Huesos y dientes fósiles revelan secretos sobre la dieta e hibernación del oso de las cavernas
Especialistas del Instituto de Geología de la UNAM analizan restos procedentes de España y descubren cómo los procesos metabólicos invernales alteraban los registros químicos, resolviendo una larga controversia paleontológica.
Especialistas en paleontología del Instituto de Geología (IG) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) participan en un estudio internacional de vanguardia que indaga la dieta y los patrones de hibernación de los osos de las cavernas (Ursus spelaeus). Esta especie de mamíferos gigantes se extinguió hace entre 28 mil y 24 mil años, durante el Pleistoceno, una era geológica popularmente conocida como la Edad de Hielo debido a sus ciclos repetidos de glaciaciones que comenzaron hace 2.1 millones de años y culminaron hace unos 11 mil 800 años.
La investigación se desarrolla en el Laboratorio de Isótopos Estables del Laboratorio Nacional de Geoquímica y Mineralogía de la UNAM, adscrito al IG. Ahí, el investigador Víctor Adrián Pérez Crespo y la estudiante de doctorado Susana Rodríguez Franco analizan fósiles de dientes y huesos excepcionalmente conservados, los cuales fueron hallados en la Galería 1 de la Cueva de Guantes, un relevante yacimiento paleontológico y arqueológico ubicado en Palencia, España.
Análisis isotópico: rastreadores de la prehistoria
El equipo de científicos utiliza análisis isotópicos de esmalte dental y colágeno óseo para reconstruir los hábitos de vida de estos animales. Las pruebas se realizan en muestras de individuos de diversas etapas biológicas —incluyendo cachorros, adultos y ejemplares seniles— con el propósito de contrastar si existían cambios significativos en la alimentación por diferencia de edad, así como durante los periodos de lactancia y confinamiento invernal.
Para lograrlo, los componentes químicos se someten al estudio de isótopos estables de carbono y oxígeno. Estas partículas son átomos que no se desintegran radiactivamente y funcionan como rastreadores naturales en la materia orgánica, variando su peso debido a la presencia de neutrones extra. De acuerdo con los resultados obtenidos, los ejemplares compartían fuentes de alimento y agua muy similares, vinculadas de manera directa a un ambiente boscoso dominado por plantas y vegetación densa. La nula variación de estos registros a lo largo del tiempo sugiere que la especie poseía una alta fidelidad a la cueva, utilizando el mismo espacio de forma reiterada como refugio de hibernación a través de las generaciones.


Resolviendo la controversia sobre su alimentación
A nivel global, la comunidad científica ha mantenido un debate histórico respecto a la alimentación de estos úrsidos, dividiéndose entre quienes sostenían que eran carnívoros y quienes los situaban como herbívoros. Susana Rodríguez Franco, quien encabeza este trabajo dentro del Posgrado en Ciencias Biológicas de la UNAM, señaló que morfológicamente la mordida del animal concuerda más con una dieta herbívora, ya que poseía una gran fuerza estructural diseñada para masticar plantas, ramas y elementos de alta dureza.
La controversia sobre si consumían carne surge a partir de las firmas químicas. Tradicionalmente, cuando los isótopos de oxígeno y los niveles de delta nitrógeno 15 —una medida utilizada para rastrear isótopos de nitrógeno— se elevan considerablemente, los autores suelen catalogar a la especie como carnívora, omnívora o carroñera. Sin embargo, el estudio liderado por la UNAM descubrió que cuando los osos entran en el estado de hibernación, sus niveles de nitrógeno se disparan de manera natural debido a la reutilización interna de nutrientes en el organismo, emitiendo una señal idéntica a la de un depredador.
Implicaciones ecológicas y extinción
Esta revolucionaria aportación se planteó en un artículo en colaboración con Ana Mateos y Jesús Rodríguez, directores de las excavaciones en la Cueva de Guantes y codirectores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana de España. Las señales de nitrógeno evaluadas resultaron inusualmente elevadas para los estándares de la Península Ibérica, lo que refuerza de forma contundente la hipótesis de que los procesos metabólicos de la hibernación modifican los valores químicos de los huesos, en lugar de reflejar únicamente los alimentos ingeridos.
Los datos obtenidos son clave para comprender la ecología general, la baja movilidad y las estrategias adaptativas del oso de las cavernas. Al ser un mamífero gigante adaptado al frío extremo —compartiendo hábitat con el mamut lanudo, el tigre dientes de sable y el rinoceronte lanudo—, su alta dependencia a refugios específicos y su dieta especializada ayudan a explicar por qué fue una especie particularmente vulnerable a los drásticos cambios climáticos y ambientales previos a su extinción definitiva.

