Opinión

Asociación.

Por Ricardo Caballero de la Rosa

Hay un mar que a pausas sólo respira
porque sus fondos olvidan su nombre
entre curvas blanquecinas de olas
y su pureza aspirada cuando la luna
se oculta para mecerse en la arena

En ese vaivén contenido
cada alma aprende a quedarse
sin huir de su silencio
en el colapso que al fuego pone en paz
y que forja al nocturnal del príncipe

El corazón sorprendido
mira la inmensidad abierta
de la hondura revuelta
que disuelve los azules
y deshiela la sospecha
de un vacío que en la nada
rastrea su ausencia

El ambiente se desvanece
y el universo respira hacia dentro
para reunir las estrellas perdidas
que yacen en el pensamiento
anhelante de preguntas nuevas

¡Pero abajo
reina la paciencia!
el mineral de las piedras
que al sostener el vértigo del río
llama a la fluidez
que reinventa la corriente
y devuelve el flujo a lo más hondo

Cada mar recuerda su calma
desde sus entrañas
una paz que no es quietud
sino origen predispuesto
al movimiento

Desde el fondo asciende
con la fuerza de la abnegación lenta
la transformación que no rompe
que no impone ni cesa
que acontece en la quieta presencia

Es el sosiego abstracto intacto
donde las cosas pierden su deuda con el ruido
el principio de la levedad rebelde
que descifra el insolvente infinito

Y ahí
entre la ola que no se apura
y el cielo que no termina
el alma se reconoce

¡Pero abajo
reina la paciencia!

Sin forma ni hálito
como tránsito y círculo
como destello y mar
como revuelta y calma
como el paisaje intacto
que contiene la grandeza

¡Pero abajo!

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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