El intelectual católico debería ser un catequista. La formación y la vocación del humanista catequista y catequeta
Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz
De máxima consideración. Dedico esta conferencia a mi primera catequista, a mi mamá Rosita Vega Aburto; a mis discípulas catequistas Macbeth Huerta Carmona, Luz María García Escobar y Amalia Balderas Espinoza, quienes estudian el humanismo y las lenguas clásicas por amor a Dios. Y a todos aquellos, que comparten conmigo esta disertación.
Exordio
Καὶ προσελθὼν ὁ Ἰησοῦς ἐλάλησεν αὐτοῖς λέγων· ἐδόθη μοι πᾶσα ἐξουσία ἐν οὐρανῷ καὶ ἐπὶ γῆς. Πορευθέντες οὖν μαθητεύσατε πάντα τὰ ἔθνη, βαπτίζοντες αὐτοὺς εἰς τὸ ὄνομα τοῦ πατρὸς καὶ τοῦ υἱοῦ καὶ τοῦ ἁγίου πνεúματος διδάσκοντες αὐτοὺς τηρεῖν πάντα ὅσα ἐνετειλάμην ὑμῖν· καὶ ἰδοὺ ἐγὼ μεθ’ ὑμῶν εἰμι πάσας τὰς ἡμέρας ἕως τῆς συντελεῖας τοῦ αἰῶνος.
Y acercándose Jesús a sus discípulos les habló en estos términos: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautícenlos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a guardar todo lo que yo les he enseñado, he aquí que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. (Mt 28, 18-20).
Advertencia
Este artículo es parte de una conferencia que he venido escribiendo paulatinamente a lo largo de mi experiencia en la docencia, en la investigación y en los medios de comunicación; tiene que ver con mi vocación a la docencia y con mi vocación cristiana, las cuales he tenido desde muy temprano al ser hijo de una catequista congruente, valiente y con una ética ejemplar y constructiva.
Ser catequista y ser catequeta es una tarea imperiosa y profesional que debe conquistarse cada día, es una vocación consciente que se adquiere y se madura con la búsqueda del conocimiento, del amor, de la libertad y del compromiso; pero especialmente, es una vocación que se construye cerca de un maestro, del maestro interior, aquel vive en la interioridad del catequista, aquel que con san Agustín es más íntimo en el hombre, que él mismo.
Así pues, en esta conferencia trataré tres aspectos. El catequista y el encuentro con un maestro, La formación del catequista a través del maestro y La vocación y la enseñanza del catequista. Espero que este trabajo sea el inicio de otros que traerán mayores aportaciones, cientificidad, metodología y didáctica. En dado caso, parafraseando la tradición clásica: Feci quod potui, meliora potentes faciant.
1). El catequista y el encuentro con un maestro
El éxito del cristianismo es porque desde el principio tuvo un maestro muy preparado: Jesucristo, o Jesús, el Cristo. Dos en uno: el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Un maestro que, a través del autoconocimiento, supo desde temprana edad, quién era realmente. Hizo una interpretación acerca de sí mismo. Uno de sus discípulos, Juan evangelista lo retrató fielmente al decir: “Nadie ha visto a Dios, el único que lo conoce, el unigénito- Dios, aquel que existe, vive en el seno del Padre, por eso, Él es el único que puede interpretar a Dios, es el único hermeneuta de Dios posible, que ha venido al mundo, justo para eso, para exponer, presentar, explicar e interpretar. (Más detalles, véase Jn. 1, 18; y Leer- Escuchar, Adolfo Pinto León, en Los desafíos contextuales de la teología latinoamericana. Memorias del primer coloquio de teología (30 de septiembre al 4 de octubre de 1996). Universidad Pontificia de México, pp. 87-89).
Jesús hizo una escuela y dentro de ella, hizo discípulos, a los cuales también llamó apóstoles (Lc. 6, 12-16.). Y éstos, hicieron discípulos, los llamados Padres Apostólicos, y de allí llegaron los apologetas, los patrísticos, los escolásticos, los Padres y Doctores de la Iglesia. Sus enseñanzas están escritas en la Tradición eclesiástica y en el Magisterio de la Iglesia. Se amplió tal sabiduría a raíz del Renacimiento con el humanismo cristiano, el cual hizo maestros humanistas muy potentosos en la sabiduría. Al descubrir el nuevo mundo, el Mesoamericano, en seguida vino un milagro nuevo, muy poco valorado en nuestro tiempo, desde la intelectualidad laica, demasiado laica. Llegaron el humanismo novohispano y el humanismo mexicano; de donde brotaron grandes maestros, que continuaron el proyecto del Maestro a través de distintas vertientes y diversos modos de ser de la escuela: en la casa, en la escuela (como institución) y en el templo, algo así, como lo que había escrito san Lucas al hablar de la sabiduría de Jesús en su infancia y adolescencia: “Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y delante de los hombres”. (Lc. 2,52).
Con todo, el catequista, no podría serlo sin maestro. Todos tenemos un maestro. Porque un maestro, un auténtico maestro lleva consigo conocimiento, experiencia, talento, vocación y amor. Su liderazgo es consciente y libre. Más allá de todas las manifestaciones culturales e intelectuales de un maestro, éste, es un dativo, porque pone como centro de la educación al alumno. (Homenaje al maestro. La virtud y el talento de ser maestro. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 12 de mayo de 2025).
El maestro es lo que Décimo Junio Juvenal decía: “la mayor reverencia se debe al niño. (Maxima puero debetur reverentia. Sátira XIV, 47). Pues éste, recibe el provecho de la acción del sujeto; se entrega a sus discípulos con disposición y sabiduría; y con su espíritu de humanista lo enseña con alegría, como aquello que san Pablo había apuntado: “siempre les he mostrado que es así como se debe trabajar para poder socorrer a los débiles, recordando las palabras de Jesús, el Señor, que dijo: hay más felicidad en dar que en recibir”. (Hchs. 20,35).
