Opinión

Las huellas y la definición de la lengua latina. Algunas características a través de la historia

Por Juvenal Cruz Vega. Director de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Exordio

Nihil magis facit pueros ineptos quam educatio mollis et blanda: ideo eorum animus corruptus est, qui nimia indulgentia et licentia educati sunt. Non resistet rebus adversis is, quem semper parentes secundaverunt, cuius lacrimas sollicita semper mater abstersit, cui paedagogus indulgens datus est. Tenuis ante omnia puerorum victus sit, et non pretiosa vestis. Ex Sen. Ir. 2, 21, 6.

Nada hace más ineptos a los niños, que una educación suave y blanda: por eso su espíritu es depravado, especialmente a los que han sido educados con excesiva indulgencia y libertad. No resistirá a la adversidad, al que siempre sus padres lo han secundado, y cuyas lágrimas ha enjugado su madre siempre solícita. A este se le dado un pedagogo indulgente. Frente a todas las cosas, la vida de los niños es frugal y su ropa no es costosa.

Advertencia.

Escribo este artículo para que los lectores del Comunicador Puebla puedan obtener una noción y una definición más completa de lo que es la lengua latina en relación con la historia, la cultura y la interdisciplinariedad que tiene en sus propias fuentes. Hay numerosas características que se han encontrado a través de los veinticinco siglos de la lengua latina. Aquí expondré tres características de la lengua latina con ejemplos de autores célebres y textos bilingües a saber: la lengua latina es indoeuropea, es la lengua oficial de Roma antigua y es una lengua hiperbatónica. Pero entre ellas, podré aludir a otras características  que son necesarias y dignas de ser estudiadas.

Empecemos.

Pórtico

La lengua es parte de la cultura de un pueblo, así como lo habían apuntado Heródoto, Platón y Marco Terencio Varrón, entre otros. (Herodoto, Historias, VIII,144; Platón, República, IV, 427). La lengua latina no es la excepción, pues tiene una historia muy larga, conectada con otras lenguas y con otras culturas antiguas y modernas, también culturas avanzadas y bien definidas. Para saber más acerca de esto, merece hacerse una reflexión de las características propias de la lengua latina, observándola y estudiándola a través de sus fuentes. En primer lugar, la lengua latina es una lengua indoeuropea. Desde el punto de vista de su historia es la lengua oficial de Roma Antigua, de la Iglesia Católica, de las ciencias y de la universidad. Por su clasificación entre las lenguas del mundo es una lengua flexiva y sintética. Por su calidad científica, normativa e interdisciplinaria, por su contenido ejemplar y por su selección en géneros literarios es una lengua culta. Pero sobre todo, por su fuerza, valentía y disciplina es una lengua clásica, esto es, una lengua inmortal y trascendente.

Esta tesis es una huella trascendente y la mayor prueba de su permanencia en las lenguas modernas de occidente: romances, germanas y algunas eslavas. Debido a la trascendencia del latín, esta lengua no está muerta, porque en equipo con la lengua griega constituye la noción completa de lenguas clásicas, tal como apunta el doctor Guillermo Hernández Flores al decir: “esas lenguas que muchos menosprecian porque dicen que están muertas, pero que en realidad están tan vivas que no sólo permitieron hablar a los modernos, sino conservar el poco humanismo que todavía tienen los posmodernos. (El humanismo a través de la escuela, Guillermo Hernández Flores, en Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México, El Barco Ebrio Ediciones, Puebla, 2025, p. 259).

