Opinión

México posición 17 en el ICE de Harvard. Actor relevante en las cadenas globales de valor.

Por Ricardo Caballero de la Rosa

En su edición más reciente, el Índice de Complejidad Económica (ICE) elaborado por el Laboratorio de Crecimiento de la Universidad de Harvard posicionó a México en el lugar número 17 a nivel mundial. Este resultado representa un avance significativo respecto a años anteriores, en los que el país fluctuó entre las posiciones 18 y 22. El ascenso de cinco lugares respecto a la medición de 2022 refleja una transformación estructural en la composición de las exportaciones mexicanas, así como una creciente sofisticación en sus capacidades productivas.

El ICE mide el nivel de conocimiento productivo de un país a través de la diversidad y complejidad de los bienes que exporta con éxito. En términos técnicos, evalúa qué tan variados y únicos son los productos que una economía puede fabricar y colocar en el mercado internacional. Cuanto más complejo sea el portafolio exportador, mayor será la capacidad del país para adaptarse, innovar y crecer sostenidamente.

En el ranking de 2023, los cinco países con mayor complejidad económica fueron Singapur, Suiza, Japón, Taiwán y Corea del Sur. Estas naciones destacan por su alta especialización en sectores como semiconductores, biotecnología, maquinaria de precisión y servicios financieros avanzados. México, al ubicarse en la posición 17, supera a economías como España, Australia y Brasil y se sitúa apenas por debajo de potencias como China (16) y Estados Unidos (15).

Este resultado tiene implicaciones estratégicas para México hacia el cierre de 2025 y durante 2026. En primer lugar, consolida al país como un actor relevante en las cadenas globales de valor, especialmente en sectores como la manufactura avanzada, la industria automotriz, la electrónica y el aeroespacial. En segundo término, fortalece su atractivo como destino de inversión extranjera directa, en un contexto de relocalización industrial (nearshoring) que favorece a economías con capacidad logística y productiva cercana a los grandes mercados.

Sin embargo, el reto hacia 2026 será sostener y ampliar esta complejidad. Para ello, será necesario invertir en capital humano, infraestructura tecnológica, innovación y fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas. El ICE no solo mide el presente, sino que anticipa el potencial de crecimiento futuro: países con mayor complejidad tienden a crecer más rápido y de forma más resiliente.

México ha demostrado que puede competir en la economía del conocimiento. El desafío ahora es institucionalizar esta ventaja y convertirla en bienestar, inclusión y sostenibilidad.

Mi correo ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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