Además, el maestro es un dativo porque tiene misericordia con el alumno, le da los frutos de su amor y de su corazón. También porque en el trabajo interactivo comparte con él su sufrimiento como una especie de compasión. Así ambas virtudes fortalecen y nutren el espíritu y el cuerpo del discípulo, lo hacen bello, bueno y benevolente, y nos recuerda la kalokagathía del espíritu griego de la escuela clásica, esto es, el ideal de educación, literalmente, un hombre bello y bueno, el tipo de caballero del que Atenas podía enorgullecerse. ((Véase Vivir la historia de la Grecia Clásica, Time-Life Books Editores, Edición española, México, 2008, pp. 33-34).
el maestro es un instrumento y un locativo por su carácter kerigmático o su amor y respeto a la verdad, su servicio o diaconía y por la unidad que debe representar entre sus discípulos. Su carácter humanista lo hace un vigilante siempre atento y actual entre sus discípulos. Por su conocimiento, su valor, su talento, su experiencia y su lealtad, es un supervisor de la educación, es decir, un super-vis-or o un ἐπίσκοπος, pero al estilo del humanismo cristiano, que vigila desde arriba y desde adentro de la comunidad para que todo el rebaño tenga las condiciones justas y necesarias que requiere la misma comunidad, superior al señor asiduo del que nos refiere Marco Tulio Cicerón. (C. M. 16,56. Marco Tulio Cicerón. “Boni assiduique domini villa semper abundat porco, haedo, agno, gallina, lacte, caseo, melle”: La villa de un señor bueno y asiduo siempre está repleta de cerdo, cabrito, cordero, gallina, leche, queso y miel).
Mayormente, se sugiere el sello del buen pastor que nos recuerda a san Juan en su evangelio (Jn. 10, 1-18), y por eso el maestro, es un símbolo para su mismo rebaño, y así cuando éste escucha su voz, ya no hay necesidad de arrear ni usar el báculo, aún con la oveja negra, sino que el mismo rebaño sigue a su pastor. El final de ese pasaje bíblico dice algo muy ad hoc a lo que nuestra disertación le invita al lector: “Yo soy el buen pastor; y conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil, también a esas las tengo que conducir, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre”. (Jn. 10, 14-17).
Sobre la actitud del Buen pastor y sobre la actitud del rebaño hacia el Buen pastor escribe el doctor Justino Cortés Castellanos en su artículo en coautoría con el autor de estas páginas. He aquí algunos fragmentos. “El buen pastor: 1). Conoce a sus ovejas: tiene conocimiento íntimo y amoroso de cada una de ellas: las llama por su nombre, sabe sus luces y sus sombras, sus cualidades y defectos, su interioridad y exterioridad, sus defecciones y su adhesión. 2). Alimenta a sus ovejas: busca siempre las praderas de pastos lozanos, frescos y suaves, no los pisoteados y enturbiados” (Cf. Ez. 34,19). Las alimenta con las palabras de Cristo que “son espíritu y son vida” (Jn. 6,58), así como con los sacramentos de una manera muy especial con la Eucaristía. 3). Va delante de sus ovejas: con su voz, que ilumina las diversas situaciones de la vida humana, y con su testimonio, que marca el sendero que deben seguir, con sus propias huellas, a semejanza de Jesús. (Cf. 1 P. 2,21). 4). Da la vida por sus ovejas: no vive para sí mismo; vive totalmente para sus ovejas. Todo lo que es y todo lo que tiene lo entrega a su grey. Momento a momento, poco a poco, va consumiendo su vida “gastándose y desgastándose” por sus ovejas. (Cf. 2 Co. 12,15). También el rebaño conoce muy bien al Buen pastor: 1). Conoce a su Pastor: sabe que no es un ángel, sino un hombre, y que como tal está “envuelto en flaqueza”. (Hb. 5,2), tiene sus debilidades, sus defectos, si innata limitación; pero también sabe que tiene poder real sobre el Cuerpo sacramental de Cristo y sobre el Cuerpo Místico, y lo reconoce como representante de Cristo y sucesor de los Apóstoles. No se trata de un conocimiento abstracto y frío, sino de un conocimiento profundo y vital, que brota del trato íntimo y del espíritu de fe. 2). Escucha la voz de su Pastor: la palabra escuchar no significa la mera materialidad de oír, sino la atención, diligencia y amor con que trata de asimilar y convertir en vida lo que de él ha oído. 3). Sigue a su Pastor: es decir, se adhiere totalmente y se entrega incondicionalmente a quien con tanto sacrificio y entrega lo conduce”. (Jn. 10, 14-17. Véase Hacia el umbral del V Aniversario de la ordenación episcopal de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz. Noveno obispo de la Diócesis de Huajuapan de León. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 25 de mayo de 2026).
Con todo, puede recuperarse algo de la pregunta ¿Qué es, pues, el maestro? En el contexto actual de la palabra maestro es muy común hacer la diferencia de tres palabras que resultan confusión y discusión: maestro, docente y profesor. Las tres dicciones tienen raíz latina. Maestro se compuso del adverbio de cantidad magis: más, en el más alto grado, en mayor cantidad. Suele utilizarse en la oración subordinada comparativa, dónde hay dos oraciones, y la primera usa el primer grado de comparación, esperando la segunda. Así que puede tomar dos acepciones más frecuentes: el que más sabe y el que más destaca, es decir, el director de la escuela, el jefe, el pastor, el general, el conductor, el preceptor, el consejero. Tal vez por eso se utilice una segunda raíz, el adjetivo numeral cardinal tres-tria, como adverbio multiplicativo ter: tres veces; de donde la palabra magis-ter significa: tres veces más.
En cambio. La palabra docente, se deriva del participio presente, voz activa del verbo transitivo Doceo-doces-docere-docui-doctum; docens-docentis: saber, enseñar, mostrar. Por lo tanto, puede tomar algunos de los siguientes significados: el que muestra, el que enseña, el que hace que alguien aprenda. De esa misma raíz con el supino, se construye la palabra doctor, de doctum, de doctor-doctoris: doctor, el que sabe y el que enseña. Finalmente, la palabra profesor, se escribe en latín professor-professoris: profesor, maestro, médico. Su origen es el verbo Profiteor-profiteris-profiteri-professus sum: declarar públicamente, confesar, reconocer, denunciar, declarar, manifestar, dar su nombre, inscribirse, prometer, hablar enfrente de los demás.