Sin embargo, cuando una persona escucha algo sobre la lengua latina, generalmente hace su propia noción sobre esta lengua tan hermosa. No es lo mismo llamarle lengua muerta, lengua clásica, culta y trascendente, o simplemente ignorarla y ponerle calificativos que distan mucho de lo que consideran los estudiosos del humanismo clásico. Yo guardo numerosas aportaciones de estudiosos diferentes sobre la lengua latina, por ejemplo, puedo citar algunos fragmentos de mi maestro, el doctor Justino Cortés Castellanos en la entrevista que le hice en mi reciente libro: “ La lengua latina es la lengua oficial de la iglesia y es el instrumento más bello de la literatura y del legado de Roma. Mi maestro el padre Moisés Oropeza decía que el latín es el genio de la lengua- Lingua Latina iuxta eius genium est pulcherrima. Esta bella lengua forma la mente del hombre, por eso es recomendable aprenderla desde muy pequeño, porque siendo niño se puede practicar mejor el arte de la nemotecnia. Más aún, se puede aprender la ciencia de la lengua sin prejuicios. El estudio completo de la lengua latina debe ser de tres modos: hablándola, escribiéndola y traduciéndola. Hablando latín se van mejorando otras partes del conocimiento. Se pueden utilizar todos los recursos que se tengan a la mano: jugando, caminando, escribiendo, leyendo, repitiendo, cantando y rezando. Utilizando la memoria es una excelente estrategia. Por ejemplo, podemos aprender frases célebres, conceptos, definiciones, títulos de obras, fragmentos de autores, chistes, cuentos. Todo esto es una buena fuente para construir una conversación en latín, y sobre todo, para que al hablar latín se haga de una forma académica, tal como debe ser un profesor en el aula”. (Diálogo con cuatro pensadores del siglo XX en México, Opu. Cit, pp. 131-132).

1). La lengua latina es una lengua indoeuropea

Todas las lenguas del mundo se clasifican en tres grandes grupos: lenguas monosilábicas, aglutinantes y flexivas. Éstas últimas se clasifican en tres grupos: lenguas indoeuropeas, camítica y semítica. (Más detalles, véase El lenguaje oculto y científico, Esteban Ortega Pedraza, Editorial Diana, México, 2006, pp. 9-66). Las lenguas indoeuropeas ocupan el cincuenta por ciento de las lenguas habladas en la actualidad. Los indoeuropeos proceden de un origen común y se extienden desde el centro de la India hasta el norte de Europa. Un tiempo los indoeuropeos estuvieron juntos, crecieron y llegaron a ser una familia numerosa, luego tuvieron que separarse por razones de extensión y por el ciclo de la vida. Originalmente fueron rudos y poco a poco se pulieron hasta que edificaron una civilización seguida, una en pos de otra.

Para llamar a ese grupo de lenguas, existen varios términos: arios, indogermanos, indoeslavos, indoeuropeos, entre otros. No obstante, éste último es el más común, lo empleó por primera vez el británico Th. Young en 1813; con mayor extención tres años después Franz Bopp, y finalmente Rasmus Christian Rask en 1818. Después de estos tres, casi todos los estudiosos de una lengua de Europa y alguna de sus lenguas derivadas, ceden su origen a la familia lingüística indoeuropea.

Hay doce grupos que proceden del tronco común indoeuropeo, por ejemplo: grupo germánico, eslavo, báltico, albanés, hitita, helénico, céltico, iranio, indoario, armenio, itálico, etcétera. (Diversos documentos hacen mención de esta tesis, por ejemplo: Los 1001 años de la lengua española, Antonio Alatorre, Editorial Fondo de Cultura Económica, segunda edición, México 1989, pp. 11-17; Los indoeuropeos y los orígenes de Europa, Francisco Villar, Editorial Gredos, Barcelona, 1996, 580 pp. Las lenguas indoeuropeas tienen muchos elementos comunes, pero la raíz es la principal similitud. Las lenguas del mundo están clasificadas por familias. Por eso, quien desconoce la historia y la genealogía de su familia desconoce su propia cultura. Para los antiguos el conocimiento de su familia era el conocimiento de su cultura, y el apogeo de la cultura era la civilización, la cual tenía tres elementos: ciudad, Dios y ley. Esto era símbolo de cultura y civilización, como Babilonia: Babel, Marduq, Amurabi; Grecia: Atenas, Zeus y justicia; Roma: Roma, Júpiter, derecho; Jerusalén: Jerusalén, Yavé, Torah, etcétera).

