Descubren en Francia un cuaderno inédito de Mozart: El hallazgo arqueológico musical más importante en décadas
El manuscrito de 44 páginas, fechado en 1778, revela el método de enseñanza del genio de Salzburgo y saca a la luz siete composiciones desconocidas para flauta y arpa.
Por Luis Moreno
La Biblioteca Nacional de Francia (BnF) anunció oficialmente un espectacular e histórico hallazgo para la música clásica: la identificación de un cuaderno de 44 páginas perteneciente a un joven Wolfgang Amadeus Mozart, de entonces 22 años de año. El documento, que permaneció oculto entre manuscritos anónimos por casi dos siglos y medio, ofrece una ventana única al método pedagógico del compositor austríaco y contiene siete piezas musicales hasta ahora completamente desconocidas para la posteridad.
“Este es el descubrimiento sobre Mozart más importante en décadas”, afirmó de manera contundente Armin Brinzing, director de la Biblioteca Mozart de la Fundación Internacional Mozarteum de Salzburgo, Austria, quien viajó personalmente a París para autentificar el manuscrito en abril de 2026.
El origen: Las frustrantes clases a la hija de un duque
El origen del cuaderno se remonta al periodo de mayo a julio de 1778, cuando un joven Mozart residía en París y trabajaba como tutor de composición de Marie-Louise-Philippine de Bonnières de Guînes, una talentosa arpista de 22 años e hija del Duque de Guînes. El duque, un reconocido flautista de la época, encargó al compositor la creación de lo que hoy conocemos como el famoso Concierto para flauta, arpa y orquesta en Do mayor, K. 299.
A pesar del talento instrumental de la joven, las cartas que Mozart enviaba a su padre revelan la enorme frustración que le causaba la falta de imaginación de su alumna. En una de las misivas, el compositor relataba cómo, tras ver a la joven devanarse los sesos por 15 minutos intentando crear una melodía, él tuvo que escribir el inicio de un minueto. «Mira qué tonto soy (…); empecé un minueto y ni siquiera puedo terminar la primera parte; ¿serías tan amable de terminarlo?», le dijo con ironía para forzarla a componer. En sus cartas, se quejaba de que la joven hacía bien los ejercicios teóricos, pero “no tenía ni una sola idea”.
Esa dinámica, sin embargo, es lo que vuelve valioso el hallazgo. Debido a que la alumna requería constante guía, el cuaderno muestra de forma clara, compás a compás, las correcciones, anotaciones y mejoras manuscritas de puño y letra de Mozart sobre los ejercicios de De Guînes.
El hallazgo antes de la jubilación
El descubrimiento fue fortuito y corrió a cargo de François-Pierre Goy, conservador del departamento de música de la Biblioteca Nacional de Francia. Goy se encontraba revisando una pila de manuscritos antiguos y anónimos con la intención de catalogarlos antes de su jubilación, cuando el cuaderno captó su atención. Al examinarlo, notó que había dos caligrafías distintas (alumno y profesor) y que los signos musicales del maestro tenían rasgos muy particulares.
“No podía creer lo que veía”, relató Goy. El conservador se percató de que las claves de sol eran redondeadas e inclinadas hacia adelante, y que las claves de fa del profesor diferían por completo del estilo que utilizaban habitualmente los compositores franceses del siglo XVIII. Tras cotejar los trazos con partituras autógrafas de Mozart resguardadas en la biblioteca, y con el respaldo de la musicóloga Laurence Decobert y el experto Armin Brinzing, el documento fue validado al 100% como auténtico.
La procedencia del manuscrito también se aclaró: formaba parte de dos paquetes de música que las autoridades confiscaron de la residencia del Duque de Guînes en 1794, durante la Revolución Francesa, luego de que el aristócrata —cercano a la reina María Antonieta— huyera a Inglaterra. Curiosamente, la relación de Mozart con el duque terminó mal, ya que este último se negó a pagarle el salario completo por sus lecciones, ofreciéndole a través de su mayordomo apenas la mitad de lo acordado, suma que el genio rechazó con indignación.
Nuevas joyas para el repertorio universal
El cuaderno no solo contiene lecciones de armonía, sino siete piezas breves destinadas presumiblemente para ser interpretadas por el duque y su hija. Los expertos detallan que, si bien fueron ejercicios guiados, Mozart intervino de manera sustancial escribiendo la mayor parte de la música. De hecho, en un movimiento rápido de cinco minutos de duración, se estima que entre el 75% y el 80% de la partitura es obra directa de Mozart.
Nicolas Tulliez, arpista de la Orquesta Filarmónica de Radio France, calificó el hallazgo como un hito absoluto, pues hasta hoy el Concierto K. 299 era la única obra de Mozart que incluía al arpa en su catálogo. «Este movimiento rápido se va a convertir sin duda en una de nuestras obras principales», aseguró.
Las obras musicales inéditas salieron del silencio y se interpretaron en público por primera vez el pasado domingo en las instalaciones de la Biblioteca Nacional de Francia, a cargo del propio Tulliez y la flautista Mathilde Caldérini. Las grabaciones oficiales de estas piezas históricas fueron transmitidas el lunes a través de la prestigiosa emisora radial France Musique, devolviendo a la vida una música que, según los expertos, posee una gracia extraordinaria.