Aludiendo a las tres palabras, hay grandes maestros en la historia del pensamiento, por ejemplo, Pitágoras, Sócrates, Jesús, Pablo de Tarzo, entre muchos otros. Al respecto, Jesús se expresa de las tres formas, pues habló en público como profesor, enseñó con sabiduría como docente y como doctor, y fue el más, como un magister. El evangelista Mateo nos obsequia una cita muy hermosa que dice así: “el discípulo no es mayor que su maestro, ni el siervo es mayor que su Señor. Bástele al discípulo ser como su maestro y al siervo como su Señor. (Mt.10, 24-25).
Entre los autores clásicos, alejandrinos y romanos al maestro se le puede decir de diversos modos: maestro, preceptor y señor; para eso se usan las palabras grecolatinas: Διδάσκαλος, magister, δεσπότης, κύριος, dominus y erus. Estas son las dicciones que equivalen a la palabra hebrea rabí y a la palabra náhuatl tlamatini. Hay un texto admirable en el ámbito de la cultura universal que nos ofrece el evangelista San Lucas, llamado La fe del centurión, el cual se lee del modo siguiente: “Una vez que Jesús concluyó todas sus palabras a los oídos del pueblo, entró a Cafarnaúm. Allí se encontraba un siervo de un centurión, al cual éste apreciaba mucho, y estaba enfermo a punto de morir. Y como el centurión había escuchado sobre Jesús, le envió a unos ancianos de los judíos, rogándole que fuera a salvar a su siervo. Y quienes se presentaron ante Jesús le suplicaban insistentemente diciendo: es digno que tú le concedas esto. Porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha construido la sinagoga. Y Jesús iba con ellos. Y él mismo, ya no estando lejos de la casa, cuando el centurión le envió a unos amigos diciéndole: señor, no te molestes, pues yo no soy digno para que entres bajo mi techo. Por eso, no me he considerado digno de ir hacia ti: pero con una palabra que digas, también mi criado será salvado. Pues yo soy un hombre puesto bajo la autoridad, y tengo soldados bajo mi autoridad, y si digo a este: vete, y se va; y a otro: ven, y viene, y a mi siervo: haz esto y lo hace. Y Jesús al oír esto, se asombró de él. Y volviéndose a la multitud que lo seguía le dijo: en verdad les digo, ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande. Y cuando los enviados regresaron a casa, encontraron sano al siervo”. (Lc. 7, 1-10).
Una de las virtudes más notorias de Jesús como maestro es el talento. El evangelista Mateo recogió este tema muy interesante y aleccionador, en La parábola de los talentos. Este tema viene a completar las características de un buen ser humano, pues al ejercer un oficio con el sello cristiano y humanista, un profesionista con este símbolo está más completo a través de las siguientes características, especies o cualidades: conocimiento, experiencia, arte, talento, vocación, y amor. La actitud del primer y segundo siervo es la que se requiere para mejorar a la sociedad, a la familia y la institución. Pues en esta actitud va implícita la naturaleza de las personas, la capacidad, la virtud y, sobre todo, el autoconocimiento, la libertad, la realización, la comunicación y la disposición de trabajar. “Así resultan más fortalecidos los talentos que cualquier maestro de elocuencia presupone en sus discípulos, ya sea talentos morales, intelectuales, estéticos y dinámicos para prometerse frutos en cualquier sede, como la tribuna, el púlpito, la cátedra y el podio. (Véase Jesús Maestro de los predicadores, Ildefonso Pineda Ramírez. Editorial Jus, S. A. México, 1967, p. 12).
Así, pues, un fragmento más sobre el maestro y sobre el humanismo, no puede faltar el texto más hermoso de la literatura bíblica, y que encaja bien en el ámbito de la docencia, al que he titulado La misión del maestro. Por un lado, se aprecia la autoridad, la sabiduría del maestro y la universalidad del mensaje evangélico; por otro lado, se aprecia la seriedad y la atención del discípulo, hecho maestro, es decir, su paso de discípulo a apóstol, como nominativo, genitivo, dativo, acusativo, vocativo y ablativo. En el texto se puede observar algo que es diferente a todos los grandes maestros de la historia: Jesús se ha quedado para siempre con sus discípulos, ya desde hace dos milenios. Disfrutemos, pues, la belleza y la alegría del texto de San Mateo. “Y acercándose Jesús a sus discípulos les habló en estos términos: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a guardar todo lo que yo les he enseñado, he aquí que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Καὶ προσελθὼν ὁ Ἰησοῦς ἐλάλησεν αὐτοῖς λέγων· ἐδόθη μοι πᾶσα ἐξουσία ἐν οὐρανῷ καὶ ἐπὶ γῆς. Πορευθέντες οὖν μαθητεύσατε πάντα τὰ ἔθνη, βαπτίζοντες αὐτοὺς εἰς τὸ ὄνομα τοῦ πατρὸς καὶ τοῦ υἱοῦ καὶ τοῦ ἁγίου πνεúματος διδάσκοντες αὐτοὺς τηρεῖν πάντα ὅσα ἐνετειλάμην ὑμῖν· καὶ ἰδοὺ ἐγὼ μεθ’ ὑμῶν εἰμι πάσας τὰς ἡμέρας ἕως τῆς συντελεῖας τοῦ αἰῶνος. (Mt. 28,18-20. Más detalles sobre Jesús y Sócrates, véase tres libros que vale la pena considerarlos en la bibliografía socrática: Sócrates y el socratismo, Antonio Gómez Robledo, Fondo de Cultura Económica, México, 1966, 245 pp. Sócrates. Padre de la filosofía perenne. Pedro Gasparotto. Universidad Pontificia de México, México, 1996, 132 pp. Sócrates. La sabiduría empieza con el reconocimiento de la propia ignorancia. Ramón Vila Vernis. Editorial RBA Editores Mexicanos, 154 pp).