Sin duda, todas las lenguas indoeuropeas tienen en común la raíz de las palabras, la estructura morfosintáctica, el hipérbaton, fonología, vocabulario, cultura, valores y costumbres. No hay que cometer el error de afirmar que todas las lenguas proceden del sánscrito, del hitita, del armenio o del griego. Aunque algunas lenguas sí derivan de otra lengua más fuerte y más antigua, sin embargo, tienen mucho en común, porque la pugna a la que nos referimos ha sido entre hermanos, es decir, de indoeuropeos contra indoeuropeos. Alguien podría ir más allá y prefiera argumentar una tesis desde el punto de vista lingüístico y pueda decir, la pugna lingüística es flexivos contra flexivos, donde se incluye a los habitantes de lenguas indoeuropeas, semíticas y camíticas, y entonces la postura se hace más elástica.

Geográficamente el latín se ubica en la Península Itálica y forma parte de las lenguas llamadas itálicas, junto con el umbro, osco, sabélico, volsco, entre otros dialectos. (Para este tema véase, Historia Universal de la Literatura, Agustín Millares Carlo, Editorial Esfinge, México 1979, pp. 62-63).  El fin de la historia de Roma antigua también es la decadencia de la lengua latina y, sobre todo, es el comienzo de las lenguas romances: italiano, sardo, dálmata, rumano, retorrománico, provenzal, francés, occitano, catalán, portugués, gallego y español. (Un resumen demasiado claro y muy apretado se puede ver en Gramática latina, Agustín Mateos Muñoz, Trigesimocuarta edición, México 2003, p. 11).

2). La lengua latina es la lengua oficial de Roma antigua

Roma Antigua está representada por las tres formas de gobierno de la historia: Monarquía, República e Imperio. En ese contexto, el latín era la lengua hablada en la región central de Italia –Latium– una pequeña área de tierra en el Oeste de Italia, alrededor del Monte Albano, a 20 kilómetros al Sureste de Roma, y está situada entre los Alpinos y el mar Tirreno, cuyos límites se extendieron gradualmente hacia el norte, hasta el río Tíber y por el sur hasta el Sinuesa. En tiempos históricos, el Lacio, fue habitado por los latinos. Al principio el latín fue uno de los dialectos del grupo indoeuropeo, llamado itálico, pero paulatinamente se fue extendiendo, primero en Roma, luego en toda la Península itálica y en las islas: Sicilia, Córcega y Cerdeña hasta que se convirtió en la lengua de mayor difusión de Europa Occidental.

El latín hablado fue la primera manifestación del latín – el vulgar, en seguida el latín coloquial. El primero era hablado por las clases poco cultas de Roma, Italia y las provincias. Se conoce más tarde debido a las inscripciones y, sobre todo, a los graffiti. El doctor Millán Aguilar Pérez escribe al respecto: “bajo esta denominación se engloban las variantes en el uso de la lengua latina por parte de hablantes con escaso interés por la norma culta (aprendida en la escuela y de modelos literarios) o con un deficiente conocimiento de dicha norma. El término “vulgar” resulta, de todos modos, polémico e impreciso y se proponen alternativas, “como latín familiar”, “latín cotidiano”, etcétera.  Las fuentes para el conocimiento del latín vulgar son, por ejemplo: inscripciones, documentos no literarios, tratados técnicos, textos religiosos cristianos, testimonios de los gramáticos antiguos o la comparación entre las lenguas derivadas del latín. (Aguilar Pérez Millán et alt; Salve! Aprender latín en la tradición cristiana, Eunsa. Ediciones Universidad Navarra, S. A, Pamplona 2005, p. 47).

Por su parte Agustín Mateos Muñoz da una aclaración elocuente para distinguir el latín vulgar del bajo latín, al escribir: “no debe confundirse el latín vulgar con el bajo latín. El latín vulgar es el latín vivo, que se hablaba espontáneamente, como vernáculo en la vida ordinaria. El bajo latín en cambio no se hablaba, es el latín que escribían los doctos medievales, siguiendo en la medida de sus conocimientos gramaticales las reglas del latín clásico, y dejando asomar los vulgarismos del romance en aquellos puntos que la instrucción del escritor no alcanzaba a dominar. Cronológicamente, el bajo latín coincide con el romance y es posterior, por tanto, al latín vulgar. El continuador del latín vulgar es el romance; el continuador del bajo latín no existe, porque éste, era una lengua muerta. (Gramática latina, Agustín Mateos Muñoz, Opu. Cit. p. 11).

