultura, no se está quieta, por tres siglos funda sus cuarteles en Atenas; por otros tres siglos en Alejandría; madura por otros cinco en Roma; ocho reposa en Constantinopla. Y al cabo se difunde por el Occidente europeo, para después cruzar los mares en espera de la “hora de América”, hoy más apremiante que nunca”. (La crítica de la edad ateniense (600 a 300 a. C.), Alfonso Reyes Ochoa, 1941, en Obras Completas, Vol. XIII, FCE, México, 1961, p. 20).
Este hermoso pensamiento también ha sido citado entre otras obras en, Por amor al griego, la nación europea, señorío humanista, siglos XIV-XVII, Jacques Lafaye, FCE, México, 2005, p. 21. Aquí Don Alfonso Reyes de una manera didáctica sintetiza las sedes del humanismo más importantes del mundo occidental: Atenas, Alejandría, Roma, Edad Media, Renacimiento, Humanismo, Nueva España y México independiente. Hay quien podría ver este estudio como una guía de las reformas educativas más significativas de la historia desde Grecia antigua hasta México. Otros lo pueden ver como un paradigma del humanismo mexicano, uno de los cuales es el maestro Rafael Moreno. (Véase su interesante artículo El humanismo pedagógico y moral de Alfonso Reyes, en El humanismo mexicano. Facultad de Filosofía y Letras. Dirección General de Asuntos del Personal Académico. UNAM, 1999, pp. 253-267; el mismo artículo en Revista Filosofía y Letras. México, FFyL-UNAM, Vol. XXXII, número 66-69, enero-diciembre de 1958, pp. 37-48).
3). Ángel María Garibay Kintana. Un patriarca del humanismo prehispánico
En la lengua, la filología y la hermenéutica ha habido innumerables modelos. Merece una distinción especial el humanista mexicano, Ángel María Garibay Kintana, conocedor de las lenguas náhuatl, otomí, griego, latín, hebreo, inglés, italiano, alemán y español. Son más de cien los investigadores que han hecho comentarios sobre algún aspecto de la obra de este sabio sacerdote humanista. La revista Estudios de Cultura Náhuatl que él fundó, sigue siendo un medio de expresión de la cultura mexicana. Esta revista es una publicación que periódicamente pone a la luz el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Por muchos años fue alentada por el doctor Miguel León Portilla y Ascensión Hernández. Esta revista está destinada a divulgar fuentes documentales de toda índole, códices y textos indígenas de importancia histórica, etnográfica, lingüística o genéricamente cultural en relación con los distintos pueblos nahuas, en los periodos prehispánico, colonial y de México independiente. También incluye en sus varios volúmenes, trabajos de investigación monográfica, notas breves sobre su historia, arqueología, arte, etnología, sociología, lingüística, literatura de los pueblos nahuas; bibliografías y reseñas de libros de interés en este campo.
El Padre Ángel María Garibay nació el 18 de junio de 1892 en Toluca, Estado de México, ingresó al Seminario Conciliar de México en 1906. Después de 11 años de estudio profundo fue ordenado, el 28 de octubre de 1917. Siempre se negó a estudiar en el extranjero, a pesar de las insistencias de sus superiores, compañeros y discípulos. Fue original en sus investigaciones como puede verse en su obra publicada. Como sabía muchísimo sobre cultura náhuatl, griega, latina y hebrea la UNAM le otorgó el Doctorado Honoris Causa con ocasión de la Celebración del IV Centenario de la Universidad. En 1952 fue nombrado profesor extraordinario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional. Ese mismo año la Academia Mexicana de la Lengua lo hizo miembro de número.
En 1956 fue nombrado director del Seminario de Cultura Náhuatl, dependiente del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. En 1962, el Senado de la República le otorgó la Medalla Belisario Domínguez por el conocimiento del pasado prehispánico; en 1963 fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de Historia y, dos años después, el Consejo técnico consultivo del Instituto Nacional de Bellas Artes acordó otorgarle el Premio Nacional de Letras por las reformas adaptadas a las formas literarias.