2). La formación del catequista a través del maestro
Por supuesto antes de que el catequista enseñe debe formarse sobre el contenido de la catequesis y de la catequética. Pues la catequesis está íntimamente relacionada con la enseñanza y el aprendizaje, esto es, con la didáctica y con la metodología. Pues la enseñanza es sobre la doctrina de Cristo y sobre la fe cristiana, cuyo fin es conocer la persona de Cristo, vivir el evangelio y formar parte del cuerpo místico de la iglesia. Las palabras catequesis, catequista y catequeta tienen la misma raíz, el verbo κατηχέω: resonar, hacer resonar, continuar, hacer resonar en los oídos de alguien, estar informado de algo, catequizar. Aquí se designa el método peculiar que seguían los apóstoles y los primeros propagadores del evangelio al enseñar oralmente y de viva voz, sirviéndose principalmente de la memoria y de la doctrina de Cristo.
Entonces, el contenido de la catequética es la doctrina de Jesús, Cristo y del cristianismo que fundó. Es de suma importancia hablar de Jesús de Nazaret, cuando se diserta sobre el significado de la palabra cristiano, porque es el centro de esta reflexión. Su nombre es de origen hebreo Jehoshúa, helenizado es Ἰησοῦς, latinizado Iesus y en español se dice Jesús que significa salvador. (Las fuentes bíblicas principales sobre Jesús son los 27 libros del Nuevo Testamento: los cuatro evangelios canónicos, las catorce cartas de Pablo, las siete cartas católicas, los Hechos de loa Apóstoles y el Apocalipsis).
Hoy en día se sabe mucho de su personalidad en todos los géneros literarios, no sólo en los textos bíblicos, sino también en la tradición cristiana, la historia, la literatura universal, la filosofía, hasta la llegada de la reflexión más profunda, esto es, la teología. Desde muy temprano en los primeros siglos del cristianismo también se habló de su personalidad en las fuentes extrabíblicas, en todos los niveles y ámbitos, a saber: religioso, histórico, filosófico, cultural y político. (Aún, los que niegan su existencia real, no pueden negar su existencia literaria, por ejemplo, Eduardo Schure, lo reconoce como el maestro del cristianismo y el mayor de los hijos de Dios, tan extendido en el mundo. en Los grandes iniciados. Bosquejo de la historia de las grandes religiones. Editores Mexicanos. México, D. F. 1975, pp. 475-579. La mayoría ve a Jesús como la figura central del cristianismo, una de las religiones más practicadas del mundo y una de las más influyentes de la historia. El islamismo en el Coram lo pone como un profeta).
En la Διδαχή figura el símbolo de los cristianos, el famoso acróstico ΙΧΘΥΣ, esto es, Jesús, Cristo, Dios, Hijo y Salvador. (La Διδαχή pertenece a un conjunto de escritos extrabíblicos o extracanónicos del siglo I y principios del siglo II, y están todos llenos de lo que Pablo llamaba la ciencia de Cristo crucificado. El símbolo de los apóstoles, la didajé, la Carta de Bernabé, Clemente Romano, Ignacio de Antioquía, Arístides de Atenas, El Pastor Hermas, Aristón de Pella. El filósofo Justino Mártir, natural de Samaria y muerto el 165, cuando escribe su primera Apología dice que hacía 150 años que había nacido Jesucristo en una cueva cercana de Belén y que él había conocido los arados hechos por el carpintero de Nazaret. Más detalles, véase Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriaga, S. A. Vol. IV. Barcelona, España, pp. 459-463. Los Padres Apostólicos, Sigfrido Huber. Versión crítica del original griego con introducciones y notas. Ediciones Desclée. Buenos Aires, 1949, 562 pp. En la página 41 hay un fragmento en lengua latina muy hermoso que figura así: “In symbolo fidei et spei, quod ab Apostolis traditum, non scribitur in charta et atramento, sed in tabulis cordis carnalibus; post confessionem Trinitatis et unitatem ecclesiae, omne christiani dogmatis sacramentum carnis resurrectione concluditur”. En el símbolo de la fe y de la esperanza, lo cual es transmitido por los apóstoles, no se escribe en papel y en tinta, sino sobre las tablas carnales del corazón; después de la confesión de la Trinidad y de la unidad de la Iglesia, se concluye el sacramento de la doctrina de todo cristiano con la resurrección de la carne).
Ya desde allí se aprecia un primer programa y una guía de lectura para la catequesis de los primeros cristianos. La palabra Cristo es el término que va unido al nombre de Jesús. Su origen es el participio griego χριστός, (La palabra χριστός se compuso del verbo χρίω-χρίσω-ἔχρισα–κέχρικα-ἐχρίσθην: tocar ligeramente, rozar, frotar, untar, embadurnar, bañar, teñir y ungir. Ungido es sinónimo de la palabra Mesías, forma helenizada de la palabra aramea mesiha. En el Antiguo Testamento designa a todo hombre consagrado a Yahweh. El rey especialmente era el ungido de Yahweh. Es una persona sagrada, y por eso inviolable. David respeta a Saúl y no se atreve a poner sus manos sobre él por ser el ungido de Dios, y manda ejecutar al que cometió el crimen de matarle. En el Nuevo Testamento es más preciso y designa a Cristo por antonomasia. Los evangelios son una constatación efectiva del mesianismo de Cristo en función de una ideología asequible a la generalidad de los oyentes. Los apóstoles le confieren esa dignidad y misión. El mismo Cristo expresa que Él es el Cristo, el ungido de Dios. (Más detalles, véase Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriaga, S. A. Vol. VI. Barcelona, España, pp. 1134-1135).