En cambio, el latín coloquial era el lenguaje cotidiano de la gente más refinada. Las obras teatrales de Plauto y Terencio, nos proporcionan el mejor testimonio de esa forma de hablar. También son importantes las “Cartas” de Cicerón, sobre todo, las que enviaba a su amigo Ático; éstas, tenían una sintaxis muy libre y por lo mismo constituyen una de las fuentes más importantes para la conversación latina. De estilo similar, aunque poéticas, son las Sátiras y las Epístolas de Quinto Horacio Flaco, y algunas composiciones de Cayo Valerio Catulo. Es interesante también el Satiricón de Cayo Árbitro Petronio, quien emplea un lenguaje que va desde una urbanidad hasta una vasta vulgaridad.

Veamos uno de los textos más comentados de Petronio en tiempos del emperador Nerón, que trata de la pésima aplicación de las leyes. (Satyricón I, 14, 2).

Quid faciant leges

ubi sola pecunia regnat,

aut ubi paupertas vincere nulla potest?

Ipsi qui cynica traducunt tempora pera

non nunquam nummis vendere vera solent,

Ergo iudicium hihil est nisi publica merces,

atque eques in causa qui sedet,

empta probat.

Qué pueden hacer las leyes,

donde solamente gobierna el dinero,

o donde ningún pobre puede triunfar?

Estos mismos que pasan el tiempo con su cínico morral,

suelen vender la verdad por dinero en todo momento,

Por lo tanto, no hay juicio, sino mercancía pública,

y un juez que preside en una causa a prueba la compra de la verdad.

El mejor testimonio de la lengua latina es el latín literario, el cual está expuesto en tres etapas: preclásico, clásico y posclásico. En este tipo de latín encontramos diversos escritos y diversos géneros literarios: comedia, tragedia, teatro, medicina, filosofía, gramática, poesía, sátira, etcétera. Los principales autores latinos son: Livio Andrónico, Quinto Ennio, Tito Maccio Plauto, Publio Terencio El Africano, Marco Terencio Varrón, Tito Lucrecio Caro, Cayo Julio César, Quinto Valerio Catulo, Crispo Salustio, Publio Virgilio Marón, Quinto Horacio Flaco, Publio Ovidio Nasón, Lucio Anneo Séneca, Décimo Junio Juvenal, Cornelio Tácito, Petronio Árbitro, entre otros.

Veamos algunos ejemplos de autores latinos de diversas épocas.

a). Plauto, Asianaria, n° 475).

Mercator: fortassis! Sed tamen me numquam hodie induces, ut tibi credam hoc argentum ignoto. Lupus est homo homini, non homo, quom, qualis sit,non gnovit”.

El mercader dice: ¡Posiblemente! Y sin embargo, hoy no me convencerás para que te confíe este dinero, al no conocerte, pues recuerda:  el hombre es un lobo para el hombre, y no el hombre, cuando se ignora su naturaleza”

b). Tácito. Historia, I, 1.

Rara temporum filicitate ubi sentire quae velis et quae sentias dicere licet.

Con la rara felicidad de los tiempos, donde está permitido sentir las cosas que quieras y decir las que sientas.

c). Ovidio, Tristes, 5, 8, 15.

Passibus ambiguis fortuna volubilis errat et manet in nullo incerta tenaxque loco; sed modo laeta manet vultus modo sumit acerbos et tantum constans in levitate sua est.

Una fortuna voluble vaga en caminos ambiguos e inciertos y tenaz no permanece en ningún lugar. Solamente está feliz, cuando toca los rostros amargos y sólo está constante en su frivolidad.

d). Catulo Cayo Valerio. Canto 49.

Disertissime Romuli nepotum, quot sunt quotque fuere, Marce Tulli . Quotque post aliis erunt in annis, gratias tibi maximas Catullus agit pessimus omnium poeta, tanto pessimus omnium poeta, quanto tu optimus omnium patronus.