En 1966, recibió de manos del presidente de la República de entonces, Gustavo Díaz Ordaz, el Premio Nacional de Ciencias y Artes, correspondiente a la rama de letras. Murió el 19 de octubre de 1967 a causa de un padecimiento cardiaco. Se supo de su muerte inmediatamente y, como era muy apreciado y conocido, en casi todos los periódicos del país se dio a saber un poco de su vida. La Universidad Nacional Autónoma de México y la Secretaría de Educación Pública le hicieron varios homenajes. El Gobierno del Estado de México publicó un comunicado haciendo saber la pérdida de un humanista destacado: “El Gobierno del Estado de México, se une al duelo nacional por el fallecimiento del Señor Doctor Ángel María Garibay K. Distinguido filólogo y eminente sabio nativo, de esta entidad a la que dio prestigio con su labor infatigable en pro de las culturas prehispánicas, y con el caudal de su obra científica y literaria. A la vez expresa sus condolencias a los familiares del extinto maestro y a toda la intelectualidad mexicana. Toluca, México, 20 de octubre de 1967”.
Todo esto es obra del padre Garibay y muchos lo sabemos. Para conocer más detalles sobre este eterno humanista mexicano pueden verse los siguientes trabajos: “Para el doctor Ángel María Garibay” de Mario de la Cueva en Estudios de Cultura Náhuatl, publicación eventual del Seminario de Cultura Náhuatl, Volumen IV, Instituto de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1963, pp. 7-9; “Ángel María Garibay” de Miguel León Portilla, ibidem, pp. 9-26; “Ángel María Garibay Kintana” de Miguel León Portilla en Ábside, Año XXXII, núm. 1, México, 1968, pp. 30-40; “Don Ángel María Garibay en el Quinto aniversario de su muerte”, en Ábside Año XXXVI, núm. 4, México, 1972, pp. 416-430; “Ángel María Garibay Kintana Ferviente Guadalupano”, por Porfirio Valdés, Ábside, Año XLI, núm. 4, México, 1977, pp. 363-381; “Tres Semblanzas: Don Artemio, el Padre Garibay y Alfonso Méndez Plancarte”, de Alfredo Cardona Peña en Ábside, Año XXXVIII, núm. 4, México, 1974, pp. 483-501, “Ángel María Garibay Kintana (1892-1992) en el Centenario de su nacimiento”, de Miguel León Portilla en Estudios de Cultura Náhuatl, Vol. 22, México, 1992, pp. 167-180; “El Archivo de Ángel María Garibay Kintana, de la Biblioteca Nacional” de Alberto Herr Solé, ibidem, pp. 181-222; “El estudio de las lenguas clásicas en los seminarios”, por Ángel María Garibay Kintana, en Palafoxianum, revista bimestral de los alumnos y exalumnos del Seminario Palafoxiano, Año IV, Núm. 20, junio, 1950, pp. 4-13.
El Gobierno del Estado de México publicó en 1979 un volumen especial titulado Ángel María Garibay, donde recogió algunos trabajos del padre y numerosos comentarios sobre su obra y su vida, escritos de pensadores de diversas especialidades, tales como: historiadores, filólogos, filósofos, literatos y políticos como Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Jorge Jiménez Cantú, Carmen Romano de López Portillo, Rosario Castellanos, etcétera.
Hay una nota extensa que ha hecho el doctor José Quiñones Melgoza, entre otras cosas escribe: “El mérito incuestionable del padre Ángel María Garibay reside en haber iniciado el estudio de la literatura prehispánica, tema sobre el cual publicó trabajos ya en 1937 (la poesía azteca, Esbozo de síntesis crítica), y cerca del que construyó, una obra fundamental, su historia de la literatura náhuatl (1953-1954)” (Diccionario de Humanistas Clásicos de México. Opu. Cit. p. 95).