Con lo anterior, la traducción y el significado de la palabra Cristo es ungido, de donde su significado es rey, tal como lo refiere el evangelista Juan en el Apocalipsis, cuando dice: “Ἰωάννης ταῖς ἑπτὰ ἐκκλησίαις ταῖς ἐν τῇ Ἀσίᾳ, χάρις ὑμῖν καὶ εἰρήνη ἀπὸ ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρχόμενος καὶ ἀπὸ τῶν ἑπτὰ πνευμάτων ἃ ἐνώπιον τοῦ θρόνου αὐτοῦ, καὶ ἀπὸ Ἰησοῦ Χριστοῦ, ὁ μάρτυς, ὁ πιστός, ὁ πρωτότοκος τῶν νεκρῶν καὶ ὁ ἄρχων τῶν βασιλέων τῆς γῆς”. (Ap.1, 4-5). Tanto Juan como Marcos lo usan como aposición, por ejemplo, Marcos al escribir: “Ἀρχὴ τοῦ εὐαγγελίου Ἰησοῦ Χριστοῦ υἱοῦ τοῦ Θεοῦ. Καθὼς γέγραπται ἐν τῷ Ἠσαΐᾳ τῷ προφήτῃ· ἰδοὺ ἐγὼ ἀποστέλλω τὸν ἄγγελόν μου πρὸ προσώπου σου, ὃς κατασκευάσει τὴν ὁδόν σου• Φονὴ βοῶντος ἐν τῇ ἐρήμῳ· ἐτοιμάσατε τὴν ὁδὸν Κυρίου, εὐθείας ποιεῖτε τὰς τρίβους αὐτοῦ”. (Mc. 1, 1-3).
También el historiador judío Flavio Josefo en sus Antigüedades habla de Jesús al referirse a los cristianos, a Jacobo, a Juan el Bautista y a los relatos del Nuevo Testamento. (Antigüedades judías, XVIII.3,3; XX, 9, 1). Lo mismo el historiador romano Tácito, en sus Anales, hablando del reinado de Nerón (54-58 d. C.), comenta que después del incendio de Roma habla de los partidarios de un tal Cristo, que había sido castigado bajo el poder de Poncio Pilato; los cristianos toman su nombre de un tal Cristo, que en la época de Tiberio fue ajusticiado por Poncio Pilato. (Anales, 15, 44, 2-3).
Todas las historias de la educación, de la filosofía, de la pedagogía y del humanismo en su desarrollo hacen una reflexión sobre Jesús, el Cristo, reúnen dos palabras en una: Jesucristo, porque identifican al Jesús histórico y al Cristo de la fe. Por supuesto, destaca más el término Cristo, cuando hablan del cristianismo en sentido amplio, lo cual corresponde a su etimología, es decir, la doctrina de Cristo, y a la noción de cristiano y de cristianismo. (Los términos cristiano y cristianismo tienen el mismo origen, el nombre propio Χριστός; ambos términos aparecen en documentos bíblicos y extrabíblicos. En los Hechos de los Apóstoles es aplicado a los fieles de Antioquía, por ejemplo, Hch. 11,26 y 26, 28. Era costumbre entre los romanos llamar de acuerdo al seguidor ese nombre, por ejemplo, a los seguidores de César, Pompeyo y Herodes les llamaban cesarianos, pompeyanos y herodianos. En el siglo II se generaliza el nombre de cristianos a los seguidores de Cristo. Hay una inscripción muy famosa que se ha recogido en tiempos de la persecución de los cristianos y que pongo en versión bilingüe: “Ἡμεῖς οἱ Χριστιανοὶ οὐ δείδομεν τοὺς ὀδόντας τῶν λεόντων, οὔτε τὸν ἰὸν τῶν ἐχιδνῶν, οὔτε τὰ τραύματα τῶν ξιφέων, οὔτε τὴν φλόγα τῆς πυρᾶς, οὔτε βάσανον οὐδεμίαν· μόνην δείδομεν τὴν ἁμαρτίαν”. Nosotros los cristianos no tememos a los dientes de los leones, ni al veneno de las serpientes, ni a las heridas de las espadas, ni al ardor del fuego, ni a ninguna otra prueba. Solamente tememos al pecado”. Citado por Luis Penagos en Antología griega del Bachiller, Editorial Sal Terrae. Santander, 1971, p. 26. El término más amplio de la raíz de Χριστός es el nombre del tratado Cristología, es decir, la ciencia que tiene por objeto la persona y la obra de Cristo, los dogmas principales, como el verbo encarnado y el proyecto salvífico de Cristo).
En lo sucesivo, me encanta la belleza y la síntesis tal como lo expresa el filósofo italiano Michelle Federico Sciacca en su Historia de la filosofía al decir: “el cristianismo, ante todo, no es una filosofía, sino una religión que no tiene nada en común con las religiones precedentes, entroncada en el judaísmo, religión revelada por Dios, y, por consiguiente, la única que encierra la verdad absoluta y definitiva. Como tal, el cristianismo constituyó una revolución real y profunda de todos los valores de la civilización pagana. La nueva verdad de un Dios que es creador (Padre), Providencia y Amor, que se encarna para revelarse a los hombres, que muere en la Cruz para redimirlos del pecado de Adán, que predica el amor, el perdón, el arrepentimiento, la humildad, la fraternidad, la igualdad de todos los hombres, hijos de un único Padre y redimidos por sacrificio mismo de Dios, que con la gracia eleva al hombre al orden sobrenatural, que injerta la naturaleza divina en la humana”. (Historia de la filosofía, Michelle Federico Sciacca. Editorial Luis Miracle, S. A. Traducción española de Adolfo Muñoz Alonso Y juan José Ruiz Cuevas. Barcelona, España, 1966, p. 159. Conviene tener al frente una buena historia de la iglesia, por ejemplo, Historia de la iglesia, Tomo I, Daniel Olmedo, México, 1946, 286 pp; Tomo II, México, 1947, 382 pp).
Así, pues, Jesús nació en Belén, pasó su adolescencia en Nazaret. Fue educado en su familia, con su madre María y su padre adoptivo José, de donde aprendió a ser artesano. De su adolescencia se destaca la clave de su sabiduría, San Lucas lo expresa bellamente en su hermosa cita: “Y Jesús iba creciendo en edad, sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc. 2, 52).