Oh Marco Tulio, el más elocuente de los hijos de Rómulo, cuántos son, cuantos fueron y cuántos serán después en muchos años. Catulo, el peor poeta de todos, te da las gracias máximas, cuanto yo, el peor poeta de todos, cuanto tú, el mejor abogado de todos.

 e). Horacio, Epístolas 2, 156 ss.

Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit agresti Latio.

Grecia capturada, atrapó a su rudo conquistador e hizo penetrar las artes en el Lacio salvaje.

f). Marco Tulio Cicerón. Verr. 2, 2, 51, 12

Verres non solum hominum iura, sed etiam deorum inmortalium religiones omnes repudiavit.

Verres no sólo rechazó los derechos de los hombres, sino también las cosas sagradas de los dioses inmortales.

g). Virg. Géorgicas. II, 490.

Felix qui potuit rerum cognocere causas.

Feliz quien ha podido conocer las causas de las cosas. (Este verso de Virgilio se cita con frecuencia para celebrar la felicidad de aquellos cuyo ingenio penetra los secretos de la naturaleza. También algunos filósofos del realismo moderado cuando explican que la filosofía estudia las causas supremas de todas las cosas. Por ejemplo, definición histórica de la Alta Edad Media.  “Philosophia est scientia rerum per causas ultimas naturali ratione lumine explicata (la filosofía es la ciencia de todas las cosas por sus causas últimas, explicada a la luz natural de la razón).

h). Ovidio, Tristes I, 1, 39-40.

Donec eris felix, multos numerabis amicos. Tempora si fuerint nubila, solus eris.

Mientras seas feliz, tendrás muchos amigos. Si los tiempos se nublaran estarás solo.

i). Cayo Fedro, Fábulas. Fábula citada por Agustín Mateos Muñoz, Gramática latina,, Opu. Cit. p. 11).

Semper est periculosa societas cum potente; id testatur hace fabula. Vacca et capella et patiens ovis fuerunt socci leonis in Venatione. Cumque cepissent cervum magni corporis, et partes fecissent, leo sic locutus est. Ego primam mihi fero, quoniam nominor leo; secundam dabitis mihi, quia fortis sum; tertiam me sequetur quia plus valeo; malum patietur, si quis quartam tetigerit. Sic solus improbus totam praedam abstulit”.

Una sociedad con un poderoso siempre es peligrosa. Esta fábula da testimonio de esto. Una vaca, una cabra y una ovejita fueron socios del león en una cacería. Y cuando habían capturado un ciervo de buen tamaño, y habían hechos las partes el león habló en estos términos: yo me llevo la primera parte porque me llamo león, la segunda parte ustedes me la entregarán porque soy valiente; la tercera parte me tocará, porque soy el más fuerte. Y si alguno de ustedes toca la cuarta parte, sufrirá una desgracia. Y así solamente el abusivo se llevó toda la presa.

j). Décimo Junio Juvenal. Sátira X, 77- 81.

Iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses.

Ya desde hace tiempo, desde que no hemos vendido algún voto, este pueblo ha perdido su interés por la política; pues este que en otro tiempo concedía mandos, haces, legiones y todo; ahora se mantiene alejado, y solamente desea con avidez dos cosas: pan y circo.

k). Marco Tulio Cicerón Ad Atticum, III, 5. 10 de abril del año 58.

Cicero Attico sal. D.

Terentia tibi et saepe et maximas agit gratias. Id est mihi gratissimum. Ego vivo miserrimus et maximo dolore conficior. Ad te quid scribam nescio. Si enim es Romae, iam me assequi non potes; sin es in via, cum eris me assecutus, coram agemus quae erunt agenda. Tantum te oro, ut quoniam me ipsum semper amasti, ut eodem amore sis. Ego enim idem sum; inimici mei mea mihi, non me ipsum ademerunt. Cura ut valeas. Data IV Id. Apr., Thuriis.

Terencia también con frecuencia agradece sobremanera. Esto es muy agradable para mí. Yo vivo muy infeliz y me debilito con profundo dolor. Ignoro que pueda escribirte. Pues si estás en Roma, ya no puedes alcanzarme; pero si estás en camino, cuando me alcances, en persona haremos las cosas, que debemos hacer. Solamente te pido una cosa: ya que siempre me has querido, ojalá sigas con el mismo cariño. Pues yo mismo lo estoy. Mis enemigos me han quitado mis bienes, pero no mi dignidad. Cuídate y que te vaya bien. Dado en Turios el 10 de abril.

