Bad Bunny convierte el medio tiempo en un manifiesto de orgullo latino
Por Lolis Moreno
En un despliegue de identidad sin precedentes, Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, transformó este domingo el show de medio tiempo del Super Bowl LX en un territorio soberano del Caribe. Lo que tradicionalmente es la máxima vitrina del entretenimiento estadounidense, se convirtió, durante 15 minutos, en una «plataforma de resistencia cultural» donde el español fue el único protagonista.
«La Casita»: Un barrio en el corazón de la NFL
Lejos de la grandilocuencia metálica y futurista de años anteriores, la propuesta de Bad Bunny apostó por la cercanía. La escenografía, denominada por muchos como «La Casita», reconstruyó la vida cotidiana de Puerto Rico y Latinoamérica: mesas de manicuristas, una barbería, una bodega y hasta un puesto de piraguas.
Incluso los elementos críticos de la realidad boricua estuvieron presentes. El artista se trepó a postes de luz centelleantes mientras interpretaba «El Apagón», un recordatorio visual de las fallas en los servicios esenciales que sufre su isla. Para los expertos, no fue una escenografía neutra, sino un gesto político y afectivo que gritaba: «seguimos aquí».
Una conquista inversa sin subtítulos
A sus 31 años, el joven que hace una década empacaba víveres en un supermercado de Vega Baja, se convirtió en el primer artista en encabezar este evento habiendo grabado toda su discografía exclusivamente en español. «¡Y qué rico es ser latino!», exclamó Benito, sin necesidad de traductores, ante una audiencia global de más de 120 millones de personas.
El recorrido musical fue un diálogo entre lo local y lo global. Desde los ritmos urbanos de su álbum histórico «Debí Tirar Más Fotos» hasta la aparición de iconos como Ricky Martin, sentado en las icónicas sillas de plástico «monobloc» que son símbolo de cualquier fiesta familiar en América Latina.



El mapa de un continente
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue cuando el «Conejo Malo» pasó lista a toda la región, mencionando desde México hasta las Antillas, mientras las pantallas proyectaban no solo la bandera de Puerto Rico, sino las de todos los países que conforman AMÉRICA, en mayúsculas.
Esta presentación llega tras un clima de tensiones políticas y críticas previas de sectores conservadores, incluyendo al presidente Donald Trump. Sin embargo, la respuesta de Bad Bunny fue artística: en lugar de adaptarse al formato estadounidense, obligó al Super Bowl a sumergirse en la complejidad del Caribe, sus sonidos de salsa, merengue y trap, y su inquebrantable orgullo identitario.
Al final del encuentro entre los Seahawks y los Patriots, la sensación generalizada en redes fue que el marcador deportivo quedó en segundo plano. La noche del 8 de febrero de 2026 será recordada como el momento en que la «Isla del Encanto» se volvió universal y el español dejó de ser un idioma de minorías para reclamar su lugar como el nuevo estándar del pop global.