En su madurez llegó a ser maestro, eligió a sus doce discípulos, tal como lo expresa San Lucas en otra parte de su Evangelio: “Por aquel entonces se fue a la montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el fanático, Judas el de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Hay un aspecto que debe destacarse en la vida de Jesús como maestro. En su proyecto salvífico presenta una jerarquía de valores, la cual se aprecia en los evangelios de Mateo y Lucas. El primero nos presenta el Discurso evangélico a través del Sermón de la Montaña, y el segundo en el Sermón de las Bienaventurazas. (Mt. 5,1-12; Lc. 6, 20-26). En ambos autores se destaca la opción por los pobres, un tema que ha recuperado la iglesia católica a través de la Doctrina Social de la Iglesia en la ética cristiana, y un tema que se ha politizado en los gobiernos socialistas y en los humanismos abstractos, donde solamente figura el nombre del humanismo, vacío de contenido, raíz, perspectiva y trascendencia. El contenido de las bienaventuranzas es un tema que encaja bien con cualquier proyecto humanista que defienda a la persona desde el núcleo del evangelio. Reflexiona hondamente en la parte interior y espiritual del ser humano; discrepa totalmente en la actitud del fariseo y del hipócrita que se fijan demasiado en las cosas exteriores del hombre. En las bienaventuranzas se llama dichosos a los pobres, a los hambrientos, a los afligidos, los cuales son los privilegiados del Nuevo Reino. (Por su puesto que las palabras pobre y pobreza tienen un sentido polifacético y polisémico, entre los mismos evangelistas hay diferencias, cuando explican la pobreza. Por ejemplo, hay quien lo entiende desde punto de vista social, como carencia de bienes materiales, igualmente, alguien lo puede entender en sentido moral, como una actitud de humilde confianza en el Señor. Más detalles, véase Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriaga, S. A. Vol. I. Barcelona, España, pp. 1206-1207).
El humanismo cristiano más allá de una vertiente de pensamiento está íntimamente vinculado a la cuestión de la persona, y por eso lleva consigo la naturaleza humana y la divina, pues toca unir dos realidades, la natural y la sobrenatural, las cuales un cristiano debe armonizar en su vida de una forma análoga para construir un modo de vida. En este sentido la vida cristiana es como refiere Yves de Montcheuil, “es más alta que la simple vida humana y este es el humanismo en sentido pleno de la palabra”. (El ideal del humanismo cristiano, Yves de Montcheuil, en Pensadores católicos contemporáneos. Tomo I, Ediciones Grijalbo, S. A. Barcelona, 1964, p. 153. En esta línea también J. F. Donceel ve la necesidad de integrar la cristología y la antropología para fundamentar el humanismo cristiano. Véase, Cristología y Antropología, en Antropología filosófica. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires-México, 1969, 480-485. Como ejemplo de esta reflexión, comparto un fragmento: “Karl Rhaner, el destacado teólogo católico de nuestro tiempo, que también es un gran filósofo, sostiene que es imposible una antropología completa sin una cristología. Según él, no podemos entender completamente al hombre si no conocemos algo sobre Cristo. A primera vista, podrá parecer que la filosofía nada sabe acerca de Cristo. Sólo tenemos conocimiento de Cristo por la historia y la revelación. Rhaner lo admite, pero no sin alguna reserva, basada en las siguientes consideraciones. Si nada hay en mí, en mi naturaleza, que me impele hacia la persona histórica de Cristo, ¿Por qué entonces he de prestar yo, hombre del siglo veinte, atención a un predicador itinerante-muy simpático, pero en realidad bastante oscuro-que tuvo algún, papel destacado hace diecinueve siglos en un lugar remoto del mundo?” Ibidem, p. 480).
Pues el humanismo verdadero implica la aflicción y el amor a todos los valores humanos, no sólo los valores literarios y artísticos del humanismo grecolatino, renacentista y moderno, sino también extendido a todos los valores humanos. Ciertamente el humanismo cristiano, explicado desde los evangelios lleva consigo una seria axiología, en ella se ve la supremacía de los valores con sus características fundamentales: bipolaridad, jerarquibilidad, preferibilidad y trascendentalidad. (Aquí tomo la nomenclatura de Max Scheler y de Joseph De Finance, la cual ha sido citada por la mayoría de los estudiosos de la ética en América Latina. Véase Ética, José Rubén Sanabria, Editorial Porrúa, México, 1971, pp. 72-77. Más detalles, véase mi artículo en Algunos aspectos de la ética existencial y de la persona humana. El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 14 de octubre de 2025. En el artículo pongo un encabezado destacando el concepto de ética a partir de su etimología con la reflexión de Joseph de Finance: “Secundum etymon, ethica scientia est quae tractat de ἦθος: ἦθος autem significat consuetudinem, dein modum habitualem agendi, tandem indolem. Idem sensus est vocis Latinae mos–moris, unde ethica vocatur etiam scientia (vel melius philosophia moralis) moralis. Posset ergo definiri: scientia de actione humana. (Según su etimología, la ética es la ciencia que trata acerca del ἦθος, pero el ἦθος significa costumbre, después significó el modo habitual de actuar, finalmente significó carácter. También existe el mismo sentido de la palabra latina mos-moris, de donde la ética se llama también ciencia moral (mejor aún, filosofía moral). Por lo tanto, podría definirse la ciencia de la acción humana). Ethica generalis, Joseph De Finance. Pontificia Universidad Gregoriana, Roma, 1962, p. 9).
Hay un ejemplo singular en los evangelistas Mateo y Lucas respecto a los mandamientos de Dios. Mateo al ser judío presenta a Jesús como el nuevo Moisés ante la interrogante de un grupo de fariseos con pésima actitud. He aquí este bello fragmento: “Los fariseos al enterarse de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era jurista le preguntó con mala idea: maestro, ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley? Él les contestó así: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mandamiento principal y el primero, pero hay un segundo no menos importante: amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden la ley entera y los profetas”. (Mt. 22, 34-40. El decálogo de Moisés se halla en Ex. 20, 2-17).
Por su parte a Lucas le interesa la congruencia, la correspondencia de las palabras con las acciones, tal vez aquí se vea la noción de la verdad del juicio de la que habla Santo Tomás de Aquino en De veritate: “Veritas est adequatio intentionalis intellectus cum re”. (De veritate. Q. 1, a. 1. La verdad es la adecuación intencional del entendimiento con la realidad). He aquí el texto de Lucas: “en esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba: maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida eterna? Él le dijo: ¿qué está escrito en la ley? ¿Cómo es eso que recitas? El jurista contestó: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alama, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo. Él le dijo: bien contestado. Haz eso y tendrás la vida”. (Lc. 10, 25-28).