Se apuntó anteriormente que el latín literario es el mayor testimonio de la lengua latina. El latín preclásico, concretamente el latín arcaico dio los primeros testimonios literarios. El latín clásico edificó el modelo imitable o el mejor latín. El latín posclásico que hace ya aplicaciones del modelo clásico tiene también sus rasgos lingüísticos singulares. Lo más valioso de esta parte es hacer una noción de estilística latina, en pocas palabras, se trata de aprender el arte del estilo latino. La mayoría de los estudiosos de la lengua latina hacen hincapié en las tres etapas del latín: preclásico, clásico y posclásico. (Véase las siguientes fuentes: Estilística latina, José Guillén, Segunda edición, corregida y aumentada, Editorial Sígueme, Salamanca 1954, pp. 6-12; Introducción al estudio de la filología latina, Víctor José Herrero, segunda edición, corregida y aumentada. Ed. Gredos, Madrid, 1988, pp. 29-142; Diccionario abreviado de la literatura clásica, M. C. Howatson, Opu. Cit. pp. 423-423; Historia de la literatura universal, Agustín Millares Carlo, Ed. Esfinge, décimacuarta edición, México, 1979, pp. 62-85; Literatura Universal, Francisco Montes de Oca, Ed. Porrúa, Vigésimo sexta edición, México, 1978, pp. 60-74. Hay autores que al referirse al latín literario ponen el siguiente orden: latín arcaico, latín clásico, latín posclásico, latín tardío, latín medieval, latín renacentista y neolatín, Véase, por ejemplo: “Salve, aprender latín en la tradición cristiana” Opu. Cit. pp. 44-46).

3). La lengua latina es una lengua hiperbatónica

Lo más hermoso del latín literario es su musicalidad que tiene por su misma naturaleza. Por eso los grandes estudiosos de la lengua latina nos han expresado que esta lengua fue construida para la lectura en voz alta, y no para el silencio. De allí puede considerarse que los dos géneros por antonomasia son la retórica y la poesía. Entonces la estilística es el aporte más interesante para la posteridad, especialmente el hipérbaton, el cual le da belleza, musicalidad, ritmo y lógica a la lengua latina. Por eso vale la pena decir, que el hipérbaton es el arte de subir y bajar las palabras de un fragmento o periodo, bajo el criterio del ritmo o la medida, de ahí los dos estilos de la lengua, ya prosa, ya verso, es decir, el ritmo libre y el ritmo medido.

Se trata, pues, de la belleza y el paradigma de la estilística de la lengua latina, la cual explicamos en dos nociones, una más del lado de la retórica y otra, del lado de la gramática y de la música. Entonces. El hipérbaton es la figura retórica, que consiste en la alteración del orden lógico de las palabras en una oración o en varias oraciones dentro de un periodo determinado (Hyperbaton definitur ut rethorica figura, quae in ordinis vocabulorum logici transmutatione circa unam sententiam seu varias intra certum periodum consistit). De otro modo, Hipérbaton es la musicalidad de la lengua, que consiste en invertir el orden gramatical directo de las palabras, atendiendo el mayor interés que tienen unas ideas relativamente a otras, y la mayor armonía del lenguaje. (Esta última noción se la escuchaba con frecuencia a mi maestro, el padre David López Jiménez (1917-2007).

En efecto, el hipérbaton de la lengua latina es un paradigma con diversas cualidades a saber: escritura, pronunciación, prosodia, vocabulario, estilística, morfología, sintaxis y cultura.  Con palabras de Millán Aguilar Pérez, “es el latín que utilizaron los autores latinos a lo largo del siglo I a. C; hasta aproximadamente el primer cuarto del siglo I d.C. Es la época de las conquistas de Roma a lo largo y ancho de la cuenca mediterránea y coincide también con la edad de oro de la literatura latina, en la que destacan figuras como: César, Cicerón, Catulo, Salustio, Lucrecio, Tito Livio, Virgilio, Horacio, Ovidio y Tácito, donde los autores y los gramáticos ponen especial atención en fijar una norma que sirva como modelo imitable de lo que se considera buen latín”. Millán Aguilar Pérez et alt, en Salve, aprender latín en la tradición cristiana. Opu. Cit, p. 45.

