Inflación aumenta.
El gobierno propone un plan de acciones.
Por Ricardo Caballero de la Rosa
La inflación anual en México volvió a acelerarse en marzo, situándose alrededor de 4.6%, por encima del rango objetivo del Banco de México (Banxico) de 3% ±1 punto porcentual. Este repunte ocurre en un contexto particularmente delicado: el banco central había reanudado recientemente su ciclo de flexibilización monetaria, reduciendo su tasa de referencia desde niveles restrictivos cercanos al 11% hacia un rango inferior, con la intención de apuntalar el crecimiento económico. Sin embargo, la persistencia de presiones inflacionarias ha obligado a la institución a revisar al alza sus previsiones para el cierre del año, ahora estimadas por encima del 4%.
Uno de los factores que explican esta dinámica es el entorno internacional. La escalada del conflicto con Irán ha provocado incrementos en los precios globales de la energía, con el barril de petróleo registrando alzas superiores al 10% en semanas recientes. Este encarecimiento impacta directamente en economías como la mexicana, donde los costos de transporte, producción y logística están estrechamente ligados a los combustibles.
En el ámbito interno, el componente no subyacente ha sido determinante en el repunte inflacionario. Productos agropecuarios registraron incrementos significativos, destacando el jitomate, cuyo precio llegó a aumentar más de 20% mensual debido a factores estacionales y disrupciones en la oferta. Este tipo de choques, aunque transitorios, tiene un efecto inmediato sobre el índice general de precios al consumidor.
Frente a este panorama, el Gobierno de México presentó este jueves 16 de abril un plan integral para contener el alza de precios. De acuerdo con Carlos Lerma Cotera, subsecretario de Ingresos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la estrategia combina medidas fiscales, acuerdos con el sector privado y mejoras operativas en cadenas de suministro.
Entre las principales acciones destacan los subsidios a las gasolinas, que buscan amortiguar el traslado de los incrementos internacionales del petróleo hacia los consumidores. Asimismo, se contemplan acuerdos con productores agrícolas y cadenas comerciales para contener el precio de productos básicos, evitando aumentos abruptos en la canasta alimentaria.
El plan también pone énfasis en la logística, un componente frecuentemente subestimado. Según el funcionario, se implementarán mejoras en la distribución de alimentos para reducir costos intermedios, lo que podría tener un efecto directo en la moderación de precios finales.
A pesar de estas medidas, el reto sigue siendo considerable. La combinación de presiones externas —como el encarecimiento energético— y factores internos —como la volatilidad de productos agropecuarios— plantea un escenario en el que la convergencia hacia la meta inflacionaria podría retrasarse. En este contexto, la coordinación entre política monetaria y fiscal será clave para preservar la estabilidad macroeconómica sin comprometer la recuperación económica.
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