Es el evangelista San Juan, el teólogo por antonomasia, quien expresa la esencia de Dios a través del amor, lo pone como el mandamiento principal de todos los mandamientos. Aquí está la originalidad del cristianismo y del humanismo cristino. Desde el punto de vista de la axiología el humanismo cristiano es superior a todos los humanismos con la preferibilidad del amor, frente a todos los valores. En su Evangelio hay un pasaje muy hermoso que expresa lo siguiente: “Hijos míos, me queda muy poco que estar con ustedes. Me buscarán, pero lo que dije a los judíos se lo digo ahora a ustedes: al lugar a donde voy, ustedes no son capaces de venir. Les doy un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros; igual que yo los he amado, ámense también entre ustedes. En esto conocerán que son discípulos míos, en que se amen unos a otros”. (Jn. 13, 33-35).
Todos los estudiosos de Jesús han destacado el amor como el centro de toda su axiología y como fundamento de todos los valores, y de allí su amor inagotable por la verdad. El filósofo y pedagogo italiano Pietro M. Gasparotto en su voluminoso libro Didáctica de la filosofía dedica un capítulo a Jesús como maestro, al que titula Cristo, Maestro universal. (Cristo, Maestro universal, en Didáctica de la filosofía. Pietro M. Gasparotto. Publicaciones de la Universidad Pontificia de México, México, 2000, pp. 99-131. Hay un estudio muy profundo del mismo autor sobre el amor y la amistad cristiana. Véase La amistad cristiana según Aelredo de Rievaulx (1110-1167). Pedro M. Gasparotto, Universidad Pontificia de México, México, D. F. 1993, 227 pp). Hace algo semejante como Miguel León Portilla con la filosofía náhuatl, y como Justino Cortés Castellanos con la inculturación indígena al recurrir a las disciplinas filosóficas de Occidente para encontrar semejanzas y diferencias con la doctrina de Jesús. Y como todos los grandes del pensamiento cristiano, expone de una manera magistral el tema del amor, he aquí un fragmento suyo: “Como todo maestro, Cristo enseña; pero la suya es una enseñanza oral, según la cultura de sus oyentes, que no tenían libros y no sabían leer, excepto poquísimos especialistas. Jesús muestra una confianza ilimitada, sea en la fuerza de la verdad que penetra en las almas, sea en la capacidad de los oyentes para recibirla, recordarla y entenderla, aunque no faltarán obstáculos grandes. Analizando atentamente el evangelio resultan matizados muchos momentos o grados de intensidad en el camino siempre arduo y accidentado hacia la verdad, sea natural, sea sobrenatural. Desde el tiempo de Sócrates y Platón el amor a la verdad por encima de todos define al filósofo y lo distingue netamente del filodoxo o sofista, que se busca a sí mismo”. ((Véase mi artículo “Doctor Miguel León Portilla: el humanista y el filósofo. In memoriam (1926- 2019)”, en El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 17 de marzo de 2025; “Prólogo del doctor J. Ignacio Tellechea Idígoras a la tesis doctoral del padre Justino Cortés Castellanos”: en Desciframiento pictográfico del Catecismo de Fray Pedro de Gante. Fundación Española, Madrid, 187, 500 pp. El comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 13 de enero de 2025; Didáctica de la filosofía. Opu. Cit. p. 102).
3). La vocación y la enseñanza del catequista
Todo catequista enseña el catecismo de la iglesia católica. El catecismo también tiene su historia, pues empezó como un método en las escuelas rabínicas en las cuales los discípulos aprendían de memoria la enseñanza recibida, repitiendo las palabras del maestro. El catecismo surgió del mismo maestro, Cristo en diálogo con sus apóstoles. La idea de un catecismo nació por la necesidad de los mismos apóstoles al predicar y anunciar, lo que habían visto, oído y tocado. La fuente se ve en los Hechos de los Apóstoles, donde ellos están dedicados al ministerio de la palabra. (Hechs. 1,1-5).
San Pablo es un testimonio original y primitivo del catecismo y del catequista. Primero predicó oralmente y después escribió. Hoy todos los maestros hacemos eso en el aula. Así los apóstoles, primero predicaron y luego escribieron. Esta obra empezó el día de Pentecostés, bajo la guía del Espíritu Santo, porque era la catequesis oral, puesta en acción.
De las fuentes primitiva, es decir, Hechos de los Apóstoles, Cartas paulinas y de la estructura de los Evangelios nació la idea de un catecismo. De ahí viene la primera catequesis: una positiva, que exponía la misión divina de Cristo, la santidad de su vida, la doctrina confirmada con milagros, la pasión, y principalmente la resurrección. La segunda catequesis era negativa, consistía en recoger los argumentos negativos, escribiendo lo que no era el mensaje de Cristo. (Un testimonio bien elaborado es el Discurso de Pablo en el Aréopago. Hechs. 17, 22-34; véase mi artículo San Pablo en el Areópago. Un maestro del humanismo cristiano. El Comunicador Puebla. Ciudad de Puebla. 30 de marzo de 2026).
La catequesis fue evolucionando desde Jerusalén, Palestina, Antioquía, Alejandría y Roma, de lo cual nacieron distintos destinatarios. Las multitudes eran mixtas: de judíos y paganos. A los primeros les enseñaban lo que habían visto y oído de Jesús, les enseñaban que Jesús era el Mesías y el Señor. Y a los paganos les hablaban de la existencia y presencia de un Dios, creador y remunerador; y que su providencia era manifestada en la venida redentora de Jesús.
La catequesis era una parte dogmática y otra moral. La primera se encuentra en el Símbolo de la fe, lo que hoy se llama Credo. La segunda, consistía en vivir conforme las reglas y la conducta de Cristo y del cristianismo, y así cada día vivir menos en el pecado, a través de una lista de pecados hasta purificar la vida, imitando la vida de Cristo y de los apóstoles.