Para terminar esta disertación pongamos tres ejemplos de diversos periodos con el fin de deleitarse con la musicalidad de la lengua latina: Marco Tulio Cicerón, Catulo Valerio y San Agustín.

a). Discurso en defensa de Sexto Roscio Amerino. I, 1-2. Marco Tulio Cicerón.

1.Credo ego vos, iudices, mirari, quid sit, quod, cum tot summi oratores hominesque nobilissimi sedeant, ego potissimum surrexerim, is, qui neque aetate neque ingenio neque auctoritate sim cum his, qui sedeant, comparandus. Omnes hi, quos videtis adesse in hac causa, iniuriam novo scelere conflatam putant oportere defendi, defendere ipsi propter iniquitatem temporum non audent. Ita fit, ut adsint propterea, quod officium sequuntur, taceant autem idcirco, quia periculum vitant. 2. Quid ergo? Audacissimus ego ex omnibus? Minime. An tanto officiosior quam ceteri? Ne istius quidem laudis ita sum cupidus, ut aliis eam praereptam velim. Quae me igitur res praeter ceteros impulit, ut causam Sex. Rosci reciperem?

Señores, jueces, yo creo que ustedes están sorprendidos, qué motivo haya que mientras permanezcan sentados tantos oradores importantes y tantos hombres ilustres, yo me haya levanto especialmente, yo mismo, que ni por mi edad, ni por mi caracter, ni por mi reputación deba compararme con estos que están sentados. Todos estos que ven que están presentes en esta causa, piensan que es necesario rechazar una injusticia hecha por medio de un delito sin precedentes; pero estos mismos no se atreven a defender tal proceso debido a la injusticia de nuestros tiempo. Así sucede, que están presentes porque son fieles a su trabajo, pero callan, porque por esta razón, evitan un peligro. ¿Qué pasa pues?Yo soy el más atrevido de todos? De ningún modo. Tal vez soy más servicial que los demás. En efecto, tampoco soy un apasionado de esta alabanza, de tal suerte que quisiera arrebatarsela a otros. ¿Entonces, qué cosa me ha impedido más que a los demás, para que yo acepte la defensa de Sexto Rocio?

Noticia biográfica. Marco Tulio Cicerón (106-43 a. C). Es el primer prosista de la tierra como lo han llamado los mejores latinistas españoles, el más elocuente de los hijos de Rómulo, el intelectual político, sabio y creador de casi toda la lengua latina. Autor de numerosos tratados de diversa índole, entre los más importantes se cuentan: Sobre la República, Sobre las leyes, Sobre los deberes, Sobre la amistad, Sobre la naturaleza de los dioses, Las Filípicas y muchas obras más.

b). El poeta Catulo eternamente enamorado de su Lesbia. Poeta Catulo Valerio. Carmina V.

Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,

Rumoresque senum severiorum

Omnes unius aestimemus assis.

Soles occidere et redire possunt:

Nobis cum semel occidit brevis lux,

Nox est perpetua una dormienda.

 Da mi basia mille, deinde centum,

Dein mille altera, dein secunda centum,

Deinde usque altera mille, deinde centum.

Dein, cum milia multa fecerimus,

Conturbabimus illa, ne sciamus,

Aut ne quis malus invidere possit,

Cum tantum sciat esse basiorum.

Vivamos Lesbia mía, amemos y tengamos

a un as todos los rumores de los viejos más severos.

Los soles pueden morir y regresar; y una vez que la breve

luz ha muerto, nosotros debemos dormir una noche perpetua.

Dame mil besos, después otros cien. Luego otros mil,

después por segunda vez cien besos.

Luego sin interrupción otros mil, después cien más.