Tuvo muchos discípulos, tanto en el Seminario Conciliar de México, como en la Universidad Nacional Autónoma de México. Los discípulos más cercanos son Sergio Méndez Arceo, José Luis Guerrero Rosales y, sobre todo, Miguel León Portilla. De quien puedo decir lo siguiente, en relación a su maestro, el padre Garibay: “El doctor Miguel León Portilla fue un humanista mexicano que dedicó su vida, llena de nobleza y pasión a la sabiduría. Filólogo, historiador, poeta, lingüista extraordinario, sobre todo, filósofo: de nacionalidad mexicana y de corazón universal. Ha sido conocido mundialmente como el nahuatlato más connotado de México; igualmente uno de los indigenistas más destacados de América Latina. Desde su adolescencia se interesó por las lenguas clásicas y la lengua náhuatl, las humanidades, la historia, la poesía y la filosofía. Fue seminarista jesuita en Isleta, el Paso Texas. Allí se formó con el trivium y el quadrivium, las lenguas clásicas, la filosofía y la historia. Se licenció en filosofía con una tesis sobre Henry Bergson. En la Universidad Nacional Autónoma de México se doctoró en filosofía con la tesis “La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes”. (La filosofía Náhuatl estudiada en sus fuentes, Miguel León Portilla, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1966, Primera edición, 1956. Prólogo de Ángel María Garibay Kintana .410 pp.). Su asesor de la tesis doctoral fue uno de los hombres más eruditos de México en el siglo XX, el padre Ángel María Garibay Kintana. De donde puedo decir lo siguiente: “Patrem Angelum M. Garibay Kintana, magnum hominem vel potius singularem virum, doctor Michel Leon Portilla aestimabat”, cuya traducción es la siguiente: Miguel León Portilla consideraba al padre Ángel un gran hombre, mejor aún, un hombre extraordinario.
Fue su maestro de lengua náhuatl y de literatura náhuatl. El mismo doctor Miguel León Portilla a menudo narraba la historia de su encuentro con el padre Garibay. En una ocasión le escuché el siguiente testimonio al respecto: “Le hablé a la basílica de Guadalupe. Le dije: buenas tardes, padre Garibay. Me dijo: ¡qué quiere¡ Verlo a usted, dije. Pues ya me está viendo, ¿usted es el que quiere estudiar el pensamiento indígena? ¿Sabe náhuatl? O es usted como los grandes helenistas que estudian a Platón, pero no saben griego, o como los grandes que estudian a Kant, Hegel y Marx, pero no saben alemán. Si usted no sabe náhuatl váyase a su casita. Aquí tiene este libro que yo preparé, Llave del náhuatl. Estudie las tres primeras lecciones y venga de aquí a quince días. Si no las tiene bien dominadas mejor no venga, porque yo no pierdo el tiempo, ni con tontos ni con flojos. Hasta luego Señor”.
Quién facilitó la cercanía fue el gran antropólogo, el doctor Manuel Gamio, otro de los grandes maestros que dejaron huellas imborrables en el espíritu de León Portilla. También lo influenció la poesía de Manuel Gutiérrez Nájera. Así, la temática que lo caracterizó fue la historia, la filosofía, la poesía y las culturas indígenas. De su vasta obra, además de la “Filosofía náhuatl, estudiada en sus fuentes”, destacan otras cincuenta obras más; pero las que sobresalen son: La huida de Quetzalcoatl. La visión de los vencidos, México Tenochtitlan, su espacio y tiempo sagrado. Quince poetas del mundo náhuatl. Huehuetlatolli Tonantzin Guadalupe. Sin duda, los dos libros más leídos son: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes y una obra que escribió en coautoría con su maestro, el doctor Ángel María Garibay Kintana, La visión de los vencidos. Miguel León Portilla es toda una generación, estudió a los misioneros franciscanos, dominicos, agustinos, y jesuitas. Realizó múltiples estudios del humanismo prehispánico y novohispano. Por muchos años dirigió La Revista de Estudios de cultura náhuatl, en la cual publicó la mayor parte de su obra”. (Más detalles, véase mi artículo Doctor Miguel León Portilla: el humanista y el filósofo. In memoriam (1926- 2019). El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 17 de marzo de 2025).