Actualmente, el catecismo es una obra bien constituida, elaborada por los catequetas, es un método, arte y ciencia que contiene la doctrina completa de Cristo. Sobre su historia completa hay suficiente información, como lo hay de todas las disciplinas y géneros literarios hasta nuestros días. (Véase más detalles en Enciclopedia de la Biblia, Opu. Cit, pp. 226-227; Diccionario de las religiones, Paul Poupard. Editorial Herder. Barcelona, 1984, pp. 270-276; Diccionario de catequética, Compilación de Joseph Gevaert, Editorial CCS, Madrid, 1987, 850 pp).
Desde el Siglo XVI existen numerosos catecismos que expresan el avance de la catequesis. En la bibliografía de la tesis doctoral del Catecismo en Pictogramas de Fray Pedro de Gante del padre Justino Cortés Castellanos se hallan muchos y potentosos documentos. En cada capítulo va exponiendo fuentes y bibliografía en el siguiente orden: Catecismos manuscritos, Catecismos impresos, Otras fuentes, Catecismos y Bibliografía auxiliar. (Véase El Catecismo en Pictogramas de Fray Pedro de Gante. Justino Cortés Castellanos. Fundación Universitaria Española, Madrid, 1997, 495 pp).
Existe en la Iglesia Católica la edición de una Catecismo oficial, donde se puede advertir el contenido actual: La profesión de la Fe, La profesión de la fe cristiana y los símbolos de la Fe, La celebración del misterio cristiano, La vida de Cristo, La oración del Señor: El Padre Nuestro, y la doxología final. (Catecismo de la Iglesia Católica, Asociación de Editores del Catecismo, Madrid, 1993, numerosas ediciones, 770 pp).
Con todo, puedo decir, que un cataquista tiene un maestro en la casa, en la escuela y en la iglesia. Y a la vez también, es un maestro de la fe que recibió desde el bautismo, de lo cual viene la triple dimensión de su sacerdocio: sacerdote, profeta y rey. Dije, tiene un maestro, porque no es autodidacta de las ciencias que requiere la catequética, esto es, la ciencia, el método y el arte, de donde vienen sus conocimientos, por ejemplo, la filosofía, lenguas clásicas y modernas, teología, biblia, pastoral, filología, hermenéutica, homilética, liturgia, historia, sociología, psicología, didáctica, ciencias de la comunicación, pedagogía, ciencias humanas, entre otras.
Como en todo, hay catequistas que enseñan en la parroquia, otros en la escuela, y otros en diversos establecimientos. Explicándolo filosóficamente, desde el punto de vista ontológico, hay distintos modos de ser y, por lo tanto, hay distintas personas, siendo catequistas. Todos con distintos conocimientos, desde el conocimiento vulgar, empírico, científico, filosófico y teológico de la catequesis. En realidad, así debería ser en todas las vocaciones y profesiones. (Para esta parte me hago ayudar de un artículo muy interesante de José Rubén Sanabria en su libro Introducción a la filosofía, El trabajo y la vida filosófica, Introducción a la filosofía, Editorial Porrúa, México, 1976, pp. 281-295).
En nuestro tiempo llama la atención el catequista cuando enseña la doctrina de Cristo en los medios de comunicación, en la radio, en la televisión y en las redes sociales. Hoy la catequesis está muy avanzada y los catequistas enseñan conscientemente porque saben que hay una vocación, entendida esta, como un llamado de Dios para servir en la iglesia de distintos modos. La respuesta es personal y específica, cada uno va encontrado una respuesta consciente y libremente. Unos encuentran destinarios por razones religiosas, otros, por razones académicas, y otros más, por razones culturales.
Dije al inicio, al titular la conferencia “El intelectual católico debería ser un catequista. La formación y la vocación del humanista catequista y catequeta”, y con justa razón. Porque cualquier oficio y profesión requiere tener una perspectiva al estudiar una carrera, o bien, por amor a Dios, por amor a la patria o por amor al hombre. Vemos, por ejemplo, catequistas enseñando en la comunidad eclesial, en la escuela, en la familia, en la sociedad, y en diversos establecimientos. Así debería haber profesionistas, que aparte de su labor oficial, sirvan a la comunidad o al pueblo, haciendo una labor al menos filantrópica, enseñando algo de su profesión, como respuesta a su vocación, así habría menos delincuentes, menos ignorantes y menos malos en cada rincón de las naciones. De este modo haríamos algo semejante y algo diferente en la sociedad y las repúblicas fragmentadas de todos los continentes, donde también hay un espacio para la religión y para el mensaje universal de Jesucristo.
Personalmente, me autodefino un catequista humanista, compartiendo conocimientos académicos, tanto oral como escrito, como docente, como investigador y como comunicólogo en diversos medios de comunicación. Algo me quedó del catecismo que aprendí oralmente con mi primera catequista, con mi mamá Rosita Vega Aburto, allá cerca de los Cerros de Tlachichuca, en el Pueblo de Santa Inés Varela la Luz. Y hoy hago lo mismo, pero con un estilo diferente, imitando algo del Apóstol Pablo, parado en medio del Areópago, en donde me ha tocado caminar dentro y fuera de nuestra patria, queriendo entender y explicar algo de un pasaje bíblico del Apóstol Pablo: “Σταθεὶς δὲ ὁ Παῦλος ἐν μέσῳ τοῦ Ἀρείου Πάγου ἔφη∙ Ἄνδρες Ἀθηναῖοι, κατὰ πάντα ὡς δεισιδαιμονεστέρους ὑμᾶς θεωρῶ. Διερχόμενος γὰρ καὶ ἀναθεωρῶν τὰ σεβάσματα ὑμῶν εὗρον καὶ βωμὸν ἐν ᾧ ἐπεγέγραπτο, Ἀγνώστῳ Θεῷ. Ὃ οὖν ἀγνοοῦντες εὐσεβεῖτε, τοῦτο ἐγὼ καταγγέλλω ὑμῖν. (Pablo estando de pie en medio del Areópago dijo: “señores atenienses, por todas partes veo que ustedes son extremadamente religiosos. Porque al pasar por la ciudad y al observar atentamente sus templos sagrados, también encontré un altar en el cual está escrito -a un Dios desconocido-. Así pues, eso que ustedes adoran sin conocer, yo vengo a anunciarles esto”. (Hchs. 17, 22-23).