Luego, cuando hayamos hecho muchos miles, los turbaremos,

para que no sepamos, o para que algún malvado no pueda envidiarnos,

cuando sepa la cantidad de besos que había.

Noticia biográfica. Catulo Cayo Valerio (84-54 a. C) es uno de los poetas más brillantes de Roma, hombre rico, apolítico, inteligente, satírico, enamorado y mal correspondido. Se enamoró de una mujer casada de cierta posición social a la que él llamaba Lesbia, pero su nombre era Clodia, hermana del tribuno Clodio. Sus versos siempre trataron sobre el amor, con métrica nueva para su época, en hexámetros, de gran realismo y fuerza expresiva. Tenía fama de hombre docto, por su dominio de la poesía griega, la alejandrina y la más antigua, la poesía erótica de Lesbos del siglo VI a. C. Dejó 116 poemas, de los cuales destacan los de contenido amoroso de carácter autobiográfico e intimista. De todos ellos, veinticinco trabajos fueron dedicados a Lesbia, redactados en verso, bien escritos y elegantes. Su poesía y su estilo influyó en la literatura latina posterior tanto en el aspecto formal como en su variedad temática.

c). Invocación a Dios. San Agustín. Confesiones I, 1, 1-15.

Magnus es, Domine, et laudabilis valde, magna virtus tua et sapientiae tuae non est numerus. Et laudare te vult homo, aliqua portio creaturae tuae? Et homo circumferens mortalitatem suam, circumferens testimonium peccati sui et testimonium, quia superbis resistis? Et tamen laudare te vult homo aliqua portio creaturae tuae. Tu excitas, ut laudare te delectet, quia fecisti nos ad te et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te. Da mihi,  Domine, scire et intellegere, utrum sit prius invocare te an laudare te et scire te prius sit an invocare te. Sed quis te invocat nesciens te? Aliud enim pro alio potest invocare nesciens. An potius invocaris, ut sciaris? Quomodo autem invocabunt, in quem non crediderunt? Aut quomodo credunt sine praedicante? Et laudabunt Dominum qui requirunt eum. Quaerentes enim inveniunt eum et invenientes laudabunt eum. Quaeram te, Domine, invocans te et invocem te credens in te: praedicatus enim es nobis. Invocat te, Domine, fides mea, quam dedisti mihi, quam inspirasti mihi per humanitatem Filii tui, per ministerium praedicatoris tui.

Grande eres, oh Señor, y muy digno de alabanza; Grande es tu virtud, y tu sabiduría no tiene límite. ¿Y el hombre, una parte de tu creación pretende alabarte? Justamente, el hombre que al llevar consigo su mortalidad, lleva también consigo el testimonio de su pecado, y el testimonio ¿por el cual resistes a los soberbios? No obstante, el hombre una parte de tu creación pretende alabarte, pues tú mismo lo despiertas, para que se deleite alabándote, porque nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Enséñame, oh Señor, a conocer y a entender, si es primero invocarte o alabarte, o si es primero conocerte o invocarte. ¿Pero quién podrá invocarte al no conocerte? Pues al no conocerte, podrá invocar una cosa por otra. ¿O mejor aún, no habrás de ser invocado, para ser conocido? ¿Pero, cómo invocarán, en quien no han creído? ¿O cómo van a creer sin un predicante? Sin duda alguna, alabarán al Señor quienes lo buscan. Pues quienes lo buscan lo encuentran y lo alabarán. Señor, ojalá yo te busque, invocándote y te invoque, creyendo en ti.  Pues ya has sido predicado para nosotros. Invócate, oh Señor, mi fe, la cual me diste e inspiraste por la humanidad de tu hijo y por el misterio de tu predicador.

Noticia biográfica. San Agustín (354-430 d. C.). Es uno de los más grandes maestros de la historia de la humanidad, Es un hombre polifacético, completo, íntegro, visto desde varios géneros literarios: gramático, retórico, músico, abogado, historiador, filósofo, filólogo, lingüista, semiólogo, educador, teólogo y místico. Es un humanista en el sentido estricto de la palabra. Autor de más de cien libros, entre los cuales se cuentan: Confesiones, Ciudad de Dios y Sobre el maestro.

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